INSTRUMENTATION
3.2 Overview Tables
En febrero de 1919, Gonzalo Restrepo Jaramillo regresó a las aulas universitarias, esta vez para ejercer la docencia en el curso de economía política. La situación universitaria era bien diferente de la que había conocido en sus tiempos de estudiante. El novel profesor volvía a una universidad agitada por las confrontaciones políticas que se habían derivado del movimiento estudiantil de 1918 y cuyo epicentro había sido la ciudad de Córdoba en Argentina.
De distintas maneras, la universidad latinoamericana se había repolitizado con la propagación de las ideas y proyectos sociales y políticos de los tiempos, principalmente los emanados de las revoluciones bolchevique y mexicana, el movimiento estudiantil argentino, la derecha francesa de Charles Maurras, el solidarismo del jurista socialista francés León Duguit y la criminología positiva de Lombroso y Ferri. Los mismos términos beligerantes del Manifiesto de Córdoba (1918) dejan advertir los perfiles de aquel movimiento estudiantil y los objetivos que se proponía:
Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor aún el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes, que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil [...]. Nuestro régimen universitario aún el más reciente es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino, el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho de darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes.26
Los dirigentes estudiantiles latinoamericanos, inspirados en este manifiesto, empezaron a hablar de "autonomía universitaria", "libre cátedra" y "libre investigación científica", y a propender por una educación laica que se opusiera a la presencia eclesiástica en la educación. En las aulas hacía carrera la lucha contra el autoritarismo conservador y contra el poder tradicional del profesorado.
En febrero de 1919, pues, inició Gonzalo su curso de economía política, la misma cátedra que dieciocho años antes había ocupado su tío Carlos E. en la misma Universidad de Antioquia.
Estaban en juego su formación como abogado y los conocimientos que en este campo había adquirido durante su permanencia en Estados Unidos. En su desempeño como catedrático Gonzalo reemplazaba al profesor Lucrecio Vélez.
En la Universidad de Antioquia la agitación estudiantil se manifestaba en tensiones más o menos permanentes entre grupos de estudiantes, principalmente jóvenes liberales, y los profesores y directivas que encarnaban las formas tradicionales de pensamiento y acción universitarios. Así, a mediados de 1919, presionados por una protesta estudiantil, renunciaron a sus cargos el rector Miguel María Calle y el decano de la facultad de derecho, Alejandro Botero Uribe. Varios profesores optaron por presentar renuncia a sus cátedras como una forma de solidaridad con las autoridades que se habían visto obligadas a renunciar. La carta dirigida el 2 de junio de 1919 por Gonzalo Restrepo Jaramillo al presidente del consejo universitario, aunque lacónica, es bien expresiva:
Aceptada la renuncia del Sr. Dr. Calle, e inevitable ya la retirada del Sr. Dr. Botero Uribe de la Escuela de Derecho, presento a usted renuncia irrevocable de la cátedra de Economía Política que he tenido el honor de regentar.27
Pocos días después, el consejo directivo de la universidad buscó alternativas y estableció los correctivos que garantizaban el respeto a los profesores. En comunicación dirigida el 10 de junio al director de instrucción pública departamental, los profesores retiraron su renuncia y dejaron sentada su actitud:
En virtud del amplio y buen espíritu que ha reinado en las conferencias habidas con usted, señor Director, con el Sr. Rector Hoyos y otras altas entidades principalmente de parte de ustedes dos a quienes hay que agradecer lo más; estando ya seguros nosotros de que podemos continuar, como antes, en nuestros respectivos puestos de la Escuela de Derecho con nuestra amplia libertad de acción para llenar cada cual su deber como lo entienda, sin herir a nadie y en la firme y profunda esperanza de que no habrá más conflictos; en virtud de lo expuesto y defiriendo nosotros a la ahincada y honrosa excitación hecha a todos por ese honorable Consejo, al Sr. Director de la Escuela por medio de su amplio comisionado el Sr. Dr. Hoyos, quien tan generosa y hábilmente como el mismo Sr. Director a quien tenemos el honor de dirigirnos, han manejado este asunto y prestado a Antioquia un señalado servicio en tan grave y difícil ocasión, en virtud de todo ello, hemos venido en retirar y retiramos nuestras renuncias, y seguiremos prestando nuestros servicios
en la Escuela de Derecho, cada cual como lo entienda. Al obrar así, dejamos sí constancia de que lo hacemos principal o especialmente en bien de nuestros alumnos, de la Universidad, y de la juventud del porvenir toda o de la patria. Por patriotismo, pues, y por espíritu de conciliación y quedando así solucionada la crisis que tanto ha agitado en estos días a la sociedad, y nosotros debidamente agradecidos a cuantos en su solución se han interesado, muy principalmente a usted Sr. Director y a su eficiente y digno colaborador el Sr. Hoyos, somos sus compatriotas.28
Firmaban Alejandro Botero, Lázaro Uribe, Alfredo Cock, Clímaco Palau, Víctor Cock, Gonzalo Restrepo Jaramillo y Francisco de Paula Pérez.
Con todo, siguieron presentándose brotes periódicos de rebeldía estudiantil. Como varios de los profesores de la facultad de derecho, entre ellos Gonzalo Restrepo Jaramillo, ocupaban simultáneamente cargos de representación en las corporaciones públicas, los estudiantes agrupados en el Centro Jurídico pedían en octubre de 1919 que
no se hagan tantas concesiones a los profesores porque pueden perjudicar a los estudiantes, que algunos no preparan bien sus cursos [...]. Que se prescinda, en cuanto sea posible, para tales nombramientos de aquellas personas que por ser miembros de la Asamblea, o del Congreso o por cualquiera otra circunstancia, se vean precisadas a abandonar sus respectivas clases durante un período igual o mayor a un mes.29
Tal vez el punto culminante de la protesta estudiantil encabezada por jóvenes liberales de aquellos tiempos se presentó en mayo de 1921. Una ley de la república había determinado que en la universidad se levantara un busto en memoria del dirigente liberal don Fidel Cano, fallecido dos años antes. Con ocasión de ello, los estudiantes resolvieron que un retrato de ese antiguo rector debía presidir el paraninfo universitario, lo que implicaba descolgar la imagen del Sagrado Corazón entronizada en el recinto desde su inauguración. Sobra decir que la solicitud estudiantil era una afrenta para la mayoría de los universitarios, que eran católicos, y un reto político para la dirección universitaria.
El 17 de mayo Gonzalo Restrepo Jaramillo y Francisco de Paula Pérez publicaron un artículo de condena a la beligerancia de los activistas, aclarando que "no hemos combatido la actitud de los estudiantes sino sus actos de violencia. Somos demasiado demócratas para desconocer el derecho de petición".30 La situación se resolvió cuando las directivas acordaron
formar una galería de retratos de todos los rectores universitarios, comenzando con la efigie de don Fidel Cano. Al mes siguiente, el nuevo rector, el doctor Emilio Robledo, volvió a nombrar a Gonzalo en la cátedra de economía política, aunque éste prefirió declinar el nombramiento:
Debido a mis compromisos anteriores, agravados con la creciente atención que hoy imponen los negocios, me veo en la imperiosa necesidad de consagrar a mis actuales tareas todo el tiempo disponible. Imponiéndome un verdadero recargo de trabajo he podido encargarme de regentar dos cátedras de Economía Política, y no puedo ya aumentar mis labores sin verme en el caso de no desempeñar bien ninguna. Crea usted, señor Doctor, que me causa profunda pena no poder acompañarlo en sus actuaciones que han de ser
estoy de ello seguro benéficas para la Universidad.31
No obstante lo anterior, el 21 de septiembre, tres días antes de su matrimonio, una comunicación dirigida al director de la escuela de derecho da prueba de que se había encargado del curso y de la forma escrupulosa como asumía sus responsabilidades:
Como autorizado por usted y por haber terminado ya el repaso de la materia y presentárseme también algún inconveniente para continuar la clase hasta la terminación oficial del curso, anticipé a mis alumnos el examen Economía Política, ruego a usted se sirva ordenar al Sr. Secretario de la Escuela que al extender las nóminas, deduzca el sueldo correspondiente a mi cátedra.32
En esos días la condición de profesor universitario era tenida en muy alta estima. A ella se dedicaban los profesionales más destacados en sus respectivas disciplinas, quienes aparte de ejercer la profesión invertían largas horas en la profundización de una determinada materia. Este saber era consecuentemente impartido a los futuros profesionales. Ser profesor de la universidad era un honor que había que ganarse y que daba a su portador un elevado sitial en la sociedad.
Cuando inició la carrera docente, Gonzalo Restrepo Jaramillo conocía de antemano a la mayoría de sus nuevos colegas, por lo cual le fue fácil integrarse e identificarse con ellos ante los avatares de la vida universitaria. Así, encontró entre ellos a un grupo de antiguos profesores suyos, como Julio E. Botero, Alejandro Botero, Juan Evangelista Martínez y Francisco Eladio Tobar. Algunos eran profesionales experimentados en las lides universitarias y políticas, como el doctor Clodomiro Ramírez y el mismo Francisco Eladio Tobar, quienes ya habían ocupado la gobernación de Antioquia, cada uno en dos oportunidades (Véanse Cuadros 15 y 16). Otros más
habían sido sus compañeros en el colegio San Ignacio, como el ingeniero José María Bernal y Francisco de Paula Pérez, o compañeros de estudio en esa misma facultad, como José Miguel Bernal, los hermanos Alfredo y Víctor Cock, Rafael Botero, Roberto Escobar y Fernando Isaza Restrepo (Véase Cuadro 16).
Con varios de estos profesores compartiría Gonzalo la arena política. Para empezar, en aquel año de 1919 eran compañeros suyos en la asamblea departamental Julio E. Botero, Miguel Moreno Jaramillo, Lisandro Restrepo Giraldo, Francisco de Paula Pérez y Jesús María Yepes. Algún tiempo después se encontraría en el concejo de Medellín con José María Bernal y Jesús Emilio Duque; en el directorio conservador de Antioquia con Francisco Eladio Tobar y José Luis López, con quien también compartiría la investidura de representante a la Cámara, y con Víctor Cock, Francisco de Paula Pérez y Jesús María Yepes, con quienes coincidiría luego en el Senado de la república y en el servicio diplomático colombiano.
A juzgar por la trayectoria posterior de aquel grupo de profesores (Véase cuadro 10), Gonzalo Restrepo Jaramillo fue en muchas ocasiones portaestandarte de sus aspiraciones, no sólo dentro sino fuera de la universidad y especialmente en el campo político. A manera de ejemplo, cuando en 1936 surgió la iniciativa de crear una universidad católica que habría de materializarse en la Pontificia Bolivariana, siete de aquellos sus colegas lo acompañaron en esa labor: José María Bernal, Julio E. Botero, Alfredo Cock Arango, Juan E. Martínez A., Francisco E. Tobar, Miguel Moreno Jaramillo y Nicolás Vélez Botero.
Esta generación de profesores apreciaba la necesidad de formar un nuevo tipo de abogado que se ajustara a los cambios de la época. En 1923, el decano Francisco de Paula Pérez reformó el plan de estudios para ponerlo a tono con las nuevas exigencias de la sociedad. Según sus juiciosas consideraciones,
necesitamos operar en nuestra Escuela de Derecho una transformación análoga a la que en los últimos años verificó D. Tulio Ospina en la Escuela Nacional de Minas; no crear técnicos en la acepción severa del vocablo, sino hombres de acción científica, empresarios capaces de utilizar la fuerza humana [...]. Sin cerrar el paso a los jóvenes que, con verdadero espíritu sacerdotal, se consagran a elucubraciones jurídicas y aspiran a ser jurisconsultos clásicos, fomentemos de preferencia los estudios de Economía, de Hacienda y de Comercio.33
En abril de aquel año y con la activa participación de Gonzalo Restrepo Jaramillo se inició el cambio anunciado con la creación de las nuevas cátedras de legislación de minas y baldíos, hacienda pública, economía industrial, bancos y seguros, derecho administrativo y sociología.34
Los encargados de dictarlas no eran necesariamente abogados. Fernando Isaza (minas y baldíos), José María Bernal (estadística y economía industrial) y José Luis López (sociología) aportaban otros aires e ideas innovadoras para la formación legal en la Universidad de Antioquia. Para entonces la universidad se componía del Liceo Antioqueño, la facultad de letras y filosofía, y las escuelas de derecho y medicina. Cada sección tenía un director, un secretario y un consejo de dirección. A su vez la universidad tenía un rector, un vicerrector y un consejo directivo compuesto por los directores de las secciones y los representantes de las escuelas. Según las matrículas de 1919, el liceo (primer ciclo de secundaria) tenía 396 alumnos y la sección universitaria (segundo ciclo de secundaria), 496. La escuela de medicina, 133 estudiantes; y la de derecho, 47 matriculados.35 Como puede verse, la comunidad de estudiantes
no era muy extensa. La escuela de derecho, con sus 47 estudiantes y su veintena de profesores, era poco menos que una familia donde todos se conocían y compartían las vivencias universitarias.
Gonzalo Restrepo Jaramillo era representante de la escuela de derecho al consejo directivo de la universidad y desde esa máxima instancia pregonaba y apoyaba el cambio referido. Hacia el mes de septiembre, una vez aprobados los acuerdos correspondientes, Gonzalo resolvió retirarse del consejo para atender sus múltiples obligaciones en la asamblea departamental y en los negocios de la familia.36
Puede inferirse que esta primera etapa de docencia universitaria (seis años, entre 1919 y 1924) fuera para Gonzalo una ocasión de arduo estudio de temas y problemas atinentes a su curso, pero también de asuntos de la vida colectiva y de la propia universidad. Por tanto, una mejor valoración de su labor universitaria habrá de consultar sus acciones políticas en ese lapso, así como algunos de sus escritos.
En la asamblea departamental, a la que concurrió Gonzalo también desde comienzos de 1919, se ventilaban diversos asuntos que afectaban la universidad. En múltiples ocasiones intervino en su calidad de diputado en pro del alma máter. Por ejemplo, el 11 de marzo de 1919
se discutía la posibilidad de fusionar en un solo recinto las dos escuelas. La de derecho funcionaba en un local aparte por el cual se pagaba arrendamiento. El diputado Restrepo Jaramillo rindió el informe respectivo, conceptuando que "no debe llevarse la Escuela de Derecho al local de la Universidad, porque éste no puede contener mayor número de estudiantes del que actualmente tiene".37
Al año siguiente tramitó con los diputados Miguel Moreno Jaramillo y José Urbano Múnera un proyecto de ordenanza para atender algunas necesidades de las escuelas de medicina y derecho.38 Entre otros puntos, pedían la destinación de tres mil pesos al año para el fomento y
mejoras de la escuela de medicina y la creación en la facultad de derecho y ciencias políticas de las aulas de economía industrial y de instituciones bancarias y de seguros. Pocos días después, con los diputados Moreno Jaramillo, Pedro Claver Gómez y Rafael Arredondo, propusieron que la revista Estudios de Derecho, órgano del Centro Jurídico, se publicara en la Imprenta Oficial y que el auxilio que recibía la publicación fuera cedido a la escuela de derecho.39
Algún tiempo después, en marzo de 1924, ante la carencia de un local propio para la escuela de derecho y en compañía de los diputados Miguel María Calle, Aurelio Mejía, José María Zuluaga, Lázaro Tobón, Pedro Nel Cardona y Francisco Cardona Santa, Gonzalo Restrepo Jaramillo presentó un proyecto de ordenanza por medio del cual se destinaba el predio que la universidad tenía en la calle Girardot para la construcción del edificio que albergaría dicha escuela. La asamblea acordó votar un auxilio para el efecto.40 Ese fue el origen del edificio de la
carrera Girardot que fue sede la facultad de derecho durante muchos años y que hoy ocupa el Liceo Femenino Javiera Londoño.
Además de estas gestiones políticas en beneficio de la universidad, en escritos tempranos Gonzalo Restrepo Jaramillo expresaba del mismo modo su interés por la institución. En 1922 redactó un artículo sobre su concepción acerca de la universidad. Titulado "La Universidad y la patria", deja ver la importancia que el autor otorgaba a este cuerpo en la vida nacional. Desde el comienzo del escrito se advierte cuál es el papel que Gonzalo asignaba a la universidad como institución al servicio de la sociedad:
no sólo en el teodolito de los ingenieros y en la maquinaria de los industriales pone Colombia los fundamentos de su vida futura. Nuestra patria pide a los enérgicos hijos de sus escuelas técnicas la conquista de la naturaleza y espera, en cambio, de nuestros
estudios académicos, la solución de sus problemas sociales, el mejoramiento de sus obreros y el imperio cada vez más eficaz de la justicia.41
La universidad es, en opinión del autor, un espacio de formación de hombres tanto desde el conocimiento como desde el patriotismo. Por ello debe forjar el carácter de los jóvenes e inculcarles los más nobles ideales. Puede ser que forme eruditos en cada una de sus disciplinas, pero
no ha cumplido por eso su verdadera misión si no ha sabido formar ciudadanos al mismo tiempo que educa sabios y si la mano con que moldea directores de empresa, no sabe formar también los directores de república [...]. El espíritu universitario debe ser ante todo un espíritu patriótico.42
El 4 de agosto de 1924, elegido Gonzalo representante a la Cámara, se vio obligado a desplazarse a Bogotá y suspender sus labores docentes, para lo cual solicitó licencia. La separación de la cátedra era, pues, transitoria, y una vez cumplido el compromiso en el parlamento volvió a ocuparla. En el ínterin fue reemplazado por su compañero de estudios José Urbano Múnera.43
Como había hecho en la asamblea departamental, Gonzalo siguió prestando servicios a la universidad desde el congreso de la república. Así se desprende de una carta fechada el 3 de octubre de 1924 en la que informa al doctor Mauro Giraldo, rector de la Universidad de Antioquia, que está haciendo todo lo posible en la comisión de presupuesto"por lograr algo" para el alma máter y le expone las trabas existentes:
Espero que se pueda obtener un buen resultado, a pesar de que las peticiones de Antioquia no son miradas aquí con mucha simpatía, y de que la Diputación nuestra se ha impuesto como consigna pedir poco para evitar dificultades al Departamento.44
En una muestra de reconocimiento a su profesor, el día 12 de noviembre del mes siguiente el rector lo designaba como representante de la universidad en Bogotá:
Me permito rogar a usted el favor de llevar la representación de la Universidad de Antioquia, en asocio de don Román Gómez, en los festejos que celebre la Capital de la República en conmemoración de la Gloriosa Batalla de Ayacucho.45