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Se entiende por minimización de los residuos y emisiones de un proceso productivo en una industria, la adopción de medidas organizativas y operativas que permitan disminuir hasta niveles económica y técnicamente factibles la cantidad y peligrosidad de los subproductos y contaminantes generados (residuos y emisiones al aire o al agua) que precisan un tratamiento o eliminación final. Esto se consigue por medio de su reducción en origen y, cuando ésta no es posible, el reciclaje de los subproductos, en el mismo proceso o en otros, o la recuperación de determinados componentes o recursos que contienen.

Este término se utiliza con profusión creciente en declaraciones oficiales, comunicaciones técnicas de congresos, artículos de prensa y revistas especializadas, etc. Tanto la

Reducción Reciclaje y Recuperación Tratamiento y Eliminación Deposición Minimización Gestión Tradicional

Administración Central como las Autonómicas han considerado como un objetivo prioritario la minimización, dentro de sus programas medioambientales, y prevén actuaciones en un futuro próximo.

La minimización comprende, pues, tres posibles niveles de actuación.

• La reducción (en origen) de la generación de subproductos, por medio de la adopción de buenas prácticas operativas, la optimización de los procesos, el cambio de tecnologías (por otras más limpias), la sustitución de materias primas, y la modificación de productos.

• El reciclaje de los subproductos, es decir su utilización como materia prima en los mismos procesos generadores o en otros, en la misma factoría o en otra exterior, tal cual o tras un tratamiento previo simple. En muchos casos puede requerir el soporte de ciertos intermediarios, y unas condiciones adecuadas del mercado (precio, confianza, estabilidad, etc.). La reutilización directa se considera comprendida en este concepto.

• La recuperación de las substancias o recursos de interés contenidos en el subproducto, por medio de procesos de extracción, para su aprovechamiento con otro fin (metales preciosos de unos catalizadores, energía de unos lodos, etc.).

La minimización no supone una concepción simplemente técnica, sino que se precisa su incorporación a la filosofía de gestión de las organizaciones, asumida por la dirección, y con incidencia en las políticas de todos los departamentos y en el quehacer de los empleados. Existe unanimidad en que la minimización constituye la opción ambientalmente prioritaria para resolver el problema de los residuos y emisiones de las empresas, y también una brillante oportunidad económica para reducir los costes productivos y lograr otras mejoras inducidas y, por tanto, aumentar su competitividad. Los siguientes hechos hacen que esta realidad sea cada día más acusada:

• La legislación en este campo es cada vez más exigente, y en ocasiones sólo se puede satisfacer adoptando medidas de minimización.

- porque en algunos casos es imposible técnicamente eliminar los residuos y emisiones de forma adecuada;

- porque se han prohibido ciertas opciones de eliminación para determinadas substancias o se requieren sistemas muy perfeccionados y caros;

- porque la opinión pública es reacia a la creación de las instalaciones necesarias, de modo que se carece de ellas y sólo están disponibles en otros países, por lo que también resulta prohibitivo – y eso en el supuesto de que se permita el movimiento transfronterizo de residuos -.

• El control de su cumplimiento es cada día más estricto y son frecuentes las sanciones y litigios por el recurso a prácticas ilegales. Incluso pueden aparecer reclamaciones en el caso de haber utilizado opciones de eliminación autorizadas que hayan ocasionado un daño – principio “de la cuna a la tumba”-.

• El consiguiente aumento del coste de tratamiento y eliminación, que resulta acentuado por nuevos impuestos a que se ven sometidos estos sistemas. Frente a esto, las medidas de minimización suponen ahorros de los gastos de eliminación, disminuyen el

5 consumo de materiales y son, con frecuencia, inversiones muy rentables; además, las ayudas económicas y de asistencia técnica a la minimización son cada día mayores.

• La creciente preocupación de la sociedad por estas cuestiones hace que la apuesta de una empresa por la minimización pueda reportarle una mejora de imagen considerable. En países donde existe una mayor transparencia en la información sobre los residuos y emisiones que produce cada empresa, éste suele ser el principal factor motivador de la adopción de opciones de minimización, seguido por el económico.

• Gran parte de las medidas de minimización suelen reportar mejoras de la calidad de los productos y del ambiente de trabajo, con sensibles repercusiones en la productividad.

• Las industrias han asumido que el problema de sus residuos y emisiones les compete a ellas, y se dan cuenta de que prefieren solucionarlo mediante la optimización de sus procesos de fabricación, donde tienen auténtica experiencia, en lugar de tratar de eliminarlos al final del proceso productivo, que es una actividad extraña para ellos.

La industria española está sometida a la legislación medioambiental europea sobre residuos y emisiones, en general más exigentes que la previamente vigente en España. Son numerosas las industrias europeas que se ocupan y preocupan por los temas medioambientales, especialmente por el coste que les representa cumplir la ley. Tienen un lógico interés en que sus competidores la cumplan igualmente, y cuentan con mecanismos comunitarios para que se aplique el principio de libre competencia, sin distorsionar las condiciones de unidad de mercado.

Las empresas españolas tienen la oportunidad de satisfacer estas exigencias legales, utilizando las excelentes posibilidades que aporta la minimización.

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