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4. Challenges of JHA databases and smart borders: data protection, privacy,

4.1 The challenges of data protection and privacy

4.1.4 Are JHA databases necessary?

En el orfismo existía un mito según el cual el origen del mundo estaba en un huevo. Esa idea se encuentra en muchas culturas de la tierra: Polinesia, India antigua, Indonesia, Irán, Grecia, Fenicia, Estonia, Letonia, Finlandia, entre los pangwe del África occidental, en América Central, etc. Eliade afirma que “el centro de difusión de este mito debe buscarse probablemente en la India o en Indonesia”.1068 Su existencia en el Nuevo Mundo reabre el debate sobre el difusionismo.1069 A nivel

arqueológico aparece desde la prehistoria: “numerosas sepulturas de Rusia y Suecia nos han transmitido huevos de arcilla. En el ritual osírico el moldeado de huevo con ayuda de ingredientes diversos (polvo de diamante, harina de higos, aromáticos, etc.) desempeña un papel sobre el que no tenemos todavía suficiente información. Las estatuas de Dionisos encontradas en las tumbas beocias llevan todas un huevo en la mano (Nilsson, Geschichte d. griech. Rel., i, p. 565) signo de retorno a la vida. Esto explica la prohibición órfica de comer huevo (Rohde, Psyché, tr. Fr., p. 366, n. 2; Harrison, Prolegomena, p. 629), pues el orfismo persigue en primer lugar la salida del ciclo de las reencarnaciones infinitas, dicho de otra manera, la abolición del retorno periódico de la existencia”.1070 También Bachofen se dedicó a estudiar

1066 Lapidario órfico, 645-659.

1067 Bachelard, G., La poética del espacio, F.C.E., México, 1975, p. 144.

1068 Eliade, M., Tratado de Historia de las Religiones, ediciones Era, México, 1972, p. 369. También puede verse Campbell, J., El héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito, F.C.E., México, 1959, especialmente pp. 248-267.

1069 Félix Báez, Jorge, “Homshuk y el simbolismo de la ovogénesis en Mesoamérica. (Reflexiones en torno a los radicalismos difusionistas)”, en Antropología Mesoamericana, homenaje a Alfonso Villa Rojas, Gobierno del Estado de Chiapas-Consejo Estatal de Fomento a la Investigación y Difusión de la Cultura, Tuxtla Gutiérrez, México, 1992.

algunos huevos mistéricos procedentes de Italia (p. ej., en Villa Pamfili) en su Simbólica Sepulcral.1071 En

la civilización egipcia, la más antigua que registró por escrito este mito, tomaba diversas formas: según algunos, a Swht lo puso un pájaro primordial (un canario, una gallina, una avestruz, etc.); para otros, lo puso la Ogdóada; para unos terceros, el huevo provenía del aire (Swh). El contenido del mismo también varía según las versiones: el huevo era la casa de la Ogdóada (es decir, donde se encontraban las cuatro parejas primordiales); contenía las semillas del mundo (del material y del inmaterial); contenía aire (que es lo que separa al cielo y a la tierra, a la diosa Nut del dios Geb); es la casa del espíritu (Atum, Re-Atum, etc.); él mismo es el dios primordial, en lugar de ser la sede del dios primogénito. La diversidad de versiones no debe interpretarse como contradicciones del antiguo mito. Más bien, como concluye Bilolo, debe hablarse de “usos metonímicos y metafóricos del huevo” y no tanto de un “mito del huevo original”.1072

Lo interesante de lo resumido a propósito de Egipto es que coincide plenamente con el mito órfico, que se desarrollará cientos de años después.1073

M.L. West,1074

a pesar de que reconoce que el origen del mito de la ovogénesis probablemente esté en Egipto, piensa que el origen de los mitos griegos de este tipo debe buscarse fundamentalmente en la India, Irán y, sobre todo, Fenicia, porque como dijimos anteriormente, durante el siglo VIII a.C. Grecia recibe enorme influencia del Próximo Oriente (Periodo Orientalizante). Además, la influencia es también en el campo de los mitos, porque el mito del dios primigenio castrado, como ya vimos, también existía en el Próximo Oriente antes que en Grecia. Para fundamentar el origen fenicio del mito del huevo cósmico en Jonia West se centra fundamentalmente en tres fuentes griegas que aluden al mito fenicio: Eudemo de Rodas, Damascio y Filón de Biblos. La primera de ellas la incluyó Eudemo en un escrito sobre tempranos pensadores, griegos y bárbaros. La segunda la añade Damascio a la de Eudemo cuando comenta a éste. La tercera es una traducción de Filón de una versión de un tal Sanchuniathon de Beirut. Reproducimos el cuadro comparativo que se desprende del análisis de West.1075

1071 Bachofen, J.J., Mitología arcaica y derecho materno, ed. Anthropos, Barcelona, 1998.

1072 Bilolo, M., Les cosmo.theologies philosophiques d’Heliopolis et d’Hermopolis, essai de thématisation et de systématisation, Kinshasa- Libreville-Munich, 1986.

1073 West, M.L., The orphic poems, Oxford, Clarendon Press, 1983, p. 105; en pp. 103ss. analiza el motivo de Protogonos y el huevo.

1074 West, M. L., “Ab ovo: Orpheus, Sanchunathion, an the Origins of the Ionan World Model”, en The Classical Quaterly, New Series, Vol. 44, No. 2 (1994), pp. 289-307..

1075 West, M. L., “Ab ovo: Orpheus, Sanchunathion, an the Origins of the Ionan World Model”, en The Classical Quaterly, New Series, Vol. 44, No. 2 (1994), p. 302.

La postura de West es que lo fundamental del mito fenicio se habría transmitido durante el siglo VI a.C. (si no ya durante el VII a.C.) a no sólo las narraciones míticas de Ferécides y de las cosmogonías órficas, sino que también a las primeras reflexiones de la filosofía milesia, especialmente en Tales y Anaximandro, y de forma más diluida en Anaxímenes, Anaxágoras, Leucipo y sus seguidores atomista y Diógenes de Apolonia. No nos interesa enfocarnos en las diferencias de los elementos que se observan en las diferentes versiones que West recoge, sino más bien anotar que estos elementos también son constantes en las versiones órficas. El huevo primigenio concentra luz, soplo aéreo, amor/armonía, etc., lo que le lleva a explotar desencadenando el mundo, imagen que todavía usa hoy la física para explicar el origen del universo.

En torno al huevo cósmico convergen la intimidad, calidez, simplicidad, fuerza, hermetismo y fertilidad del hogar. El huevo ya no es como la tierra o el mar, materia amorfa necesitada de forma. Es el principio de la diferenciación, y por ello en él aparecen símbolos nocturnos y diurnos.

Fr. 101: “Cantaré para conocedores el relato órfico y sagrado, que no sólo demuestra que el huevo es más antiguo que la gallina, sino que le atribuye absoluta prioridad de nacimiento sobre todo el conjunto de la creación”.

Fr.114: “Luego dispuso el gran tiempo en el Éter divino un huevo como la plata”.

Fr. 116: “Y aquel huevo era retoño de Éter y de Abismo [...] y El éter es raíz de todas las cosas”.

Fr. 117: “Llevado en alto por el espíritu divino que se había apoderado de él. Este inmenso feto se dispuso a aparecer a la luz, como una obra de arte animada salida del seno del abismo infinito; se asemejaba a un huevo por su redondez y a un pájaro por su rapidez”.

Fr. 124: “Hermosísimo hijo de Éter”.

Fr. 125: “El resplandeciente hijo primogénito de Éter inmenso”.

Fr. 126: “Así que lo llaman Fanes y Primogénito, porque fue el primero que se manifestó en el Éter”.

Escultura que representa a Helena naciendo del huevo, 425-400 a.C.. Metaponto, tumba de la localidad de Torretta Potenza, Sopritendenza Archeologica della Basilicata.

Estos fragmentos ponen de relieve la vinculación del huevo con el éter, que es uno de los elementos fundamentales de la naturaleza, pero precisamente el menos material de todos. El huevo nace del útero de Éter, siendo así empollado en la materia más sagrada, hasta que de su interior nace Fanes.

Fr. 123: “A primogénito nadie lo vio con sus ojos, sino la Noche sagrada; ella sola, y todos los otros se admiraban al ver en el éter un fulgor inesperado, tanta luz emanaba del cuerpo del inmortal Fanes”.

Fr.121: “Rasgó luego Fanes la nube, la esplendente túnica, y, una vez rota la descomunal cáscara del huevo, saltó el primerísimo y echó a correr el machohembra Primogénito el muy honrado”.

Fr. 122: “El nebuloso Abismo y el Éter sin viento se hendieron por la sacudida de Fanes”.

Cuando Fanes nace sólo la Noche sagrada lo ve, porque la Luz se arranca de las Tinieblas. Es curiosa esa apreciación del fr. 123 porque, en aparente contradicción con una mente analítica, dice que “todos los otros” no vieron más que el fulgor inesperado en el éter, pero sólo Noche vio a Primogénito con sus ojos. Quizás esto tenga que ver con que la inmensidad de luz que es Fanes sólo puede ser contenida por el recipiente sagrado: la Noche. Para su nacimiento, el andrógino primordial tuvo que romper la infinita nube, o el nebuloso abismo, que lo rodeaba en forma de cascarón. Como más adelante veremos, la mitad superior del cascarón formó el cielo, y la inferior, la tierra, con lo que la comparación que se hace entre el cascarón y una túnica en el fr. 121 es relevante. Como veremos, el cielo (especialmente el zodíaco) es mencionado en los textos órficos como el peplo de Perséfone.

Estos primeros momentos de la cosmogonía del huevo desde antiguo se interpretaron desde un punto de vista metafísico.

Fr. 127: “(I) En muchos pasajes Orfeo llama con precisión Fanes al unigénito hijo del dios. Cree en efecto que le es adecuado el nombre porque aparece (phainontai) por doquier eterna e invisiblemente y porque propicia que todas las cosas aparezcan (phanenai) de su anterior no-ser. Presenta a Fanes como demiurgo de todas las cosas [...] por cuya causa aparecieron (ephne) todas las cosas. // (II) Asimismo lo llamaron Fanes, de “aparecer”, porque cuando apareció, cuentan, la luz comenzó a brillar”.

Fr. 120: “La sustancia en su totalidad, movida por el tiempo, concibió el cielo, esférico y que todo lo abarca, como un huevo. Éste, al principio, estaba lleno de una médula fecunda, capaz de dar a luz elementos y colores de todas clases, aunque esta apariencia abigarrada se producía a partir de una sola sustancia y de un solo color. En efecto, de igual modo que en la generación del pavo real el huevo no muestra sino un solo color, pero en potencia contiene en sí mismo los innúmeros colores que va a tener cuando legue a su perfección, así también el huevo animado nacido de la materia indefinida, por el impulso de la materia subyacente y en continuo flujo hace aparecer variados cambios […] Pues bien, el huevo primigenio calentado poco a poco se rompe por el animal que hay dentro de él”.

En el fr. 127 Fanes no es interpretado ya como un personaje mítico o la luz misma, sino más bien como el principio que ilumina y ordena el mundo, porque está por doquier eternamente, pero invisiblemente. El fr. 120 es todavía más conceptual, ya que la alusión al huevo es por comparación. En él se nos dice que la sustancia concibió, movida por el tiempo, el cielo en forma de huevo. Esta idea reafirma la teoría de Durand, según la cual el orden del mundo es la regularidad cíclica aplicada, mediante las estructuras, a la sustancia infinita. Pero curiosamente, el fragmento entiende que sólo el cielo es como un huevo, lo que puede interpretarse como el reconocimiento de las eclípticas celestes y/o el origen celeste de la creación. La materia subyacente y amorfa acaba cediendo a la forma, que emerge por la regularidad cíclica del movimiento animal que dentro del huevo percute. Los infinitos colores de la materia de nuevo remiten al vestido de la Diosa.

El modelo embriológico del mundo (la ovogénesis) se ha usado como ejemplo de mito racionalizado, afirmando que supone una etapa posterior en el desarrollo de la ciencia a las explicaciones antropológicas y sexuales del nacimiento del mundo.1076

Tal argumento y ciertos indicios nos invitan a reconocer conocimientos empíricos en el mito del huevo primordial, fundamentalmente astronómicos.

Fr. 118: “(el huevo o Fanes) se lanzó por un círculo indecible.”

Fr. 119: “Y por un inmenso círculo incansablemente se movía”.

Fr. 143: “que por doquier giras a impulso de tus alas”.

Fr. 173: “subido en él (el carro), el gran demon (Fanes) está siempre haciendo su ronda”.

El huevo nace en la Noche, y es el primero que brilla, en algún caso, y el que da la luz, en otros. Lo puso Tiempo, lo que significa que la aparición de Fanes y el huevo implica la consciencia de tiempo. Por tanto, dado que el tiempo es regularidad, el inmenso círculo por el que incansablemente se mueve el huevo es en algún sentido regular (temporal). Fácilmente puede leerse en estos fragmentos la descripción de una órbita, por la que Fanes se mueve como un pájaro en forma de huevo. Podríamos preguntarnos qué es lo que tiene verdaderamente tal forma, si el objeto que gira incansablemente o el recorrido por el cual gira. Si la respuesta fuese la segunda, estaríamos hablando de una órbita elíptica. Que se lo compare con la plata, en lugar de con el sol, invita a su identificación con la luna, porque la plata es simbólicamente el material de la luna,1077

lo que reforzaría novedosamente las teorías de la Diosa Luna de Graves. Sin embargo, el hecho de que Fanes sea descrito como eminentemente luminoso invita a pensar que su descripción como plata es sólo parcial. Sea lo que sea, el primer nacido nace de la

1076 Baldry, “Embryological Analogies in Pre-socratic Cosmogony”, en The Classical Quarterly, Vol. 26, nº I, enero de 1932, pp. 27-34.

Noche, y es precisamente lo primero que puede verse en ella. Es lo primero que tiene identidad, el primer Ser, quizás tanto en sentido óntico como ontológico. La Noche lo precedió, pero de ella sólo puede decirse que es oscura, es decir, que no tiene ni forma ni atributo visible: es el No-Ser desde donde se arranca el Ser.

El papel del Abismo y el Éter es también relevante. Aunque es difícil distinguir entre ellos, quizás tengan un papel similar al de Noche: el de ser matriz o útero de la forma primera. El éter no puede reducirse a una dimensión meramente espiritual, porque la división espíritu-materia no es obvia en Grecia. El éter es, con Aristóteles, la parte superior y más bien material del cielo. Es precisamente donde se sitúan las estrellas, lo que quizás legitima todavía más nuestra pregunta sobre un cuerpo celeste llamado Fanes y que fue el primero en hacer la luz sobre las regularidades celestes. Pero por el otro lado, el Éter es también aquello que comparten el cielo y los humanos: el movimiento circular, garante de la inmortalidad, es propio del alma (pneuma) porque es propio en el éter.1078 Ese parentesco común explica

que tanto los astros como las almas se muevan rotando de forma racional. Platón dice:1079

“aquello que se acuerda en llamar alma no es otra cosa que la substancia que tiene la facultad de moverse por sí misma”.

Según Rougier,1080 Aristóteles pensaba que tal idea procedía de los pitagóricos, que como sabemos, están

interconectados con el orfismo.

En el caso de que la forma ovoide se deba al propio huevo primigenio, y no a al movimiento del pájaro primordial, debemos interpretarlo de forma diferente. El pensamiento tradicional expresa la primera manifestación cósmica por un círculo que rodea un punto (por ejemplo, el jeroglífico egipcio del sol y del tiempo), y que deriva del símbolo de la esencia (el punto, inconmensurable). Por ejemplo,

1078 Rougier, L., Religion astrale des pythagoriciens, Presses Universitaires de France, Paris, 1959. 1079 Platón, Leyes, X.

1080 Rougier, L., Religion astrale des pythagoriciens, Presses Universitaires de France, Paris, 1959, p. 57. Huevo de Helena depositado en un

altar. Los dos principales personajes espectantes probablemente son Leda y Tindáreo. Siglo V a.C, Museo de Nápoles. La fotografía e información nos la ha proporcionado la arqueóloga A. Cortés.

en la tradición islámica no hay forma hasta que la tinta escribe el alef. 1081 El punto expresa la esencia sin

forma. La tinta es la materia, y los primeros trazos alfabéticos la conforman, con lo cual se hace más comprensible que Dios creara mediante el Verbo. La forma ovoide es la primera forma de diferenciación, y es por ello que habitualmente se relaciona con el principio de la manifestación del cosmos.1082

Por eso los alquimistas usaron el athanor para experimentar con la materia. Fácil es relacionar lo dicho con la piedra ovoide de Delfos, el centro del mundo, vomitada por Crono, y que simboliza el anuncio del nuevo reino, el de Zeus. Tampoco sobra preguntarse si alguna mención a juegos de pelota o huevos en Grecia puede tener que ver con el episodio cosmogónico que tratamos, y éstos representar a nivel microcósmico, como el athanor, el huevo primigenio.

Homero narra como el monstruoso Tifón nace de dos huevos:

“Dicen que Ge, irritada por la muerte de los Gigantes, calumnió a Zeus ante Hera y que ésta fue a contárselo a Crono; éste le dio dos huevos untados con su propio semen y le ordenó que los depositara bajo tierra, diciéndole que de ellos iba a nacer un démon que depondría a Zeus de su poder. Ésta, irritada como estaba, los puso bajo el monte Arimón de Cilicia. Mas, cuando nació Tifón, Hera, reconciliada ya con Zeus, se lo reveló todo; éste le fulminó y puso al monte el nombre de Etna”.1083

Quién sabe si el nacimiento de Tifón no tenga que ver con el de Fanes. Ambos son monstruosos en su aspecto y ambos nacen de huevos. Además, ambos estaban destinados a ser reyes, todo lo que los une también con el Ofioneo mencionado en el libro de Ferécides. Parece ser que también Epiménides, en su obra Oráculos, hablaba de una teogonía supuestamente revelada por un oráculo en la que el mundo empezaba con “Aer” (aire) y Noche dando a luz a Tártaro. Luego dos titanes producían un huevo y dioses a partir de aquí.1084

Un fragmento de Apolonio cuenta una anécdota que evoca el huevo cósmico, cuando narra que Afrodita le promete a Eros un juguete que Adrastrea le dio a Zeus,

“una pelota ligera (…) sus círculos están formados de oro, y a cada uno por ambos lados lo ciñen dos anillos redondos (…) si lo lanzas para recogerla en tus manos, como una estrella describe por el aire un trazo humano”.1085

La pelota recuerda la esfera original, sobre todo porque es de oro y precisamente pertenece a Eros quien, veremos, converge y se confunde con Fanes en el orfismo. Además, Adrastrea, que desde época helenística se identifica con Ananke (la Inevitabilidad),1086

implica orden y necesidad. La mención de la

1081 Burckhardt, T., Ensayos sobre el conocimiento sagrado, Palma de Mallorca-Barcelona, 1999. 1082 Guénon, R., Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, ed. Paidós Orientalia, Barcelona, 1995. 1083 Homero, Ilíada, 2, 783 = KyR 52.

1084 Diógenes Laercio, 1.112, cf. West, M.L., The orphic poems, Oxford, Clarendon Press, 1983, p. 46. 1085 Apolonio de Rodas, Argonáuticas, iii, 135 ss.

estrella remite a su sentido cosmológico. Los círculos que forman la pelota (cabe suponer que las costuras que van de un anillo a otro, de arriba abajo) son precisamente de oro, lo que recuerda la cadena áurea del mundo. La observación toma cuerpo si tenemos en cuenta que justo antes de este pasaje Apolonio describe como Eros y Ganímedes juegan con tabas doradas,1087 evocando la imagen de una

columna vertebral áurea, la de la cadena de oro que recorre el mundo desde lo más alto a lo más profundo. Pero además, tanto las tabas como la pelota recuerdan los regalos que Dionisos recibió de los titanes.

Fr. 306: “Celebran los misterios de Dioniso de una forma salvaje. En torno suyo, aún niño, se agitan en danza armada los Curetes, pero los Titanes se introducen en medio con astucia y, tras engañarlo con juguetes infantiles, sí, estos Titanes, lo despedazaron, cuando era aún muy pequeño, según afirma el poeta de la iniciación, el tracio Orfeo: un peón, una