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ALGUNOS ASPECTOS DE LA POLÍTICA COLOMBIANA

Los inicios de la actividad política de Gonzalo Restrepo Jaramillo se remontan, como se ha dicho, al año de 1919, cuando fue elegido diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia. Para comprender las condiciones políticas en que se circunscribía su labor es preciso ubicar el estado general de la nación.

Dos grandes asuntos internacionales habrían de incidir en la situación colombiana de la época. De una parte, el triunfo de las revoluciones mexicana y bolchevique. De otra, la política norteamericana, que en esa primera posguerra se había convertido en un dolor de cabeza y punto de referencia obligado para los gobiernos latinoamericanos.

Aunque al país llegaban frecuentes noticias del progreso de los bolcheviques en Rusia y de los acontecimientos mexicanos, la percepción de que esto fuera a afectar directamente a Colombia era aún incipiente. En cambio, la actitud norteamericana sí era sentida como algo ligado estrecha y vitalmente a la vida del país. Recuérdese que el grueso del comercio de importación y exportación dependía ahora de ese mercado.

En cuanto al parlamento colombiano, los liberales eran minoría y los conservadores se hallaban divididos entre "nacionalistas" e "históricos". Estos últimos estaban encabezados por José Vicente Concha, presidente de 1914 a 1918, cuando aspiró a la reelección. El triunfo de Marco Fidel Suárez en ese año fue un duro golpe para los amigos de Concha y pronto desató la oposición, tanto de los liberales como de la otra facción de su partido.

Por otra parte, desde 1917 los ingresos del Estado presentaban una drástica reducción por la caída de las rentas y el cierre del crédito exterior. Tras ensayar en vano diversas medidas que subsanaran la crisis fiscal, por propuesta de Esteban Jaramillo se estableció en 1918 el impuesto sobre la renta, así como un conjunto de impuestos al consumo. Como esto tampoco fue suficiente, en 1919 se apeló a la emisión de unas cédulas de tesorería que servían para que los acreedores del Estado y los establecimientos comerciales, bancarios e industriales pagaran la renta en los departamentos y municipios. De este modo, el Estado saldaba las deudas más

urgentes. Las cédulas circulaban como moneda corriente, en medio de la oposición y los debates que una medida de tal naturaleza producía. El ex presidente Alfonso López Michelsen ha escrito al respecto:

La impopularidad del gobierno se agigantaba de día en día. La única esperanza a la que se aferraba como una tabla de salvación el gobierno era la indemnización de los 25 millones a que se había visto reducida en 1914 la aspiración de Colombia.46

Otra preocupación nacional se refería a la necesidad de modernizar el sistema de vías y transportes, especialmente para agilizar la comunicación hacia el exterior y bajar el alto costo de los fletes. La carencia de recursos hacía que muchos cifraran sus esperanzas en los dineros de la indemnización con el fin de aplicarlos a la construcción de nuevas vías, la expansión de los ferrocarriles y la ampliación de los puertos.

Del lado norteamericano, la experiencia de la primera guerra mundial había hecho que los funcionarios del gobierno de Estados Unidos tomaran nota de la necesidad de controlar las reservas petroleras extranjeras. Por consiguiente, impulsaron la expansión exterior de la industria del ramo de su país. Para avanzar en ese campo, algunos parlamentarios y al parecer el propio gobierno norteamericano ligaron la ratificación del tratado Urrutia-Thompson a la política petrolera de Colombia. Esperaban así sacar ventajas en materia de concesiones petroleras y de una ubicación estratégica en las islas del Caribe a cambio de la indemnización, cosa que finalmente consiguieron. Esas maniobras ocupaban la mente de muchos ciudadanos. En octubre de 1919, don Nicanor Restrepo comentaba a su hijo sobre esta actitud

Lo que sí es grave es que los yankees no sólo no aprueban el tratado sino que nos quieren quitar ahora unos islotes, dizque para el bien de la humanidad, llámase uno de ellos el cayo Roncador, y aunque está muy distante de Colombia y deshabitado, o solamente habitado por unos negros protestantes, siempre es una afrenta que hiere el patriotismo el que nos los quiten.47

Por un juego de consejas e intrigas palaciegas los opositores de Suárez se enteraron de que se tramitaba una modificación del decreto 9255 bis de 1919, por el cual se había declarado la propiedad nacional sobre el petróleo. El Tiempo, El Espectador y el Diario Nacional denunciaron el proyecto como una entrega a los norteamericanos, y en el Congreso un grupo de políticos liberales y conservadores, entre quienes sobresalían Alfonso López Pumarejo y

Laureano Gómez, se opuso entonces a la aprobación del tratado sobre el canal de Panamá que había sido subscrito bajo el gobierno de Carlos E. Restrepo.

En octubre de 1921 ocurrió lo que buscaban los contradictores. Forzado por la oposición parlamentaria y acusado de haber garantizado con sus sueldos un préstamo personal, Marco Fidel Suárez renunció al cargo de la presidencia antes de completar el período constitucional. Entró a substituirlo el primer designado, don Jorge Holguín, quien ya había cumplido el mismo papel con la caída de Reyes.48

Desde antes de 1920 y en aquel clima de dificultades económicas y políticas, las protestas de los trabajadores introducían un nuevo ingrediente: el de "la cuestión social", como empezaron a llamarlo algunos dirigentes colombianos. El 16 de marzo de 1919, una manifestación de sastres que protestaba frente al palacio presidencial contra la importación de uniformes militares degeneró en pedrea. El ejército disparó contra la multitud, con saldo de nueve muertos y once heridos.49 El suceso llamó la atención sobre la necesidad de construir una política laboral,

aunque ya se habían dado algunos pasos en esa dirección. Antes de 1920 se habían regulado ciertos derechos de jubilación para los empleados públicos (1905, 1907 y 1913) y se habían dictado las primeras normas sobre accidentes de trabajo (1915).50

Además, en la política colombiana de esos días volvía a asomar el sectarismo a raíz de las querellas por el botín de la indemnización norteamericana. La codiciada repartición y las bazas de la política petrolera servían de acicate para proferir las viejas acusaciones mutuas y fortalecer la intolerancia que pregonaban muchos de los dirigentes.

Después de la caída de Marco Fidel, en el congreso colombiano los debates se centraron en la negativa del congreso norteamericano de aprobar el tratado Urrutia-Thompson y en el asunto de la indemnización. Ésta se había convertido en el punto central, pues en ella también cifraban los políticos la posibilidad de salir del apuro fiscal y conseguir recursos para nuevas inversiones.

En materia electoral, los liberales, dirigidos por Benjamín Herrera, Nemesio Camacho, Enrique Olaya Herrera y Luis Cano, y los conservadores, encabezados por Concha, Pedro J. Berrío y Laureano Gómez, hacían común bandera de la oposición al arreglo con los norteamericanos. En el mismo juego se movían las candidaturas para el nuevo período

presidencial, la de Benjamín Herrera por los liberales y la del general Pedro Nel Ospina por los conservadores. Por otra parte, los liberales acusaban permanentemente al partido conservador de apoyarse en el clero para sus campañas, y entre los conservadores corría la noción de que los liberales eran anticlericales y masones, lo cual equivalía a mostrarlos como un peligro para el país. Precisamente con motivo de las elecciones para la Asamblea Departamental de Antioquia que se realizaron el 2 de febrero de 1919 y en las que resultó elegido Gonzalo Restrepo Jaramillo, El Correo Liberal de Medellín se quejaba de la apatía ciudadana e informaba que de los 10.222 posibles sufragantes que había en la ciudad, sólo se habían presentado a las urnas poco más de 2.000. En opinión del periódico,

será hablar para el aire comentar una vez más esta falta de patriotismo, pero como periodistas liberales no podemos menos de enrostrar a los malos patriotas su absoluta indiferencia por los negocios públicos, síntoma claro de la degeneración cívica en que vamos rodando [...]. En las elecciones de antier obtuvo la lista liberal en la ciudad, según datos de la comisionados liberales 1.063 votos contra 1.059 de los conservadores, sumados los directoristas. El clero votó íntegramente.51

Este era a grandes rasgos el panorama nacional de la política, necesariamente reflejado en el departamento de Antioquia y en su asamblea, a la que concurriría Gonzalo Restrepo Jaramillo desde el primero de marzo de 1919.

EL DIPUTADO GONZALO RESTREPO JARAMILLO, O LA FORMACIÓN