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3.2 Wavelet phase coherence

3.2.1 Simulated EEG to test coherence analysis

Un exceso de positivismo puede convertirse en un elemento altamente nocivo para la salud mental de la sociedad y de sus individuos. Creer que el ser humano puede controlar y disponer de su vida en un sentido absoluto es el paradigma del narcicismo.

En un trabajo anterior expusimos que el narcisismo (Sáinz, 2007) proviene de la carencia y del no reconocimiento de los limites, la soberbia y la arrogancia que de ello se derivan impiden el reconocimiento de la alteridad y disminuye las capacidades empáticas con las necesidades propias y de los otros. El narcisismo, aun cuando disfruta de éxitos laborales, económicos y sociales, impide el crecimiento personal real y la autoestima.

Nuestra sociedad actual de perfil bajo y líquida (Bauman, 2007) es un buen pedestal para el surgimiento y sostenimiento del funcionamiento narcisista, individual y colectivo.

El problema fundamental del triunfo del narcisismo es la eliminación de los vínculos afectivos y de las necesidades de dependencia que permiten el reconocimiento de las

limitaciones como sujetos y como colectivos sociales.

Si fallan los vínculos afectivos seguros, el sujeto se encuentra en un estado de carencialidad que va a tener una repercusión en su sufrimiento mental y, por consiguiente, va a tener consecuencias psicopatológicas. Para Han (2010), “la depresión es la expresión patológica del fracaso del hombre postmoderno de devenir él mismo. Pero también la carencia de vínculos, propia de la progresiva fragmentación y atomización social, conduce a la depresión” (p.28)

La sociedad líquida descrita por Bauman representa una sociedad de vínculos afectivos frágiles e inseguros y nos lleva inexorablemente a la idea tan bien descrita de que “nada es posible en una sociedad que cree que nada es imposible” (Han, 2010, p. 28).

Podemos determinar que la sociedad de perfil bajo se caracteriza por: • Vínculos afectivos inconsistentes, inseguros.

• Dominada por pensamiento operatorio o concreto. Dificultad para la mentalización. • Predominancia del éxito y del triunfo de logros y ambiciones que persiguen el poder.

• No tolera la frustración, ni los sentimientos depresivos. • Fomenta el funcionamiento filobático (Balint, 1968). • Es generadora de carencias afectivas

• Favorece la aparición de psicopatología relacionada con los trastornos de personalidad.

Está demostrado desde Bowlby (1952) que la inconsistencia de los vínculos afectivos en la infancia, tiene una repercusión directa en las experiencias vinculares de la edad adulta (Main,) y es generador de patología mental.

El pensamiento concreto se mueve en parámetros mecanicistas y lineales, no incorpora la complejidad que une los acontecimientos, con las emociones, los sentimientos y las

representaciones mentales. El pensamiento simbólico y abstracto queda fuera de la

capacidad para pensar que inexorablemente implica sentir. Sentir para pensar y comprender. Las facultades cognitivas separadas de la experiencia emocional, se convierten en pensamiento concreto y operatorio. Por otro lado las experiencias emocionales siempre son interpersonales, relacionales e intersubjetivas.

Respecto a la sociedad del éxito y la incapacidad de tolerar frustración y sentimientos, especialmente los depresivos, nos encontramos con lo que aporta Han, B-Ch, (2010). “La depresión en la enfermedad de una sociedad que sufre bajo exceso de positividad. Refleja aquella humanidad que dirige la guerra contra sí misma” ( Han , 2010 p.31).

La sociedad que tenemos bajo cuestionamiento tiene tendencia a la hiperactividad. No tolera la incertidumbre, no reconoce los errores, ni los fracasos; promueve un tipo de superhombre, hecho a sí mismo, cuyos límites los pone el mismo y, por supuesto no tolera la finitud. Suele creer en el maximalismo, en los macro cambios y en el poder supremo.

Damos por sentado que lo perfecto, simplemente no existe. Existe la capacidad de mejorar, pero no hay nada ni nadie que sean lo mejor, como absoluto. Como dice un conocido dicho “Lo mejor es enemigo de lo bueno”. Aparentemente es una frase menor, pero que encierra un profundo conocimiento: Si existiera lo bueno como verdad universal, lo cual también es imposible, debería alejarse del ideal de perseguir lo mejor. La trampa extraída de un tipo dominante de psicología de empresa lo representa la frase “Cuando lo mejor es posible, la bueno es insuficiente”, conduciéndonos de nuevo a la trampa de aceptar como válido que lo mejor es posible.

Tal como conocemos al ser humano y a sus capacidades, el concepto de “lo mejor” es epistemológicamente insostenible, ya que siempre está teñido de subjetividad.

perfil bajo, resolutiva, poco reflexiva y proclive a la velocidad. Hay muchas escuelas

actuales que sostienen el lema “educamos para el éxito” o educar es para ellas “el camino de la excelencia”. Son lemas que se cotizan muy bien en nuestra sociedad. Vende bien el producto que quiere colocar entre la población. Viene a decir a las familias que si traen a sus hijos a que se les eduque en estas escuelas, seguirán el camino del éxito y de la excelencia. Es decir, el hijo no será un fracasado, será un triunfador. Es fácil entender que ese exceso de triunfalismo puede llegar a ser la auténtica causa del fracaso y de la desesperación.

La sociedad organizada de esta forma va a eliminar los sentimientos considerados negativos, como son la debilidad, la frustración y todo lo que tiene que ver con la tristeza. Tratará de eliminar los sentimientos de dependencia que son la base de la vinculación afectiva. Tiene tendencia a confundir la dependencia y tristeza con adicción y depresión mayor. Como ya estudiamos en un trabajo anterior (Sáinz, 2007, 2014), nuestra sociedad es tan antidepresiva y ansiolítica que por esa razón, en parte, sus miembros y ella misma padecen de forma significativa de trastornos del estado de ánimo y de la ansiedad. En España, el riesgo de que la población general desarrolle, al menos, un episodio de depresión grave a lo largo de la vida es casi el doble en mujeres (16,5%) que en hombres (8,9%), mientras que el porcentaje de personas que padece anualmente la enfermedad es del 4% Según datos recogidos en la “Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud”, España es el país europeo con las tasas más altas de síntomas depresivos en población de edad avanzada. Se estima que un total de 1.868.173 personas sufrió esta enfermedad en 2013. (Gabilondo, 2010)

Es necesario pensar con calma y reflexionar en lugar de ir acumulando datos y demostraciones continuas de cientificidad y de evidencias. Es conveniente que la investigación científica avance y no se detenga, que estudie la forma de mejorar nuestras vidas individuales y colectivas, pero, más que nunca, conviene reflexionar, tomarse tiempo; ya no sirve la excusa de

que todo va tan deprisa que tenemos que estar a la altura de los cambios.

Debemos hacer caso a Honoré (2005) cuando nos introduce la importante idea del “elogio de la lentitud”: “Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

(Honore, 2005, p. )

“Nos prometieron que la tecnología trabajaría por nosotros y que seríamos más felices, pero

hay estadísticas que demuestran que trabajamos 200 horas más al año que en 1970 y la

insatisfacción vital y la velocidad definen nuestro tiempo.(Honore, 2005)

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.”

En este mismo sentido, Han (B-Ch, 2010) afirma que: “la cultura requiere un

entorno en el que sea posible una atención profunda. Esta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención”, (Han,2010, p. 35)

Han (2010), Como alternativa propone, en la misma línea que Honoré, lo que llama “el don de la escucha” en la que el ego hiperactivo ya no tiene acceso.

La falta de sosiego propia de nuestra civilización, desemboca en una nueva barbarie y apoyándose en Nietzsche propone que “entre las correcciones necesarias que deben hacerse al carácter de la humanidad está el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo (Han, 2010, p. 39).

Añade que “Aprender a mirar significa acostumbrar el ojo a mirar con calma y con paciencia, a dejar que las cosas se acerquen al ojo, es decir educar el ojo para una profunda y contemplativa atención, para una mirada larga y pausada”. (Han, p. 53)

Es necesario tolerar la frustración y los sentimientos depresivos, también tolerar la incertidumbre y no pretender darnos explicaciones de todo y para todo.

Como ya hemos expuesto anteriormente, nuestro cerebro está entrenado desde el origen de la humanidad para resolver problemas y para ello debe procesar la información que recibe y hacerla comprensible. Darnos explicaciones es la forma que tenemos de entender los fenómenos. Pero este hecho nos puede llevar a la idea omnipotente de que todo puede ser explicado y comprendido y pensamos que esta premisa no puede ser cierta en términos absolutos.

Renunciar a la comprensión omnipotente de los fenómenos humanos, es un duelo, una carencia, que debemos admitir y aceptar como tal, tiene el valor de frustración, nos produce

tristeza y desasosiego y, lo más importante, hace que nos sintamos limitados, porque somos limitados en realidad, muy limitados.

Mientras redactamos este escrito se ha producido en Barcelona un triste y espeluznante evento; un niño de 13 años se ha presentado en el instituto donde estudia, armado con una ballesta y alguna arma blanca. Ha entrado 15 minutos tarde de la hora estipulada, una profesora le ha amonestado por ello y él le ha disparado con la ballesta, dejándola herida; posteriormente ha matado a uno de los profesores y herido a otro niño. Reducido por otro profesor, el niño se echa a llorar, mientras es abrazado y contenido por el adulto, el agresor-asesino se desmonta, como el niño que es.

En menos de media hora de la noticia, empiezan las especulaciones, que si el padre es skin, o educador, o psicólogo; que tenían armas en su casa… Al cabo de muy poco tiempo ya se está hablando del daño que pueden hacer los videojuegos, de lo que está pasando en la sociedad, de la indefensión de los maestros… Se suceden temas lógicos a los que resulta natural buscar y encontrar explicaciones, pero queremos destacar la rapidez con la que suceden los hechos, la ansiedad que despierta una tragedia tan grande, pone en cuestión la capacidad de comprender y resulta demasiado fácil establecer hipótesis simplistas y reduccionistas.

Un hecho así consterna a cualquier persona corriente, nos cuestiona a todos los niveles, zarandea a la sociedad y a sus agentes, pone sobre la palestra el sistema educativo, a los servicios de salud mental y las relaciones familiares. Necesitamos explicarnos el mal. Aceptar el desconocimiento es como aceptar la derrota. Todo lo dicho son motivos suficientes para debatir, pensar y reflexionar, la única forma de evitar en parte el reduccionismo y las conclusiones simplistas, es reflexionar y pensar tranquilos.

El preadolescente de este terrible sujeto es un muchacho que requerirá tratamiento especializado de salud mental, se verá si se trata de un trastorno del espectro esquizofrénico

(psicótico), si hay un perfil de personalidad patológica ya constituido como tal, o que, por la edad, está en vías de cristalización.

Queremos dejar claro que se comprende la necesidad de entender y de explicarnos los fenómenos, pero que debemos luchar contra la tendencia cuajada durante miles de años, grabada en las entrañas de nuestro cerebro, de determinar causas al precio que sea, sobretodo cuando la simplificación de la causalidad está al servicio de negar la complejidad y la interdependencia de sus factores.

La violencia de los videojuegos, la crueldad y la destrucción gratuita que se da en muchas películas del cine contemporáneo, pueden ser factores detonantes, pero nunca determinantes por si solos.

Es muy grave hacer la afirmación de que un chico que mata a un profesor o alguien que comete un asesinato masivo tenga que ver con ser un usuario de videojuegos o un consumidor de violencia cinematográfica, en todo caso estos factores pueden ser consecuenciales de otros que han llevado hasta ese lugar. Es enormemente reduccionista decir que para erradicar el problema se deben anular las películas violentas o cualquier manifestación pública de crueldad, para ello se tendría que prohibir en primer lugar, el telediario y la prensa que se hace eco de las tragedias humanas. Es inadecuado hacer apología de la violencia, pero inevitable su difusión, ya que forma parte de lo humano. Cualquier guerra interna de un país o entre países enemigos, cualquier conflicto en el que intervienen armas, fomenta y difunde la destructividad.

Proponemos que cuando acontece un suceso como el chico que asesina a un maestro, los profesionales dedicados al tema y los medios de comunicación seamos responsables al dar la información, una forma de ejercer la ética es no siendo reduccionistas ni simplistas, ni en las causas ni en las posibles soluciones. Es necesario reconocer la limitación para comprender fenómenos complejos y la limitación en cuanto a su abordaje.

4. WINNICOTT. BASES DEL PENSAMIENTO RELACIONAL: