7.4 Image Selection
7.4.3 Irrelevant Images
El análisis de la argumentación pretende distinguir los distintos elementos y vínculos que componen y explican el funcionamiento de la estructura argumentativa. La representación gráfica de la estructura argumentativa mediante diagramas es una forma fácil y clara de analizar una argumentación, pero supone la reconstrucción de los elementos y vínculos de aquella mediante los medios de la representación gráfica. En la diagramación de una argumentación, se utilizan cajas, que son contenedores de argumentos, y flechas que representan el vínculo argumentativo. Para analizar una argumentación no son operativos los componentes del modelo de argumento de Toulmin, que nos sirvió para analizar un argumento en particular.
El diagrama se va construyendo de arriba hacia abajo, y de izquierda a derecha. La primera fila o estrato superior del diagrama es ocupado por la caja que contiene la conclusión principal de la argumentación. El segundo estrato del diagrama argumentativo la ocupa la primera fila de argumentos, cuyo vínculo argumentativo con la conclusión se representa mediante flechas. Si la argumentación se compone de un solo argumento, podría representarse con dos
cajas, la que contiene la conclusión principal en el estrato superior, y la que contiene el argumento en el segundo estrato:
Un argumento se compone de una o más premisas. Si tiene más de una premisa, se compondrá de una premisa principal y de co-premisas. Así una argumentación simple, que contiene un único argumento, podría representarse como sigue:
La fila de argumentos que ocupan un estrato argumentativo se puede ordenar de distintas maneras, por ejemplo de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda. Es necesario exponer los criterios de organización de las filas de argumentos: Conclusión principal Premisa principal Co- premisa Etc Conclusión principal Argumento primero
A su vez, los argumentos que forman parte de una fila o estrato argumentativo pueden ser vinculados o coordinados. Los argumentos vinculados se suman para inferir la conclusión, y actúan constituyendo un único vínculo argumentativo. Los argumentos vinculados se representan en cajas distintas, pero confluyendo en la conclusión mediante una única flecha. Los argumentos coordinados, en cambio, fundamentan por separado la conclusión, de manera que cada uno de ellos representa una vínculo argumentativo independiente. Los argumentos coordinados se representan en cajas distintas, pero confluyendo en la conclusión mediante una única flecha:
Argumentos vinculados Argumentos coordinados
Conclusión principal
Arg. 1º Arg. 2º Arg. 3º Etc.
Conclusión principal
Arg. 1º Arg. 2º Arg. 3º Etc. Conclusión
principal
Arg. 1º Arg. 2º Arg. 3º Etc. Conclusión
principal
Los argumentos pueden ser a favor, o en contra de una conclusión. Los argumentos a favor se denominan argumentos sin más, y los argumentos en contra se denominan contra-argumentos. Los argumentos a favor fundamentan o demuestran la conclusión; en cambio, los contra-argumentos debilitan o rebaten la conclusión principal. Los contra-argumentos pueden ser de dos tipos: en primer lugar, los contra-argumentos que se dirigen a rebatir la conclusión principal; en segundo lugar, los que se dirigen a demostrar la conclusión contraria o antitesis de la conclusión principal. Este último tipo de contra-argumentos suelen colocarse a la izquierda en el diagrama, vinculados a su conclusión que es la antitesis de la conclusión principal y se representa confrontada con ésta mediante una doble flecha.
Los contra-argumentos que se dirigen a rebatir la conclusión principal pueden ser de tres tipos: en primer lugar, los que se dirigen a rebatir la conclusión principal; en segundo lugar, los que se dirigen a rebatir el vínculo argumentativo entre algún argumento y su conclusión; y, por último, los que se dirigen a rebatir las premisas de algún argumento de la conclusión principal.
El tercer estrato del diagrama de argumentos es la segunda fila de argumentos, compuesta de sub-argumentos y refutaciones de contra-argumentos. Sub-argumentos son argumentos que fundamentan a otros argumentos o a contra-argumentos. Las refutaciones son sub-argumentos que rebaten contra- argumentos. Todos los argumentos y contra-argumentos del tercer estrato para abajo, es decir de la segunda fila de argumentos en adelante, son sub-argumentos o refutaciones de contra-argumentos:
Los argumentos que no se apoyan en sub-argumentos han de ser autosuficientes, es decir que sus premisas han de poseer una evidencia
conclusiva. De esta condición son todos los que ocupan el último estrato en el diagrama argumentativo.
Procedimiento para comprobar la relevancia de un argumento.-
Este método de relevancia consiste en la proyección de un argumento hasta la conclusión principal de la argumentación, a fin de comprobar si conduce o no conduce finalmente a ella, y en qué grado la afecta. Este método es contextual, requiere conocer, no sólo las premisas y la conclusión del argumento, sino también la conclusión principal de la argumentación de la que éste forma parte. Requiere además información sobre lo que puede ser aceptado como habiendo sido probado por el argumento que precede al argumento evaluado.
Se considera relevante el argumento que forma parte efectiva de una cadena argumentativa que conduce a la conclusión principal. Los programas informáticos de diagramación de argumentos son una buena herramienta para extrapolar argumentos y comprobar así gráficamente su relevancia en la argumentación.
De forma general, podemos comprobar la relevancia de un argumento por el método de extrapolación, sirviéndonos de un programa informático de diagramado en el modo siguiente:
1. Se elabora el diagrama de toda la argumentación, representando también las partes no expresadas, que operan de manera implícita en la argumentación.
2. Se identifica la conclusión principal de la argumentación.
3. Se identifican las formas dialécticas de los argumentos que conectan las premisas con las conclusiones de la cadena argumentativa, marcándolas en el diagrama.
4. Se identifica la cadena argumentativa, que conduce desde el argumento analizado hasta la conclusión principal de la argumentación. Si no forma parte de ninguna cadena argumentativa que conduce a la conclusión principal, entonces es irrelevante.
5. Se evalúan cada uno de los argumentos que componen esa cadena argumentativa, controlando el grado de aceptabilidad de sus premisas y la relevancia de las formas dialécticas aplicadas para inferir sus conclusiones.
6. Se comprueba si la aceptabilidad de la conclusión principal depende de la presencia o ausencia del argumento evaluado, y en qué medida afectan a aquélla los reajustes en el grado de aceptabilidad de las premisas de éste y en la fuerza de su vínculo dialéctico. Si la ausencia del argumento no afecta en nada a la aceptabilidad de la conclusión principal, el argumento es irrelevante en la argumentación. En caso contrario, el argumento será relevante, siendo su relevancia tanto mayor, cuanto más dependa la aceptabilidad de la conclusión principal del grado de aceptabilidad de sus premisas y de la fuerza de su vínculo dialéctico.
El análisis y la evaluación sistemática de una argumentación presuponen, su reconstrucción como si formara parte de una discusión crítica.
La doctrina propone las siguientes estrategias para la reconstrucción de textos argumentativos:
a. Reconstrucción máximamente razonable, cuya premisa es el imperativo siguiente: todo discurso o texto ha de orientarse a resolver una diferencia de opinión, y todos los actos de habla realizados deben de ser
interpretados como contribuciones potenciales a la obtención de ese objetivo. Esta estrategia puede servir de método para analizar las partes de un discurso o texto cuyo estatus argumentativo no sea claro, adoptando como punto de partida teórico la distribución de los actos de habla según el modelo ideal de una discusión crítica.
Esta estrategia opera con los actos de habla en los varios estadios de la discusión crítica. Por ejemplo, en el estadio argumentativo, esta estrategia implica la estrategia de la interpretación máximamente argumentativa, según la cual la fuerza comunicativa de la argumentación se atribuye a aquellos actos de habla, que pueden tenerla, a menos de que se disponga de una clara indicación de que sea incorrecto.
b. Interpretación máximamente argumentativa, no sólo se aplica a actos de habla asertivos, sino también a actos de habla implícitos, que en primera instancia parecen ser compromisos, directivas, expresivos, o declarativos, pero que sólo cumplen una función con sentido dentro de la discusión crítica, después de ser reconstruidos como parte de la demostración. Se tiende a interpretar como elemento de la argumentación, todo lo que parece tener ese sentido.
c. Análisis máximamente argumentativo, lleva a considerar una estructura argumentativa como coordinada, no como subordinada, cuando no es posible determinar a cuál de las dos estructuras responde un texto, porque de esta manera hay garantía de que cada argumentación singular es examinada según su propia fuerza argumentativa. Está estrategia también es una consecuencia de la estrategia general de reconstrucción máximamente razonable.
La reconstrucción analítica se desarrolla idealmente siguiendo las etapas siguientes:
1. Eliminar las partes del discurso o texto que son irrelevantes para la resolución de la diferencia de opinión en cuestión. Lo redundante o no importante para el análisis sobra.
2. Añadir las partes relevantes que están implícitas en el discurso o texto. Explicitar la fuerza comunicativa de puntos de vista y argumentos, también las premisas implícitas. Se hace explícito todo lo implícito (en lo indirecto, elíptico, presupuesto, etc.) que es relevante en el análisis.
3. Sustitución o remplazar las formulaciones ambiguas o innecesariamente vagas por otras más claras, así que todo lo relevante en la argumentación está incluido de manera inequívoca. Se busca reconstruir el orden apropiado de presentación.
4. Permutación, que requiere que las partes de la argumentación sean reordenadas donde sea necesario de tal manera que aporten mejor su relevancia en el proceso de resolución. Buscar una formulación precisa e inequívoca de los elementos relevantes.