5.7 Cross-frequency coupling comparison
5.7.4 Form of the spatially distributed coupling functions
5.7.4.1 Intra-subject variability
Winnicott
Las emociones siempre están conectadas con el cuerpo. Es obvio que la emocionalidad se vivencia a través de las reacciones somáticas. Un peligro real es captado orgánicamente, la mente y el cerebro lo reciben. A través de las emociones evaluamos las experiencias con el entorno. Para Bowlby (1988) la emoción es el único medio de comunicación del que dispone el niño pequeño en los primeros años de su vida. Quiere decir que lo emocional abre el camino a las cogniciones y a los pensamientos. Creemos que es durante toda la vida que la emocionalidad se intercala con los demás procesos y siempre juega un papel relevante y es a través del vínculo afectivo que aprendemos a regular los afectos.
El tipo de vínculo afectivo predominante puede contribuir en las capacidades para la plasticidad cerebral. Creemos con Wallin (2007) que cuando los vínculos han sido seguros, la persona tiene mayor capacidad para sentír, pensar y actuar, debido a una mayor flexibilidad en la respuesta. Se construye de esto modo una base para la empatía con uno mismo y con los demás, también conlleva elementos para el desarrollo de la resiliencia.
Para Winnicott el estado de no integración cuando es sostenido por unas figuras estables, por lo tanto, que garantizan el vínculo afectivo seguro, permite que el niño pueda integrar los diferentes aspectos de la experiencia de una forma fluida. Las experiencias transicionales permiten un movimiento bidireccional que es la base de la flexibilidad mental. Si los vínculos afectivos están marcados por la ansiedad, la evitación, y la ambivalencia para Siegel, 1999, citado por Wallin (2007), la flexibilidad en la respuesta se verá disminuida, a lo que añadimos que aumentará la rigidez mental.
capaces de afirmar que: El desarrollo neuronal, las conexiones sinápticas y la configuración cerebral del niño psicológicamente sano dependen en gran parte de la receptividad sintónica de las figuras de apego (ver Shore, 2002, Wallin, 2007). Entendemos que: “El cerebro del niño no solo se ve afectado por las interacciones, sino que su desarrollo requiere interacciones cerebro/cerebro y ocurre en el contexto de un vínculo positivo entre la madre y el hijo” (Wallin, 2007, p. 116).
Parece ser que el cerebro del recién nacido, constituido por miles de millones de neuronas es el menos diferenciado de todos los órganos corporales. Para su maduración necesita de la programación genética y de las experiencias interpersonales. Consideramos crucial esta afirmación para el propósito de nuestro trabajo, nos asentamos en la neurociencia actual, por ejemplo en lo que afirma Siegel (1999). Para Siegel las neuronas que se disparan juntas, se interconectan. Añadimos que las neuronas se disparan a partir de las experiencias con el entorno. El vínculo con figuras empáticas permiten entonces, como ya hemos dicho, la regulación emocional.
Las neuronas interconectadas crean una red neuronal y gracias a las experiencias continuadas con las figuras cuidadoras, se edifica el sentimiento de seguridad. La expresión “red neuronal” surgida del vínculo seguro se asemeja a la expresión anteriormente comentada de “urdimbre afectiva” de Rof Carballo (1959).
Las experiencias relacionales necesitan como nos enseñó Winnicott de regularidad y de continuidad, solo así, el niño va incorporando la base segura. Resulta que ocurre exactamente igual en la configuración estable de los circuitos cerebrales; éstos necesitan sobretodo de continuidad y repetición para irse asentando.
Entendemos que las conexiones relacionales propician las conexiones neuronales que a la vez predisponen la construcción en la criatura humana de una mente flexible abierta a nuevas experiencias.
7.1.1. Apuntes sobre anatomía cerebral y su relación con la obra de Bowlby y Winnicott
A efectos prácticos podemos dividir el cerebro en una estructura vertical y otra horizontal.
Horizontal: HEMISFERIO DERECHO/HEMISFERIO IZQUIERDO Vertical : EL CEREBRO TRIUNO de MaClean (1973)
TRONCO ENCEFÁLICO SISTEMA LÍMBICO NEOCORTEX
www.humanpotencial.com.mx HEMISFERIO DERECHO:
Procesa la información que recibe respondiendo de una forma emocional, no verbal, intuitiva, relacional y receptiva. Capta la experiencia como un conjunto integrado, no funciona de una forma aislada. Puede descodificar elementos de la comunicación no verbal. Gracias al cerebro derecho podemos reflexionar y mentalizar las experiencias.
Pensamos que es debido a que incluye la capacidad emocional para pensar y es capaz de integrar la cognición, el pensamiento y el sentimiento. Se considera que el hemisferio derecho concuerda con el inconsciente y el proceso primario de Freud (Wallin, 2007).
HEMISFERIO IZQUIERDO:
Procesa la información que recibe estimulando un pensamiento, lógico, verbal y lineal. Parece que formaría parte de la actividad consciente y controlada.
Es fundamental que los dos hemisferios estén en comunicación. Gracias al “cuerpo calloso” que es un haz de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios cerebrales. Emocionalidad (del derecho) con el análisis lógico (del izquierdo).
MacLean (1973) es conocido por su teoría evolutiva del «cerebro triple». Su hipótesis es que el cerebro habría experimentado tres grandes etapas de evolución, y esta habría desembocado, en los mamíferos superiores, en una especie de jerarquía organizada de tres cerebros, o capas cerebrales, en uno:
1. El cerebro reptiliano (MaC lean, 1973), al que también podemos llamar el Tronco-encéfalo, comprende el tallo cerebral, ajusta los elementos básicos de supervivencia. Por ejemplo, la regulación del ritmo cardíaco o la ventilación pulmonar. Es un cerebro no pensante, no emocional, automático, reactivo a los cambios del medio, interno o externo, sin intervención alguna de la voluntad. También es un activador de los reflejos, incluidos los impulsos hacia el vínculo afectivo. Winnicott (1968) sostiene que el recién nacido busca el rostro de la madre, especialmente los ojos, reconoce su olor, busca el pezón para llevárselo a la boca. Las primeras sonrisas son una forma de atraer la atención del cuidador que lo tiene a su cargo.
El tronco encéfalo regula el sistema nervioso autónomo que para Shore (2003) representa el fondo fisiológico de la mente. (Wallin, 2007). El sistema simpático nos
capacita para la lucha y la supervivencia y el parasimpático actúa cuando es preciso bajar los niveles de excitación. Si la actividad del sistema parasimpático es elevado puede bloquear la actividad y llevar al sujeto a la inmovilidad.
Dentro del tronco encefálico se encuentra el nervio vago que atenúa la actividad el sistema nervioso simpático, esto permite una mayor calma y aprovechamiento de las situaciones sociales.
2. El cerebro paleo mamífero (Maclean, 1973) al que también llamamos Sistema Límbico, permite que los procesos homeostáticos anteriores interactúen con el entorno, de lo que surge la emoción. Constituye el asiento de las emociones, de la inteligencia afectiva y motivacional. Trabaja en sintonía con el cerebro reptil. Por ejemplo, el instinto de reproducción se activa con la presencia de un miembro atractivo del sexo opuesto, lo que genera sentimientos de deseo sexual.
Se le llama el cerebro emocional, procesa las emociones de una forma visceral y a la vez conecta con el lenguaje no verbal. La diferenciación entre lo interno y lo externo se produce gracias al sistema límbico, proceso de suma importancia para la diferenciación figura adulta niño, tan bien explicado por Winnicott y los psicoanalistas que han estudiado la evolución emocional del niño en interacción con el adulto cuidador.
Dentro del sistema límbico está ubicada la amígdala cerebral que es como su puerta sensorial. Es la responsable, junto con el nervio vago de las reacciones viscerales ante la experiencia (Shore, 2003). Parece ser que la amígdala capta emocionalmente las expresiones de los demás, los rasgos faciales, lo que permite leer en la mente del otro. trabaja rápida y mueve al sujeto a reaccionar.
Parece ser que la amígdala trabaja a un nivel pre-simbólico y almacena la experiencia como “recuerdos emocionales” (Ledoux, 1996).
tomar conciencia de ellas
3. Por último, dispondríamos de un cerebro neo mamífero, el córtex o neo corteza— muy desarrollado en los primates y aún más en el ser humano, que permite las funciones de inteligencia racional en el hemisferio izquierdo y de inteligencia asociativa, intuitiva y creativa en el derecho.
La función del neo córtex es la de interpretar la experiencia y nuestra interacción con el mundo. Las partes posteriores se dedican a la percepción del mundo a través de los cinco sentidos y las áreas frontales procesan la información procedentes de otras partes del cerebro (Wallin, 2007).
El córtex frontal es el sustrato neuronal que se encarga de las representaciones simbólicas y representacionales.
Según Wallin (2207):
EL CORTEX PREFRONTAL es:
• Un área especializada en inteligencia cognitiva: Conectada con el hipocampo y el hemisferio izquierdo.
• Un área especializada en inteligencia emocional: Conectada con la amígdala y el hemisferio derecho.
Ubicado en el córtex prefrontal, detrás de los ojos se sitúa el “córtex orbitofrontal” (COF).
Según los investigadores neurocientíficos, el COF permite descodificar expresiones emocionales, signos no verbales, del rostro, el tono de voz. Esta descodificación es posible a que el sujeto ha podido establecer un vínculo seguro con una figura estable, que comprende las emociones propias y las del sujeto en crecimiento.
importantes en la relación con los demás, a una mala interpretación de los estados anímicos propios y ajenos. Si analizamos sujetos con trastorno límite de la personalidad (TLP) observamos las dificultades que tienen de descodificar las expresiones faciales y en interpretar las comunicaciones emocionales del interlocutor. Los TLP pueden tener buenas capacidades intelectuales, pero la llamada inteligencia emocional (Goleman, 1995) es precaria. Nuestra experiencia nos dice que las personas con TLP han tenido infancias marcadas por familias poco sostenedoras, con tendencia a la confusión de roles, muchos de ellos son hijos de padres muy infantiles que no son capaces de mantener un criterio sensato sobre la crianza y, en muchos casos, padres claramente perversos. En definitiva, podemos pensar en trastorno límite como un trastorno emergente en gran parte por dificultades familiares importantes que han producido en los hijos carencias afectivas duraderas. Si vemos alterada la zona cerebral del “córtex orbitofrontal” podríamos deducir que ésta es la causa del trastorno de personalidad que estamos describiendo, pero también podemos pensar en la bidireccionalidad causal. Sostenemos que unas malas experiencias continuadas pueden impedir que el COF funcione inadecuadamente debido a lo cual, la persona también puede perpetuar sus dificultades de comprensión de las relaciones psicosociales.
Shore (2002) denomina al COF, como “el alto ejecutivo del cerebro”. También intervienen, según deducen los estudios neurocientíficos que también interviene una zona situada encima y detrás del COF, que se denomina “el cingulado anterior” que junto con la denominada “ínsula” dan al córtex prefrontal la cualidad de conocer cómo nos sentimos y cómo se sienten los demás, por lo que representan, junto a las neuronas espejo, los motores de la mentalización y de la empatía que dependen directamente de la calidad de los vínculos afectivos (Wallin, 2007).
funciones del hipocampo, si ésta recibe una sobreactivación por acontecimientos traumáticos, el hipocampo no puede hacerse cargo y si el funcionamiento de la amígdala está por debajo del umbral necesario, el hipocampo tampoco puede trabajar adecuadamente. El hipocampo decide que almacena en la memoria y que no. Se refiere por tanto a la memoria explícita.
Las experiencias traumáticas, según Krystal (1988) (citado por Payás ,2010) producen una des-diferenciación del afecto, es decir que se pierde la capacidad para identificar emociones y realizar acciones apropiadas a la situación. De esta forma lo que podría ser memoria explícita, se vuelve implícita, sin acceso a las palabras. Tal como Winnicott señala que el trauma más grave es aquello que no sucedió, es decir que quedó almacenado de una forma implícita y el sujeto no puede referirse a ello.