En pos de una educación rural transformadora*
En todas las esferas se reconoce hoy día la urgencia de que las poblaciones rurales tomen parte activa en la búsqueda de caminos para hacerle frente a los múltiples factores de desintegración que a diario las agobian con mayor fuerza.
Un primer paso en este desafío es liberar el potencial de las poblaciones campesinas para actuar decidida y efectivamente. Tal propósito se logra por medio de un proceso educativo íntimamente ligado a la realidad campesina y dirigido a explorar y hacer florecer las riquezas intelectuales y espirituales latentes en cada ser humano, con proyecciones hacia la realización colectiva. Este convencimiento ha impulsado a la Fundación para la Aplicación y Enseñanza de las Ciencias —FUNDAEC— a explorar y crear novedosos contenidos y formas de enseñanza y aprendizaje, en varios niveles de competencia para la educación de la juventud campesina. Entre los recursos humanos identificados como necesarios en el sector campesino surge la figura del “educador rural”, como el maestro, el amigo, el investigador, el miembro activo de la comunidad y el catalizador de muchos de sus procesos. De ahí que la Licenciatura en Educación Rural sea el primer programa de educación superior establecido por FUNDAEC en su Centro Universitario de Bienestar Rural. En su esencia, el programa mantiene la gran expectativa de formar jóvenes en quienes se realice este ideal del educador.
La Licenciatura en Educación Rural
En el programa de Licenciatura en Educación Rural los estudiantes básicamente adquieren los conceptos y herramientas pedagógicas necesarios para desempeñarse como educadores. Tienen, en un primer nivel de análisis, la oportunidad de conocer el proceso educativo local, teniendo como marco el contexto nacional y latinoamericano. En otro nivel, estudian procesos económicos, sociales, y culturales relacionados con el desarrollo y el cambio, con énfasis en el papel preponderante que como educadores innovadores tendrán que jugar en estos procesos. Como contribución formativa e instrumental, los estudiantes se familiarizan a través de todo el proceso educativo con los contenidos y metodologías de enseñanza y aprendizaje del Sistema de Aprendizaje Tutorial SAT, una
alternativa para la educación secundaria rural desarrollada por FUNDAEC, reconocida por el Ministerio de Educación y difundida ya ampliamente en el país. Además, los estudiantes toman parte de cursos e investigaciones en las áreas de producción agropecuaria y de agroindustria rural dentro del esquema de la capacitación de adultos.
El Perfil Profesional
El Licenciado en Educación Rural tendrá competencia para:
- Desarrollar acciones educativas que mejoren el bienestar campesino mediante la atención integrada en aspectos educativos, de salud preventiva, saneamiento ambiental, enriquecimiento cultural, producción económica y organización comunitaria.
- Promover el mejoramiento de sistemas de producción en pequeñas parcelas e industrias rurales, con una perspectiva de educación rural integrada.
- Realizar con las propias comunidades esfuerzos de investigación-acción- aprendizaje que conduzcan al conocimiento de los factores que afectan sus condiciones globales y particulares.
El Campo Ocupacional
El Licenciado en Educación Rural podrá desempeñarse en los siguientes campos:
- La promoción, aplicación y evaluación de procesos de educación y desarrollo mediante el Sistema de Aprendizaje Tutorial, para la básica secundaria y la media vocacional.
- La promoción, aplicación y evaluación de programas de innovación curricular del tipo “Escuela Nueva” al sector rural y en el nivel de básica primaria.
- La docencia en educación media rural.
* Tomado del Boletín de Presentación del Programa de Licenciatura en Educación Rural, 1993.
3. La Oficialización Regional
Desde el mismo momento en que el SAT surge como respuesta a una serie de actividades de investigación conducidas por FUNDAEC para encontrar la mejor opción educativa para las zonas rurales, era claro para la institución que el éxito del
programa sería total en el momento en que lograra mover la acción del gobierno para hacerlo parte de los planes oficiales de educación rural del país. De ahí que uno de los propósitos que a partir de los primeros resultados positivos se trazó la institución, fue mantener abiertos los canales con el Ministerio, formales e informales, para propiciar un proceso de mutua colaboración y entendimiento. Fue así como en el año 1984 se realizó un proyecto piloto en el departamento de Nariño financiado por el Ministerio para ver la viabilidad de transferir el programa al sector oficial, utilizando la estructura existente de la Escuela Nueva, con sus recursos físicos y humanos. El proyecto, que duró dos años, dio muy buenos resultados pero desafortunadamente no pudo avanzar el tiempo que era necesario debido a cambios administrativos en las esferas del poder y a los consecuentes problemas burocráticos. Quedaron, sin embargo, unos maestros de Escuela Nueva formados como tutores, unos 200 jóvenes graduados como impulsores y unas autoridades regionales y locales lo mismo que unas comunidades muy motivadas hacia el programa, pero ninguna decisión política que garantizara su continuidad.
Después de este primer intento siguieron conversaciones y acercamientos de un lado y otro y proyectos formales que no llegaron a concretarse. Uno de ellos, en 1989, planteaba el propósito de llevar el programa a todas las zonas cubiertas por el Plan Nacional de Rehabilitación donde ya estaba por disposición oficial funcionando la Escuela Nueva. Como al mismo tiempo se planteaba ya en los círculos educativos el plan de extender la básica primaria a los grados 6o. y 7o., era claro que el SAT en el nivel de impulsor se mostraba como la alternativa más real. Permitiría de inmediato ampliar el ciclo básico, con la ventaja adicional de ofrecer una educación funcional que le aportara al joven campesino conocimientos prácticos para mejorar los procesos productivos de su familia y le diera la capacidad de participar activamente en los asuntos de interés comunitario, con espíritu de servicio. Pero junto con la del SAT el Ministerio debería considerar otras opciones y parece ser que la propuesta de FUNDAEC no se ajustaba a las expectativas del momento y se privilegió otra estrategia de resultados más inmediatos.
Mientras tanto, en los distintos círculos siguió madurando la idea de extender la básica primaria a los grados 6o. y 7o. y darles así respuesta a los miles de niños que saldrían de la Escuela Nueva en las zonas del PNR11.
Así las cosas, se producen en Colombia unos sucesos importantes que le abrirían el camino definitivo al SAT, un camino que lo empujaría además a andarlo más rápido de lo que su capacidad en ese momento le permitía. Son en primer lugar los procesos de descentralización político-administrativa que otorgaron a los municipios facultades primero y recursos después para asumir sus propios planes de desarrollo, entre ellos el de educación. Iniciativas como la de Risaralda por ejemplo, no se
hicieron esperar, y se legitimaron también las acciones que se estaban llevando a cabo en regiones como Antioquia, Tolima y Santander. Se juntó la necesidad con la oportunidad y se desencadenó el proceso que no creemos necesario describir pues los casos reseñados en la siguiente parte son su más claro testimonio. Todas estas experiencias le estaban abonando el terreno a la Nueva Ley de Educación, la Ley 115 de 1994, mediante la cual se hacen explícitos por primera vez los planes gubernamentales para que los campesinos de cualquier edad tengan acceso a la educación que necesitan. Vienen así a legitimarse aún más todos los esfuerzos que en varias regiones se estaban llevando a cabo dentro del programa para la formación de los recursos humanos en el contexto de una educación para la vida y el trabajo. Ya no hay duda entonces de que al autorizar mediante ley los mecanismos por medio de los cuales los departamentos y municipios deberán ejercer su autonomía para llevar a cabo los planes educativos necesarios, se espera que las iniciativas de establecer el SAT en las veredas se multipliquen y las que ya están abriéndose paso se consoliden.
Todo depende, sin embargo, de que exista una adecuada planeación municipal y departamental. En este camino, los departamentos de Antioquia, Risaralda, Santander y Boyacá fueron pioneros, como lo veremos en los casos, en desarrollar un esquema que contempla la aprobación oficial del SAT por parte del mismo departamento y su implementación por entes privados o mixtos, con recursos municipales.
No obstante, el optimismo no nos debe impedir ni a FUNDAEC ni a las instituciones y grupos que han contribuido al engrandecimiento del programa, poder expresar nuestra preocupación por las consecuencias que puede acarrear la masificación. Hasta donde sea posible será responsabilidad de cada uno de nosotros hacer compatibles la cantidad con la calidad, difícil tarea por cierto. Ya se están viendo en algunas regiones diferencias en los resultados entre municipios y aún entre veredas, dependiendo del manejo que se le de al programa; de los criterios de eficiencia que se manejen y del compromiso y mística de los involucrados.