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Inventory Control and Recordkeeping System

In document OMB No Expiration Date: 4/30/2014 (Page 87-95)

A pesar del creciente apoyo empírico que han ido recibiendo muchos aspectos de la Teoría de Bowen, debemos señalar que la mayoría de los estudios realizados hasta la fecha se han basado principalmente en autoinformes. Para reducir los sesgos poten- ciales inherentes a los autoinformes, debe crecer el número de investigaciones que utilizan medidores múltiples o medidas observacionales que clarifiquen el papel de la diferenciación, los triángulos y los procesos emocionales familiares en la salud y el funcionamiento del individuo y de la familia. Además de esto, numerosos estudios han utilizado muestras bastante homogéneas en dimensiones de edad, etnicidad y estatus socioeconómico, por lo que también son necesarios nuevos esfuerzos para lograr una validación de los resultados obtenidos generalizable al espectro sociode- mográfico en toda su amplitud.

Pasaremos ahora a exponer las áreas en las que la Teoría de Bowen merece una mayor atención en cuanto a la investigación y la intervención que de ella se derivan. Queremos desarrollar algunas ideas sobre cómo se expresa la Diferenciación del Self en los primeros años de vida, y proponemos un conjunto de procesos interpersonales que pueden ser investigados, a través de los cuales los niveles de diferenciación se transmiten en una familia de una generación a otra. Después, en línea con los esfuerzos de Murray Bowen para desarrollar una teoría de sistemas naturales sobre el comportamiento humano, concluimos con una invitación a poner en marcha nuevas investigaciones sobre la conexión entre neurobiología y conducta, y subrayamos las contribuciones tan valiosas que la Teoría de Bowen tiene que ofrecer a esta conexión.

2.1. La Diferenciación del Self en la infancia temprana

Nuestra hipótesis teórica es que, en los niños, la autorregulación de la emoción y la conducta constituyen el núcleo de sus capacidades para desarrollar un Self diferen- ciado en su sistema familiar. La etapa preescolar refleja un momento especialmente importante en los niños para el desarrollo de la capacidad de regulación y de control de sí mismos, que guardan relación con sus esfuerzos para definir Self en el contex- to de la vinculación con sus cuidadores (p. ej., Grolnick y Ryan, 1989). Experiencias familiares tempranas caracterizadas por la combinación de una autoridad afectuosa junto con un apoyo que busque potenciar la positiva autonomía conductual del niño, en conjunto, promueven la confianza en sí mismo, la autodeterminación y las capaci- dades para la autorregulación (Ainsworth, Blehar, Waters y Wall, 1978; Bowen, 1978;

Cox, Mills-Koonce, Propper y Gariepy, 2010; Kopp, 1989). Desde una perspectiva sistémica de la familia, las habilidades de los padres para regular sus propias emo- ciones, pensar claramente en una situación de estrés y promover tanto la intimidad como la autonomía entre los miembros de la familia, proporcionan en conjunto un apoyo óptimo para que sus hijos interioricen y lleguen a dominar una constelación de funciones reguladoras.

La capacidad para la autorregulación de las emociones y la conducta comienza en la primera infancia y continúa desarrollándose durante toda la niñez (Kopp, 1982; Kopp, 1989; Thompson, 1994). La investigación indica que, en su etapa más temprana, los niños dependen de sus padres y de otras fuentes externas para regular sus emociones y su conducta, mientras que en la edad preesco- lar empiezan a de sarrollar de forma creciente estrategias internas de control, o de autorregulación, de la conducta y las emociones (Thompson, 1991; Winsler, Díaz, Atencio, McCarthy y Chabay, 2000). El desarrollo de la autorregulación es crítico para el funcionamiento global del niño, porque es imprescindible para un desarrollo saludable (Denham, Blair, DeMulder, Levitas, Sawyer, Auerbach-Major y Queenen, 2003; Eisenberg y Morris, 2002; Kopp, 1982; Kopp, 1989; Thompson, 1994).

Las diferencias temperamentales en la habilidad para modular activamente el

arousal, las emociones y el comportamiento son un aspecto de la autorregulación que

resulta esencial para el desarrollo de los niños, debido a su influencia en múltiples niveles del funcionamiento. El control voluntario47 permite la regulación consciente de

la atención, lo que permite a su vez modular los impulsos automáticos de conducta y reemplazarlos por una conducta voluntaria y una atención consciente (Rothbart, Ahadi y Evans, 2000; Rothbart y Bates, 2006). Gracias a la maduración de las redes de atención tempranas, el control voluntario comienza a emerger hacia los 12 meses de edad y continúa desarrollándose rápidamente, con diferencias individuales en su trayectoria que aumentan a lo largo del año y medio siguientes y durante la etapa preescolar (Kochanska, Murray y Harlan, 2000; Kopp, 1982; Rothbart, Derryberry y Posner, 1994; Rothbart y Posner, 2000).

La regulación de la emoción es otra habilidad crítica que se alcanza en la niñez temprana, y que se define como el conjunto de procesos internos y externos involucrados en iniciar, mantener y modular la ocurrencia y la intensidad de las expresiones emocionales, y la adaptación a demandas estresantes y experiencias emocionales (Cole, Michel y Teti, 1994; Thompson, 1994). Los niños pequeños dependen enormemente de sus cuidadores para regular el arousal emocional. Sin embargo, las estrategias de regulación de la emoción aumentan de manera consi- derable cuando los niños realizan la transición hacia el primer año de vida y empie- zan a afirmar su autonomía, a desarrollar su sentido de autoconsciencia y a expe- rimentar la maduración de sus habilidades cognitivas (Kopp, 1982; 1989). Entre el

año y medio y los tres años,48 se observa un uso más planificado de estrategias

atencionales y conductas autocalmantes para regular el arousal emocional (Grol- nick, Bridges y Connell, 1996) y, cuando los niños llegan a la edad preescolar, han aumentado mucho su capacidad para autorregular sus emociones, su atención y su conducta, y son menos dependientes de fuentes externas de regulación. Además, el desarrollo del lenguaje permite que los niños utilicen cada vez más la regula- ción interna de la emocionalidad activando representaciones (Rothbart y Shessem, 2007) y apoyándose en estrategias verbales para regular la emoción (Cole et ál., 1994; Kopp, 1989).

Ya que las necesidades de desarrollo cambian con el transcurso del tiempo (no son iguales en el primer año de vida, que desde los 12 meses hasta los 3 años, y después durante el periodo preescolar —3 a 5 años—), nuestra hipótesis es que padres e hijos de familias más diferenciadas serán capaces de transiciones más suaves desde la co-regulación de la fisiología, las emociones y la conducta, hasta el aumento (adecuado a cada edad) de la capacidad de los niños para regular sus propias emociones y comportamientos. Según Kerr (2008b), los padres menos dife- renciados tienen mayor dificultad para afrontar el reto de proporcionar un apoyo que promocione la autonomía y, simultáneamente, conexión y cuidado, y en su lugar tienden en sus intercambios paterno-filiales a mantenerse fusionados y a caer más frecuentemente en reacciones automáticas de tipo ansioso.

Numerosos estudios han documentado cómo las dimensiones de la Diferenciación del Self de los padres —es decir, afiliación y promoción de la autonomía versus fusión y control— juegan un papel fundamental en la formación de las capacidades de control de la regulación en niños de edad preescolar (Cowan, Cohen, Cowan y Pearson, 1996; Dix, 1991; Grolnick y Ryan, 1989). El apoyo parental afectuoso se ha asociado con una mejora ininterrumpida y longitudinal de la persistencia en las tareas (Deater-Dec- kard et ál., 2006), del control voluntario, y unos niveles más altos de disposición posi- tiva y sincera a obedecer las indicaciones de los padres49 (Kochanska, Coy y Murray,

2001). Por el contrario, un estilo parental hostil, aversivo y controlador (Baumrind, 1994; Cerezo, 1997; Wilson, Rack, Shi y Norris, 2008), frustra el desarrollo del com- portamiento autorregulado y autónomo del niño (Baumrind, Larzelere y Owens, 2010; Trickett y McBride-Chang, 1995). Los hallazgos tempranos de la investigación que estamos desarrollando con fondos del NIMH (National Institute of Mental Health) confir- man que un mayor apoyo parental hacia el comportamiento autónomo positivo de los niños está asociado con una mayor autorregulación psicológica (p. ej., un mayor tono parasimpático; Skowron et ál., 2011). Sin embargo, son necesarias más investigacio- nes para poder corroborar los planteamientos que afirman que en los primeros años de vida la Diferenciación del Self se expresa en la capacidad para autorre gular la atención,

48 O hasta los 4 años según qué investigación se esté consultando.

49 Es la voluntad de seguir las órdenes que se reciben de los padres, sin que estos tengan que supervisar o recordar la orden. Se trata como de una actitud en el niño por la que se ha interiorizado una disposición positiva hacia las indicaciones paternas (N. de los T.).

la emoción y la conducta.50 Además, ¿en qué fase del desarrollo se hacen evidentes

los componentes relacionales de la Diferenciación del Self en los niños? (p. ej., cuando comienzan a participar en el triángulo parental primario, o quizás con el aumento de sus capacidades cognitivas complejas y de abstracción, etc.).

2.2. Desgranando el proceso de transmisión multigeneracional

De acuerdo con los principios centrales de la Teoría de Bowen (1978), las perso- nas llegan a adquirir el nivel de Diferenciación del Self característico de su sistema familiar. Dado que los niveles de Diferenciación del Self son supuestamente trans- mitidos de una generación a otra en la familia, ¿cómo adquieren los hijos niveles de diferenciación aproximadamente equivalentes a los de sus padres?

Nuestra propuesta es que un mecanismo importante por el cual se transmi- te la Diferenciación del Self de padres a hijos, a lo largo de las generaciones de una familia, es un proceso interpersonal llamado «complementariedad», definido como 1) una similaridad, emparejamiento o afiliación, y 2) una reciprocidad en la dominancia/sumisión, que se convierte en algo que la propia relación sustenta y que recibe una influencia bidireccional. En las transacciones complementarias, el compor- tamiento amistoso y cálido tiende a provocar una respuesta de similares característi- cas, mientras que la conducta hostil provoca una respuesta hostil. Del mismo modo, en el ámbito de la interdependencia, la reciprocidad puede dar lugar a conductas dominantes, en las que una persona presiona a otra para conseguir como respuesta una conducta sumisa. Por otra parte, conductas que implican apoyo y respeto hacia la autonomía del otro tienden a generar respuestas de autonomía.

El término complementariedad lo introdujeron por primera vez investigadores de los sistemas familiares (Bateson, Jackson, Haley y Weakland, 1963; Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967), aunque las perspectivas interpersonales e interaccionales sobre la complementariedad existen y han surgido desde diferentes tradiciones y supuestos (Bateson et ál., 1963; Carson, 1969; Haley, 1963; Kiesler, 1983; Watzlawick et ál., 1967; ver Friedlander, 1993, para una revisión). Tanto la teoría como la investiga- ción apoyan la noción de que la complementariedad interpersonal es una propiedad homeostática importante de las relaciones (Friedlander, 1993; Kiesler, 1996), ya sea en los sistemas familiares, los sistemas laborales, las amistades o la psicoterapia. En relaciones significativas de largo recorrido la conducta tiende a suscitar el compor- tamiento complementario, y a restringir conductas no complementarias o simétricas (Heatherington y Friedlander, 1990; Kiesler 1996; Kiesler y Auerbach, 2003; Tracey, 1994; Tracey, Ryan y Jaschik-Herman, 2001). Se ha encontrado que incluso las con-

50 En la infancia, la Diferenciación del Self se expresa en las habilidades para regular la atención, las emociones y la conducta. Estas habilidades representan los «bloques de construcción» o el fundamen- to sobre el que se podrá desarrollar un mayor o menor grado de diferenciación en la adolescencia y la juventud. Influyen en la forma en que el propio niño va a regularse a sí mismo en las relaciones, lo que a su vez generará una serie de experiencias relacionales que modularán el curso de desarrollo que tomarán las capacidades de autorregulación.

ductas de interacción entre extraños se vuelven más complementarias con el tiempo (p. ej., Sadler y Woody, 2003). Los intercambios complementarios son percibidos por la persona como más cómodos, y se caracterizan por una calma mayor y menor malestar o tensión, mientras que las relaciones no complementarias se experimen- tan como más aversivas, inquietantes y menos estables (Tracey, 1994).

Nuestra asunción teórica es que la mayoría de las relaciones estables son comple- mentarias por naturaleza, pues, de acuerdo a lo que Kerr (2008b) expresa de manera muy convincente, para poder afrontar las amenazas a la estabilidad de nuestras rela- ciones hemos desarrollado una sensibilidad extrema a las claves sociales, que a su vez nos alerta de las amenazas a nuestra seguridad en las relaciones importantes. Kerr (2008a) nos ofrece un ejemplo de la sensibilidad relacional que creemos lleva a los individuos a tender hacia intercambios complementarios en sus relaciones román- ticas. En su ejemplo, la tensión surge entre una pareja en la que la esposa hace un movimiento hacia la autonomía. La esposa interpreta las expresiones faciales de su marido y su tono de voz como que se siente decepcionado con ella. Como resultado, ella dice y hace más cosas para agradarlo. Él responde animándose y ella se siente menos amenazada (Kerr, 2008a). Este intercambio homeostático comienza con una asertiva autonomía de la esposa (que provoca ansiedad en su esposo), seguida de la crítica de su marido. La esposa ve que lo ha decepcionado y opta por tomar una postura afiliativa de sumisión —cuando se somete a su esposo, que a su vez se calma tomando una postura afiliativa de control—. Cuando el intercambio termina, el mari- do y la mujer han continuado en un estado complementario que es moderadamente dominante-sumiso y, como resultado, el marido se ha tranquilizado y su mujer se sien- te más calmada, aunque ha renunciado a la posición de autonomía que tenía anterior- mente. Así, en respuesta a la tensión en la relación y al disgusto de la pareja, el otro modifica su comportamiento para continuar en un estado complementario y disminuir la tensión en el sistema. Por supuesto, los papeles en esta dinámica complementaria podrían ser al revés, pueden intercambiarse y todavía serían aplicables. ¿Cuáles son las diferencias individuales y los factores contextuales que determinan qué miembro de la pareja tiende a modificar su comportamiento al servicio de la calma relacional?

Bowen proporciona otro ejemplo de proceso emocional en el contexto de la paren- talidad, por el cual una transferencia relacional de ansiedad entre la madre y el niño se desencadena a través de una serie de intercambios complementarios que van en aumento. Explica:

«[…] el proceso comienza con la ansiedad en la madre. El niño responde de mane- ra ansiosa a su madre, lo cual es malinterpretado por ella como un problema en el hijo. La labor ansiosa de la madre se convierte en una energía sobreprotectora, solícita y compasiva, que está más dirigida por la ansiedad de la madre que por las necesidades reales del hijo. Esto establece un patrón que infantiliza al hijo, quien de manera gradual se vuelve más incapaz y demandante. Una vez que el proceso se ha iniciado, se puede ver motivado tanto por la ansiedad de la madre como por la del hijo.» (1978, p. 381).

En este ejemplo, el niño entra en sintonía con la ansiedad materna y actúa de la manera que la madre «le está pidiendo» (i. e., respuesta complementaria), lo que reduce el malestar materno y, como respuesta, el niño se siente menos ansioso al relacionarse con un progenitor también con menor ansiedad. En otras palabras, a menores niveles de diferenciación tendrá lugar un mayor nivel de negociación y préstamo de Self, y existirá una mayor «presión emocional» para responder de modo complementario al otro. El escenario se repite en innumerables ocasiones, explican- do el desarrollo del pseudo-Self y la tendencia excesiva a apoyarse en el otro para regularse a sí mismo.

Nuestra hipótesis teórica es que los niveles de diferenciación de los padres se transmiten de una generación a otra a través de procesos emocionales que se ponen en funcionamiento y se mantienen mediante los patrones de complementa- riedad de las interacciones familiares. Además, teorizamos que el nivel de diferen- ciación de los padres influye (a) en la naturaleza y el grado de complementariedad en los intercambios paterno-filiales y (b) en la flexibilidad de las interacciones padre- hijo. Aunque se piensa que las transacciones complementarias que se desarrollan en las relaciones tienen lugar sea cual sea el nivel de Diferenciación del Self (Kerr y Bowen, 1988), nuestra hipótesis es que según cuál sea el grado de diferenciación de un sistema, los miembros del mismo dependerán más o menos de la comple- mentariedad para calmarse ellos mismos y calmar el sistema. Con niveles de dife- renciación más bajos, las perturbaciones en la complementariedad de la relación se experimentan como más estresantes y desorganizadas, y esto hace que guarden relación con una menor regulación autónoma en el progenitor y el niño. A la inversa, se espera que las familias con niveles más altos de diferenciación permanezcan calmadas y puedan manejar mejor los estados no complementarios, mostrando una mayor flexibilidad en su respuesta. Por ejemplo, una mayor Diferenciación del Self permitirá que un progenitor se abstenga de igualar el enfado/lamento de su hijo con una respuesta complementaria (crítica) y, en vez de esto, tome una postura no complementaria, más adaptada, resistiendo el «tirón» emocional que le anima a descender a una complementariedad negativa. Animamos a equipos de investiga- ción independientes a que emprendan trabajos de investigación alrededor de estas propuestas sobre la complementariedad interpersonal como vehículo de transmi- sión de los niveles de diferenciación y esperamos sus conclusiones. Más investiga- ción es necesaria también para poder probar si una mayor Diferenciación del Self permite que una persona pueda tolerar y soportar mejor episodios de no comple- mentariedad, y si los estados de complementariedad son más o menos costosos que los estados de no complementariedad. Además, sería interesante saber si los padres desarrollan patrones de complementariedad similares a aquellos presentes en la relación con sus propios progenitores en sus familias de origen. Es imprescin- dible también poner en marcha una investigación que documente de qué modo las dimensiones de la diferenciación aparecen y se desarrollan en la primera infancia y la niñez. Estudios observacionales microanalíticos de las interacciones paternofi- liales utilizando el Análisis Estructural del Comportamiento Social (Benjamin, 1996;

Benjamin y Cushing, 2000), ayudarán a aclarar el comienzo, el tiempo y el recorrido de los procesos relacionales responsables de la transmisión de los niveles de dife- renciación de padres a hijos a lo largo del tiempo, y a establecer un modelo sobre la respuesta emocional contingente y recíproca que tiene lugar entre padres e hijos y, por extensión, en el triángulo parental.

2.3. Estudio de la intersección entre la biología y

la experiencia en las interacciones familiares

Estamos seguros de que los mayores avances en la comprensión del desarrollo infantil y del funcionamiento de las relaciones en los sistemas familiares en el espec- tro de las poblaciones de riesgo (i. e., en situaciones de pobreza, violencia fami- liar, abuso y abandono infantil, dependencia del alcohol y las drogas, etc.), vendrán dados gracias a nuevos descubrimientos que permitan entender las claves del pro- ceso dinámico de relación entre el sistema familiar y la neurobiología de cada uno de sus miembros. El Centro Bowen ha establecido una perseverante, sustanciosa y larga tradición, durante más de 40 años, de vincular a teóricos familiares sistémicos con científicos de diversas áreas de investigación tales como Biología, Física, Antro- pología, Química, Psicología y Medicina. Apoyados en esta tradición, la investigación que estamos desarrollando en nuestro Family Systems Lab busca comprender la asociación dinámica que se da entre la neurobiología y el comportamiento relacional en los sistemas familiares.

Nuestro laboratorio está llevando a cabo una investigación basada en la Teo- ría Familiar Sistémica de Bowen y subvencionada por el NIMH (National Institute of

Mental Health). Uno de sus objetivos ha sido clarificar el modo en que convergen en

los padres los índices psicológicos y conductuales de diferenciación. También se ha buscado conocer el grado de correspondencia que existe entre (a) el apoyo que ofrecen los padres a sus hijos en los esfuerzos de estos tanto hacia la vinculación como hacia la autonomía, (b) los índices de respuesta al estrés en los niños y (c) sus habilidades de regulación emocional, conductual y psicológica. Debemos recordar que Bowen afirmó que la Diferenciación del Self opera tanto a niveles psicológicos como fisiológicos, indicando que:

«El funcionamiento emocional incluye fuerzas automáticas que […] la biología

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