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confianza en los posibles inversionistas extranjeros.

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Junto a este proyecto,-la CTM, regenteada por don Fidel Velázquez, le da el espaldarazo a Lombardo Toledano aliándose con la política alemanista'. Así, el máximo líder cetemista declara:

" ...el proletariado de México ha tomado hoy la decisión más trascendental de su vida: identificarse definitivamente con la Revolución y con la Patria, y desechar por incompatibles las doctrinas e ideologías extrañas."90

En 1951, en el período de transición de poderes, en la designa­ ción de su sucesor, y se llega a hablar de rpplección ; Don Miguel recibe algunas adhesiones, entre ellas, la del gobernador de Morelos que manda una iniciativa de ley al Congreso proponiendo la reelec­ ción. Un diputado veracruzano de apellido Ortega, en un cálido dis­ curso se le escapa la idea y propone también que no estaría nada mal que don Miguel fuera reelecto, pero nadie le hace caso. Es más, otro diputado veracruzano, a manera de disculpa, comenta en otro dis­ curso que "en la exitación de la oratoria no es posible medir el al-

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canee o trascendencia de las palabras" . Otros partidarios de Ale­ mán, no hablan de reelección sino de "prórroga presidencial". Los coqueteos con don Miguel no paran ahí, el grupo directriz del perió­ dico Excélsior y otros más lo apoyan incondicionalmente; la CTM lo proclama "Obrero de la Patria"; y por si eso no fuera suficiente se le nomina como candidato al Premio Nobel de la Paz. Don Miguel perma­ nece callado sin emitir juicio alguno, esperando que las cosas se acó moden solas. Pero ante la situación no es posible descartar la oposi­ ción del General Cárdenas y de Adalberto Rodríguez. Por otro lado don Miguel Alemán y seguidores no dejan de considerar la fuerza que cobra a nivel nacional el Partido de Acción Nacional (PAN). De modo

que la situación sociopolltica nacional se vuelve inestable. En rela­ ción a esto, Cosío Villegas dice:

"Es de suponerse que don Miguel midió las resistencias a su per­ manencia en el poder y aún el grave peligro de que Cárdenas y otros grandes personajes se resolvieran llevar la oposición al terreno de las armas, pues entonces tendrían una excelente ban­ dera para hacer triunfar un movimiento militar. Una prueba real hubo de ese peligro: la candidatura delrgeneral Henríquez Guzmán, comenzó a ser apoyada por cardenistas y aún por miembros de la familia del general."92

Todo esto quizá tuvo que ver con la presencia de un destacamento militar en La Cañada, pues en otros lugares del estado michoacano y del país se dió el caso. Probablemente, la presencia de la soldades­ ca obedeciera a dos cosas: una, que hubiera sido enviada por Miguel Alemán para liquidar a Ernesto Prado, cardenista incondicional; si es que la amenaza militar señalada por Cosío Villegas era cierta. De manera que estamos ante dos posibles interpretaciones, es decir, si

la presencia de militares en la zona fue una solución alemanista, ello repercute en la decadencia del grupo pradista, si lo fue del gru­ po cardenista, entonces la intención era apoyar a ese grupo y asegu­ rarse su fidelidad, pues en esos.momentos, el General Cárdenas conta­ ba con un posible candidato a la Presidencia de la República. Inde­ pendientemente de las posibilidades, Ernesto Prado habla ocasionado demasiados problemas y alborotos, que se reflejaban en la pérdida de su popularidad. De ahí que la cuña militar era una forma de apaciguár el agitado municipio, y un instrumento que utilizaron los recien forma- dor grupos faccionales en la cabecera para terminar de una vez por to­ das la hegemonía del cacicazgo de los Prado.

En 1959 la soldadesca se retira del municipio, después de una visi­ ta que hacen a Tanaquillo y a Chilchota el General Lázaro Cárdenas, Morones Prieto y Miguel Franco Rosales, gobernador vigente de Michoa-

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can. VisiJta en la cual Cárdenas elige y apoya como candidato a la pre­ sidencia municipal a Adalberto Prado. Al respecto veamos algunas ver­ siones:

Los tres personajes (Cárdenas, Morones y Rosales) llegan a estas poblaciones, como parte de una gira política. La comitiva es recibi­ da por Ernesto Prado y su gente. Sobre lo que tratan el cacique y las tres personalidades no se sabe nada. Pero, Adalberto Prado encabezan­ do el grupo "Frente Revolucionario" (que aglutinaba a tres grupos faccionales de la cabecera) se van a Tanaquillo para ir a saludar a las autoridades estatales. Aquí parece ser que el General Cárdenas sólo vió en Adalberto Prado, al sobrino de Ernesto y no al enemigo político del cacique. Es por ello, que Adalberto manipula la situa­ ción y consigue el apoyo del General Cárdenas para hacerse candida­ to a la presidencia municipal.

De Tanaquillo, Adalberto se trae a los visitantes a Chilchota, donde son recibidos con gran júbilo, y fiesta. El general y los otros invi­ tados pasaron una buena velada y hasta bailaron con guapas muchachas de la localidad. En esta fiesta, Adalberto Prado le pide al general de Jiquilpan, que le ayude en la realización de algunas obras públi­ cas para la cabecera municipal y nada para los demás pueblos. Obras que "según él ya tenía contempladas en su programa presidencial en la ca-

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becera" . Las cosas que Adalberto pide al general son: dinero y ma­ terial para construir (a la moderna) el palacio municipal, una mater­ nidad, un mercado, saneamiento del ojo de agua, tubería para el agua potable y drenaje. "Agapito Constantino, dice que los visitantes que­ daron tan impresionados por los planes de Adalberto que rápidamente le ofrecieron dinero, no sólo para construir una maternidad, sino un hospital rural en toda forma. Don Lázaro ofrece de su propio pecunio

enviar los tubos de albáñal necesarios para el drenaje. Para eso no es todo, el general le dice a Adalberto: 'Te voy a enviar $ 20 000.00 para que hagas una buena fiesta de recepción para cuando hagas la to-

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ma de posesión como presidente municipal'". Y ésto lo cumpla Cárde­ nas. De esta manera Adalberto Prado sube al poder municipal en 1960. Su hegemonía y control se extiende abiertamente, inclusive hasta 1971. Historia de Adalberto Prado.- Siendo Adalberto Prado muy joven, el Prof. Agapito Constantino le consigue un certificado de primara ele­ mental, y una plaza de maestro rural en una escuela del estado de Ja­

lisco. El trabajo de la escuela no le daja mucho al joven e improvi­ sado profesor. El quería algo mejor, algo más remunerable. Adalberto fue miembro de una familia chilchotense muy pobre, situación que lo obligó a pasar una serie de penurias y hambres. Por eso-es que deja su trabajo de profesor rural y opta por irse algün tiempo a los USA a trabajar como bracero, allá logra colectar algunos dólares, y regre­ sa a Chilchota donde se establece con un pequeño comercio. Cuando re­ gresa al terruño, se entera de que Ernesto Prado, su tió, tanto por línea materna como paterna, continua señoreando en el Municipio. Re­ curre al cacique para ver si le puede dar algunas "tierritas" (de las que habían pertenecido a su abuelo), para complementar ingresos que

le daba su pequeño comercio. Pero el tío no le da nada. De ahí el odio que siente Adalberto por Ernesto, hasta el grado de negar su pa­ rentesco con el famoso cacique.^

Al no recibir nada de su tío, Adalberto tuvo que dedicarse destiem­ po completos su pequeño negocio» .El comercio -fue creciendo y adqui­

riendo prestigio. Poco tiempo después, Adalberto contrae nupcias con la hija mayor de un rico comerciante del municipio. Años después

(1956-1957), Adalberto empieza a formar un pequeño grupo político fac- cional que muy pronto se fusionaría con el que lidereaba el profesor

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Agapito Constantino, su antiguo protector. Posteriormente se les in­ corporaría el grupo del expradista Timoteo Hernández, es así como to­ ma forma el "Frente Revolucionario".

En 1959, es cuando Adalberto Prado pone en movimiento el famoso "Frente Revolucionario" y se van a Tanaquillo a saludar y dialogar con el general Cárdenas, Morones Prieto y David Franco, saliendo Adal berto apoyado para ser presidente municipal.^

Chilchota en la época de Adalberto Prado.- Hasta 1950 Chilchota tenía el aspecto de un lugar olvidado, desolado y paupérrimo. Dejado de la mano de Dios y del Estado. Tenía el mismo aspecto que las demás comu­ nidades; con la excepción de que era un pueblo más grande, con plaza cívica y una iglesia donde cabía más gente. Chilchota como cabecera -antes y después de la administración colonial- siempre fue el pueblo más grande de La Cañada. Desde entonces se mantuvo, relativamente, co mo el principal centro administrativo de los demás pueblos que le co­ rresponden. La mayoría de las casas eran de adobe con techos de teja, con una o dos habitaciones, amplios corredores y hasta jardín inter­ no. Clásico trazo reticular, con plaza desolada y triste, enmarcada' por las mejores casas y comercios de la gente pudiente. Atín quedaban en pie muchas de las casas de nostálgicas familias porfirianas. Para 1959 no tenía drenaje ni agua entubada, las calles eran empedradas

(todavía la mayoría están en esas condiciones), el alumbrado eléctri­ co apenas hacía unos años que iluminaba algunas calles y pocos porta­ les de gente de progreso.

Lo que más diferenciaba a la cabecera de las demás tenencias, era que aquí vivían puros mestizos o gente de indudable ascendencia crio­ lla, y que alrededor de la plaza cívica, la gente de bien y de orden

tenía sus tiendas de abarrotes, bodegas y los más ponderados vehículos de carga. En las tiendas se vendían y compraba de todo, especialmente, lo que necesitaban y consideraban los chilchotenses según su estatus, estrato o clase. La clientela de los comerciantes no era sólo local, se extendía a los demás pueblos de La Cañada. Chilchota nunca fue un gran centro comercial, ni siquiera un mercado local de importancia; quizás durante la Colonia y un poco después tuvo importancia en ese renglén. Pero desde esas épocas, los centros que más jalaban clientes eran Tangancícuaro, Zamora, Zacapu y sobre todo Purépero, éste fue el mercado más importante para los de La Cañada, hasta que la carretera desvío compradores y vendedores hacia otros rumbos de la región.

El progreso y el desarrollo, sobre todo de las familias más ricas o que buscaron la comodidad vía actividad política: comerciantes, acapa­ radores, intermediarios, líderes, caciques, presidentes municipales y otra gente abusada y abusiva, llega hasta 1960. Y llega gracias al ge­ neral Lázaro Cárdenas. Los representantes de las fuerzas vivas chilcho­ tenses consideraron y consideran que, para que Chilchota fuera conside­ rada una ciudad incorporada al nuevo desarrollo económico y político del estado michoacano, necesitaba de todas esas cosas o cuando menos algu­ nas, de las que ven en centros como Purépero, Zamora o Morelia; pero eran muy difícil de lograrlas. De modo que a finales de los 50s., Adal­ berto Prado es el encargado y elegido para hacer saber a todo mundo que la cabecera necesitaba con urgencia de un edificio moderno y fun­ cional que sirviera como palacio municipal, remozamiento decoroso de la plaza cívica, pavimentación de las calles, cuando menos de las principales, en especial las que entroncan con la carretera y rematan y dan vuelta a la plaza pública, para que la gente que atravesara La Cañada viera el desarrollo y progreso alcanzado por el pueblo. Además de eso, de lo puramente decorativo del paisaje, eran necesarios algu-

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nos servicios públicos, como la construcción de un hospital rural, saneamiento del ojo de agua y su respectivo estubamiento para que cada morador tuviese agua en casa; ya que algunas gentes estaban cansa­ das de ir a lavar ropa y bañarse hasta el ojo de agua; y, desde luego, un drenaje para regresar el agua que se ensuciara en cada hogar. No se pedía más. Sólo algunos más pretensiosos deseaban la construcción de un edificio que funcionara como mercado; pero otros muchos pensaron que este servicio no se justificaba, con las tiendas y changarros del lugar bastaba.

Volviendo al quehacer político local, el Prof. Agapito Constanti­ no, que a la fecha de esta investigación ya no era del grupo ni ami­ go de Adalberto Prado, dice que; "...de los 20 mil pesos que el ge­ neral Cárdenas le envió a Adalberto para la ceremonia de toma de po­ sición como presidente municipal, Adalberto se 'embolsó' como

$15 000.00, la fiesta de su iniciación le costó como $ 5000.00. Yo lo acompañé hasta el mercado de. Zamora para comprar las cosas que se iban a necesitar en la fiesta, y le dije a Adalberto, pide notas de todo lo que compras, para después hacer cuentas y rendir un informé como se debe, pero Adalberto se hizo el desentendido y no pidió ninguna nota o comprobante. Ahí nomas hizo una fiesta rascuacha y poco lucida, em-

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bolsándose el resto del dinero..." La gente dice que con esos quin­ ce mil pesos el nuevo presidente municipal acabó de construir su "fá­ brica" taller de zapatos, la cual estaba a medias; que desde tiempo atrás venía construyendo poco a poco, pues no contaba con el dinero suficiente.

Ese fue el primer paso de Adalberto en el campo de corrupción co­ mo administrador público. El robadero continuó sin que nadie le pu­

Municipal, fueron objeto de otro saqueo por parte de Adalberto: se colocó al frente del patronato encargado de la obra; la gente dice que se clavó como $ 100,000.00 de los cuales $ 80 000.00 provenían directamente de los fondos otorgados por el Estado. La gente ene­ miga al grupo adalbertista asegura que por eso el Palacio Municipal quedó tan feo y mal hecho, pues ya no se hizo de acuerdo a los planes originales, sino a los de Adalberto.

La construcción del "Hospital Rural" quedó en modesta materni­ dad: el dinero no alcanzó, porque lo que faltó pasó a los bolsi­

llos de don Adalberto Prado. La dicha maternidad quedó bajo la di­ rección y manejo del Dr. Juan María Ricardo Prado, hijo del herma­ no mayor de don Adalberto. La parte del edificio que funciona como botica está casi vacía. Enfermos y heridos que llegan a caer por ahí tienen que llevar sus propios medicamentos (alcohol, yodo,, ven­ das, grapas, etc.). La mayoría de los pacientes no reciben medicina alguna, pues no hay. A cambio, el doctor Prado les extiende una re­ ceta la cual surten y pagan en la farmacia del Dr. Abel, que tam­ bién tiene su consultorio privado, éste es a su vez consuegro de don Adalberto.

Otra fuente de ingresos ilícitos de don Adalberto, fue el remoza- miento de la plaza cívica. Se propala por todo el pueblo que, de los fondos destinados para embellecimiento de este lugar póblico, el pre­ sidente municipal se quedó con un buen tanto. Los fondos sólo alcan­ zaron para úna parte del proyecto, faltando para las bancas; para que éstas existieran se tuvo que recurrir a la patriótica y civil coope­ ración de la gente más acomodada del municipio: en los respaldos de las bancas se pueden leer los nombres y apellidos de los desinteresados donadores. De una u otra forma la plaza quedó engalanada con bancas regaladas, prados estropeados, vistosos postes (de fierro colado)con

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garigoleados remates de figuras zoomorfas, cuyas bocas sostienen ca­ prichosas bombillas que iluminan la pequeña plaza; en el centro de ésta, se levanté un pequeño monumento, cuyo pedestal de cemento es rematado por un minúsculo busto de don Melchor Ocampo. Hay unos de­ talles de la plaza que se son iguales a los que aparecen en la entrada interior del cine de don Adalberto: en ella se encuentran de lado y lado, dos remates de los postes de luz, que posiblemente sobraron del parque, o quizás le gustaron tanto al presidente muni­ cipal, que se compré dos idénticas.

Sobre el proyecto de saneamiento del ojo de agua, que también lle­ vé dinero de por medio para su ejecucién, la gente que no puede ver a don Adalberto, dice que de aquí también se robé algo de dinero. Aun­ que nadie objeta algo más contra esta obra, ya que sí fue ejecutada tal y como se había proyectado.

Lo único que quedé por realizarse fue la instalación del drenaje. Sobre ésto don Adalberto Prado dice que "el general Cádenas falté a su promesa y jamás envié los tubos"; pero su versión es desmentida por la del profesor Agapito Constantino, el cual asegura que "una vez que yo no veía claro lo del drenaje hablé con Adalberto, y éste me dijo que no podía hacerse nada, ya que el general no había cumplido con su promesa. Entonces, para cerciorarme sobre el asunto que voy a México en busca del general Cárdenas; y allá le pregunté sobre el asunto del drenaje, el general me dijo: ¡pero cómo es posible^ si yo desde hace tiempo que mandé la tubería! Yo le contesté al general que no, que ningún tubo había llegado, y que por eso Adalberto no pudo construir el drenaje. El general reafirmó que sí había enviado ese material, y que si no aparecía era porque Adalberto lo había hecho perdedizo. Y creo que así fue porque nunca aparecieron". Esta versión coincide

con la más generalizada en la población.

De esta manera fue como Adalberto Prado se sirvió de la presiden­ cia y de los fondos destinados a las obras püblicas. Sin embargo, al­ gunos parientes y amistades de Adalberto, argumentan que esos robos que le achacan son "puras mentiras... pura envidia, pues." Estos ase­ guran que su fortuna se debe a que tuvo la suerte de encontrarse un arcón de oro, que perteneció a las familias porfirianas que fueron dueñas de la que ahora es su casa. El famoso arcón fue encontrado en­ terrado en una parte del jardín de la casa. Otros, más supersticiosos, atribuyen la riqueza de don Adalberto, a que éste es poseedor de un toro mágico al cual sólo se le tiene que decir: "toro, toro, caga oro",

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