• No results found

How to include people with a disability in education

Sabemos que las histéricas eran aisladas en pabellones de hospitales psiquiátricos junto con otros tantos considerados anormales. De hecho las histéricas se dedicaban al cuidado de los demás enfermos en estas instituciones; Charcot en La Salpetrière se había encargado de estudiar la etiología de la histeria, será entonces de Charcot a Freud como el análisis de la histeria se convierte en un campo específico de estudio. Charcot ya se había dado cuenta de las causas sexuales de la histeria, pero decía a los alumnos que era mejor no hablar de esto. Será este el salto cualitativo de Freud con respecto a los planteamientos de su maestro. El panorama de la medicina en la época se encuentra sufriendo una transformación en sus categorías y prácticas para la comprensión de la enfermedad, se trata de un espíritu de la época que se manifiesta en varias prácticas, saberes y disciplinas.334Bichat, por ejemplo, introducirá la práctica de la disección de cadáveres como elemento fundamental para comprender las causas de la enfermedad (anatomopatología). En adelante podríamos decir que la medicina irá introduciendo su mirada335 cada vez a mayor profundidad en el cuerpo humano gracias a los avances tecnológicos; impulso voyerista que desemboca hoy en el descubrimiento del mapa genético. La mirada absoluta del Otro marca entonces el desarrollo de la medicina en el siglo XX. Esta tendencia anotomo-clínica irá en contra de la tendencia vitalista de la medicina, sostenida fundamentalmente por la iglesia; de esta manera, en favor de la muerte, se irá desligando la medicina del vitalismo.

Pero la anatomía de esta Tercera Persona, tal y como se ha podido comprender gracias a Le Gaufey336, tendría otras características. Si bien las transformaciones que se vienen dando van a influir en la constitución del psicoanálisis, se encuentran al tiempo fragmentadas en toda una serie de prácticas337. La hipnosis, método utilizado por Charcot para la cura de los enfermos, da cuenta de una herencia más arcaica, que no provendría exactamente de las prácticas médicas. El magnetismo de Mesmer sería su antecesor. Mesmer se había formado como médico, pero debido a sus prácticas fue contradicho por los círculos médicos. La teoría de Mesmer encuentra la explicación para las enfermedades nerviosas en un desequilibrio de lo que había llamado “fluido universal”. Mesmer creía que este fluido estaba emparentado con el imán, y es a partir de allí que surge la práctica del magnetismo que consistía en poner al paciente en estado de sonambulismo, para que así se restableciera la circulación del fluido. Pero si afirmamos que el mesmerismo hace parte de la anatomía de esta tercera persona, es en cuanto antecede lo que luego denominará el psicoanálisis como transferencia; desde luego no

334Roudinesco muestra que los médicos, así como los charlatanes, curanderos y brujos gozaban de gran

aceptación y prestigio tanto en el campo como en la ciudad.

335

Roudinesco cuenta que Charcot realizaba exámenes clínicos meticulosos a sus pacientes, exámenes de tipo visuales, en los que basó luego sus descubrimientos. Esta metodología llevará a subordinar la fisiología a la patología, es decir, partir del enfermo y de la enfermedad.

336

Cf. Le Gaufey, Anatomía de la tercera persona, México, Editorial psicoanalítica de la letra, (2000).

337

Atribuir únicamente al psicoanálisis la emergencia de un discurso que va a transformar el siglo XX sería desconocer que las transformaciones históricas son multicausales, fragmentarias y complejas.

131 se trata de la transferencia de la teoría psicoanalítica, pero los magnetizadores empleaban algo que se llamaba, “manipulaciones transferenciales, toques o pases magnéticos.”338

La doctrina de Mesmer va a popularizarse al punto de que muchos charlatanes iban de plaza en plaza haciéndose pasar por magnetizadores. De hecho, surgió la idea de que el magnetismo lograba generar fuertes agitaciones eróticas en el cuerpo de las mujeres. No obstante, existía una fuerte influencia de los curanderos y de los magnetizadores de la época, pues hasta ahora se comenzaban a desarrollar las drogas a base de opio y cocaína para controlar el dolor. Por esta razón, aquellos que padecían de enfermedades crónicas acudían con gran frecuencia a este tipo de terapias. Con el desprestigio del magnetismo, los estudios de psicoterapia van a introducir, en vez del magnetismo, la hipnosis. Tanto la hipnosis como la sugestión van a ser utilizadas en adelante por las prácticas de psicoterapia, surgidas de las teorizaciones de Berheim339, quien crea una brecha entre la ciencia y el saber del enfermo, pues el terapeuta advendrá como demiurgo y la sugestión dependerá de su pericia.340

Es en este marco en donde surgen los estudios de Charcot. La neurología no estará ausente de la mirada anotomo-clínica y anatomo-fisiológica. Es en esta compleja trama de la emergencia de saberes y prácticas en donde va a instalarse Freud; ha llegado a Francia atraído por las teorías de Charcot sobre la histeria, pero con el precedente del historial de su amigo Breuer, quien ha tratado a Berta Pappenheim341 en Viena. Esta mujer conocida como Anna O., habría revelado ya en su cura el poder de la palabra en el tratamiento de los síntomas histéricos, lo cual había denominado “talking cure” y que llamaba también “limpieza de chimenea”. Si bien el papel de la sexualidad en la etiología de las histerias se encuentra tanto en las observaciones de Charcot como en el estudio de Breuer, ambos lo han esquivado342.

Charcot estaba empeñado en demostrar que la histeria no había sido producto de la ciencia y de la época industrial, sino que había existido en todas las épocas, asunto que trataba de probar a partir de las pinturas y grabados antiguos. Para Charcot, la histeria inventaba síntomas que conducían al médico a su comprensión; según Roudinesco, se trata de que el enfermo fabrica, expresa, mientras el médico descubre. A partir de estas afirmaciones de Charcot, Freud podrá deducir que existe un pensamiento desvinculado de la conciencia encargado de producir los efectos somáticos sin que los individuos lo sepan. Pero Freud se irá desligando de la primacía de la mirada de Charcot, para privilegiar la escucha y el relato. Esta renuncia del médico a ver, tocar y hablar, va a ser un práctica clínica que emerge hacia el finales del siglo XIX; podría decirse que esta es la modalidad discursiva que se instalará luego con el psicoanálisis: se trata de que “el sabio se calla y guarda para sí sus comentarios; se retira

338Roudinesco, La batalla de cien años (1), op. cit., 19. 339

Ibíd., Berheim consideraba que los fenómenos observados en la hipnosis eran una exageración de los comportamientos comunes a todos los hombres, y esto lo lleva a suponer que no existe diferencia entre lo normal y lo patológico.

340

Roudinesco muestra cómo a partir de allí Freud descubrirá la transferencia, luego de que Berheim fracasara en el intento de dormir a una de sus pacientes histéricas. Es la transferencia lo que le permitirá al psicoanálisis alejarse de la psicología.

341

Roudinesco resalta que Berta Pappenheim, luego de haber pasado por un análisis, y de convertirse en una líder feminista, no recomendaba a ninguna mujer el paso por el diván, pues consideraba que “el psicoanálisis es al médico lo que la confesión al cura: un arma de doble filo”, Roudinesco, La batalla de cien años (1), op. cit., 19.

342

Roudinesco dice que aunque todos los especialistas en enfermedades mentales conocían la importancia del factor sexual en la génesis de los síntomas neuróticos, observación que vendría incluso desde la antigüedad, ninguno sabía qué hacer con esa constatación.

132 al silencio dejando al enfermo que se cure a sí mismo”343. Con esto se ha generado un lugar para que el paciente ocupe el sitio que antes estaba reservado al médico. Desde este lugar podrá ahora ser creador, inventar un discurso y fabricar su caso. Este lugar entregado por el psicoanálisis al paciente nos lleva a pensar si acaso algo del individualismo de la época estaría en relación con el intento de mantenerse en este lugar imposible como Amo, o si por el contrario, al no haber podido tomar este lugar, queda a expensas de otras fuerzas que lo ubican imaginariamente como Amo.

Si los estudios sobre la histeria van a introducir una revolución en el siglo XX, es en cuanto la histeria misma había constituido hasta el momento un estigma. Incluso desde Hipócrates se creía que la histeria, enfermedad de origen uterino, era padecida sobre todo por mujeres que no habían estado embarazadas o abusan de placeres carnales; por esta razón, la cura recomendada era el matrimonio. Roudinesco cuenta que en la Edad Media las histéricas eran consideradas brujas poseídas. Charcot llegará a su vez a rebatir la idea de los médicos de la época, que consideran a las histéricas como perfectas simuladoras. No obstante, abandonará la idea griega de que la histeria era una enfermedad del útero, para acercarla al campo de la neurología, en donde al mismo tiempo lograba separarla de la etiología sexual por medio de la separación de la neurosis del campo de la enfermedad orgánica. Pero además de esto, Charcot lleva la histeria al campo del arte, no solo a buscarla en las pinturas, sino porque consideraba el arte como una histeria lograda. Se trata de una hipótesis de los terapeutas de la época quienes “ven en el don la huella de la locura.”344 Esquivar la etiología sexual de la histeria le va a llevar a no comprender el papel histórico que tendría y que tanto había estudiado a través de la pintura. Estos elementos le permitirán a Freud establecer una relación entre el arte y la neurosis que no abandonará a lo largo de su obra y que se evidencia en la relación que encuentra entre inconsciente y letra, razón por la cual declara que el poeta se anticipa siempre a la ciencia345.