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3.5 Surrogates analysis

3.5.0.1 Surrogates for coupling

Balint (1968) coincide con Winnicott en entender la regresión como un volver a empezar y por lo tanto como una progresión, denominará este proceso “regresión benigna” que, al igual que Winnicott la diferenciará de situaciones de estancamiento o de repliegue con características patológicas. Curiosamente Balint en el capítulo titulado: “la regresión terapéutica, el amor primario y la falta básica” inicia su planteamiento hablando del poder

curativo de la relación. Considera que para Freud, el psicoanálisis tiene como objetivo hacer consciente lo inconsciente y que para alcanzarlo el instrumento era la interpretación. Balint piensa que la relación como terapia es muy difusa para Freud y no se dedica a investigarla. Las interpretaciones para Balint son siempre verbales y permiten la introvisión:

La formación de una relación adecuada da como resultado un “sentimiento”; mientras la introvisión tiene correlación con el acto de ver, el sentimiento tiene correlación con el contacto, es decir, con una relación primaria u ocnofílica. (1968, p. 191)

En una línea similar a su analista Ferenczi, Balint cuestionará la regla de abstinencia de Freud. Está de acuerdo con que el analista no debe responder a los anhelos y peticiones del paciente, sin más, pero que un momento determinado debe ser capaz de responder a necesidades primarias, dentro de una relación primaria que no suele darse entre adultos. Destacamos que Balint, tal como harán los psicoanalistas relacionales e intersubjetivos unas cuantas décadas después, antepone la psicología unipersonal emparentada con la concepción instintivista y pulsional del psicoanálisis y la psicolgía bipersonal a la que se refiere cuando habla de la relación como instrumento curativo. Es plenamente consciente de que los analistas que mantienen la creencia de objetividad en el proceso terapéutico, no realizan adecuados diagnósticos diferenciales. Una vez más, Balint, como hiciera Ferenczi y también Winnicott, es partidario de adaptar la técnica a las necesidades y posibilidades que tiene el paciente y no al revés. Este aspecto puede parecer obvio e intrascendente, pero desde nuestro punto de vista, creemos que es de una importancia cardinal para la práctica clínica.

Los conceptos de ocnofilia y de filobatismo, aunque derivan de una terminología poco frecuente, representan una aportación de gran utilidad para la comprensión de las relaciones interpersonales. Los humanos nos sentimos seguros cuando podemos establecer una relación cercana con alguien (ocnofilia), es imprescindible para poder establecer vínculos afectivos consistentes. Sin embargo si solo pudiéramos establecer relaciones ocnofílicas, correríamos el riesgo de quedar atrapados. La ansiedad derivada de la relación cercana y ocnofílica es de características claustrofóbicas. Necesitamos poder expandir nuestro mundo relacional y estar abiertos a relaciones no comprometidas, filobáticas, donde puede haber interacción, pero no necesariamente vínculo afectivo. Balint cree que el filobatismo significa que las relaciones estrechas son vividas como peligrosas.

Nuestra manera de ver esta importante aportación de Balint, es la siguiente.

Las relaciones ocnofílicas y filobáticas son necesarias cuando se dan de una forma equilibrada. Sin relación vincular no puede haber crecimiento emocional sano, pero ha de poderse combinar con la necesidad de establecer interacciones no vinculares, que no estarán sometidas a vivir duelos difíciles. Si el sujeto solo puede establecer relaciones filobáticas viviría de una forma superficial, alimentado por la fantasía de que no hacen faltas las dependencias. Nuestra sociedad auspicia el filobatismo, como derivado del rechazo de los vínculos y de la dependencia necesaria para construirlos.

En dos trabajos anteriores (Sáinz 2007, 2014) propusimos la idea de la personalidad filobática, entendida como una modalidad “esquizoide”. El filobático no necesita establecer vínculos, sin embargo se relaciona con un alto nivel de sociabilidad; a diferencia de las personalidades esquizoides, el filobático puede ser sociable e incluso tener habilidades sociales de comunicación muy desarrolladas, sin embargo no es capaz de establecer vínculos afectivos seguros. Se relaciona pero no se vincula afectivamente. Si no

establece vínculos puede intercambiar a las personas sin hacer duelos. Si no hay vínculo, no hay duelo que elaborar.

Balint cree que el analista debe estar dispuesto a alternar con su paciente la ocnofilia y el filobatismo. Creemos que debe ser capaz de ayudar al paciente a vivir las dos experiencias en la relación terapéutica y también en el exterior, en sus relaciones ordinarias.

Balint entiende, de la misma forma que lo hace Winnicott, que el paciente puede necesitar volver a un estado de dependencia en el que la experiencia de ser uno con el analista es de vital importancia. Estar en compañía de alguien que no fuerza la relación con interpretaciones incisivas. La regresión se convierte en benigna porque es una nueva forma de comienzo. Se refiere a vivir la experiencia de “amor primario” en la que el bebe es un continuum con el ambiente. Tal como señala Daurella (2013), para Balint entre el ambiente y el individuo existe una penetración bidireccional, el uno dentro del otro de una forma armónica. De esta forma se substituye la idea de Freud de narcisismo primario que tiene un sentido unidireccional.

Para Balint:

El analista debe estar dispuesto a sostener o llevar al paciente, no de una manera activa, sino así como el agua sostiene al nadador o la tierra sostiene al caminante; el analista debe estar allí presente para su paciente, para ser usado por él sin resistirse demasiado a ser usado. (1968, p. 198)

El analista es como el agua que sostiene al nadador, tiene el sentido de que ambos forman parte de la misma substancia y los dos componentes están sumergidos el uno en el otro. Podemos observar, también, que Balint utiliza la expresión “uso” del terapeuta sin connotaciones peyorativas, tal como hará Winnicott por esa misma época.

El estudio sobre la regresión en su sentido progresivo les permitió a estos autores cuestionar el mito de la interpretación como instrumento principal, y a veces único del psicoanálisis. Cierto que tanto Winnicott como Balint, en la línea trazada por Ferenczi, se suelen referir al trabajo con pacientes graves,, en general con carencias o “traumas” primitivos. Para nosotros el trabajo terapéutico con cualquier paciente no debe basarse en la interpretación sino en la conversación y el diálogo tranquilo y empático, con el afán de ser dos sujetos que investigan juntos a propósito de uno de ellos. Tal como anticipó Armengol (1994,2001), al cual consideramos un pionero en nuestro ámbito del que hoy llamamos psicoanálisis relacional e intersubjetivo. El paciente debe sentir que se encuentra con un semejante, no con una esfinge o un oráculo ajeno al proceso.

Balint realizó otra aportación de vital importancia clínica, tal como señala Daurella (2013), el concepto de falla básica que proviene de la geología y la cristalografía que suele traducirse por “falta”. Evidentemente la falla referida a alguna necesidad del niño que no fue correspondida o satisfecha adecuadamente por el entorno. Cuando esto es de esta forma con necesidades vitales o cuando de una forma reiterada la criatura no es bien atendida, se produce una carencia, una falta que adquiere las connotaciones de falla. Es decir que en el mundo experiencial del sujeto, hay algo que se ha construido mal, aunque el desarrollo haya continuado. La idea conceptual de Balint ha permitido entender el sufrimiento y la psicopatología cuando predomina la falla básica o cuando la persona está más avanzada y predomina el conflicto, tema que trataremos más adelante.

6. EL PSICOANALISIS RELACIONAL E INTERSUBJETIVO.