A nivel internacional, la migración laboral involucra a una población muy heterogénea, proveniente tanto de las ciudades como del campo. No todos los que se movilizan en este contexto son los más pobres en sus países de origen y no todos enfrentan con la misma intensidad las penurias de una mala situación económica, pero para la mayor parte de quien lo hace, la falta de alternativas para asegurar unos medios y forma de vida representa su principal motivación.
En cierta forma, el hecho de que la movilización migratoria laboral internacional no involucra a la mayoría de los países ni alcanza la misma intensidad en los implicados, lleva a pensar que esta migración es una vía de salida muy restringida al éxodo rural que está teniendo cauce en los países del tercer mundo pues, como lo señala Durand (La Jornada; 14/Mar/2010), lo relevante de su magnitud se supedita a una docena de países receptores y una veintena de países de
origen. En este sentido, desde el punto de vista cuantitativo, la movilidad migratoria internacional puede ser la expresión menos importante de la movilidad laboral mundial, especialmente si se considera a la población más pobre proveniente del ámbito rural, ya que esta requiere de un conjunto de recursos y condiciones que están menos a su alcance.
Por otra parte, a las dificultades en la disposición de algunos recursos y redes adecuadas, se suma el hecho de que, en los últimos años, la migración internacional está siendo acotada
fuertemente por políticas migratorias que plantean mayores restricciones con el fin, no tanto de detener totalmente los flujos, pero sí de establecer medidas y mecanismos que permitan la
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regulación sobre dichos flujos, la selectividad de los migrantes y un mayor control de las
fronteras55 (Hatton y Williamson; 2004). En este contexto, es evidente que los nuevos escenarios
creados en los países que sirven de destino a los principales flujos migratorios internacionales, plantean nuevas formas de restricción y regulaciones que dificultan aún más las posibilidades de
convertirse en migrantes internacionales a los grupos sociales más pobres56.
Desde esta perspectiva, la movilidad migratoria laboral internacional aparece entonces como un asunto parcial, limitado y finalmente focalizado frente a la magnitud de una pobreza extrema que envuelve a más de una centena de países y a más de mil millones de personas en el mundo. En el ámbito rural es donde encontramos esa mayoría de población que está, necesaria o forzosamente, impelida a movilizarse en busca de trabajo y fuentes alternativas, complementarias o sustitutas de unos raquíticos ingresos provenientes de actividades agropecuarias muy precarias y pretendidamente diversificadas.
Así, según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su último informe (PNUD; 2009a), la migración internacional en el mundo asciende a 214 millones de personas que, sin embargo, sólo representan en términos porcentuales, el 3.01% del total de la población mundial. Más aún, la inmensa mayoría son migrantes documentados (90.6%) que han podido mejorar su situación migratoria y a menudo su situación social y económica luego de ciertos períodos de penurias y a menudo también gracias a reformas a los marcos legales, a las propias estrategias de sus organizaciones y merced a la indudable importancia económica y política que esta migración ha ido adquiriendo. Así, del total de migrantes, sólo 20 millones son indocumentados y están repartidos en dos áreas geográficas principales: 11.5 millones en Estados Unidos, 8 millones en Europa y medio millón en otros países del mundo. Lo que significa que, no obstante la gran visibilidad académica, mediática y política, el tema de la migración internacional es un problema muy circunscrito a determinadas regiones del mundo.
Ciertamente, aunque no de forma explosiva, esta migración ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas y también experimenta modificaciones cualitativas en el perfil de los migrantes. Al respecto, según estimaciones realizadas por la división
55 Muchos migrantes están dispuestos a desplazarse hacia distintos países no importando las penurias y riesgos que
implica la travesía, sea por mar, tierra o aire, y a pesar de los costos humanos y sociales que son muy altos y que sólo pueden entenderse por el sentido de las valoraciones humanas que se hacen entre las perspectivas grises de vida en sus lugares de origen, o las posibilidades de construirse condiciones alternativas de vida en países a menudo muy lejanos.
56 Es de notar, como cierto tipo de restricciones establecidas o creadas segmentan la migración entre distintos grupos
sociales. En este sentido, se comprende que los migrantes jornaleros indígenas no migren en familia hacia Estados Unidos y que su territorio de movilización quede circunscrito a las diversas regiones agrícolas al interior del país.
125 de población de las Naciones Unidas, en 2002, el número de personas nacidas en un país que residían en otro distinto ascendía a 175 millones de personas y constituía cerca del 2.9% de la población mundial, mientras que en 1990, la cifra global era de 120 millones y comprendía al 2.3% de la población. Su notable, aunque marginal crecimiento en términos absolutos y relativos, es lo que en parte concitó el mayor interés del mundo académico, así como de los gobiernos y de distintos tipos de organizaciones involucradas y, en algunos casos, empeñadas en comprender la naturaleza de los procesos que subyacen en esta migración.
En relación a sus características, la dirección de los flujos ha revelado que predominan los países desarrollados como principales destinos y también que las migraciones transfronterizas entre países subdesarrollados han perdido el peso que tuvieron en la segunda mitad del siglo XX. Asimismo, la composición de los flujos ha puesto en evidencia que aunque el grueso está compuesto por personas con bajas calificaciones, los niveles educativos de los migrantes actuales son mayores que en olas migratorias anteriores, pues dentro de éstas se observa con mucha claridad un núcleo significativo de migrantes altamente capacitados.
Sin embargo, y no obstante la importancia relativa de la problemática en su dimensión mundial, la migración internacional ha adquirido una gran importancia económica, pues para muchos países pobres las remesas provenientes de los migrantes internacionales son medulares en su dinámica económica, y sus variaciones acarrean importantes efectos de arrastre, visibles tanto a nivel macroeconómico como a nivel del bienestar de las familias de estos migrantes en sus países de origen. Por ejemplo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha calculado que los efectos de la caída de las remesas como resultado de la crisis y recesión en los países desarrollados, implicaron en 2009 unos 8 mil millones de dólares de los cerca de 80 mil que en términos promedio enviaron anualmente 30 millones de migrantes internacionales a sus países de origen entre 1996 y 2007 (La Jornada; 2/Ago/2010).
El informe mismo del PNUD, Superando barreas: movilidad y desarrollo humanos
(2009a), reconoce la importancia económica de las remesas y por ello hace hincapié en la necesidad de desmitificar la migración internacional como un asunto negativo por el estrecho vínculo que existe entre éstas y el desarrollo de los países con flujos migratorios importantes, pues en la postura del organismo, ambos elementos pueden integrarse en una fórmula de asociación positiva. Esto es, la migración internacional debe ser vista y reconocida, según el organismo, en la importancia de sus contribuciones a las dinámicas de progreso de los países receptores, pero
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también como una fórmula impulsora del desarrollo en los países de origen de los migrantes, especialmente a través de su resultado material más tangible que es precisamente las remesas.
Sin embargo, el PNUD no se cuestiona la raíz económica y social de los fenómenos que impulsan esta migración, ni tampoco reconoce las grandes asimetrías en la disposición de los beneficios que resultan de ella. Su visión no alcanza a ver la ecuación de forma invertida, es decir, no ubica a la lógica y dinámica específica de desarrollo de los países del tercer mundo (fuentes tradicionales de los flujos migratorios laborales internacionales), inserta en la economía capitalista global, como las fuerzas generadoras de los procesos de expulsión de migrantes y, en ese sentido, no ve en relación a esa lógica, lo relativo, asimétrico y desigual que resulta el disfrute de sus beneficios. Por lo demás, se ha conformado un debate más profundo sobre la capacidad que verdaderamente tienen los resultados de la migración internacional para impulsar el desarrollo en los países pobres, pues a decir de Delgado, Márquez y Rodríguez (2009:27), esta postura carece de sustento teórico y empírico.
Sin embargo, y no obstante que a nivel global la migración internacional pueda tener una importancia menor de la sugerida, el contenido de la discusión sobre su magnitud, sus causas y sus beneficios es especialmente importante en el caso de México, pues se trata del país que es el origen de uno de los mayores flujos de migrantes documentados e indocumentados hacia el país de mayor recepción de migrantes en el mundo que es Estados Unidos.