El informe mismo del PNUD (2009:2) señala que, a pesar de que los debates relacionados con la migración suponen que lo más trascendental de ésta son los flujos que van de los países pobres hacia los países desarrollados, la evidencia muestra que la mayor parte de la movilidad migratoria no se produce entre estos dos contextos57, y ni siquiera entre naciones de un mismo contexto, sino al interior de las fronteras de cada país. Así, el informe da cuenta que, de los casi mil millones de migrantes en el mundo (1 de cada 7 habitantes del planeta), alrededor de 740 millones (casi cuatro veces los migrantes internacionales) son migrantes internos.
Aunque la magnitud sorprende, es posible considerar que esta cifra puede estar subestimada debido a las serias deficiencias de las estadísticas de la mayor parte de los países para
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Apenas cerca de 70 millones de migrantes internacionales (el 30%) cambiaron su lugar de residencia de un país subdesarrollado a uno desarrollado, según este informe (PNUD; 2009:3).
127 contabilizar no sólo la migración interna manifiestamente comprobable a través de los medios usuales utilizados por los gobiernos, pues usualmente éstos no incluyen a la totalidad de la población que se moviliza migratoriamente a nivel interno. Siendo así, y suponiendo la profundidad de los impactos de las transformaciones antes enunciadas, puede vislumbrarse que la movilidad migratoria interna, especialmente la laboral, implica una cifra mucho mayor de población.
En este sentido, la movilidad migratoria interna puede entenderse como un concepto comprensivo dentro del cual se contemplan dos componentes migratorios principales: 1) los cambios de residencia de los individuos o colectividades que migran entre determinadas subdivisiones de territorios dentro de un país, región, provincia o estado, municipio, ciudad, etc., y que constituyen una unidad geográfica que normalmente coincide con una división político- administrativa; 2) los desplazamientos laborales temporales de población que no implican un cambio de residencia pero que conllevan una estancia en un lugar distinto del de residencia habitual y que puede ser de semanas, meses o años. Por las características erráticas y ambiguas de estos últimos desplazamientos, muchos países enfrentan la dificultad de medirlos con cierta consistencia, de modo que es usual que buena parte de esta movilidad escape a los instrumentos de medición oficial, como muy marcadamente ocurre por ejemplo, en el caso de los migrantes jornaleros internos.
Así, el problema con la movilidad migratoria interna, es que los análisis tradicionales de medición de la migración se centran especialmente en el primero de los componentes por representar la parte del fenómeno que puede traducirse en cifras de mayor certeza, pues una vez que se establece la unidad territorial y/o administrativa de referencia, y un periodo de tiempo determinado dentro del cual medir, es posible cuantificar la cantidad de individuos que modificaron su lugar de residencia a través de censos o encuestas institucionales de diverso alcance. Estos procedimientos sin embargo, dejan fuera una parte importante de la población que se moviliza migratoriamente de forma temporal y cuya cuantía es difícil medir debido a una serie de dificultades relacionadas con el carácter difuso y errático de esa movilidad, de sus temporalidades, o bien, más propiamente, por el hecho de que tampoco implican un cambio en el lugar de residencia que pueda ser registrable.
Así, al retomar comprensivamente la movilidad migratoria interna, en lugar de sólo la migración interna manifiesta en registros de medición oficial, se pone de manifiesto la importancia
128 de considerar, para ciertos efectos, un segundo componente que a menudo tiende a invisibilizarse Dicho en otros términos, estos migrantes tienden a no existir porque los sistemas estadísticos oficiales no los registran.
Por otra parte, el término de movilidad migratoria interna tiene la bondad de significar mejor el fenómeno de flexibilidad y fluidez del trabajo en el territorio, ocasionados por el deterioro de las condiciones de vida de distintos sectores de la población, tanto de la ciudad como del campo, ante el avance de los procesos implicados en la globalización (Cortes; 2002:58-59).
En el segundo de los casos, la validación del concepto en su vertiente laboral, deriva además muy visiblemente de las características propias que la producción agrícola impone bajo determinada lógica y circunstancias (las del capital) a la movilidad del trabajo en este sector, pues ello determina diversos aspectos en las características de esta movilidad migratoria y de los propios migrantes. Por ejemplo; en la conformación de determinados volúmenes de oferta y demanda en distintas regiones productivamente acotadas por una serie de condicionamientos sociales y naturales que le imprimen unos rasgos específicos al funcionamiento de los mercados de trabajo en ese ámbito, inclinándolos a la temporalidad dadas las variaciones extremas en las necesidades y disponibilidad de la fuerza de trabajo en una región o zona, y que resultan en flujos migratorios de distinta magnitud o intensidad. Otro factor que también puede estar determinando las características de la movilidad migratoria, es la cualificación de los migrantes, especialmente cuando ésta no es reductible únicamente a su condición social y económica, la cual suele ser de mayor peso58 (Guerra, 2001:1-2). En tal sentido, el concepto resalta la importancia de sectores crecientes de la población que continuamente y por lapsos diferentes de tiempo se están movilizando en el territorio por trabajo sin modificar su lugar de residencia o de que su movimiento migratorio sea registrado.
Evidentemente, deben advertirse las dificultades empíricas que acarrea la medición de esta movilidad migratoria interna, especialmente porque en la mayoría de los países no existen sino estimaciones y mediciones indirectas y a menudo no es posible conocer con total certeza, cuál es la cantidad de población comprendida en esta categoría, a pesar de que se puedan contar con las suficientes evidencias empíricas y con diversas estimaciones directas e indirectas, de que este flujo migratorio integra a una parte sustancialmente importante de la población que se moviliza por
58 A esto se refiere Lara (1991) cuando afirma que a los jornaleros migrantes se les contrata por ser fuerza de trabajo
poco cualificada adaptable fácilmente a procesos simples de trabajo, pero sobre todo por ser pobres y porque su situación de vulnerabilidad y el marco normativo tan laxo permite explotarlos sin mayores consecuencias.
129 trabajo fuera de su lugar de residencia u origen. En términos cuantitativos, este segundo componente puede incluso, en cierto escenario, comprender una cifra superior a los migrantes internos que si modificaron su lugar de residencia o cuyos registros con base en determinados criterios de medición, los incluyen en los datos institucionales como migración interna.
En esta perspectiva, queda claro que la exacerbada movilidad migratoria, especialmente de carácter laboral, responde a los amplios impactos en la redistribución y relocalización de la actividad económica derivados de la reestructuración, cuyas consecuencias desbordan la capacidad institucional para medirla comprensivamente. Así, en la medida en que las actividades industriales, comerciales, de servicios y agropecuarias se han relocalizado por el territorio, la movilidad del trabajo se convierte en una condicionante esencial para la sobrevivencia de muchos grupos de trabajadores. En el caso de los jornaleros, la movilidad es casi una condición sine quanon a tal grado, que incluso ha sido caracterizada, como lo hace González (2009:48), como una hipermovilidad o fluidez laboral, que solamente no denomina migratoria pero que evidentemente es, en sustancia, migratoria. En tal sentido, esta movilidad laboral en sus distintas modalidades y patrones, no es sino la expresión de la adaptabilidad del trabajo a las nuevas condiciones sobre el territorio que los requerimientos del capital impone en diversos sectores productivos.
En esta lógica, la movilidad migratoria interna e internacional no es entonces un hecho azaroso, sino que está relacionado con transformaciones económicas y sociales estructurales de gran alcance. Es así que, históricamente, los flujos migratorios internos se han asociado tanto a los procesos de industrialización, en cuyo contexto éstos son concebidos como un costo necesario para el progreso, como a procesos de deterioro de las condiciones de vida en la ciudad y el campo resultantes de la crisis y reestructuración capitalista. Esto es, la movilidad migratoria lo mismo es impulsada por una industrialización que irradia progreso, como por su contraparte: la exclusión de gran parte de la población provocada por una dinámica concentradora de la actividad económica y de la riqueza implicada en patrones de acumulación como el neoliberal.
Evidentemente, la discusión tiene otras muchas aristas, pero la que nosotros deseamos destacar tiene relación con la importancia de ésta migración como expresión de la movilidad laboral en general y especialmente la de jornaleros indígenas. Para lograrlo, planteamos como necesaria la contextualización de ésta en el marco general de la movilidad migratoria laboral internacional e interna de México para, enseguida, definiendo los contornos de la población
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indígena, su dinámica demográfica, su distribución territorial y su situación social (que los vuelve estructuralmente proclives a la migración), analizar la importancia de la migración jornalera indígena de carácter interno, centrándonos en su dimensión cuantitativa, su perfil social y especificidad con respecto a la migración interna en general. Asimismo, definir el mapa de movilidad de esta población en el país y el lugar que ocupa Zacatecas en el escenario de esta migración jornalera.