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59 The intelligibility functions in the present study represent the intelligibility of an item (digit or
4.1. Motivos a favor y en contra de la implantación de la minimización. 5. PLAN DE GESTIÓN INTEGRAL DE RESIDUOS.
5.1. Auditorías medioambientales. 5.2. Plan de minimización.
5.3. Seguimiento y control.
5.4. Gestión de calidad en la empresa.
5.5. Importancia del diseño en la minimización.
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1. INTRODUCCIÓN. NECESIDAD DE UNA NUEVA ESTRATEGIA DE GESTIÓN DE RESIDUOS.
El desarrollo tecnológico y los procesos industriales conllevan, casi necesariamente, el aumento de la generación de residuos peligrosos. La mayor parte de las actividades industriales son potencialmente productores de residuos.
La problemática medioambiental existente, es consecuencia del desequilibrio mantenido en los criterios de planificación a favor de un estricto desarrollo económico. Sólo recientemente se ha iniciado un proceso de integración de las políticas medioambientales con las de otros ordenes socioeconómicos, tanto a nivel regional como nacional e internacional.
Sin embargo, la preocupación por dar a estos residuos peligrosos de origen industrial un destino adecuado, para la preservación del medio ambiente y la salud humana, es relativamente reciente en los países industrializados. El fuerte aumento de la contaminación en los medios receptores y la resonancia mundial de algunos sucesos ampliamente difundidos, han favorecido la concienciación ciudadana sobre este problema.
Hay que destacar la gran concienciación ecológica en Europa, considerando el problema ecológico como muy importante, el 78% de los europeos en encuestas realizadas recientemente.
Todo esto implicó una toma de conciencia por parte de los productores de residuos y una búsqueda de soluciones al problema medioambiental que presentaban estos últimos. Como resultado surgen toda una serie de tratamientos específicos de residuos “al final de la línea” que intentan evitar los posibles daños medioambientales de los residuos.
Estos tratamientos o “gestión clásica” de control de la contaminación comprenden las instalaciones de depuración de emisiones atmosféricas y aguas residuales, y las de gestión, tanto de los residuos secundarios consiguientes, como de los generados
directamente en los procesos productivos. Entre los numerosos tipos de instalaciones de gestión de residuos cabe destacar, por su importancia cuantitativa, las de incineración, tratamiento físico-químico y depósito de seguridad que, con diversas modalidades, están adaptadas a las características de diversos grupos de residuos.
A pesar de que la gestión controlada de las emisiones y residuos industriales tiene un impacto varios ordenes de magnitud inferior que la emisión o el vertido indiscriminado, es indudable que provoca unos efectos y riesgos (daños potenciales) sobre el medio ambiente. Esta realidad viene corroborada por el hecho de que los países cuyo sistema de gestión clásica de residuos está muy desarrollado, no están exentos de contaminación procedente de instalaciones controladas, si bien la mayor parte se debe a la existencia de instalaciones obsoletas, espacios contaminados y un flujo residual todavía incontrolado. Es frecuente que las alternativas de gestión que dejan más huella (los depósitos controlados) sean fuente de reclamaciones de responsabilidad por los daños ocasionados, por lo que las empresas generadoras empiezan a realizar evaluaciones de su responsabilidad ambiental en función de las prácticas utilizadas.
Entre los posibles objetivos que pueden resultar afectados por los sistemas de “gestión clásica” cabe destacar:
• La salud de la población circundante y de los propios operarios.
• Los ecosistemas (fauna, flora, microfauna).
• El medio ambiente construido urbano e industrial.
Además existe un potencial peligro debido al transporte de estos residuos de un lugar a otro con el fin de ser tratados.
Estos potenciales riesgos han generalizado en todo el mundo el denominado síndrome NIMBY (“not in my backyard”, no en el patio trasero de mi casa), en torno a la localización de instalaciones de gestión de estos residuos.
A medida que aumenta la percepción de los problemas medioambientales por parte de los ciudadanos y la presión legislativa es más importante, se hace más evidente la necesidad de afrontar el problema de los residuos industriales tratando de impedir que aparezcan o reducir su alcance, más que de controlado a posteriori.
Esa es la filosofía que subyace en la minimización como procedimiento para paliar los inconvenientes que los subproductos industriales plantean: evitar la propia generación de residuos y eliminar o mitigar su peligrosidad, mediante técnicas que conlleven la reducción de los residuos o de los elementos que les confieren su carácter de tóxicos y/o peligrosos; o aprovechar los subproductos generado (reciclaje), o los compuestos valiosos que contienen (recuperación).
Con la minimización los residuos no llegan a producirse, o bien se convierten en materia prima, con las ventajas económicas y de aprovechamiento de recursos que ello implica. Solamente una vez agotadas estas alternativas se aplica el tratamiento final a aquellos residuos cuya minimización ha sido inviable, normalmente en volúmenes y peligrosidades inferiores a los que tendrían sin aplicar concepto de minimización.
La aproximación al problema de los residuos industriales debe hacerse en cuatro etapas de prioridad decreciente, pero que prácticamente en ningún caso son excluyentes:
a) Evitar la generación de los subproductos, actuando antes de que aparezcan, en las etapas concretas donde se generan, y tratando de que su importancia o alcance (volumen, toxicidad), sea lo menor posible (reducción en origen).
b) Aprovechar de una forma y otra los subproductos generados, los materiales que contienen o su capacidad energética, mediante el reciclaje y la recuperación.
c) Tratamiento o eliminación de los residuos generados, que no han podido evitarse ni reutilizarse.
d) Depositar en lugar seguro los residuos que no ha sido posible tratar (técnica o económicamente), y los residuos secundarios obtenidos de los tratamiento.
Como se ha comentado anteriormente al principio, la toma de conciencia medio ambiental por parte de los generadores ha contemplado exclusivamente como gestión de residuos las dos últimas opciones, tratando de paliar el problema de los residuos en lugar de evitarlo. La minimización, mediante la reducción, como sistema prioritario, y, en segundo lugar el reciclaje y la recuperación, se antepone de forma lógica a la gestión clásica, sin llegar a sustituirla.
3 La minimización de residuos y emisiones industriales no es una panacea para la gestión del problema medioambiental, ni desde el punto de vista jurídico-administrativo, ni económico ni de imagen para las empresas que generan los residuos. No permite obviar a corto plazo las necesidades de eliminación de los residuos generados que no se pueden reciclar, una actividad muy extraña al quehacer propio de las empresas.
La minimización es una filosofía y un sistema operativo que exige a la dirección, técnicos y operarios de las empresas no que aborden un campo tecnológico novedoso y arriesgado, sino un esfuerzo continuado precisamente en aquello que deberían saber hacer bien: producir, comprar y vender con la máxima eficiencia. Para ello basta con que dominen auténticamente sus procesos, con la nueva perspectiva de una protección y un control ambiental muy creciente y una visión a más largo plazo.
Hay que tener en cuenta que el concepto de minimización no se puede circunscribir a un área en particular (atmósfera, efluentes o residuos sólidos), por lo que este concepto ha de entenderse en sentido global, medioambientalmente hablando.
Pero como todo nuevo concepto, es necesario vencer una serie de temores y barreras que existen de antemano.