Appendix 3B: Course Module Page
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1. Introduction
Tasa de empleo no agrícola en trabajadores entre 15 y 64 años de edad, por nivel educativo y género, en un grupo seleccionado de países (2007–2011)
Fuente: Understanding Children’s Work (2013).
Empleo no agrícola (%)
0
Hombre Hombre Hombre Hombre Hombre Hombre Hombre Hombre
Jordania 20 40 60 80 100
Mujer Mujer Mujer Mujer Mujer Mujer Mujer Mujer
México El Salvador Indonesia Brasil Liberia India Camerún
Secundaria Primaria Por debajo de primaria
y un trabajo decente para todos, incluidas las mujeres y los jóvenes. También se añadió un indicador sobre la implicación de las mujeres en el trabajo asalariado, en el tercer ODM, sobre igualdad entre los géneros, en reconocimiento del hecho de que las condiciones de vida de las mujeres mejoran con un nivel educativo más alto. Es probable que el empleo tenga un papel en el marco de desarrollo para después de 2015, como forma de mejorar el bienestar y erradicar la pobreza. Según la Organización Internacional del Trabajo, en los ODM habría que prestar mayor atención al empleo, y hacer de él un objetivo en sí mismo (OIT, 2013b). Esta idea viene reforzada por el punto de vista de los pobres, que ven en el empleo y la educación dos de las vías más importantes para mejorar sus condiciones de vida (Bergh y Melamed, 2012).
La educación protege del desempleo
en los países ricos
Se estima que en todo el mundo había 193 millones de desempleados en 2011, de los que 73 millones eran jóvenes, lo que equivale a uno de cada ocho en el conjunto de jóvenes (OIT, 2013a). El desempleo se ha disparado en algunos países ricos que se han llevado la peor parte de esta situación de crisis. En particular, ha golpeado duramente a los jóvenes, con tasas de desempleo que superan el 50% en Grecia y España.
Los jóvenes con niveles educativos más altos sufren menos intensamente los efectos de la contracción económica: en España, las tasas de desempleo de los que no habían cursado enseñanza secundaria ascendieron del 20% en 2007 al 60% en 2012, y en los niveles superiores de educación, del 14% al 40% (Eurostat, 2013).
La educación aumenta las posibilidades de
las mujeres de participar en el mundo laboral
A medida que se desarrollan los países, la educación se va transformando para las mujeres en un pasaporte de acceso al mundo laboral. Cuando las sociedades aceptan de forma creciente el empleo femenino en el sector regulado, las mujeres con nivel educativo más alto están en mejores condiciones de obtener un empleo remunerado (Gaddis y Klasen, 2012). Al facilitar la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la educación contribuye a su empoderamiento y a la prosperidad del país (Kabeer, 2012).En países de ingresos medianos de América Latina, como la Argentina, el Brasil, El Salvador y México, la proporción de mujeres con empleo remunerado aumenta considerablemente en función de la elevación de su nivel educativo, como se desprende de los datos de las encuestas sobre población activa realizadas para esta Informe (Infografía: Búsqueda de empleo). En México, el 39% de las mujeres con estudios de
México Argentina El Salvador Brasil Educación secundaria Educación primaria Educación por debajo de primaria Mujer es Hombr es 2 1 0% 25% 50% 75% 100% % de población empl eada
BÚSQUEDA DE EMPLEO
La educación aumenta las oportunidades de empleo de mujeres y hombres
Fuente: Understanding Children’s Work (2013).
En los países
latino-
americanos,
la educación
desempeña
una función
importante
para acceder
al mercado
laboral en el
caso de las
mujeres
0
2
enseñanza primaria tienen un puesto de trabajo, pero la proporción sube hasta el 48% para aquellas que han cursado enseñanza secundaria.
En estos países latinoamericanos, la educación desempeña una función más importante para acceder al mercado laboral en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Los hombres que ni siquiera han completado la enseñanza primaria tienen la misma probabilidad de entrar en el mercado laboral que las mujeres con educación superior, en los cuatro países. Y la diferencia es pequeña entre la participación de hombres y mujeres con estudios de primaria y secundaria: es superior al 80%, independientemente del nivel educativo alcanzado.
En los países más pobres, los factores culturales y la ausencia de transporte y guarderías
infantiles asequibles impiden a las mujeres acceder a empleos remunerados. En la India y el Pakistán, por ejemplo, es poco probable que las mujeres accedan al mercado laboral, ya sea con estudios o sin ellos. La única excepción la constituye el escasísimo número de mujeres que acaban la enseñanza secundaria en el Pakistán. Solo una de cada cinco, aproximadamente, alcanza dicho nivel y, por lo general, procede de sectores sociales privilegiados (Aslam, 2013). En cambio, la inmensa mayoría de los hombres se integran en la población activa, en ambos países, independientemente de su nivel educativo.
Se mantiene a las mujeres fuera de la población activa no solo por los estigmas culturales asociados al hecho de tener un empleo remunerado, sino también por las expectativas sociales sobre el tamaño de la familia y las tareas domésticas; por todo ello, las mujeres suelen trabajar durante muchas horas en actividades menos visibles para los encargados de la elaboración de políticas, especialmente en los países más pobres (Bloom y otros, 2009). Por ejemplo, en Jordania, el 25% de las mujeres del medio rural con estudios de primaria trabajan sin recibir remuneración, así como el 7% de las que han cursado enseñanza secundaria.
La educación mejora la probabilidad
de trabajar en mejores condiciones
Las personas con un mayor nivel educativo tienen mejores condiciones de trabajo y más posibilidades de trabajar a tiempo completo, con un contrato seguro. Aunque a veces seprefiere un empleo a tiempo parcial, para los más vulnerables esto significa un empleo poco seguro y peor pagado. La educación hace aumentar la probabilidad de encontrar trabajo a tiempo completo, especialmente en el caso de las mujeres. Entre las trabajadoras del Pakistán, un tercio de las que han cursado la enseñanza primaria tienen trabajo a tiempo completo, así como la mitad de las mujeres con estudios de secundaria trabajan. En cambio, casi todos los hombres tienen trabajos a tiempo completo, con independencia de su nivel educativo.
La educación ayuda a proteger a los trabajadores, hombres y mujeres, de la
explotación, ya que aumenta las posibilidades de obtener contratos seguros. En las zonas urbanas de El Salvador, de los hombres y mujeres empleados que no han finalizado la enseñanza primaria solo el 7% tiene contrato laboral, lo que les hace muy vulnerables. Sin embargo, el 49% de los que han acabado la enseñanza secundaria han firmado un contrato (Gráfico 3.2).
La educación reduce la disparidad salarial
por motivos de género
En términos generales, las mujeres reciben salarios más bajos que los hombres por trabajos comparables. A pesar de que en algunas partes del mundo esta diferencia ha ido disminuyendo, sigue siendo motivo de preocupación (OCDE, 2012). Cuanto más alto es el nivel educativo, menor es la disparidad salarial, incluso en países en los que la discriminación en el mercado laboral supone que las diferencias de género estén fuertemente enraizadas, como se desprende del análisis sobre disparidad salarial por cuestiones de género en 64 países. La educación marca la diferencia en los Estados Árabes, donde las mujeres con estudios de enseñanza secundaria ganan el 87% de lo que reciben los hombres, y el 60% si solo cuentan con la enseñanza primaria (Ñopo y otros, 2011). En el África Subsahariana, los hombres ganan el doble que las mujeres, por término medio, pero la educación tiene un efecto importante en el proceso de colmar la brecha salarial. En Ghana, entre los que carecen de instrucción, los hombres ganan un 57% más que las mujeres, pero la diferencia se reduce al 24% en el caso de los empleados con estudios de enseñanza primaria, y al 16% con los de enseñanza secundaria (Kolev y Sirven, 2010).