CHAPTER 7 – REFERENCES
7.1 Journal references
La Antártida, por su constitución física, configura una singularidad geográfica de caracteres propios que la distinguen del resto de los continentes. Se ha calculado su superficie en aproximadamente 13.900.000 Kms. cuadrados, incluyendo las plataformas de hielo que rodean al continente y se proyectan en el mar. Está totalmente aislada de las otras masas continentales, circundada por aguas oceánicas heladas en las que se encuentran enclavados grupos diversos de islas, muchos de ellos de origen volcánico. Se ha denominado a estas aguas Océano Antártico, y en ellas confluyen las extremidades meridionales de los océanos Atlántico, I ndico y Pacífico.
Denominada por los cartógrafos del siglo XVI como “Terra Australis I ncógnita”, aunque ya en la Edad Media se intuía su existencia, su denominación definitivamente aceptada (Antártida) tiene un origen aún más remoto. Fueron los griegos, los que a partir del descubrimiento que nuestro planeta gira sobre un eje de rotación, denominaron polos a los puntos en que ese eje corta la superficie terrestre. Al polo norte se denominó “Articus”, desde el siglo V a. de C., porque sobre el mismo se encuentra la estrella polar que pertenece a la constelación de la Osa Mayor (“Arktos”, que en griego significa “oso”) y por contraposición al polo sur lo denominaron “antiártico”, del cual deriva su actual denominación “Antártico”.
Los geólogos aceptan que la Antártida como continente se formó cuando una parte del continente mesozoico denominado “Gondwana” -en el que habrían estado unidas América del Sur, África, Australia y la India- se fracturó en otros más pequeños y en diversas islas. La Antártida habría derivado hacia el sur hasta ubicarse en la actual área polar, perdiendo las manifestaciones de vida al cubrirse de hielo. Las similitudes estructurales entre el Continente y las partes
embargo, como es de suponer, caen además todo tipo de peces, los que son desechados y arrojados al mar, razón por la cual la zona se ha convertido en el paraíso de las aves rapaces”.”Los ejemplares que se arrojan al mar, como la merluza, el cazón, el abadejo, la raya y hasta ejemplares de salmón, son especies que no les sirven a los navíos depredadores. Se calcula que se arrojan al mar un promedio de 10 toneladas de pescado diariamente y por cada barco, lo que implica un millón de kilogramos diarios.” (CRESTO, Juan José: Ob. cit. págs. 931/ 932)
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de Australia y Sudáfrica -en el caso de la Antártida Occidental- han llevado a especular sobre la existencia de yacimientos de uranio, cobre, molibdeno, níquel, cromo, cobalto y torio; habiéndose registrando la presencia de hierro y carbón.
Actualmente, los fenómenos del cambio climático como consecuencia del calentamiento global, han producido la ruptura de importantes barreras de hielo antártico, elevado los niveles de temperatura del continente de manera significativa y modificando el ritmo de las especies que habitan el lugar, especialmente en el mar.
Centrado en el Polo Sur Geográfico, unos 757 kilómetros separan a la Antártida del Cabo de Hornos, extremo meridional de América del Sur y 1.000 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, capital de la provincia argentina de “Tierra del Fuego, Antártida e I slas del Atlántico Sur”. El acceso al continente por vía marítima se encuentra restringido a ciertas zonas y exclusivamente durante la temporada estival, como consecuencia del congelamiento de una gran porción de las aguas antárticas, proceso que se inicia normalmente a principios del otoño. El campo de hielo se origina en el Continente o en sus bordes, y posteriormente es empujado por los vientos mar adentro, en dirección hacia el norte. Esta barrera de hielo se extiende hasta cerca de los 55º S en el Océano Atlántico y aproximadamente los 64º en el Océano Pacífico, aislando al Continente Antártico de buques desde marzo hasta noviembre. El único que puede ser utilizado durante todo el año es el medio aéreo, siempre hacia y desde lugares que cuenten con la infraestructura adecuada y en condiciones meteorológicas que permitan la operación.
Sin embargo -de continuar el fenómeno del calentamiento global- podría estarse ante la apertura de una nueva ruta marítima comercial en el Océano Antártico como consecuencia del deshielo parcial de esta vía acuática, similar a lo que ya está ocurriendo en el Océano Glacial Ártico. En este sentido, es sugestivo que los argumentos de la Comisión de Defensa y Seguridad del Parlamento Europeo que está estudiando la europeización de las bases de ultramar de sus miembros, entre las cuales la de mayor significación es la establecida en el archipiélago de las I slas Malvinas por el Reino Unido, sea el objetivo de “proteger las rutas comerciales”. Esto demuestra la importancia geopolítica que puede llegar a tener esta área geográfica que constituye la última reserva de recursos naturales del planeta e incluye los grandes espacios vacíos de nuestra Patagonia Austral.
Desde la época colonial, la corona española consideraba como propias las regiones polares antárticas, ya que la bula intercaetera, ratificada por el Tratado de Tordesillas, establece la línea demarcatoria de las posesiones portuguesas y españolas del polo norte al polo sur. Los monarcas ejercieron esta jurisdicción creando en 1534 la provincia del Estrecho y encomendando la explotación y conquista hasta “…dicho estrecho de Magallanes y la tierra que
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está en la otra parte de él…”239 quedando dichos territorios incorporados al
Virreinato del Río de La Plata por real cédula de 1776.
Durante el siglo XVI I muchos navíos españoles habían cruzado el paralelo 60º S realizando el descubrimiento y avistaje de numerosas islas subantárticas, por lo que al crearse el nuevo virreinato se tenía conciencia de extender estas posesiones a la “Tierra Australis I ncógnita”, entre los que podemos citar a las travesías de los navíos “León” (1756) y “Aurora” (1762). Los foqueros, marinos y comerciantes del puerto de Buenos Aires habían realizado desde fines del siglo XVI I I numerosas incursiones a las islas del Océano Antártico ubicadas al sur del paralelo 60º S, cuyas riquezas eran explotadas por los mismos y ya desde 1818 se registran autorizaciones otorgadas por el Consulado de Buenos Aires para la instalación de establecimientos dedicados a la captura de lobos marinos en las islas subantárticas.240
El 10 de junio de 1829 el Gobierno de Martín Rodríguez estableció la Comandancia Política y Militar de las I slas Malvinas y este decreto de la autoridad argentina es la primera norma legal de la que se tenga noticia, que obliga a la protección y conservación de la fauna de las islas antárticas adyacentes al cabo de Hornos, con el objetivo de preservar la misma de la explotación indiscriminada, ya que desde fines del siglo XVI I I las focas y distintas especies de pingüinos habían sido objeto de un exterminio brutal en las costas patagónicas. Debemos recordar que Luis María Vernet detuvo cuatro goletas norteamericanas que infringieron estas disposiciones, lo que dio lugar a la intervención del cónsul estadounidense en Buenos Aires y al ataque armado de Puerto Soledad por la goleta de guerra norteamericana “Lexington”, procediendo los agresores a la destrucción de la colonia argentina y que el gobierno de EE.UU. no hizo lugar a los reclamos del nuestro, reconociendo derechos a Gran Bretaña. Por lo que no puede asombrarnos que este mismo país violara las normas del TI AR para apoyar al Reino Unido durante la Guerra del Atlántico Sur de 1982.
A mediados del siglo XI X comienza el interés científico internacional por las tierras polares, alternándose los buques que transportaban hombres de ciencia
239 BI ANGARDI DELGADO, Carlos Alberto: Hacia una Política Antártica Nacional con
Consenso Sudamericano. Instituto de Relaciones Internacionales (IRI). La Plata, 1994, pág. 17
240 Rodolfo A. Sánchez, en su obra Antártida. Introducción a un continente remoto, relata
que: “En febrero de 1819, William Smith, a bordo del bergantín mercantil Williams, contratado por una firma británica radicada en Buenos Aires y en paso hacia Valparaíso, documentó la presencia de tierras a los 62º 27’ S y 60º 08 O (probablemente algún accidente de la isla Livingston). Smith sólo confió el dato al jefe de la misión británica en Chile, capitán William Shirreff, quien tomó el dato con cierto escepticismo. Smith regresó a Montevideo, y en octubre de 1819 volvió al mismo punto a reclamar la posesión británica de las tierras descubiertas. La sorpresa fue que en dicho sitio hallaron los restos de un navío español, el San Telmo, que había partido de Cádiz en mayo de 1819 con 644 hombres a bordo. La flota –el San Telmo más dos fragatas- se dispersó luego de pasar la Isla de los Estados. Con excepción del San Telmo el resto de la flota alcanzaría Valparaiso para inicios de octubre, refiriendo los avatares de la nave, a la que siguieron hasta los 61º S, intentando socorrerla, luego de lo cual fue perdida de vista (Editorial Albatros. Buenos Aires, 2007. Págs. 101/ 102).
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con los buques foqueros y balleneros. La República Argentina también desarrolló una actividad pionera en este ámbito, combinándola con las actividades comerciales que ya realizaba desde la época de la colonia. En este sentido es de destacar la labor desarrollada por Estanislao Zeballos como presidente del I nstituto Geográfico Argentino, quien fue un fervoroso defensor de los intereses nacionales en la zona austral.
Entre todas estas experiencias merece destacarse la del ingeniero rumano- argentino Julio Popper, quien desde 1892 establece un asentamiento denominado “El Páramo” en la I sla Grande de Tierra del Fuego y explora toda la zona adyacente hasta el Cabo de Hornos, roza la Antártida y las Shetland del Sur y levanta mapas que acreditan a las islas Picton y Nueva -en el Canal de Beagle- como pertenecientes a la República Argentina. La actividad de Julio Popper otorga a nuestro país la calidad de primer ocupante de estas regiones australes, corroborado por las concesiones administrativas otorgadas al mismo por el gobierno nacional en la I sla Grande y en las denominadas “islas de oro” (Pícton, Lenox y Nueva).
Finalmente, no podemos dejar de recordar al comerciante y empresario argentino Luís Neumayer, quien solicitó autorización para la exploración y reconocimiento de la “Tierra de Grand”. La autorización fue otorgada por el presidente Luís Sáenz Peña con fecha 29 de diciembre de 1824 aunque con prohibición de realizar explotación económica alguna, considerando que la expedición “es un acto de soberanía sobre tierras cuya posesión corresponde a la República Argentina por su situación geográfica y cuya posesión pacífica de esta forma es reafirmada nuevamente” 241
En 1895 se realizó en Londres el VI Congreso Geográfico I nternacional, seguido en 1899 del VI I Congreso Geográfico I nternacional de Berlín. En ambos se manifestó el interés por el conocimiento del Continente Antártico, única zona del globo terrestre que aún resultaba inaccesible al conocimiento científico. De sus conclusiones surgió la recomendación de organizar una expedición científica internacional, para realizar observaciones de los fenómenos de la naturaleza en la zona austral. Debemos destacar que ya en 1882 el profesor Bachean de la Universidad Nacional de Córdoba, había recomendado al I nstituto Geográfico Argentino una tarea similar.
Por pedido del barón de Richthfer el gobierno argentino instaló un observatorio en una isla del grupo de las islas Año Nuevo (I sla de los Estados) y es importante recordar sus palabras al fundamentar el pedido ya que se trataba del presidente del VI I Congreso Geográfico I nternacional: “…se trataría ante todo, para el Gobierno Argentino, de mandar a hacer los mismos trabajos metereológicos y magnéticos que harán las dos expediciones (alemana y británica) y durante el mismo tiempo, es decir del mes de octubre de 1901 hasta el mes de diciembre de 1903 más o menos…” y continúa -y esto es un reconocimiento muy importante- “…habiendo el Gobierno de la República Argentina demostrado siempre tener el mayor interés por las regiones del polo sur, la presidencia del Congreso arriba citado, espera que no negará su
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concurso a esta empresa internacional de la cual se espera obtener resultados de la mayor importancia para la ciencia…” 242. El observatorio se inauguró y puso en funcionamiento el 1º de marzo de 1902 trabajando en forma continua hasta el 31 de diciembre de 1917, derivando de esta instalación el nombre de “I sla Observatorio” con lo que se conoce a este lugar desde esa fecha.
En 1903 la corbeta “Uruguay”, de la Armada de la República Argentina -que hoy es un museo flotante y puede visitarse en Puerto Madero- rescató en las regiones polares a la expedición sueca del doctor Otto Nordenskjöld, de la que formaba parte el alférez de la marina argentina José María Sobral, trasladándolos desde Cerro Nevado hasta Buenos Aires.
En 1904 el gobierno argentino se hacía cargo de unas pequeñas instalaciones y de un observatorio meteorológico y magnético construido por una expedición privada en la isla Laurie, del archipiélago de las I slas Orcadas del Sur. Estas instalaciones se convirtieron -a partir del 22 de febrero de dicho año- en la primera base antártica permanente habitada por el hombre. Junto a la misma se instaló la primera oficina de correos que funcionó en la Antártida, dependiendo la misma de la Dirección General de Correos y Telégrafos de la República Argentina. Con este hecho trascendente nuestro país se convirtió en el único país del mundo que se había establecido en forma permanente en las regiones polares, exclusividad que mantuvo durante más de cuarenta años, constituyendo con ello un valioso título de dominio sobre las mismas, desde el punto de vista del Derecho Internacional.
En 1904 se establece también una factoría de pesca argentina en la I sla San Pedro (Georgias del Sur), iniciándose con este antecedente la explotación moderna de la industria ballenera por nuestro país.
En 1905 el gobierno argentino establece la segunda estación meteorológica permanente que se registra en la zona subantártica, ubicada en Grytviken, isla San Pedro, archipiélago de las Georgias del Sur. De esta fecha data la primera información de la estación instalada por el Ministerio de Agricultura en las proximidades de la Compañía Argentina de Pesca.
A partir de esa fecha la República Argentina realizó una intensa actividad científica y de ocupación efectiva en forma permanente e ininterrumpida del territorio, creándose en 1940 la Comisión Nacional del Antártico con el objeto de entender en todos los asuntos vinculados a los intereses argentinos en dicho continente, y a partir de la campaña antártica 1941/ 1942 se abrió una etapa de marcado desarrollo de las actividades argentinas en la Antártida, estableciéndose paulatinamente diversas instalaciones durante las campañas antárticas anuales, mientras se realizaban investigaciones en diversas disciplinas científicas. El 17 de abril de 1951 se creó el I nstituto Antártico Argentino, que fuera el primer organismo dedicado exclusivamente a las investigaciones antárticas en el mundo al momento de su creación.
En cuanto al régimen administrativo interno, el 7 de abril de 1948 se incluyó el Sector Antártico Argentino y las islas del Atlántico Sur no comprendidas bajo otra autoridad nacional, en la jurisdicción del Gobernador Marítimo del
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Territorio Nacional de Tierra de Fuego, denominándose a partir del 28 de febrero de 1957 “Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e I slas del Atlántico Sur”.
El 26 de abril de 1990 el Congreso Nacional sancionó la Ley 23.775 de Provincialización del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e I slas del Atlántico Sur, sin embargo el Poder Ejecutivo vetó al promulgarla el art. 1º que establecía los límites de la nueva provincia y hubo que esperar hasta 9 de diciembre de 2009 cuando el PEN promulgó la Ley 26.552 que establece los límites definitivos de la “Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e I slas del Atlántico Sur”, incluyendo en el territorio de esta provincia a los archipiélagos de las I slas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur usurpados militarmente por el Reino Unido y al Sector Antártico Argentino, los que habían sido incorporados por el Reino Unido al tratado de Lisboa como posesiones de ultramar de la Unión Europea.
Se ha discutido en el momento del debate de la Ley 23.775 si existía o no una restricción jurídica a la casi total eliminación del Paralelo 60º S como delimitatorio de soberanía en la Antártida por ser nuestro país parte originaria del Tratado de Washington de 1959. Sin embargo, dicho tratado -ratificado en 1961 por la República Argentina- no prohibe en ninguno de sus artículos una delimitación de los espacios marítimos como lo establecía el art. 1º de la citada ley. La misma constituye un acto administrativo interno que no vulnera las disposiciones de los artículos 4 inc. 2º y 6 del Tratado Antártico que establece que “no se harán nuevas reclamaciones a las anteriores hechas valer, mientras el presente tratado se halle en vigencia” y que “las disposiciones del presente Tratado se aplicarán a la región al sur de los 60º de latitud Sur”. El artículo vetado no modificaba los reclamos históricos de soberanía que la República Argentina dejó presente a la firma y ratificación del Tratado Antártico y en los debates previos durante la Conferencia de Washington, solamente realizaba una demarcación de espacios marítimos que ni siquiera comprendían a la región situada al sur del paralelo de 60º Sur.
Desconocemos que los representantes de los países europeos firmantes del Tratado de Lisboa hayan tenido tantos pruritos cuando aceptaron la incorporación de los archipiélagos de las I slas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y el denominado “Territorio Antártico Británico” como territorios de ultramar del Reino Unido, estando en conocimiento de numerosas resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que reconocen la existencia de un conflicto argentino-británico por la soberanía de estos archipiélagos y siendo la mayoría de ellos miembros del Tratado Antártico. Lo que sí conocemos es que se produjo la inmediata reacción de las autoridades británicas ante la sanción de la Ley 26.552 y que el mismo canciller del Reino Unido, Chris Bryant, salió a manifestar públicamente que “el Reino Unido rechaza firmemente esa ley”243 ya que Gran Bretaña no tendría dudas de su soberanía sobre los archipiélagos de las I slas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y el “territorio antártico británico”.