Study 1: Deciding on the Number of Classes for LGMM using Bayesian Non/Semi-
3.3 Proof of Concept Simulation Study for RJMCMC and DP
141 El 22 de junio, durante el Mundial de Rusia 2018, el Estadio Kaliningrado estaba envuelto en un ambiente de silbidos y arengas intimidantes. Los aficionados de Serbia revelaban su desprecio a dos jugadores del seleccionado de Suiza: Granit Xhaka y Xherdan Saquiri, quienes jugaban para la selección helvética, aunque tienen ascendencia albano-kosovar. Ambos futbolistas representaban una guerra recién librada, cuyo antagonista fue la misma nación de Serbia. De nuevo, los conflictos yugoslavos se tomaban el Mundial.
La selección de Serbia ganaba el partido con un gol de ‘camerino’ de Mitrovic. Sin embargo, en el segundo tiempo, un zurdazo de media distancia de Granit Xhaka, cuya potencia rompió el arco, empató el partido al 52’. El espigado volante, de pelo negro desvanecido y cejas depiladas rectas, corrió en dirección de la tribuna más cercana, sacó la lengua y cruzó sus manos para darle forma a un ave de dos cabezas con sus dedos pulgares, cuyas alas eran sus dedos restantes –todo mientras clavaba sus ojos en las miradas alegres de los aficionados suizos.
No era un ave cualquiera, se trataba del águila bicéfala negra de la imponente bandera roja albanesa. Aunque Granit Xhaka nació en Basilea, Suiza, sus padres son oriundos de Kosovo, un pequeño país cuya población es en su mayoríaalbanesa. Tal es la relación con aquel territorio, que su hermano mayor, Taulant Xhaka, juega para la selección nacional de Kosovo. El festejo de Granit Xhaka, además, tenía una connotación aún más conmovedora: su padre, Ragip, fue prisionero político del ejército yugoslavo en 1986, el cual estaba controlado por la Serbia y Montenegro de Slobodan Milosević. Cuando Ragip fue liberado, casi cuatro años después, no tuvo otra opción que salir de Kosovo y buscar una vida mejor en Suiza, lejos de las Guerras Balcánicas que estaban por librarse. El padre del futbolista emigró junto a su actual esposa Elmaze, a quien conoció tan solo tres meses antes del arresto.
Tras el empate de Suiza, el partido entró en la disputa típica de dos equipos que se miden, entendiendo que un error puede costarles el partido –en este caso, la clasificación a octavos de final del Mundial–. Faltando un minuto para el final del encuentro, Xhaka se desmarcó en la mitad del campo para recibir un pase frontal. Una vez allí, giró su cuerpo hacia el arco rival. Al mismo tiempo, Xherdan Shaquiri, quien quedó como último hombre en ataque de Suiza, marcó una diagonal hacia dentro con toda la velocidad que lo caracteriza. El delantero recibió el pase de Xhaka en la mitad del campo, escapándose de la línea defensiva de Serbia. Tras domar el balón con su pie, dio tres alargues en 40 metros para quedar frente al portero serbio Stojković, a quien le cruzó un remate con pierna izquierda. De nada valieron los esfuerzos del defensor serbio Tošić, quien agarró a Shaquiri como pudo de la camiseta, antes de lanzarse de barrida y caer rendido a sus pies.
Antes de que cruzase la línea, Shaquiri miró el balón asegurándose de que ningún aguafiestas hubiese llegado a sacar el gol –¿Qué futbolero no sueña con un gol al último minuto? –. Al igual que su compañero –y asistente– Xhaka, el delantero corrió hacia el banderín de tiro de esquina mostrando con sus manos la misma águila bicéfala albanesa que había volado unos minutos antes. Luego, para cerrar su celebración, se quitó la camiseta para forzar su musculatura. Resultado final: Suiza 2 – Serbia 1. Los guayos de Shaquiri, por cierto,
142 delataban sus intenciones políticas: en el botín izquierdo estaba ilustrada la bandera suiza, y en el botín derecho la azul con amarillo, de seis estrellas, de Kosovo.
La historia de Shquiri comienza en 1992, cuando sus padres –Isen y Fatime– emigraron de Kosovo. La pequeña república balcánica era una provincia perteneciente a Serbia y Montenegro, que sufría la xenofobia aplastante de Slobodan Milosević. El mandatario, en aquel entonces, programó una colonización serbia en Kosovo, la cual le arrebató el empleo a más de 80.000 albanokosovares. Todo terminó en una migración de ciudadanos a gran escala, entre los cuales se encontraba el padre de Shaquiri –quien se desempeñaba como granjero–. La familia de Xherdan Shaquiri emigró a Suiza, donde el futbolista dio sus primeras patadas de gol.
Al final del triunfo suizo sobre Serbia, en el Mundial de Rusia 2018, la Federación de Fútbol de Kosovo celebró tal victoria como suya, a través de su cuenta de Twitter. “Solo jugaron contra tres de los nuestros, imaginad si jugaran contra 11... Por esto nunca quieren enfrentarse a nosotros. Orgullosos de ser albaneses”, destacaron los kosovares, junto a una fotografía de Shaquiri y el águila albanesa ‘volando’ entre sus manos. La federación de Kosovo se refería a tres jugadores, porque en la nómina suiza también estaba Valon Behrami, quien nació en Kosovo en 1985. Curiosamente, el padre de Behrami se llama Ragip, al igual que el padre de Xhaka, y fue despedido de la empresa de plástico Koplast, bajo la misma doctrina que obligó a Isen –padre de Shaquiri– a buscarse un trabajo en otro país.