Son reglas o generalizaciones que el sujeto hace, basándose en su propio modelo del mundo. Indican que no hay alternativas
Es importante desafiarlos porque así ampliaremos su modelo del mundo con más opciones.
Operadores de posibilidad
Nos interesan los que indican que algo no se puede: Es posible.... no se puede…No puedo
Hay dos tipos de preguntas para desafiarlos.
Ir, imaginariamente, al futuro para explorar las posibles consecuencias.
Que pasaría si lo hicieras ? Que pasaría si no lo hicieras ? Que podría ocurrir ?
Ir al pasado para averiguar las causas de la limitación
¿Qué lo impide? ¿Qué te frena?
“porque no lo haces” es una `pregunta poco eficaz, porque se extraen justificaciones y argumentos.
8. Causa efecto
La persona tiene la creencia de que otra persona o un conjunto de circunstancias puede causarle alguna emoción o estado interno.
Si el otro (o algo externo) le provoca el estado, la persona no tiene control de lo que le pasa y por lo tanto pierde opciones, no puede hacerse cargo de lo que ocurre.
Para desafiarlo preguntamos Cómo X causa Y. Así recuperamos la información sobre el proceso.
“ Mi esposa me irrita” ¿Cómo lo irrita su esposa?
“La crisis me deprime” ¿Y de qué manera lo deprime?
9. Lectura de Mente
La persona cree que se puede conocer lo que piensa o siente otra persona, sin tener comunicación directa.
Implica que puedo adivinar los pensamientos o sentimientos del otro, y que el otro puede (o tiene obligación) conocer mis pensamientos o sentimientos.
El desafío consiste en preguntar como ocurren estos procesos, qué información externa se tuvo en cuenta para llegar a determinada conclusión.
“Papá está enojado conmigo”
¿Cómo, específicamente, está enojado?
“Sé lo que lo hace feliz” ¿Cómo lo sabe?
“El Grupo me rechaza” ¿Cómo llegaste a esa conclusión?
10. Fuente perdida
Son juicios acerca de uno o del mundo, reglas de conducta que la persona generaliza. Habitualmente no aparece información de quién emitió éstos juicios o creencias.
La pregunta desafío esta destinada a recuperar la fuente original de esos juicios.
“Es malo demostrar los sentimientos” ¿Cómo lo sabe?
“Esa no es la manera correcta de hacerlo” ¿Quién lo dice?
UNIDAD IV: Liderazgo
LA CIMA
El misterio de la cima sólo se abre a los hombres de buena voluntad. No a las naciones, no a las religiones, sino a los individuos que ostentan el poderío secreto de la fe.
Allá lejos vemos la montaña. Hay días en que nos parece irreal, como un telón de fondo que la lontananza transforma en pintado e imposible. Hay días en que percibimos entre brumas, velada y más distante que nunca, con sus intactas nieves perpetuas que nos rechazan, y erguidas frente a nosotros, nos vedan el acceso Hay días en que la vemos clara y radiante, maternal e invitadora...Allá en la montaña, coronada por la alta cima.
Algunos saben que su destino es ascender a ella, y se solaza con la ilusión. Pero el ascenso no se reduce a proyectar el día de la partida, los planes, las etapas, los trebejos, las cuerdas. Hay que ponerse en marcha: levantarse y avanzar.
Lo primero es abandonar el valle: el valle conocido y complaciente. Preguntar a los prácticos por la única o las diversas formas de aproximación. Comenzar el trabajo, acaso por la cara de la montaña que no recibe el sol, acaso por la que lo recibe demasiado. Dejar atrás los caseríos que nos invitan a descansar. Seguir de día y de noche la vocación de la difícil cima, con tanta frecuencia oculta, y en muy pocas ocasiones sonriente y despejada.
Dejar atrás los lugares conocidos, donde la vida es fácil, y donde habitan nuestros antecesores rendidos, resignados, o conformes con lo que consiguieron. La llanura es a veces demasiado ancha: nos da la sensación de que nada hemos adelantado, sino que, por el contrario, sin saber cómo ni porqué, retrocedimos. Son las peores tentaciones: flaquear, tirarlo todo al abismo, volver a la tibieza y a la comodidad. Para evitarlas, desde el principio, el deseo de la ascensión debe ser nuestro, resueltamente nacido de nuestro corazón no influido por otros; si no es así, no subiremos jamás. Un deseo rotundo, positivo y flamígero, seguido de un esfuerzo que, en muchas circunstancias, juzgaremos más grande que nuestros propios bríos. No bastará la renuncia a otros sueños, ni el desecho de otras oportunidades. Se precisa de un compromiso y una involucración apasionados, y la
muchos los que acaban por poseerla. Hay que destruír la primera y más próxima barrera que nos impida emprender el ascenso; pero subsisten luego muchas otras, que hay que romper también – ignorancias, recelos, prejuicios, mezquindades-, porque si no, nos impedirán la victoria. Y tendremos que aprovechar, más aún que la ajena, nuestra improvisada experiencia, puesto que no hay dos modos iguales de escalada. La revolución que ella significa la deberá hacer cada uno contra las opresiones, y el falso dominio, y el falso amor, y las envidias, y también contra la autojustificación.
Equipados de ese modo, comprobaremos que nuestras fuerzas crecen a medida que subimos, como si la cima nos atrajera. Y es que atrae, y nos acercamos a ella como el hierro al imán. Ella será la fuente del entusiasmo y la abnegación. Y así, cuando la poseamos y ella nos posea, confirmaremos la siguiente verdad: el misterio de la cima sólo se abre a los hombres de buena voluntad. No a las naciones, no a los grupos, no a los partidos, no a las religiones, no a organización alguna, sino a los individuos que ostentan el poderío secreto de la fe.
Ellos son los que no desean para sí la grandeza, ni la heroicidad, ni la paz durmiente de los valles, sino sólo un corazón valeroso, una inteligencia diáfana y una disponibilidad fraternal. De ahí que el que llega a la cima, acto continuo, se vuelve hacia los que aspiran a llegar, y les entregue, para confortarlos y apurarlos, el tesoro de su conocimiento, de su estímulo y de su bien ganada serenidad.