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4. Diversity and restrictions

4.1 Diversity

4.1.1 The socio-economic, labour market and poverty context of the SADC region

4.1.1.4 The regulatory framework

4.1.1.4.3 Jurisprudential responses

Crisis bancaria: un nombre para un fraude

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esde que existen los intermediarios financieros ha habido crisisbancarias, que así se llaman en los ambientes profesionales; aunque, como ya se ha visto y se verá en este capítulo, bajo tal nombre se esconde

el fraude que los banqueros más egoístas y temerarios provocan en las instituciones que dirigen.

Las crisis bancarias vienen explicándose tradicionalmente por las propias características de la actividad de los bancos. Captar depósitos del público para luego prestarlo dicen que entraña cierto riesgo que, a veces, aboca a la crisis cuando la institución se ve inmersa en una coyuntura desfavorable. Pero lo cierto es que los banqueros, los seres más egoístas de la Creación, nunca regalan nada, y así, cuando conceden un préstamo, lo hacen con todas las garantías, y esperándose lo peor, es decir, que el prestatario no pueda restituírselo; salvo, claro está, que ellos mismos sean los beneficiarios, directa o indirectamente a través de sociedades interpuestas.

Los especialistas siguen atribuyendo las crisis bancarias a esa doble relación que hacen los intermediarios financieros entre los titulares de saldos temporalmente ociosos y los demandantes de crédito. Se dice que a veces son los prestatarios los que inducen las crisis, calculando mal las posibilidades de restitución de sus préstamos, o viéndose inmersos en un ambiente económico desfavorable; otras se atribuyen a hundimientos imprevistos de la inversión; otras se imputan a políticas monetarias restrictivas, con una mayor competencia entre bancos; o en ocasiones se explican por la extensión de desconfianza generalizada de la sociedad hacia el Sistema Bancario. Mas lo cierto es que la causa de las crisis bancarias es siempre la misma: montajes fraudulentos de los banqueros, apalancándose su efecto por el propio fraude bancario que subyace en esta actividad.

La facultad de los bancos para crear dinero sin esfuerzo ha atraído en todas las épocas la atención de los gobiernos y de los particulares más privilegiadamente educados; de forma, que cuando no unos, los otros han provocado todas y cada una de las crisis bancarias acabadas en bancarrota que se recuerdan.

La crisis del primer banco español, constituido en 1799 como sociedad por acciones, el Banco de San Carlos, es considerada la primera de la época moderna en nuestro país. Se atribuyen sus problemas a impagados del Estado, que incumplió abiertamente el pago de las provisiones realizadas a la Armada y al Ejército; pero la crisis de 1794 no indujo una cadena de empobrecimiento general, porque el San Carlos no se había dedicado a la captación de fondos del público, ni a emitir billetes; la mayor parte de su actividad se financiaba con capital social. Sin embargo, a partir de que España entrara en guerra con Francia y, posteriormente, con Inglaterra, el Banco varió su estrategia, aunque con suma prudencia, y comenzó a emitir vales reales que incluían un interés del cuatro por ciento, de forma que el público entregaba su efectivo al Banco y éste le otorgaba dichos documentos, convertibles en efectivo a voluntad de su tenedor. Los ahorros de los particulares eran confiados al Banco, y con ellos se financiaba la Real Hacienda, que aumentaba su deuda. Y así se sucedieron las emisiones de vales hasta que su proliferación indujo el hundimiento de su cotización, por lo que en julio de 1799 se decretó el curso forzoso de los vales reales a su entero valor nominal; y, como efecto de ello, tuvo lugar la preferencia por el metálico, revalorizándose la plata y desapareciendo del tráfico. Lo que siguió es la misma historia de siempre: los tenedores de vales reales acudieron en masa al San Carlos para canjearlos por metálico. Así se cuenta lo sucedido en la Memoria de la Junta de Accionistas

de 1799:

La Dirección omite molestar a VV.SS. con el triste recuerdo del apresuramiento con que se agolparon a las puertas del Banco los tenedores de cédulas y vales de dinero, y del temor de su descrédito y ruina total que debió influir tan inesperada concurrencia; pero no pasará en silencio que con esta previsión, y constante el Banco en sus principios, se propuso reducir con puntualidad cuantas cédulas y vales se le presentaron, y cumplir todas las obligaciones a efectivo, ampliando para ello las horas de despacho por la mañana, y habilitando las tardes, cuyo religioso desempeño, que no ha tenido correspondencia de parte de los deudores del establecimiento, es el que más ha contribuido a consolidar su opinión dentro y fuera del Reino.

El Banco de San Carlos, no obstante, no llegó a suspender pagos y superó la crisis de 1799; en ello influyó sin duda la escasa proporción de los recursos ajenos frente a los propios, que a pesar de todo había conseguido mantenerse. La segunda crisis de la Banca en España se produjo en 1847, cuando operaban dos instituciones: el Banco Español de San Fernando, sucesor del San Carlos, y el Banco de Isabel II, fundado en 1844. Mucho se ha dicho en cuanto a las causas de esta nueva crisis, imputándosela a malas cosechas de la agricultura, o la crisis multinacional de la época, se dice que iniciada en

Londres y transmitida a Francia, Países Bajos y Alemania. En todo caso, hubo una pérdida de confianza del público en las instituciones bancarias que hizo emerger el fraude bancario y el posterior hundimiento. Y así, a las diversas circunstancias que confluyeron en ese momento, ha de sumarse en el caso del Banco de Isabel II que en años anteriores había concedido préstamos a los accionistas con la garantía de los propios títulos del Banco; conque de nuevo aparece el verdadero motivo de la crisis: el engaño tradicional de los

banqueros.

En 1866 tuvo lugar una nueva crisis bancaria tras la legislación aperturista de 1856. Esta vez se ha pretendido explicarla por el exceso de oferta de servicios ferroviarios, al abrirse al tráfico las líneas desde Madrid a los Pirineos, al Cantábrico, al Mediterráneo y a Andalucía. Se dice que la inesperadamente baja rentabilidad de las compañías ferroviarias, que habían sido financiadas por la Banca, puso a ésta al borde del abismo; pero lo cierto es que en esas compañías, como ocurrió con el Banco de Amsterdam y se ha repetido desde entonces, participaban los banqueros, que sólo así conceden créditos blandos, porque a los demás prestatarios les exigen garantías muy superiores al valor de los préstamos otorgados. Esta crisis se resolvió mediante la absorción por el Banco de España de todas las entidades emisoras, salvo los que dejaron de serlo, como fueron los casos del Banco de Bilbao y del Banco de Santander.

Hacia 1882 volvió a repetirse el episodio de crisis bancaria, con quiebra y cierre de numerosas instituciones, sobre todo en Barcelona. En 1874 se había concedido el monopolio de emisión al Banco de España y el resto de las entidades se dedicaban al depósito y al crédito. En este caso sí se ha reconocido que la mayoría de las sociedades de crédito carecían de la más mínima fiabilidad financiera, eran sociedades especulativas, muy apartadas del fin social que la Banca ha de garantizar.

A partir de 1900 el sector bancario español evolucionó hacia instituciones fuertes, con grandes dotaciones de capital social, enormes volúmenes de depósitos, y combinándose actividades de descuento, crédito a largo plazo y participación directa en inversiones. Pero un año antes de iniciarse la primera guerra mundial, en 1913, se plantearon nuevos problemas al Sistema

Bancario. Y así, el Banco Hispanoamericano, fundado en 1901, entró en

suspensión de pagos por efecto de las noticias de Méjico, en plena guerra civil, que movieron a una retirada masiva de los depósitos. Pero, al hallarse sus activos en buen estado de salud, es decir, habiéndose realizado una gestión leal del crédito, con las debidas garantías, bastó con un exiguo préstamo del Banco de España y, sobre todo, con sus propios recursos, para

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CRISIS BANCARIA 1977-1985 (valores en millones de pesetas)

año recursos recursos año recursos recursos

BANCO crisis propios ajenos BANCO crisis propios ajenos

NAVARRA 77 1.808 16.725 FINANZAS 85 5.903 35.582

CANTÁBRICO 78 908 10.725 URQUIJO UN. 84 23.342 567.377

MERIDIONAL 78 1.651 8.305 PAÍS 80 1.925 952

VALLADOLID 78 2.648 24.189 EXPORTACIÓN 80 607 5.709

GRANADA 78 3.275 40.687 RURAL MEDIT. 81 3.657 45.986

CRÉDITO CO. 78 1.051 5.674 URQUIJO 81 26.624 376.866

ASTURIAS 79 1.070 12.008 COCA 78 4.871 111.057

LÓP.QUESADA 80 3.187 32.657 INTER.COM. 82 5.415 69.696

PRO.NEGOC. 80 1.728 17.092 VALENCIA 85 8.079 153.721

CAT.DESC. 80 3.445 45.585 GARRIGA NO. 85 6.283 154.332

MADRID 80 6.644 97.464 IBÉRICO 77 5.527 105.001 IND.MEDIT. 80 2.653 46.231 IND.CATALU. 82 8.996 102.595 OCCIDENTAL 81 7.658 103.970 IND.MEDITE. 82 3.653 45.486 COMERC.OCC. 81 2.305 11.815 BARCELONA 82 887 10.914 DESCUENTO 81 2.632 23.133 GERONA 82 435 1.586 PIRINEOS 81 1.453 7.718 ALICANTE 82 2.410 26.364

UNIÓN 82 11.350 168.755 CRÉDITO IND. 82 2.417 5.277

PRÉST.AHOR. 82 2.307 20.320 SIMEÓN 83 3.469 44.703

MAS SARDÁ 82 3.795 63.084

LEVANTE 82 4.331 77.234 RUMASA (*) 83 45.547 802.185

CATALANA 82 10.956 236.124 TOTALES 235.902 3.771.737

(*) Los bancos de RUMASA eran: ATLÁNTICO, ALBACETE, ALICANTINO, CONDAL, EXTREMADURA, GENERAL, HUELVA, INDUSTRIAL DEL SUR, JEREZ, LATINO, MURCIA, NOROESTE, NORTE, OESTE, PENINSULAR, SEVILLA, TOLEDO, MASAVEU, EXPANSIÓN INDUSTRIAL y CIAL.CATAL.

que el Hispanoamericano superara la crisis.

Más recientemente, la crisis bancaria de los años 1977 a 198512 se produjo, como ya se vio en el capítulo I, por el siempre presente factor desencadenado por el fraude de los banqueros al Sistema. Fueron 53 los bancos letalmente enfermos, el 52 por ciento del total. El pasivo afectado por la crisis sumaba 3.771.737 millones de pesetas, distribuidos en 2.245.236 millones de depósitos, 295.200 millones en bonos y obligaciones, 124.909 millones por acreedores en moneda extranjera, 61.516 millones en efectos y demás obligaciones a pagar, y 1.044.866 millones en deudas a entidades de crédito y financiación del resto del Sistema. La principal causa de esta crisis se reproducía: la conducta de los banqueros. Eran frecuentes las concentraciones de riesgo en empresas del mismo grupo sin la debida solvencia, proliferaban los créditos cruzados, se utilizaron sociedades instrumentales para enmascarar las operaciones con empresas vinculadas, se reaccionaba ante la crisis revalorizándose activos artificialmente, simulando beneficios inexistentes, o realizando operaciones ilegales entre los bancos y ciertas sociedades de los banqueros, etc.

La historia enseña que las crisis bancarias acaban mal sólo cuando los banqueros defraudan la gestión leal que su privilegio exige. Existen

ejemplos, como los casos del Banco de San Carlos o el Banco Hispanoamericano, que demuestran cómo un banco puede superar situaciones difíciles siempre y cuando la gestión crediticia esté sustentada por las suficientes garantías. Es al ablandarse esas exigencias de solvencia en el propio provecho de los banqueros cuando los problemas se han manifestado irreversibles; o cuando se defrauda la promesa de pago recogida en los documentos bancarios, emitiéndose excesivo papel, que no es sino dinero simulado. Así que bajo el nombre de crisis bancaria se esconde en realidad el fraude de los banqueros, que es el principal factor que desencadena esos tristes episodios. Pero, como el Sistema tiene que seguir funcionando, porque dicen que sería peor el remedio que la enfermedad, actúan con sigilo y resuelven calladamente estas situaciones a costa de todos los ciudadanos y sin que se percaten de ello. Así dirigen estos modernos faraones los destinos de la humanidad. Ellos, los divinos, aunque nos engañen a todos, seguirán haciendo de las suyas impunemente.

Para quien pensara que las crisis bancarias eran cosa del pasado, se expone a continuación el desplome económico de la economía argentina, acaecido recientemente. Es un ejemplo más de cómo la mentira asociada a las finanzas es capaz de hundir en la miseria a un gran y rico país. El fraude bancario sigue haciendo estragos. La crisis argentina afectó gravemente al Uruguay, con una economía muy dependiente de su vecino, obligando a este pequeño país a establecer su particular corralito financiero, algo que los uruguayos no habían conocido hasta entonces.

Argentina venía transformándose en un país de desocupados y los cordones de pobreza crecían alrededor de las grandes ciudades. Argentina vivía el proceso más rápido de empobrecimiento de una sociedad occidental en tiempos de paz. Su PIB cayó un 4 por ciento en 1995, un 1 por ciento en el 2000 y un 5 por ciento en el 2001. Se preveía que para el 2002 caería más del 10 por ciento. La renta per cápita disminuyó más de un 20 por ciento en 4 años y aumentó la exclusión social. Entre 1970 y 2000, el número de personas en situación de pobreza extrema pasó de 2 a 5 millones, el número de personas en situación de pobreza pasó de uno a 14 millones. El desempleo aumentó del 3 al 20 por ciento de la población activa El analfabetismo pasó del 2 al 12 por ciento.

A finales de 2001 Argentina se vio sacudida por una crisis económica y social sin precedentes. El país descubrió en pocos meses el estado de ruina en que se encontraba: en diciembre de 2001 Argentina apareció como protagonista en todos los medios de comunicación del mundo entero. La gente salía a la calle a montar caceroladas para protestar por las hasta entonces desconocidas medidas económicas del Gobierno.

Fernando de la Rúa había sido elegido presidente en 1999. Reafirmó el cambio fijo que desde 1991 ligaba el peso al dólar con paridad uno a uno. En medio de la recesión rebajó en 2001 los salarios de los funcionarios y anunció un recorte del gasto público para paliar el enorme déficit fiscal. Tras estas y otras medidas restrictivas adoptadas por el ministro Cavallo, investido de máximos poderes para reconstruir la economía, el 3 de diciembre de 2001 estalló la bomba: el Gobierno puso en marcha el denominado corralito financiero y limitó a 250 dólares la cantidad semanal que cada persona podría retirar de su cuenta bancaria.

El denominado por los argentinos corralito no es sino la vieja medida de restricción de pagos para que no quiebre la Banca. Los banqueros habían vuelto a hacer de las suyas y habrían de pagar las consecuencias los clientes. ¡La historia de siempre! Es fácil imaginar lo que supone que uno no pueda disponer de su dinero para sus necesidades o proyectos. El efecto sobre la economía es demoledor. Nuevamente en el origen de una crisis se esconde la Banca como insidiosa causa primera y fundamental.

Aparte de los problemas con el Fondo Monetario Internacional, que retuvo 1.260 millones de dólares por incumplimiento de las medidas fiscales, el Banco Mundial y el BID congelaron préstamos por valor de otros 1.230 millones. El Gobierno además se enfrentaba a la rebelión social en protesta por el corralito. Con este motivo, el 13 de diciembre de 2001 se produjo una huelga general que llevó a la dimisión de importantes miembros del Gobierno. A duras penas se conseguía cumplir con el FMI, que impuso al Gobierno un presupuesto «creíble» para 2002. El 18 de diciembre se produjo el estallido social, con saqueos de supermercados y se desató la violencia, forzando al Gobierno a decretar el estado de sitio.

Tras la dimisión de De la Rúa, el 23 de diciembre de 2001 fue nombrado Rodríguez Saa por el Parlamento para sustituirle. Enseguida decretó la suspensión de pagos más grande de la historia, prometió la creación de un millón de empleos y ofreció ayudas para los más desfavorecidos; pero el corralito ni tocarlo. A los cuatro días dimitió ante la dimensión de las protestas generalizadas.

El 2 de enero de 2002 fue nombrado presidente el peronista Eduardo Duhalde. El 3 de febrero, flexibilizó el corralito, aunque no lo eliminó. Los argentinos podrían acudir a los bancos a retirar de una vez su salario, las indemnizaciones por despido y las pensiones de jubilación. ¡Cuánta generosidad que la gente pueda disponer de lo suyo! Sin embargo, éste era el cebo, porque la trampa estaba también servida: el Gobierno decretó la pesificación de la economía, con lo cual todos los contratos, deudas y depósitos se convertirían de dólares a pesos, dejando al peso cotizar libremente respecto al dólar.

El 6 de febrero de 2002 la Corte Suprema de justicia declaró el corralito inconstitucional, pero el Gobierno respondió acusando de soborno y extorsión a los jueces, que deberían ser juzgados y forzados a abandonar sus cargos, éste era el

objetivo de la acusación. Llegaron a registrarse más de 120.000 demandas contra el corralito.

El 11 de febrero de 2002 el Gobierno se sometió a la prueba de fuego: ordenó la reapertura de los bancos, bajo las nuevas condiciones del corralito, produciéndose grandes colas y esperas. Pero, como era previsible, bajo las nuevas condiciones de cambio libre la cotización del dólar se disparaba, dada la desconfianza en el peso, y el Gobierno no podía controlar la caída de su moneda, que llegó a cotizarse a un tercio de dólar, depreciándose hasta la tercera parte de su valor inicial. Los ciudadanos ya habían sido desposeídos de dos tercios de su dinero mediante esta maniobra monetaria. Esos dos tercios deberían estar en los bancos, pero no estaban porque otros se los habían llevado antes. Aunque con este artificio empezaban a cuadrar las cuentas.

Las autoridades intervinieron masivamente el mercado y lograron frenar la caída del peso. Simultáneamente, el 18 de abril de 2002 se decidió suspender las resoluciones judiciales que ordenaban el reembolso de los depósitos a sus propietarios y se mandó cerrar los bancos para evitar la fuga masiva de depósitos. Argumentaban que de no hacerlo así los bancos quebrarían y esto sería la ruina de todos. ¡Vaya explicación! Para que no quiebre el ladrón la víctima no ha de exigirle lo que le arrebató.

El 29 de abril de 2002 se produjo la reapertura de los bancos, manteniendo en vigor el corralito y poniendo a prueba la fortaleza del peso. Eduardo Duhalde anunció el 8 de mayo de 2002 que en otros cuatro meses se pondría fin al corralito financiero que desde otros cinco impedía a los ciudadanos disponer de sus ahorros.

El 1 de junio de 2002 el Gobierno hizo público su nuevo plan para flexibilizar el corralito, el correspondiente Decreto otorgaba a los ahorradores la posibilidad de convertir sus depósitos congelados en bonos del Estado a largo plazo. Lo de siempre: cualquier promesa de pago antes que pagar. La iniciativa se puso en marcha el 10 de junio, de modo que poco a poco se iba debilitando la voluntad de los depositantes, que, habiendo vivido frustración e incertidumbre extremas, iban rebajando su exigencia, de modo que la propia necesidad vital contribuía a la dilución del enorme fraude.

El 25 de noviembre de 2002 el Gobierno argentino eliminó todos los límites para el retiro de dinero en efectivo de cuentas bancarias que tuvieran que ver con cuentas a la vista. Esto es, las cajas de ahorro y las cuentas corrientes podrían pasar todas a ser cuentas libres y, en consecuencia, sin ningún tipo de restricción en su uso. El límite de retiro en efectivo de cuentas corrientes y cajas de ahorro era en esos mementos de 2.000 pesos por mes. Conque la medida liberó unos 21.000 millones de pesos (casi 6.000 millones de euros).

Sin embargo, lo que aún generaba malestar entre los ahorradores era el hecho de que los depósitos a plazo fijo siguieran congelados. Al 31 de octubre estos depósitos totalizaban 9.300 millones de pesos (2.572 millones de euros).

El problema parecía así casi resuelto, pero el mal ya estaba hecho, aunque se hubiese conseguido la resignación de los damnificados. ¿Dónde están los fondos de los ahorradores, expoliados mediante la maniobra de pesificación? No hay respuesta ni la habrá. Todo el mundo lo sabe, pero da igual. Se persiguen con severidad implacable los delitos menores, pero estos episodios de latrocinio en masa, responsables de que se haya visto a niños morir de hambre en Argentina, algo insólito en aquel rico país, estos descomunales episodios de fraude no se persiguen ni, lo que es más importante, tampoco se prevén. ¿Hasta cuándo seguirán así las cosas?