• No results found

Institutional Evolution

5 Incentives and Motivation

5.4 Relating the Public Sector to the Private Sector

5.4.3 Institutional Evolution

tú), posiblemente por analogía con a él, ella, usted, etc., casos en que la forma preposicional es idéntica n ln formn sujeto (Keniston. píg. 54). EN NUMEROSAS REPONE* de Hispanoamérica se reemplazo la forma preposicional mí por la forma yo. Tal se oye aún en algunas regiones rurales de España, especialmente en Aragón (Borao, pág. 95: "para casarte con yo"; Kuhn, § 33: "a tú ... pa yo ... con yo", etc.), y también en portugués . La preferencia por el yo tal vez se explique por el mayor énfasis psicológico de un pronombre sujeto. Su extensión geográfica es mucho más amplia de lo que generalmente se supone. Argentina (San Luis, rústico): Pobre de yo; ¿te vas con yo? Yo hablo con yo mismo; andan preguntando por yo (Vidal, pág. 381).

Perú (Cai imar, Zona del Makañón): Yo soy diaquí, calemarino, an- que quién sabe único los viejos sepan de yo (Ciro Alegría, La serpiente, pág. 220;. fll duerme aquí aconipauao de yu y Valencio (Ciro Alegría, El mundo, pág. 235).

Ecuador: Van a acabar ... con yo (Ortiz, pág. 92).

Venezuela: Cerquita e yo está durmiendo un trigueño (Bríceño, en ACMV, II, 128). Bueno es que se vaya acomodando cerquita de yo (Bríceño, pág. 112).

Colombia (Antioquia): A yo me mandaron trabajar con usté (Posada, pág. 40); le gustaba bailar con yo (pág. 67, etc.). A yo la rabia me abre el apeüto (Carrasquilla, Hace tiempos, I, 30); a yo no me da miedo (página 295). Eso sí que no sería con yo (Rivera, pág. 221). (Sur): —¿Vivirás siempre con yo? (Alvarez Garzón, pág. 59). (BogotA, vulo.): Eso es pa yo; camine con yo, etc. (Flórez, pág. 376).

Costa Rica: Él irá alante de yo (Agüero, pág. 49); a yo me picó la cresta (pág. 69). Se rieron de yo (Leyendas, pág. 132). —A yo no me ven- gás con cosas ... lo que a yo me gusta, etc. (Fabián Dobles, pág. 247).

El Salvador: Cuchuyáte contra yo, pué (Salarrué, Cuentos, pág. 22); Síganme a yo (pág. 59). Asina mesmo me parece a yo, patrón (Ambrogi, pág. 33); Desúnelo a yo, a tu nanita, pues (pág. 208).

Guatemala: Sé que en mi ausencia hablas de yo. Esta casa es de yo (Sandoval, I, 366). El mal será para yo (II, 198).

Existen otros vicios rústicos: yo por a mí, (a) mí por yo: Zona del Río de la Plata: YO ME PARECE QUE ... (C).

Chile (Chiloé): Yo me gusta la música; tú cantas mejor que a mi (Cavada, pág. 277). Colombia: Yo no me gusta ir a la plaza (Flórez, pág. 376).

Costa Rica: Hay oue ser más hombrecito que mi (F. Dobles, página 10). Cuba (vulo.): Yo me gusta la música (Padrón).

El plural masculino tiosoiros se usa con frecuencia como si fuera femenino en lugar del normal nosotras (cf. Lenz, La oración,

Ü 156). Cuando se pierde el sentido de la composición (pronombre nos + adjetivo otros u otras), tiendo a desvanecerse igualmente la distinción del género.

Argentina : —Nosotros estábamos desesperadas por conocerlo (Pico, pág. 5). Las madres como nosotros (Vidal, pág. 376).

URUGUAY: —Será muy lejos, pues nosotros no Mbemot nada. —Hdgun* k lus mosquita* muerta». ¡No van u »ufoerl (Sdiichc/, Uarruncu ubu¡*>, 1, 4). Ninguna de nosotros valemos un pie de los tuyos (Bellán, pág. 60). —¡Salgan ligerilo, piojosas arrastradas! — ¡Pero nosotros qué culpa tenemos! (Espinóla, pág. 48).

Perú: Ya pasaron los tiempos en que nosotros [= las mujeres] éramos ceros a la izquierda de ustedes los hombres], y que cuando alguno nos burlaba no había más remedio que desbarrancarse por ahí o encerrarse para toda la vida (López A., Nuevos cuentos, pág. 79). '

MÉJICO: Mientras las mujeres servían la C9mida, se pusieron a conversar con nosotros. ... Cuando les preguntamos sobre la gente que se quedaba a dormir en ese paraje, su contestación fue rotunda: —Sólo nosotros (Mena Brito, pág. 232).

La forma complemento nos se convierte con frecuencia en los, nosotros se convierte en losotros (o lojotros) en más regiones hispanoamericanas que las estudiadas hasta ahora. Parece que los es forma popular y rústica exclusiva de Chile, donde la -s final se convierte en una leve aspiración: los vamos por nos vamos, vúmolos por vámonos, etc. Afirma Román (III, 340) que el uso de los por nos se halla tan hondamente arraigado entre los chilenos sin cultura, que Nos, estación de ferrocarril, es llamada Lo e No (= Lo de Nos). Debe querer decir Lo e Lo (para lo de, cf. pág. 163). En el habla popular de Santiago, nos fuimos (tal como se explica en la pág. 203 por nos vamos o vámonos), pronunciado loh juimoh, se traduce humorísticamente por ele jota (/ y), que representan las iniciales de la expresión: ¿ele jota? = ¿nos fuimos? = ¿nos vamos?

Sin embargo, los por nos no pertenece solamente a Chile, sino que goza de una extensión geográfica mucho más amplia, como se puede ver por los ejemplos que se ponen más abajo. Además, lo mismo ocurre en regiones rurales de España, especialmente en Murcia (García Soriano, § 66, 3, donde los también = os), en Cádiz y en otras partes probablemente (cf. BDH, I, § 126; II, 139).

El cambio de n por / probablemente se deba explicar por analogía con los numerosos pronombres que empiezan por /- (lo, la, los, etc.), si bien el intercambio de n y / se da también en otras palabras (Menéndez Pidal, Gram., § 54, 2b\ § 72, 5o), siendo común en el habla popular de Chile (Román. IV, 1): frionera por friolera, penicula por película, alimar por animar, etc.

Argentina (zona costera): Vámo/oj ... los vamos (BDH, I, § 126, n. 2; también IV, pág. 26. n. 5: "En Buenos Aires y La Plata, entre las clases muy humildes, y, por influencia de los sirvientes, entre los niños, se oye ¡oh por nos"). En San Luis, Cuyo, Córdoba (BDH, II, 139). Chile: —En carrito mataero teñimos qu'ilos [— irnos] (Romanángel, pág. 22); los pasamos a toma los una pilsen (pág. 23); y los juimos (página 24); ámolos [= vámonos] andando (pág. 56), etc. Los habimos queao paraos (Acevedo Hernández, Por el atajo, pág. 29); ¡os poímos pasar sin ella (pág. 62). Si querís los casamos (Carióla, I, 1).

Costa Rica: Si hay alguno que se atreba / a acompáñame, los bamos (Agüero, pág. 69). Por ella los vamos a tomar esta botilla de coñá (Dobles Segreda, pág. 37); los juimos esapartando (pág. 38); Ellos creiban que éramos munchos. Si hubieran sabio que los podían contar con los dedos, se gflelven y los deshacen (pág. 48); Losotros éramos ricos, pero después los fregamos (pág. 74). Muriéndo/o* de miedo, los cuatro muchachos los juimos ... ¿quién iba con losotros? (Leyendas, pág. 116). Al bolber del trabajo / los pedía las tinajas (Echeverría, pág. 122).

El Salvador: Ya los duele el lomo a yo y al Tiburcio Jeta (Ambrogi, pág. 66).

Guatemala: Si masito [= por poquito] ya no los volvemos a ver, pues por poco me muero anoche (Sandoval, II, 31).

Méjico (Tabasco): Ya los vamos (Ramos Duarte, pág. 338). Cuando los avisaron fimos a onde estaba ... los dio orden de que los viniéramo a ViUahermosa (Gutiérrez Eskildsen, pág. 84).

Cuba: Vamoh/o/i 1« vámonos], loh vamoh, loh dijo (Padrón).

En Argentina se encuentra un uso popular de se por nos. La- fone (Tesoro, pág. 210) opina que se debe a influencia quichua (en quichua, ca es el reflexivo único para las tres personas); en Buenos Aires es posible que se deba a influencia italiana. Más probable es que la confusión se haya heredado de España: en Andalucía, Murcia (García Soriano, § 66, 3). etc.. se usa el se en el habla popular en lugar de os; así, se vais = os vais, se la lleváis = os la lleváis.

Catamarca: Se fimos [= nos fuimos] ... se vamos (Lafone, pág. 210). Se iremos un día del rancho (Carrizo, pág. 64); se querimos como hermanos (pág. 69); —¿Que se juntemos pa siempre? (pág. 74).

Buenos Aires: ¿Se ponemo de novio o no se ponemo? (Llanderas y Malfatü, Cuando las papas, pág. 19). ¡Pues así no se podemos seguir 1 (Llanderas y Malfatti, Giuanín, pág. 17). Se tenemo que pasar el día (Last- Reason, pág. 14); vámo¿e ... se jugamo la cena (pág. 25).

PRONOMBRES COMPLEMENTO: "LE", "LA", Y "LO" El pronombre complemento directo en el español primitivo para nombres de personas o cosas en masculino era lo. Durante el siglo xvi, el le se fue generalizando tanto

para personas como para cosas, sobre todo entre los escritores de origen castellano (llamados, en consecuencia, leistas), mientras que los escritores del Sur y del Levante español prefirieron el lo (y por ello se les calificó de loístas). A media distancia entre ambos grupos existió otro, más amplio aún, que generalmente empleaba el le para referirse a personas y el lo para referirse a cosas. Este último uso parece ser hoy el más corriente y el más aceptado por el castellano modélico, aunque entre conocidos escritores españoles se pueden hallar tanto leístas como loístas. Spaulding (Hispanic Review, XIII, 336) prueba que el le goza de mayor extensión de lo que generalmente se supone: en León, en Zamora e incluso en el Sur. La gramática de la Academia en sus últimas ediciones recomienda a los escritores la norma etimológica: lo para el complemento directo de personas y cosas, le únicamente para el complemento indirecto.

El lo es la forma más extendida en Hispanoamérica, mas no la única como muchos han creído4. Así como el uso del lo para cosas y del le para personas de ninguna manera constituye una regla entre los escritores españoles, ya que el nombre de una cosa puede personificarse y el de una persona "despersonalizarse" (véase Keniston, Syntax list, pág. 55), en el español de América frecuentemente alterna el lo con el le como complemento directo

6 Cf. McHale, Diccionario: "Desde Méjico hasta Chile nadie dice le vi, le conocr (pág. 146); "... en América, donde todo el mundo dice lo vi, lo saludé, lo conocí, lo llamé" (pág. 150). en el lenguaje escrito y ocasionalmente en el habla culta (mas no en la popular, salvo en los casos que se indican más abajo).

Arglíoina: —Sí, lo vimos ayer ... le vimos a nuestro lado (Pico, página 6).

URUGUAY: —Aquí lo dejo, mi amigo. ... ¡He tenido el mayor gusto en acompañar/«'/ (Amorím, El paisano, pág. 43); ¡Cómo lo voy a dejar en medio del callejón! ¡No fallaba más! Im acompaño hasta su tranquera (pág. 44).

CHILE: —V sobre todo, volvería a ver le a él; muy de tarde en tarde, pero a ver lo, siquiera alguna vez (D'Halmar, Lucero, pág. 70). ¡Y qué hombre era nuestro capitán! ¡Cómo le queríamos todos! (Lillo, pág. 92). Afortunadamente fue ella misma quien le recibió ... al volverse lo vio junto a la puerta (Durand, Mercedes, pág. 154). Solaguren ... vio a un hombre gordo que le observaba (Prado, Un juez. pág. 148): nadie lo observa (al padre] (pág. 176); le veníamos observando (pág. 248).

BOLIVIA: —¡Sí, sí, yo le mato! —repuso el pequeño. ... —No; haz/o parar más bien ÍArguedas, Raza, pág. 105). Yo lo he esperado ... le espero ahora (Díaz Villamil, El traje, pág. 52).

ECUADOR: Yo le quería ... yo lo había querido ... lo quise de golpe (La Cuadra, Palo 'e balsa, pág. 303).

El Salvador: Braulio, el jefe de los campistos, no le quería (Ramírez, pág. 9). Mineo: —¿Pero tú lo viste? ... —No. Yo no le vi (M. A. Menéndez, pág. 34).

Cui<a: Salí a emplear toda mi autoridad para salvar/e a usted, y mentí, ¡y lo salvé! (Hernández Catá, pág. 151).

En el habla popular de Hispanoamérica, la regla general es el lo, excepto en Ecuador y en Paraguay (probablemente también en otras áreas limitadas, como en la Guayana venezolana), en donde se puede oir el le (plural les) referido a personas en labios de todas las clases (sin embargo, en la costa de Ecuador son loístas).

Ecuador: —Les van a matar (Icaza, En las calles, pág. 255); ¿Le sol-taron de la cárcel? (pág. 263). La antigua tendera ... empezó a recoger ... los hijos de los cholos indigentes para educar/e; en la santa ley de Cristo y enseñarles a trabajar desde pequeños. Les amaba (Icaza, Cholos, pág. 29); como les quería tanto (pág. 30). —¿Los conoces? La otra noche les conocí (Mata, Sunagüin, pág. 184). Le reconoció al indio ... Con razón les quiero tanto a mis señores (Bustamante, pág. 124).

PARAGUAY: Le veo a él, les veo a ellos (Morínigo).

Es más, tanto en Ecuador como en Paraguay se oye con gran frecuencia el le como pronombre complemento femenino en lugar del la (igual que ocasionalmente en el español antiguo y moderno).

Ecuador (sierra, urbano): Las amigas y parientes de la Petrona, sosteniéndote del rebozo, a duras penas logran detener/« en sus ímpetus de furia. Asimismo las amigas y conocidas de la Rosa, U consuelan y le piden que cese la batullu ... y cru de ver les .,, guiñar los ojos ... u do* curgudo* res que ... las contemplaban, lanzándolas bromas de color subido (García Muñoz. Estampas, págs. 183-85); —Mi comadre Susana, ni sabe el gusto que tengo de ver le (pág. 243). Mienten los poetas al fingirse enamorados de la luna, a la que ni siquiera le conocen (García Muñoz, El médico, página 73). —Tendrán/e bien [= ténganla bien], a lo mejor me muerde (Icaza, En las calles, pág. 179). ¡Le quiero, Gloría 1 ... Hoy será usted mía (Salvador, Camarada, pág. 47). —jPorque yo le amo, Magdalena! (Salvador, Prometeo, pág. 117). (Azuay): Le ha tumbado y golpeado a gusto, hasta dejar/« sin sentido. Entonces fue cuando abusó de la guagtlita inocente (Mata, Sanagüln, pág. 181). Usted es digna de mejor suerte. ¿Le engañó algún hombre? ... Cuando la vea envejecida, enferma, le botará a la calle (Salvador, Noviembre, pág. 227). (Sierra, rural): Le encontré acostada (Icaza, Cholos, pág. 176); yo le miraba de reojo (pág. 177); le llamé por lo bajo (pág. 178). (Zona costera): —Muchas gracias, Gertru. Y Cusumbo, que le devoraba con los ojos: —Oiga, ña Andrea. La muchacha ejtá güenaza. A usted le voy a hacer mi suegra (Aguilera Malta, pág. 49).

Paraguay: Le veo a ella; le seguí con la vista hasta ver le [a ella] entrar en su casa (Morínigo).

'Jjp»

Generalmente se piensa que el la no se usa en el español de América como pronombre en calidad de complemento indirecto femenino, tal como se hace corrientemente en España,

y especialmente en Madrid. Lo mismo pensaba Cuervo: "Entre americanos jamás he oído la por le" (Bello-Cuervo, n. 121, pág. 114). Es cierto que no se usa la por le en la conversación, pero sí se puede hallar en la literatura.

Argentina: Y pronto sus manos ./, la ofrecieron otros tantos vasos, de los cuales Marta aceptó uno sin mirar de quién venía (Mallea, Fiesta, pág. 47).

Chile: Rosaura declaró Mr una entusiasta amazona a quien sólo faltaba un caballero que la hiciese compañía (Silva, pág. 63). La dije que fuera a acostarse (Edwards Bello, La chica, pág. 92). Cuando la dieron de alta, la Ufra hizo venir un coche de alquiler y se largó (Alberto Romero, La viuda, pág. 18); ¿Qué sorpresas ¡a traería ese sol? (pág. 78).

Bolivla: Falleció ayer sin tener tiempo de escribir/a (Jaime Mendoza, Memorias, 1, 78). . , Perú: Y lo que la gritaba aquel pensamiento era la liberación de su alma (López Albújar, Matalachi, pág. 53).

Ecuador: Dos cargadores ... las contemplaban, lanzándo/oj bromas de color subido (García Muñoz, Estampas, pág. 185).

Venezuela: Quiso ponerme la mano sobre los labios; yo se la tomé con pasión y la di un beso (Romero García, pág. 59).

-¿Costa Rica: Será muy beya mi niña y la ponré Juana Amparo (Agüero, pág. 50).

El Salvador: Los campesinos, que regresan de sus guatalitos, la dicen siempre, siempre: — ¡Dios, nanitaI (Ambrogi, pág. 92).

Méjico: ¿La chica, Florita, que la da por decir versos? (Quevedo, Las ensabanadas, pág. 103). Como si la leyese los pensamientos, Hipólito pidió la botella del catalán (Gamboa, Santa, pág. 318).

Sin embargo, la como dativo femenino por le es la excepción en el español de América, y lo es. con mucho, más común que le como acusativo masculino de personas. Los treinta y cuatro autores rioplatenses representados en la Antología de cuentistas rioplatenses (Buenos Aires. 1939) usan le 76 veces frente a 284 veces lo referido a personas. En más de 400 páginas de prosa se emplea, pues, el lo aproximadamente cuatro veces más que el le como complemento directo referido a personas. En la Antología del cuento hispanoamericano (ed. Manzor [Santiago de Chile. 1939]), más de cincuenta autores usan el lo, en representación de diecisiete repúblicas hispanoamericanas, aproximadamente dos veces y media más que el le como complemento directo de persona.

Debemos recordar que con frecuencia es prácticamente imposible determinar si el le es complemento directo o indirecto. La analogía y otras causas (por ejemplo, formas idénticas del complemento directo e indirecto de nombres referidos a personas) han borrado las diferencias originales. La situación es incluso más oscura en lo que se refiere al español de Artiérica, en el cual ciertos verbos toman en algunos lugares un pronombre complemento directo allí donde el español tipo toma un pronombre complemento indirecto (hablar, por ejemplo), añadiéndose, además, ciertos verbos variables (mirar,

seguir, pegar, obedecer, etc.). En la lengua antigua, hablar podía tomar un complemento directo; Keniston (pág. 17) da esta distribución y frecuencia para la prosa del siglo xvi: [6- 9]. En partes de Hispanoamérica se empica así con frecuencia en la actualidad al lado del uso consagrado. De acuerdo con Garrigós (pág. 147), preceptista argentino, las personas que dicen lo (o la) hablo se volverán seguramente al uso normal le hablo cuando el verbo vaya seguido por alguna clase de complemento: le hablo muy bien de Juan (y no lo hablo muy bien de Juan), le hablo en francés (y no lo hablo en francés).

Argentina: Esté solo, completamente solo. Tengo que hablar/o (Greca, pág. 165). El otro lo conversaba con los más finos modales ... ponerse a hablar/e ligerito (Lynch, Romance, pág. 261). —Vamos, viejo, ... yo lo tengo que hablar para ver si me sigue (Yrurzun, pág. 18). Los mozos tímidos y los gárrulos mirábanlas y las hablaban (Mailca, en ACH, pág. 84). No la he hablado (Gtliraldcs, Xaimaca, pág. 49). Si los hablas, vendrán y son siete hermanos (Ezquer Zelaya, pág. 196). Ella los mira y los habla por la ventana (Petit de Murat, pág. 95).

Uruguay: Toqueló en la rienda y habí ció (Montiel, Cuentos, pág. 14).

Chile: Desde varias camas más allá lo hablaron: —¿Viene Ud. enfermo del corazón? (Juan Modesto Castro, Aguas, pág. 14). —Escúchame, Lorenzo, ¿desde cuándo la hablas? (Azócar, pág. 259).

Perú: (habla una chola): —Señor, diz que lo quieren hablar dos señores (Corrales, pág. 146); —Conque oído al parche, que don Corrales los va a hablar (pág. 191).

Colombia (sur): Cuando Antoñina lo habló ... él dormía (Álvarez Garzón, pág. 80; pero hay muchos más casos con le [págs. 16, 20, 45, 48, etc.]. Para Bogotá no se halla registrado el lo (FVircz, pá«. 376)).

Guatemala: Ya no tarda en llegar. ¿Quiere hablar/o? (Quintana, página 108).

El uso del le complemento directo con preterición de lo parece ser una práctica personal en la mayoría de los países hispanoamericanos. Más de la mitad de las 76 formas le (frente a los 284 lo) empleadas por los treinta y cuatro escritores rioplatenses en la Antología de cuentistas rioplatenses pertencccn a la pluma de sólo cinco de ellos, uno de los cuales al menos (Méndez Calzada) recibió en España su educación primaria y secundaria, habiendo vuelto a la Argentina a los diecisiete años. Benito Lynch, en su cuento "Aquel hijo", emplea el le y el lo aproximadamente con la misma frecuencia. Dígase lo mismo del propio novelista en las partes narrativas de Los caranchos de la Florida, mientras que en el diálogo usa el lo con poquísimas excepciones. Con el verbo mirar usa le y lo casi con la misma frecuencia, con una pequeña ventaja para lo. I>c entre los escritores argentinos, Benito Lynch y Eduardo MalJca son los que usan el le con más frecuencia que ninguno de los demás. Únicamente cuatro de los doce escritores argentinos presentes en la Antología del cuento hispanoamericano usan le, y sólo uno de ellos (Eduardo Mallca) hace de él un uso notablemente mayor que del lo. En los escritores

de lu mayoría de los demás países notamos el uso restringido del le en la narrución y el uso casi exclusivo del lo en el diálogo. Ello refleja el uso poco menos que exclusivo —con excepciones, como la del Ecuador— del lo en el lenguaje hablado de Hispanoamérica, al igual que en gran parte de España (Andalucía, Navarra, etc.). No obstante, en el estilo literario, muchos escritores hispanoamericanos, recordando la literatura peninsular, imitan el uso castellano del le como complemento directo masculino de persona, que consideran más elegante y más formal que el lo conversacional. Román (III, 281) observa significativamente: "Como ac. de él, dicen todos los gramáticos y también la Academia, que. tratándose de personas, es preferible [le] a la forma lo. ... En Chile somos más lolstas que leístas; pero ya nos iremos enmendando". Este sentido de la preferencia literaria por el le sobre el lo se refleja claramente en La chica del Crillón, de Edwards Bello, escrita en forma de libro diario. La protagonista (pág. 193) nos cuenta que ha comprado un libro traducido del inglés: How to be charming, o sea El arte de ser encantadora. Está leyendo un pasaje del capítulo titulado "La vida social", del cual se dan algunas citas. Los pronombres directos correspondientes al masculino son todos le, probablemente porque Edwards Bello deseaba dar la impresión de que estaba citando de una obra literaria: "Si algún joven fuera a pedirle una vuelta de baile, aunque no haya tenido el agrado de ver le nunca, mír ele fijamente en los ojos durante varios segundos ... y en voz baja, discreta y musical dígale: Su rostro no me es ajeno: yo le conozco a usted y no le olvido. ¿Dónde le vi antes? ...".

Más adelante (pág. 199), en una fiesta social, contando la protagonista cómo puso en práctica lo que había leído, emplea únicamente el lo, su forma conversacional acostumbrada, dando así

-A

mayor verosimilitud al relato de su experiencia, ya que lo (y no le) es la forma corrientemente usada en Chile:

"El interés que tuviera por ver lo. ... Lo miré un instante ... y le dije: —Yo lo he visto a usted en alguna parte, y no puedo olvidar/o. ...".

Tal ve/, sea òste el lugar adecuado para recordar que en algunas zunus indfgenuti el lo es el único complemento directo de la tercera persona del singular que los indios incultos emplean para el masculino y femenino tanto de personas como de cosas. Así, en partes del Perú (Huacho, Eten): "¿Ya se lo casó la María? ... la piatita lo tengo aquicito no más" (Benvenutto, pág. 143). Ramos Duarte (pág. 353) registra para el Estado de Morelos, Méjico: "Me lo saludas a la señorita". En la provincia de Chiloé, Chile: "¿Viste ayer a Juana? —No lo vi" (Cavada, págs. 215-77). Igualmente en Bolivia, Argentina (Tucumán. Santiago [cf. Moglia, página 251]) y Yucatán (V. Suárez, pág. 150).

El empleo del le redundante y anticipador de un complemento indirecto plural, aunque frecuente en el español castizo, tanto antiguo como moderno, parece ser mucho