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2. Methodology

3.2. Interview Analysis

Otro aspecto del entorno institucional relevante para la decisión del movimiento cocalero de incursionar en la arena electoral es el relacionado a la composición del sistema de partidos y la disposición de los actores que operan en este para acercarse a los movimientos sociales. En términos de Sartori, un sistema de partidos políticos se define como “el conjunto de interacciones resultante de la competencia entre partidos” (Sartori, 1992: 67). En el Perú desde inicios de los ’90 el sistema de partidos se vio afectado por una profunda crisis de representación democrática que terminó por profundizar la desconexión entre las agrupaciones políticas y los intereses de la ciudadanía. Para Scott Mainwaring (2006) dicha crisis se explica por un problema de “defic iencias estatales”, caracterizado por la pobre actuación del Estado en materia de políticas sociales y uso de

recursos públicos (corrupción), que incrementa la desconfianza de las mayorías populares en los partidos políticos que ejercen o disputan el gobierno, favoreciendo la proclividad por las salidas autoritarias. Para Martín Tanaka (2005) el problema de la crisis de representación guarda relación directa con el colapso del sistema de partidos que se produce en el Perú entre 1992 y 1995 y que significó la práctica desaparición de los “partidos tradicionales”64 que habían dominado la escena política en décadas pasadas. Luego de la salida de Fujimori, el sistema de partidos se mantuvo débil, con altos niveles de volatilidad electoral y permanente protago nismo de los “outsiders” y de agrupaciones “independientes” sin ideología y sin mucho respeto por las instituciones democráticas. Se genera así un ambiente de incertidumbre y conductas cortoplacistas, haciéndose necesario implementar reformas institucionales orientadas a fortalecer los partidos y reconstruir un sistema de partidos aún en crisis.

Ambas explicaciones coinciden en señalar que uno de los principales efectos de la crisis de representación fue el deterioro del sistema de partidos políticos. Para Vergara, luego de la caída del régimen, la lectura que prima durante la transición democrática plantea que si Fujimori había logrado acumular tanto poder se debía precisamente a la ausencia de partidos políticos; por tal razón debía generarse un sistema de partidos sólido, con instituciones fuertes y legitimadas cuyas interacciones no repitieran el esquema de control fujimorista (Vergara, 2007). Las reformas a la legislación electoral, la promulgación de la Ley de Partidos Políticos y la Ley Marco de descentralización, son expresión de esta idea de consolidar un sistema de partidos democrático y competitivo.

Sin embargo las reformas emprendidas, particularmente las relacionadas con el sistema de partidos no dieron los resultados esperados por el gobierno de transición. La crisis de los partidos tenía un carácter más bien estructural relacionado con la debilidad de los referentes de sentido y con serios problemas para aglutinar intereses en una sociedad fragmentada, elementos que una nueva ley no iba a solucionar. Si bien las reformas tienen algunos efectos positivos como bajar la valla de inscripción y ordenar la vida orgánica y el financiamiento de los partidos, no solucionan problemas como la fragilidad de las alianzas, la dispersión del voto o el caudillismo de las dirigencias. Para el 2005, en la etapa

64 Tal sistema estaba conformado por los denominados partidos tradicionales, básicamente el APRA, la

previa a los comicios presidenciales y parlamentarios del 2006 el número de partidos inscritos se mantenía alto65 y éstos en su gran mayoría seguían definiéndose como agrupaciones independiente formadas de manera ad hoc para las elecciones, realizando comicios internos de manera apresurada y abusando de la figura de invitados para designar sus principales candidatos.

En este panorama la candidatura de Humala cobra protagonismo pocos meses antes del cierre del padrón electoral. Proveniente de una familia de profesionales ayacuchanos asentados en Lima y vinculados al Partido Comunista, Ollanta Humala ingresa al ejército a inicios de la década de los ’80 adscribiéndose a una corriente reformista dentro del ejército conocida como “cacerismo”66. En pleno conflicto armado interno, ya como comandante, Humala se desempeña como jefe militar de la Base contra subversiva de Madre Mía en el Alto Huallaga, en un período sobre el cual aun no se han esclarecido diversas acusaciones en su contra por violaciones a los derechos humanos. Pero Humala se hace conocido a nivel nacional los últimos meses del fujimorismo por encabezar un levantamiento militar exigiendo la salida de los principales mandos militares colocados por Montesinos. A causa de este hecho fue detenido pero el gobierno de transición le concedió una amnistía y posteriormente el gobierno de Alejandro Toledo lo designó agregado militar en Francia. Tras algunas discrepancias con el régimen toledista, Humala renuncia a su puesto diplomático y pasa al retiro en el ejercito, retornando al país para impulsar su proyecto político el Partido Nacionalista Peruano (PNP) el mismo que finalmente se inscribe en el padrón electoral en alianza con la agrupación Unión por el Perú. Rápidamente el ex comandante alcanza los primeros lugares en las encuestas en base a una plataforma de corte nacionalista que planteaba cambios al modelo neoliberal y una cerrada defensa de la soberanía. Asimismo, el PNP se alineó con los gobiernos progresistas en América Latina, particularmente el de Hugo Chávez, cuestionando el intervencionismo norteamericano en la política nacional y la exclusión del Perú en los procesos de integración regional. El rápido ascenso de Humala fue explicado por la

65 Al final participan de las elecciones generales 23 agrupaciones políticas www.jne.gob.pe

66 El “cacerismo” refiere a una corriente dentro del ejercito peruano que reivindica la figura del mariscal

Andres Avelino Cáceres, héroe de la guerra del Pacifico (1879-1884) que organizó la resistencia a la invasión chilena en base a grupos de combatientes indígenas. El cacerismo se caracteriza así por su exaltación del nacionalismo andino y la defensa intereses nacionales en el sentido planteado por el general Velasco que nacionalizó los principales recursos del país.

mayoría de analistas políticos como un nuevo “outsider” en tanto no provenía del sistema político, no tenía mayor trayectoria política y lograba convocar a las mayorías en base a su carisma y la representación emocional con los excluidos. Sin embargo el fenómeno Humala presentaba componentes particulares, en tanto su condición de militar lo hacía parte del sistema; históricamente en el Perú las Fuerzas Armadas han jugado un rol fundamental en la política, la construcción del Estado y la identidad nacional (Panfichi, 2006). El 68% de los presidentes peruanos han sido militares y muchos de ellos como Velasco ejecutaron importantes reformas a favor del campesinado. Más aun durante toda la etapa de pacificación, en zonas como las cocaleras los militares jugaron un papel político como representantes del poder ejecutivo a través de l Comando Político Militar y como operadores directos del aparato clientelar montado por el fujimorismo.

Para actores sociales como los cocaleros la participación de un militar en la política no era un fenómeno nuevo y mucho menos causa de distanciamiento. Por el contrario llamó rápidamente la atención del movimiento por su postura nacionalista de defensa de los más pobres, poco favorecidos por las políticas neoliberales. Particularmente su posición sobre el tema coca fue la mas clara de todos los candidatos, enmarcandola en un discurso nacionalista de defensa de la soberanía frente a los dictados de los Estados Unidos, tal como lo manifestó en una entrevista radial

(En el tema coca)…el Estado peruano debe acordar un pacto con las cerca de 300 000 familias dedicadas al cultivo de la hoja de coca, debe comprometerse a comprar ese excedente de hoja de coca. Actualmente el gobierno empuja a la población, a través de la militarización, a sembrar la hoja de coca y venderla al narcotráfico. Yo apoyo la propuesta de los cocaleros de exigir que se abran los padrones de cultivo de ENACO y se suspenda la erradicación forzosa de los campos de cultivo […]67

Para los cocaleros, acostumbrados a tratar con actores políticos que sistemáticamente habían eludido el tema coca en sus plataformas, el discurso del comandante cobra un plus que lo hace todavía más atractivo. Para el PNP y su líder Ollanta Humala los cocaleros resultan aliados atractivos, tanto por su protagonismo en términos de movilización social como por las coincidencias discursivas en torno a la soberanía y la necesidad de definir políticas nacionales sobre el tema coca. Asimismo, en un marco de reformas electorales que incentiva la convocatoria a líderes locales y permite contar con “invitados”, los

cocaleros cobran relevancia como figuras a incluir en la lista electoral y también como una importante masa de votantes. Si bien los cambios en la legislación no dan resultados esperados en términos de institucionalización del sistema de partidos, si permiten el surgimiento de nuevos actores políticos, transformando sustantivamente las agendas de los partidos y la disposición de éstos a acercarse a actores contenciosos como el movimiento cocolero, generalmente excluido de sus propuestas y debates.