CHAPTER THREE RESEARCH METHODOLOGY
3.3 Interpretive paradigm
Mariela del Carmen Fogar (2008)
La tradición filosófica francesa se refiere a esta corriente como “giro lingüístico”, mientras la tradición anglosajona la denomina “giro pragmático”. Proponen una especie de “vuelta de tuerca” de la filosofía actual, que invita a “pensar sin certezas” o, en sentido contrario a lo que proponen, tanto la metafísica tradicional como la filosofía empirista en sus vertientes clásica y contemporánea (a partir de las reformulaciones del empirismo lógico). Este giro implica fundamentalmente dos cosas:
1º) El replanteo de la forma de hacer filosofía, ante el agotamiento de la forma tradicional. 2º) El planteo de nuevos problemas.
Tres pensadores son significativos de esta corriente: Richard Rorty, Ludwing Wittgenstein y Jürgen Habermas.
Según Rorty, la filosofía occidental ha estado presa de una metáfora: “la metáfora del Espejo”, según la cual, el hombre (en tanto racionalidad, conciencia) es un espejo que refleja la naturaleza, lo que hace posible un conocimiento verdadero de las cosas. Esta metáfora se construyó a partir de una visión del saber como representación, y dentro de esta concepción la epistemología se ubicó en una posición central.
La noción de conocimiento como reflejo de la naturaleza surge con Platón, continúa con Aristóteles y funda la idea de que el hombre es tal porque es capaz de conocer lo inmutable, ya que la razón misma es inmutable.
En el siglo XVII, la noción de idea – introducida por Descartes y desarrollada por Locke -pasa a convertirse en paradigma de la filosofía. Con ello, la noción de conocimiento se volverá problemática y estará siempre presente la amenaza del escepticismo. Todo ello conducirá a:
- El predominio de la búsqueda de certezas y, por tanto, de la epistemología (que con Kant va a ocupar el lugar de la metafísica como fundamento y garantía de la moralidad);
- El desplazamiento de la razón a la conciencia, donde hay un hombre, conciencia y mundo; y entre ambos, el lenguaje que expresa la correspondencia entre las ideas y las cosas, a través de juicios lógicos. Precisamente, aquí va a estar el eje de la ruptura de la filosofía actual.
Así, giro lingüístico significa que el lenguaje deja de ser un medio entre el yo y la realidad o entre la conciencia y la realidad, y se convierte en un léxico capaz de crear tanto el yo como la realidad. Una de las premisas a partir de la cual puede pensarse el giro lingüístico fue propuesta por Wittgenstein en el “Tractatus”: “El lenguaje y el mundo son coextensivos, los límites de uno son
exactamente los límites del otro”; “Mi mundo es mi lenguaje”.
Otra premisa fundamental es la afirmación del último Heidegger de que “el hombre no habla el
lenguaje sino que el lenguaje habla al hombre”. En otras palabras, no dominamos una lengua, sino
que una lengua domina nuestros pensamientos y nuestras prácticas.
Si digo “mi mundo es mi lenguaje” digo que el lenguaje produce ideas, prácticas y sentidos. Esto se hace evidente en la imposibilidad de traducir un lenguaje a otro. Los yamanas de Tierra del Fuego, por ejemplo, no tienen en su vocabulario el verbo “morir”. Para ellos, los animales no mueren, “se rompen” y los hombres no mueren, “se pierden”. Los esquimales tienen cinco palabras para referirse a la “nieve” y los artículos tienen género. Esto crea sentidos. De aquí que la filosofía del lenguaje sostenga que “las teorías no reflejan la realidad, sino que la crean; verdaderas o falsas son las
proposiciones” Y si quiero refutar una teoría no puedo remitirme a los hechos tal cual son, sino emitir
otros enunciados, criticar, argumentar; en fin: hablar.
Esto nos vincula con el pragmatismo de Dewey, quien sostiene que el conocimiento es una práctica social. También se vincula con la pragmática del lenguaje, según la cual, las nominaciones que empleamos para con los sujetos inciden de manera tal, que operan como determinaciones. Las pedagogías críticas denominan a estas determinaciones “biografía anticipada” o “profesías autocumplidas”; donde aquello que digo de un sujeto, o le digo a un sujeto, lo constituye como tal. En esta constitución pesa el lugar de poder desde el cual habla el sujeto. Si la maestra le dice a un niño perteneciente a los sectores subalternos de la sociedad, que es “lento”, “bruto”, actuará como tal, porque la forma de nombrarlo desde el ejercicio del poder como docente, contribuye a su constitución, en la que pesan, por supuesto, las representaciones dominantes acerca de los niños pobres y la forma en que los nombran otros sujetos e instituciones.
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Es que los términos no designan objetos, sino una definición aceptada convencionalmente. La verdad o falsedad es propiedad de las proposiciones, no de una realidad extralingüística. En este sentido, el lenguaje de la ciencia no difiere del lenguaje literario. Por eso, para Rorty la filosofía debe ocuparse de la intersubjetividad y de la solidaridad. Debe limitarse a comparar las formas de hablar con sus ventajas y dificultades y no pretender objetividad. En la intersubjetividad se puede encontrar consensos.
Por su parte, en “Investigaciones Filosóficas”, Wittgenstein postula la noción de “juegos de lenguaje”, con lo cual asimila lenguaje a juego.
El lenguaje es complejo e indefinible; en él confluyen palabras y acciones. Su significado se comprende por el uso que hacemos de él, así como aprendemos a jugar, jugando. Y el uso remite al contexto. No hay esencias, hay prácticas sociales que determinan y legitiman significados. Por ejemplo, no es lo mismo la palabra “agua” dicha por un albañil que le pide a otro le pase un balde para continuar la construcción, que dicha por un científico en un laboratorio, asombrado por haberla descubierto en una sustancia determinada.
Jugar un juego y hablar suponen siempre un modo de ser y estar con los otros. Dice Wittgenstein:
“Cuando imaginamos un lenguaje, imaginamos un modo de vivir” aprendido y justificado en una
comunidad determinada.
Así como los juegos tienen reglas, tienen reglas los lenguajes. Pero no hay ni reglas ni lenguajes privados. Hay ámbitos institucionalizados que posibilitan la relación de los diferentes discursos – juegos - con la vida, porque el lenguaje no es una actividad independiente de otras actividades humanas.
Por tanto la ética se apoya en el lenguaje y la posibilidad de consensos y no en supuestos metafísicos. Así, el giro lingüístico desplaza la filosofía de la certeza (sea éste el ser, las esencias o la conciencia) y la sustituye por la sensibilidad estética.
Habermas introducirá un giro lingüístico en la teoría crítica desarrollada por Adorno y Horkheimer. Se propone sustituir el paradigma de la conciencia dominado por la relación sujeto – objeto, por uno de cuño lingüístico y hermenéutico (interpretativo) en las perspectivas de Wittgenstein y Gadamer, para desarrollar una teoría consensual de la verdad en uso de una razón argumentativa y en el contexto de una situación ideal del habla.
Según Habermas, la filosofía de la conciencia no contempla la dimensión intersubjetiva del conocimiento, donde los sujetos se reconocen a sí mismos como iguales, generando una conciencia compartida del mundo. La dimensión intersubjetiva implica una racionalidad - diferente de la racionalidad instrumental (de acuerdo a fines) – en la que el lenguaje ya no tiene un carácter meramente instrumental. El lenguaje se constituye en un contexto histórico y socio-cultural donde se utiliza, y la razón, que se constituye en el mismo contexto, es lenguaje, tanto empírico (que nace de experiencias históricas particulares) como trascendental (contiene categorías y esquemas que permiten estructurar el mundo)
A Habermas le interesa sobre todo, el problema de la comunicación. La comunicación es dialógica. Lo que hace que una proposición sea aceptable es el consenso. En este punto se identifica con Rorty y critica el objetivismo marxista. Este planteo tiene dos derivaciones. La primera en relación con la noción de verdad, la segunda en relación con el contexto en que se da la comunicación: la situación ideal de habla.
Con respecto a la noción de verdad:
- No es propiedad de los objetos, sino de las proposiciones. Por lo tanto se funda en razones, no en experiencias del mundo.
- Es intersubjetiva, donde los diferentes sujetos pueden incluso cuestionarse mutuamente las pretensiones de verdad de sus afirmaciones.
- Se funda en el consenso racional (argumental) de los sujetos involucrados en un contexto de acción. Con respecto al contexto en que se da la comunicación, Habermas está suponiendo una “Situación Ideal de Habla”, la que a la vez supone condiciones en las que todos los participantes tengan la posibilidad de participar (hablar y ejecutar actos de habla) en las mismas condiciones.
En definitiva, el concepto de verdad de Habermas, permitirá fundar un modelo de acción social, orientado no por elementos instrumentales, sino práctico – morales.
Finalmente, podríamos enunciar una serie de preguntas acerca del planteo de los “filósofos del giro”: - ¿Pueden reducirse cuestiones como la justicia/injusticia o el sufrimiento a meras convenciones, producto del lenguaje?
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- ¿Es efectivamente posible despojarnos de las relaciones de poder que nos atraviesan como sujetos, en la acción comunicativa?
- ¿Es posible – aún cuando existiera la voluntad de los sujetos – construir espacios donde se produzca efectivamente una situación ideal del habla, en un contexto atravesado por la influencia de los medios de comunicación, la cultura del consumo y los dogmas ideológicos?
Bibliografía
SCAVINO, D. La filosofía actual. Bs. As. Paidos, 2007.
PARDO HIDALGO, A. Richard Rorty y la disolución de la Epistemología
HABERMASS, J. Conciencia moral y acción comunicativa. Barcelona: Península. 1991 ……….. Conocimiento e interés. Madrid: Taurus. 1986.
Guía de estudio
1. ¿En qué contexto se desarrolla esta corriente de pensamiento?
2. ¿En qué consiste la “vuelta de tuerca” introducida en la filosofía por los pensadores del giro?
3. ¿Qué quiere decir Rorty cuando afirma que la filosofía occidental ha estado presa de la metáfora del espejo?
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