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Los antecedentes de esta investigación mostraron que las prácticas de enseñanza guardan una lógica en la construcción y distribución androcéntrica de los poderes y saberes en la sociedad, manifiesta en la forma de la organización escolar basada en la división sexual y social del trabajo (Apple, 1989). En esa dirección, se encontró que las experiencias asociadas con la satisfacción profesional están mediadas por procesos de elección profesional en los que inciden experiencias reconocidas a escala mundial tales como “la feminización de la educación”. Esta es entendida como la presencia mayoritaria de las mujeres en una profesión organizada por mecanismos de poder androcéntrico. Esto hace que los cargos de dirección estén mayoritariamente en cabeza de los varones. En consecuencia, los procesos de feminización de la educación inciden en la elección profesional que las mujeres hacen del magisterio; así, el 70% de la población docente en Bogotá está en cabeza de las mujeres. La tendencia de ellas hacia la profesión docente se evidencia en relatos como el siguiente: “Estudié la oferta más cercana que mi familia consideró pertinente. No hice elección libre de mi profesión, pero mi padre, pensando en mi futuro, como hija única, quería que lograra independencia económica…” (P132220). Con el surgimiento de las Escuelas Normales, el magisterio se constituyó en la opción profesional de las mujeres, confirmando, como en otros países, la feminización de la educación como un fenómeno mundial.

Aunque, algunas docentes expresaron haber elegido el magisterio como profesión, respondiendo al auge de una profesión caracterizada de manera relevante para mujeres, encontramos que a la hora de elegir profesión, los y las docentes del Distrito Capital

mostraron mayor inclinación a la profesión por vocación: “Soy profesora por vocación, ser profesora nació conmigo” (P31212). La vocación entendida como “amor a la profesión”, que en este sentido significa mayor dedicación y preocupación por los estudiantes, es menospreciada al asociarse con un modelo de feminidad. En una profesión feminizada como el magisterio, la vocación está relacionada con las características tradicionales femeninas y, en consecuencia, el estatus de la docencia se convierte en una desventaja. Por lo tanto, podemos asociar el problema de la “crisis de identidad profesional docente” con el desprestigio de las mujeres en la sociedad. En consecuencia, para las mujeres la elección de una profesión feminizada supone iniciar un proyecto de vida en situación de discriminación.

Estudios en Estados Unidos y Europa descubrieron que los procesos de feminización del magisterio en la educación básica surgieron desde el siglo XIX y se repitieron como un modelo dominante en todo el planeta (López, 2006). La feminización docente y la construcción del magisterio como una semiprofesión a lo largo del siglo XX han puesto a las maestras en situaciones de desventaja profesional en relación con sus pares varones, lo cual hace que ellas estén peor remuneradas y que su labor sea menos reconocida profesionalmente. Lo anterior hace que, como en el caso de Bogotá, las mujeres se sientan menos satisfechas que los varones en el ejercicio del magisterio. En ese sentido, una maestra del sector privado dijo: “De acuerdo a la realidad y diversidad colombiana en todos los ámbitos, incluido el escolar, con todas las problemáticas que estos suscitan, tales como distintos grados de matoneo, pandillismo, drogadicción, violencia, embarazos no deseados, etcétera entre los casos más graves, y falta de respeto y pérdida de la autoridad entre los casos más inmediatos y reales, en casi todas las aulas ocurre algo grave con los maestros (P11P5). En contraste, un maestro del sector oficial dijo: “La enseñanza es una experiencia que llena el alma, porque

además del conocimiento pedagógico debe estar lo académico, el conocimiento del saber específico” (P61216).

En este estudio se evidenció que las mujeres se sienten menos satisfechas en el ejercicio de su profesión. El prestigio del que goza el sexo masculino genera correspondientes formas de valoración hacia ellos. En el caso de las mujeres, no ocurre lo mismo. El grado de insatisfacción presenta diferencias entre quienes trabajan en el sector público y el sector privado. Existe una brecha enorme en la manera como se ejerce la profesión docente en estos dos sectores, la vinculación a las instituciones educativas privadas en muchos casos se hace en condiciones de proletarización. A su vez, esta insatisfacción está relacionada con la feminización de la profesión, en la que predominan las mujeres, salvo en los cargos de dirección y poder, la mayor parte en cabeza de los varones. La insatisfacción de las mujeres en el ejercicio de la docencia se convierte así en una clave para comprender que no es lo mismo ser mujer, que ser varón en el magisterio; como no es lo mismo ser mujer en una institución privada que ser mujer en una institución pública. Las experiencias entre varones y mujeres también marcan diferencias, por lo que podemos afirmar que las maestras construyen planes de vida en una profesión feminizada y, en muchos casos, en condiciones proletarización.

En relación con los procesos de reconocimiento de sí (autoimagen) y el reconocimiento social, autores como Bolívar (2006) han señalado que, aparte de los factores estructurales y sociales, como la legitimación de la escuela y el reconocimiento social de la labor docente, se requiere un mayor apoyo de la administración educativa en defensa del colectivo docente. En el caso del magisterio bogotano, en esta investigación se evidenció una falta de reconocimiento por parte de los pares y las políticas públicas. Relatos como el

siguiente ponen de manifiesto la creciente inconformidad de los docentes por la falta de reconocimiento profesional: “Al maestro lo explotan y utilizan hasta cuando tenga vida útil. A cambio de un sueldo muy bajo, le explotan su sabiduría, su trabajo intelectual” (P72223). La repetición de este tipo de manifestaciones en los relatos nos permitió colegir que el aspecto de la identidad relacionada con el reconocimiento social y de sí mismos se ha puesto en cuestionamiento y saca a la luz una ruptura con el reconocimiento de una profesión que en los siglos anteriores gozó prestigio.

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