Tanto el estudio sistemático como la práctica de la minificción –al menos con conciencia de género– son relativamente recientes, es por eso que el debate
57«El cuento es un preciso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emo-
ción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéti- camente, encarna en una forma narrativa próxima a la de la novela, pero diferente de ella en técnica e intención. Se trata pues de un género intermedio entre poesía y novela, apresador de un matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresable en las dimensiones del cuento», Mariano Ba- quero Goyanes, Qué es la novela. Qué es el cuento, pág. 139.
sobre su nomenclatura y su definición58 parece que no está aún del todo cerrado. Aunque se pueden citar algunos, muy pocos, ejemplos de finales del sigloXIX, en realidad la minificción en Hispanoamérica comienza a cultivarse en las primeras décadas del sigloXX y con mayor difusión durante el paso de la modernidad a la
posmodernidad. Podemos citar varios títulos de repercusión: Cuentos en miniatura (1927), de Vicente Huidobro; Bestiario (1958) y Confabulario (1962), de Juan José Arreola; El Hacedor (1960), de Borges; Historias de cronopios y de famas (1962) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), de Julio Cortázar; Movimien-
to perpetuo (1972), de Augusto Monterroso.
El listado de nombres para este género breve es bastante numeroso: «mi- crocuento», «hipercuento», «relato hiperbreve», «minificción», «microrrelato», «microficción», «minicuento», incluso «minificción», «narración brevísima», «cuento en miniatura», «cuento breve», «cuento brevísimo» y «narrativa extrema- damente breve». Cabe preguntarse qué extensión tiene el relato hiperbreve. Lauro Zavala59distingue tres tipos de textos en correspondencia a la extensión: el «cuen- to breve» (entre mil y dos mil palabras), el «cuento muy breve» (entre doscientas y mil palabras) y el «cuento ultrabreve» (entre una y doscientas palabras). Lo cierto es que en este género entran textos que pueden ocupar un fragmento, una página entera o dos páginas y media. Podemos hallar incluso textos que contienen apenas una o dos frases, como el de Monterroso, quizá el más famoso minirrelato de la literatura en castellano, que consta de siete palabras y en donde una simple coma repercute hasta el punto de que si la cambiamos de lugar dejaría de pertenecer al género fantástico y pasaría al maravilloso: «Cuando despertó, el dinosaurio todav- ía estaba allí» (del otro modo sería «Cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba
58Para ampliar el estudio del microrrelato ténganse en cuenta las siguientes referencias: Fran-
cisca Noguerol, «Micro-relato y postmodernidad: textos nuevos para un final de milenio», Revista Interamericana de Bibliografía,XVLI, núms. 1-4, 1996, págs. 49-66 y también Escritos disconfor- mes. Nuevos modelos de lectura, Universidad de Salamanca, Salamanca, 2004; David Lagmano- vich, El microrrelato. Teoría e historia, Menoscuarto, Palencia, 2006; Fernando Valls, Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español, Páginas de Espuma, Madrid, 2008; Irene Andrés-Suárez y Antonio Rivas (eds.), La era de la brevedad: el microrrelato hispánico, Actas del
IVCongreso Internacional de Minificción, Universidad de Neuchâtel (Suiza), Menoscuarto, Palen- cia, 2008. Se pueden consultar diversos artículos en Lauro Zavala (director), El cuento en red. Revista electrónica de teoría de la ficción breve: http://cuentoenred.xoc.uam.mx/presentacion.html.
allí»). Hasta ahora, el microrrelato más breve escrito en español es el del mexicano Guillermo Samperio, «El fantasma», publicado originalmente en el volumen Cua-
derno imaginario; pero más tarde, en su Obra reunida, reescribió nueva versión
acortándolo aún más: «Fantasma»60. Ante este ejemplo, podríamos preguntarnos si una palabra de tres sílabas puede ser realmente catalogada en primer lugar de «tex- to literario» y, en segundo, de «microrrelato».
La elipsis es el recurso genérico, la condición sine qua non para la compo- sición del microrrelato. Giovanna Minardi lo define así: «el cuento breve se cons- truye como una elipsis de su propio desarrollo, como reducción de sí mismo. El cuento, en este sentido, aspira a una sencillez hermética: es el género que mejor sabe guardar un secreto»61. La omisión es el primer recurso de un microcuento, pero, al mismo tiempo, es precisamente lo no dicho lo que cobra un valor trascen- dental para la comprensión de la pieza. Es complejo responder a cuál es la dimen- sión estética de este tipo de literatura fragmentaria dado su carácter experimental. Según Lauro Zavala62 la complejidad para catalogar la minificción responde a va- rias claves: «brevedad», «diversidad», «complicidad», «fractalidad», «fugacidad» y «virtualidad». Veamos a continuación las características de este género.
Se ha entendido a veces el microcuento como un subgénero dentro de la minificción. Los antecedentes más antiguos son la fábula, el apólogo y el bestiario, pero también está próximo a otros géneros como el haiku, la viñeta o el tebeo, el epigrama, el chiste, las notas de viaje, el aforismo, la adivinanza o el poema en prosa. El microrrelato puede incluir tanto elementos reflexivos del ensayo como elementos líricos de la poesía. Acepta la inserción de expresiones no literarias, incluso con alusiones bíblicas o míticas; también recurre a fuentes expresivas to- madas de anuncios de periódicos o de telegramas. Así pues, una técnica narrativa común del microrrelato es la intertextualidad. Otro rasgo distintivo es el de los juegos de palabras, el tono simbólico, la visión irónica y metafórica, así como el
60Guillermo Samperio, Obra reunida, Alfaguara, México, 2005, pág. 252.
61Giovanna Minardi, Cuentos pigmeos. Antología de la minificción latinoamericana, Edicio-
nes El Santo Oficio, Lima, 2005.
62Lauro Zavala, «Seis propuestas para un género del tercer milenio», Cartografías del cuento
uso del lenguaje con un sentido de alegoría que puede desembocar en la polivalen- cia de significados. Otros rasgos son la vitalidad, la perspectiva lúdica, la capaci- dad de evocación, la aparición del detalle repentino en la narración y el final sorpresivo que delata relaciones insospechadas con elementos en principio distan- tes o inconexos.
Debido a su extrema brevedad, los personajes suelen ser arquetipos. El ar- gumento se puede centrar en una situación particular, en un detalle llamativo y engrandecerlo en un valor o cambiarlo de sentido, una imagen incongruente o un guiño cotidiano. Lo cierto es que presenta un momento paradigmático. El desenla- ce suele ser ambivalente o elíptico. La historia suele estar narrada desde el escepti- cismo y la excentricidad. La condensación de la historia, la intensidad de la expresión y la rápida asimilación de su lectura dan lugar a un efecto inmediato en el proceso de recepción.
En comparación, cuento y microrrelato, determinados por la brevedad, se definen por la intensidad, por la precisión y por la construcción rigurosa de la his- toria. En ambos es crucial la herramienta de la sugerencia y de la elipsis significa- tiva. Cuento y microcuento esconden una historia más amplia que la que realmente narran o, por lo menos, suelen contener la posibilidad de que el lector la construya a partir del texto dado. Ambos géneros comparten dos recursos básicos como la omisión y las insinuaciones simbólicas, aún más acentuadas en el relato hiperbreve que, además, participa de la intertextualidad con más frecuencia que el cuento.
El final es muy importante en las dos modalidades, pero en el cuento hi- perbreve éste debe ser especialmente neurálgico. El microrrelato, considerado co- mo narrativa «de impacto», demarca una intención específica en la recepción: la respuesta inmediata del lector. La historia del cuento hiperbreve debe brillar como un relámpago y ser recibida inminentemente por el lector como un golpe o un esta- llido. Brevedad máxima y esplendor son exigencias de su construcción. No obstan- te, más que la brevedad es la síntesis lo que conviene al microcuento.
El microrrelato parece acercarse más que el cuento a la expresión poemá- tica. Con la poesía comparte la brevedad y el esplendor y ambos pueden visuali- zarse de una sola ojeada; más cerca está aún de la poesía visual. Como el cuento,
el microrrelato se diferencia del poema en que por imperativo genérico debe con- tar una historia y, además, contarla bien.