Chapter 4 Research Design and Methodology
4.4 Interview scale development
Los mercados bursátiles reacciona-
ron con optimismo al ataque mili- tar lanzado por Estados Unidos y sus aliados contra Irak pues creen que la guerra será rápida y que, por lo tanto, en el muy corto plazo desapa- recerá la incertidumbre que reinó en los distintos mercados durante los últimos meses, cuando se consi- deraba que el inicio del conflicto bé- lico era inminente.
No obstante, cuando se reflexio- na sobre las consecuencias econó- micas que puede tener la guerra en la economía norteamericana en par- ticular y la economía global en ge- neral, las conclusiones no son tan evidentes. Para prever cuáles pue- den ser esas consecuencias econó- micas es necesario considerar cuánto puede costar, en términos de des- embolsos directos, a los países que la llevan adelante y estimar sus posi- bles repercusiones en el crecimien- to, el comercio, los precios, el des- empleo, el financiamiento, etc. de las economías de los países belige- rantes, pero también de las restan- tes economías.
En ese sentido se manejan esti- maciones muy diferentes según se trate de una guerra “corta” o una guerra “larga”, aunque por lo gene- ral no se establece claramente qué
se considera “corta” y qué “larga”. Las previsiones más triunfalistas, fundamentalmente de voceros ofi- ciales estadounidenses contempla- ban una guerra “corta”, de entre 48 horas y una semana de duración. Por su parte, estudios realizados por la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist (EIU), esti- maban que la guerra no duraría más de cuatro semanas, y que si llegara a extenderse por tres meses, ya po- dría considerársela larga.
Diversos analistas económicos en distintas partes del mundo han in- tentado en estos últimos meses esti- mar el impacto económico de esta guerra. William D. Nordhaus,1 rea- lizó a fines de 2002 un informe so- bre las eventuales consecuencias eco- nómicas de la guerra contra Irak. Allí plantea que no sólo debían con- siderarse los gastos bélicos directos, sino también los gastos adicionales, tales como los requeridos para esta- blecer una fuerza de ocupación y mantenimiento de la paz una vez terminado el conflicto armado, los costos de las tareas de reconstruc- ción material e institucional de Irak y los de la asistencia humanitaria.
Nordhaus afirma que la guerra más “barata” sería aquella que implicara una intervención corta y lograra una rápida estabilización de la zona, en cuyo caso estima que costaría 120.000 millones de dólares, mien- tras que el peor escenario sería una guerra más prolongada, que impli- cara el repliegue de las fuerzas iraquíes hacia las principales ciuda- des y una destrucción de los pozos petroleros que impidiera la produc- ción de crudo por un largo período. En este último caso, Nordhaus esti- ma que el costo de la guerra podría alcanzar la extraordinaria suma de 1,6 billones de dólares.
En relación con el financiamiento de la guerra, plantea que si Estados Unidos decide actuar sin la aproba- ción de las Naciones Unidas, tam- bién debería hacerse cargo de la ma- yor parte de estos gastos. En el esce- nario más favorable, estima que la producción petrolera podría ser una fuente de ingresos, en la medida en que Irak recupere y amplíe en un pla- zo no mayor a cinco años su capaci- dad de producir crudo y llegue a 4 millones de barriles diarios (su pro- ducción potencial antes de desatarse la guerra era de 2,6 millones de ba- rriles diarios), pero considera que los estadounidenses pagarán las cuentas 1. William D. Nordhaus, profesor de Econo-
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con mayores impuestos, recortes del gasto público y aumentos de las tasas de interés, medidas que pondrían en peligro las posibilidades de creci- miento de la economía norteameri- cana y, por consiguiente, de la eco- nomía mundial.
Otros analistas plantean que la guerra puede afectar a la economía global a través de diferentes vías: evo- lución del precio del petróleo, reac- ciones del mercado financiero, evo- lución futura del dólar e incidencia de los cambios en la confianza de los empresarios y los consumidores.
La mayor preocupación guarda relación con la evolución del precio del petróleo. Éste ya alcanzó niveles elevados antes de desatarse la gue- rra: la cotización del West-Texas lle- gó a 38 dólares por barril a media- dos de febrero de 2003. Sin embar- go, las causas de que se haya alcan- zado ese precio no han sido única- mente los temores a un conflicto bélico en el Golfo. Por un lado, la huelga desatada en Venezuela a fi- nes del año pasado, que redujo de manera significativa durante algunos meses la producción de crudo, y, por otro, el duro invierno en Estados Unidos, que provocó un significati- vo aumento de la demanda de ener- gía, lo que determinó que las reser- vas de petróleo cayeran a los niveles más bajos desde 1975.
En un artículo de Robert Kaufmann,2 publicado en el Boletín de Coyuntura del Instituto de Pes- quisa Económica Aplicada (IPEA) de Brasil, se afirma que cuando co- menzó la guerra, Venezuela no ha- bía conseguido aún que su produc-
ción recuperara los niveles anterio- res a la huelga desatada en diciem- bre del año pasado3 y que, como consecuencia de esta disminución de la producción de petróleo vene- zolana, la tasa de utilización de la capacidad productiva de los países de la Organización de Países Expor- tadores de Petróleo (OPEP) debió aumentar sensiblemente en los últi- mos meses. Se estima que el efecto que tuvieron estos acontecimientos sobre el precio del petróleo desapa- recerán en los próximos trimestres, y que recién en el segundo trimes- tre de 2003 Venezuela recuperará los niveles de producción anteriores. Por otra parte, se considera que el efecto que ha tenido la disminución de los stocks petroleros norteameri- canos sobre el precio del petróleo, que normalmente representan un tercio de los stocks de los países de la OCDE, continuará por un tiem- po más y no desaparecerá antes del tercer trimestre de este año. En con- diciones normales, Estados Unidos podría recuperar su stock en el se- gundo trimestre, pero debido a la merma de la producción venezola- na y al conflicto en Irak, que muy posiblemente reducirá su produc- ción a cero y obligará a los países de la OPEP a sustituirlo, esta recu- peración de los stocks estadouniden- ses recién podrá ocurrir en el tercer trimestre de 2003.
Toda esta situación plantea una interrogante sobre cuál será la evolu- ción que tendrá el precio del petró- leo una vez culminada la guerra. Al- gunos analistas consideran que dicha
evolución sería similar a la que tuvo lugar durante la guerra del Golfo en 1991, cuando el precio del petróleo llegó a 40 dólares el barril a comien- zos de la guerra y poco tiempo des- pués de culminada bajó a la mitad. Si este también fuera el caso, esti- mularía inmediatamente el creci- miento económico mundial. Sin embargo, debido a que la reciente evolución del precio del petróleo no obedeció sólo a los temores a la gue- rra, otros analistas estiman que, in- cluso en el escenario más favorable de una guerra “corta”, el precio me- dio en los siguientes 12 meses no será inferior a los 27 dólares el barril (pro- medio algo superior al registrado en 2002, pero 7,6% superior a la me- dia de 2001) (Cuadro A-3).
En las ocasiones en que el precio del crudo creció de forma significati- va,4 la economía global respondió en algunos casos con recesión y en otros con un ritmo de crecimiento más len- to. Los efectos del aumento del pre- cio del petróleo son diversos, muchos de ellos cruzados, y no afectan a todos los países de la misma manera. Por todo esto es interesante considerar por separado los efectos que este segundo conflicto armado en el Golfo podría tener en las economías más desarro- lladas y en las de los llamados países emergentes, ya que estos últimos se verán afectados no sólo por los im- pactos directos, sino también por la dependencia que tienen respecto al desempeño de las economías más de- sarrolladas.
2. Robert Kaufmann es integrante del Centro para Estudios de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Boston.
3. Antes del conflicto, su producción era de aproximadamente 3 millones de barriles dia- rios. A mediados de febrero de 2003 se estima que la producción era de 1,9 millones de ba- rriles al día.
4. El precio del petróleo sufrió alzas significa- tivas en 1973, luego del primer embargo de la OPEP, en 1979, cuando la revolución iraní, en 1990, inmediatamente después de la inva- sión iraquí a Kuwait y durante el período 1999- 2000, como consecuencia del crecimiento eco- nómico y de la reducción de la producción por parte de la OPEP.
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Efectos de la guerra sobre las economías desarrolladas Aunque el conflicto sea “corto”, y sólo provoque daños menores en la producción petrolera, que se supe- rarían a corto plazo ( la producción iraquí de petróleo se suspendería durante la guerra y un par de meses después de culminada), pero admi- tiendo, por los motivos ya expues- tos, que el precio del petróleo no bajara de forma significativa después de la guerra, la producción indus- trial probablemente deberá enfren- tar un insumo relativamente caro en lo que resta del año 2003. Dado que las potencias económicas mundia- les (Estados Unidos, la Unión Euro- pea y Japón) son importadoras ne- tas de petróleo, un aumento de su precio provocaría, en principio, un incremento de los costos de produc- ción de las empresas, y en la medi- da en que éste no se reduzca significativamente una vez termina- da la guerra, podría provocar un alza de las tasas de inflación. Esta even- tual situación podría determinar que los bancos centrales se vieran moti- vados a incrementar las bajas tasas de interés actuales para frenar el pro- ceso inflacionario. Sin embargo, re- solver ese problema no sería senci- llo, ya que la reducción paulatina de dichas tasas en los últimos tiempos, tanto en Estados Unidos como en Europa, ha tenido como objetivo central estimular el crecimiento de esas economías, por lo que una me- dida de política en este sentido agra- varía el riesgo de desacelerar el cre- cimiento de las economías del mun- do industrializado. Los bancos cen- trales tendrían que elegir entre in- flación y crecimiento.
Sin embargo, a pesar de que se descarte que el precio del crudo se mantenga elevado en lo que resta del año, las interrogantes sobre la evo- lución de otras variables ponen en duda la recuperación económica de las grandes potencias. ¿Cómo inci- diría sobre la confianza de los con- sumidores y empresarios, una vez culminada la guerra, el incremento de las tensiones entre el mundo ára- be y el occidental, que podría inclu- so generar nuevos ataques terroris- tas en el territorio estadounidense?. ¿Cómo se resolverá el financiamiento de dicha guerra y la reconstrucción de Irak, cuando Estados Unidos tie- ne ya un alto déficit fiscal, que se agravará con los gastos de la guerra y con la reducción de tributos que impulsa la administración Bush? Esta crítica situación fiscal, ¿no po- dría generar presiones inflacionarias que estimulen la suba de la tasa de interés? Debe agregarse además que Estados Unidos padece un abultado déficit en cuenta corriente y una moneda que se ha depreciado en los últimos meses. ¿Qué ocurriría con la economía norteamericana si los tenedores de activos financieros in- ternacionales continúan con la ten- dencia a diversificar sus tenencias, volcándose aun más hacia el euro?
Por su parte, la Unión Europea enfrenta esta guerra con economías más debilitadas que la norteameri- cana en lo que a tasas de crecimien- to se refiere, por lo que un elevado precio del petróleo posiblemente tenga costos recesivos. No debe des- cartarse que el territorio europeo también sea blanco de represalias te- rroristas, lo que puede afectar la con- fianza de los consumidores y em- presarios. Si bien la apreciación del
euro podría contrarrestar en parte el aumento del precio del petróleo y atraer capitales financieros, también haría menos competitivas las expor- taciones europeas, lo que plantea la interrogante sobre la posible recu- peración económica inmediata des- pués de la guerra.
Por todo ello, aun en el caso de que la guerra fuera “corta” y los da- ños materiales leves, el panorama económico no es del todo auspicioso para las economías más desarrolla- das, lo que pone en tela de juicio las visiones optimistas de algunos analistas económicos.
Efectos de la guerra sobre las economías en desarrollo o emergentes
En un estudio realizado por el mi- nisterio de Relaciones Exteriores de la República Argentina, se analizan estos eventuales impactos. En lo que se refiere al efecto directo de una suba del precio del petróleo, los paí- ses en desarrollo se verán afectados según su posición en el mercado del crudo. Los países exportadores, como México, Nigeria, Venezuela, Arabia Saudita y Kuwait, mejora- rán posiblemente sus cuentas comer- ciales, y aquellos países en los que el Estado es el dueño de los pozos petroleros o se beneficien de una mayor recaudación de impuestos que gravan las exportaciones petro- leras, también podrían ver mejora- das sus cuentas públicas. Esta situa- ción podría provocar una disminu- ción de la prima de riesgo-país y permitir una acumulación de reser- vas internacionales. La situación sería muy distinta en los países emer- gentes importadores netos de cru-
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do, como es el caso de Uruguay, cu- yos términos de intercambio exte- rior se verían deteriorados y sopor- tarían presiones inflacionarias, como consecuencia de los incremen- tos de los costos de producción.
Los posibles resultados favorables para el primer grupo de países se verían contrarrestados por un cre- cimiento más lento de la economía mundial, que afectaría a todos los países emergentes, agravando la ya difícil situación de los países impor- tadores netos de petróleo. La posi- bilidad de colocar sus exportacio- nes en los países industrializados se reduciría, tanto por la disminución de la demanda provocada por el en- friamiento de la economía de los más desarrollados como por las mayores trabas al comercio, a las que recu- rren los países industrializados cada vez que se encuentran en dificulta- des económicas. En el mencionado informe del ministerio de Relacio- nes Exteriores de la República Ar- gentina se señala que los países en desarrollo con mayor exposición co- mercial al mercado estadounidense son los países asiáticos y los de América Latina en general, desta- cando entre estos últimos México, Ecuador y Venezuela.
Este menor crecimiento de la eco- nomía mundial generaría además una disminución de los flujos de capita- les, con una creciente demanda rela- tiva de activos financieros libres de riesgo. Se reduciría la capacidad de financiamiento externo de los países emergentes, lo que para varios paí- ses que cuentan además con una si- tuación fiscal comprometida, impli- caría mayor fragilidad financiera y
mayores primas de riesgo-país. Por otra parte, si los países desarrollados se ven obligados a subir las tasas de interés por problemas inflacionarios, se incrementaría el costo del financia- miento externo, agregando un ele- mento negativo adicional, que pon- dría en peligro las posibilidades con- cretas de crecimiento de las econo- mías emergentes.
Efectos de la guerra sobre las economías de la región Según el Informe del ministerio de Relaciones Exteriores argentino al que ya se hizo referencia, en un es- cenario con un precio del petróleo caro, Brasil se vería afectado tanto por la vía comercial como por la fi- nanciera, con implicaciones en las cuentas públicas. Por un lado, como se trata de un país cuya producción petrolera es estatal, podría en prin- cipio ver mejoradas las cuentas pú- blicas, pero, como además es un importador neto de crudo, podría sufrir presiones inflacionarias. El gobierno se enfrentaría a la dis- yuntiva de amortiguar dicha suba para evitar la inflación, pero a costa de empeorar las cuentas fiscales. La resolución de este problema no se- ría sencilla, ya que el gobierno tiene acuerdos con el FMI, con objetivos fiscales y de inflación, lo que deja a las autoridades brasileñas poco mar- gen de maniobra. Esta difícil situa- ción a la que puede verse enfrenta- do, podría provocar una suba del riesgo-país, que podría potenciarse por los vencimientos de la deuda pública que debe enfrentar en lo que resta del año, y poner en peligro las
posibilidades concretas de financia- miento externo. Debe agregarse, además, el desestímulo que para sus exportaciones supone una economía mundial desacelerada o en recesión. En lo que atañe a Argentina, dado el default de la deuda pública, los efectos de la guerra pueden re- ducirse a los provocados en la esfe- ra comercial. Podrían mejorar algo las cuentas públicas, a causa del efec- to que tendría el aumento del pre- cio del crudo en las retenciones del fisco sobre las exportaciones de pe- tróleo. Sin embargo, el menor dina- mismo de la economía mundial y los efectos eventuales negativos de la guerra en la economía brasileña, podrían provocar la caída de las ex- portaciones no petroleras.
Por último, la economía uruguaya podría verse afectada por el elevado precio del petróleo, en cuyo caso provocaría incrementos adicionales de la tasa de inflación. Al igual que en Brasil, en el caso de que el go- bierno absorbiera total o parcial- mente el aumento de los precios del petróleo, se agregarían nuevos fac- tores que comprometerían el cum- plimiento de las obligaciones fisca- les. Por otro lado, la economía se vería afectada por la vía comercial, fundamentalmente por los efectos que esta guerra pudiera tener en las economías de Europa, Brasil y Es- tados Unidos. A su vez, un eventual aumento de las tasas de interés in- ternacionales afectaría negativamente a nuestra economía, aunque el efec- to final dependería de los términos en que se realice el canje de deuda pública, en el caso de que éste final- mente se concrete.