Study 1: Deciding on the Number of Classes for LGMM using Bayesian Non/Semi-
3.1 Introduction
La selección de España llegó a Brasil 2014 portando la pesada insignia de campeón defensor. A pesar de la gran responsabilidad, el entorno español previo al Mundial era bueno. Sobrevivió casi toda la columna vertebral que se coronó en Sudáfrica, la cual se sabía de memoria aquel ‘juego de posesión’ tan desesperante para sus rivales. Además, las casas de apuestas apuntaban a su favoritismo gracias a una estadística increíble: el plantel ibérico tenía
130 un costo de 920 millones de dólares, siendo el equipo más caro del Mundial. El valor de mercado de los españoles era tan alto que, inclusive, superaba toda la riqueza producida en ese año por Gambia, un pequeño país del occidente de África.
El Mundial de Brasil 2014 fue así. Todo parecía estar relacionado con cuentas de cobro, con muchos ceros tras el primer dígito: el jugador más caro… la transferencia más alta… los mejores sueldos… los premios más jugosos, en fin. Por su parte, la FIFA debió captar un buen botín tras vender los derechos de transmisión a 151 países en el mundo. Y por si esto fuese poco, el organismo anunció la posesión de “1.432 millones de dólares en reservas”, que podrían ser gastadas en caso de ser necesario, según el portal inglés Goal.com. Tan pesado fue el mercado en Brasil 2014, que el mismo Gobierno Brasileño cambió sus leyes para agradar a la FIFA. Dos años antes del inicio del Mundial, el Congreso de Brasil legalizó el consumo de bebidas alcohólicas en los estadios, todo porque Budweiser –patrocinador del Mundial– quería ver a los fanáticos bien intoxicados con sus cervezas. Al hecho se le llamó la ‘Ley Budweiser’.
Aunque la ‘Ley Budweiser’ estaba destinada para los aficionados, quienes terminaron mareados y tambaleando fueron los mismos jugadores de la selección de España. El plantel ibérico se embriagó con el elixir engañoso del favoritismo. ¿Quién lo hubiese presagiado? Aquella camada de futbolistas, que valía su propio peso en oro, fue el segundo equipo en salir eliminado de Brasil 2014 –solo por detrás de Camerún, que también perdió los dos primeros partidos de la fase de grupos–. En el partido debut, Países Bajos cobró venganza de la final de Sudáfrica 2010, goleando 5-1 a los dirigidos por Vicente del Bosque. Aquella vez, Robin Van Persie marcó un golazo de ‘palomita’ que casi gana el premio al mejor gol del Mundial. En el segundo partido, España sacó tiquete a casa tras ser derrotado 2-0 por Chile. Y así, esas piernas que parecían estar bañadas en oro, terminaron pelando el cobre en Brasil.
El debut del balcánico
De las 32 selecciones nacionales que se clasificaron a Brasil 2014, tan solo una de ellas debutó en Mundiales de Fútbol: Bosnia-Herzegovina. El equipo balcánico llegó a Sudamérica con un uniforme azul con rayas blancas, tras liderar el Grupo G de las eliminatorias europeas. Aunque sería su primera experiencia en competencias internacionales, el plantel sostenía un equilibrio importante gracias a su goleador Edin Džeko y a ‘El Dibujante’ Miralem Pjanić –que, entre otras habilidades, coloca la pelota donde se le plazca.
Bosnia-Herzegovina fue, en Brasil 2014, una de las últimas ramas de la extinta Yugoslavia en clasificarse a un Mundial. Pero el caso de este país es distinto. De ese gran árbol que el Mariscal Tito plantó en el oriente europeo, las flores de Bosnia-Herzegovina terminaron siendo radicalmente distintas. La inminente guerra entre sus grupos étnicos llevó a situaciones lamentables como el ‘Sitio de Sarajevo’. De hecho, Miralem Pjanić es víctima de esta ‘Guerra de Bosnia’, pues sus padres tuvieron que exiliarse en Luxemburgo durante el asedio. Allí, Pjanić dio sus primeros pasos en el deporte, alcanzando a jugar en el equipo sub- 19 del pequeño país.
131 En aquel momento, la ‘Guerra de Bosnia’ estaba siendo tan macabra que la OTAN tuvo que intervenir, o los bosnio-musulmanes iban a desaparecer exterminados por el nacionalismo serbio. Tras la mediación militar de la OTAN, el presidente estadounidense Bill Clinton apoyó la firma de unos arreglos entre las partes: Los Acuerdos de Dayton de 1995. El resultado tuvo dos caras. Si bien se logró la paz en lo que hoy se conoce como Bosnia- Herzegovina, el territorio terminó pareciéndose más bien a una colcha de retazos. La republica actual está dividida en tres etnias: serbios, bosnio-musulmanes y bosnio-croatas. En Bosnia-Herzegovina, los serbios tienen su propia federación llamada Srpska, donde “es más fácil encontrar carne de cerdo y los aficionados al fútbol son seguidores sobre todo de los Partizán de Belgrado, cuyos partidos disfrutan bebiendo cerveza importada de Serbia en vez de cualquier otra marca bosnia”, según el analista Blas Moreno, del medio español El Orden Mundial. Por otro lado, bosnio-musulmanes y bosnio-croatas viven en la otra federación, pero separados en diez cantones para evitar conflictos entre ellos. Están separados porque, en 1991, los bosnio-croatas quisieron alzar la República Croata de Herzeg-Bosnia – que nunca fue reconocida internacionalmente–. Es un dolor de cabeza.
Estas confrontaciones en Bosnia-Herzegovina, durante la década del 90, se reflejaron en el plantel que representó al país balcánico en Brasil 2014. De los 23 futbolistas, al menos cuatro vivieron historias de guerra confirmadas. Sead Kolašinac y Zvjezdan Misimović nacieron en Alemania, debido a que sus padres bosnios huyeron durante el conflicto armado. Luego está Miralem Pjanić, que se crio en Luxemburgo y retornó a su país para llevarlo al Mundial. Y, por último, Edin Džeko, que estuvo a pocos minutos de ser víctima de un bombardeo, cuando practicaba fútbol en su ciudad natal Sarajevo.
Ahora bien, retomando Brasil 2014, el debut de Bosnia-Herzegovina no pudo ser peor. En el primer partido, jugado en el mítico Maracaná, Kolašinac abrió el marcador con un autogol de camerino, cuando los rivales argentinos apenas y se habían ajustado los botines. Luego, Lionel Messi sentenció el marcador al 64’, gracias a un zurdazo que fue a dar a la mano derecha del portero bosnio. Al final, en el 84’, Ibišević descontó para el equipo debutante, pero esto de nada sirvió en el resultado final. En el segundo partido, Bosnia-Herzegovina salió eliminada a ‘pies’ de los nigerianos, quienes cerraron el encuentro con un gol solitario al 29’. En el último partido, los comandados por Edin Džeko cerraron su participación goleando 3-1 a Irán. Y así, Bosnia-Herzegovina participó en su primer y único Mundial en la historia.