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La identidad cultural se va formando a partir de manifestaciones humanas de un pueblo, nación o estado. Con el tiempo, estas manifestaciones van tomando forma y se vuelven costumbres adhiriéndose a una maraña de hilos de múltiples aspectos en los que se plasma la cultura, siendo parte esencial de la vivencia del ser humano y de la tierra en la que se va desarrollando. Existen características muy propias como: la lengua, instrumentos de comunicación entre los miembros de una comunidad; la espiritualidad; los comportamientos colectivos; los sistemas de valor y creencias; sus formas propias y peculiares de atuendos, gastronomía, etcétera.

Los elementos inmateriales de identidad cultural (como los señalados anteriormente) son el producto de la colectividad, estos elementos se mantienen en las generaciones como una tradición, entregándoles una noción mucho más amplia de su cultura y de esta manera se puedan definir sus pertenencias identitarias.

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Los problemas aparecen cuando nos empezamos a preguntar ¿qué significa identidad cultural ecuatoriana?

Buscar la identidad cultural de los ecuatorianos significa ir a la caza de nuestro centro; lamentablemente lo que se encuentra son fuerzas que pugnan entre sí y niegan una posible cohesión interna. En vez de un rostro, encontramos fragmentos dispersos de varios. La contradicción es parte de nosotros. El camino es afrontar la paradoja, no el rehuirla; hacerla vivir porque ella es parte de nuestro ser ecuatoriano.

Dentro de Ecuador, en sus tres regiones (Costa, Sierra, Oriente), conviven aproximadamente 18 nacionalidades indígenas y 14 pueblos de tradiciones diversas con su propia cosmovisión esto según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo INEC. Entre las nacionalidades más conocidas de la Amazonía tenemos: Huaorani, Achuar, Shuar, Cofán, Siona-Secoya, Shiwiar y Záparo. En la sierra encontramos a los: Otavalos, Salasaca, Cañari, Saraguros y Awá. En la región costa encontramos: Chachi, Tsáchilas y Huancavilva. Algunos miembros de las comunidades indígenas se están integrando al mestizaje ecuatoriano y son pocos los que aún practican sus costumbres ancestrales. Estos problemas se dan por los ámbitos socioeconómicos del país que se han encargado de destruir una buena parte de la pluriculturalidad, motivando a que muchos miembros de las comunidades indígenas salgan a las grandes ciudades, como también fuera de la frontera, lo que genera una aculturación en donde un pueblo adquiere una nueva cultura a expensas de la suya (Roldán, 2005).

En lo relacionado al idioma. El quichua era la lengua nacional, luego de la conquista española, el castellano se instauró como idioma nacional, el 94% de los ecuatorianos lo hablan y sólo el 4,1% hablan el quichua. Hoy por hoy, existen diversas variaciones y modismos de acuerdo a la clase social o la etnia. Los acentos cambian según la región, la ciudad o hasta el cantón. En la costa se habla el dialecto costeño que es una variante, un poco, africanizada. En la sierra se distingue el uso de quichuismo al igual que en el oriente tales como: taita (papá), guagua (bebé), chachai (frío), tatai (asco), charau (caliente), runa (hombre), etcétera. Con los nuevos escenarios de comunicación, Web 2.0, redes sociales, dispositivos móviles y americanismos el castellano, al igual que el quichua en sus inicios, se está degradando.

Las fiestas populares que durante años han sido un foco de desarrollo civilizatorio se han transformado. No han desaparecido por su origen prehispánico y costumbre de festejo

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anual, pero su meta como elemento enriquecedor de tradición sí. Aún se conservan las fiestas de los equinoccios y solsticios como: El Carnaval, El Inti Raymi, San Juan, San Pedro, Coya Raymi, Yamor, La Diablada de Píllaro, Semana Santa, San Pablo, San Pedro, La Procesión de la Virgen de El Cisne, Virgen de Guápulo, La Mama Negra, Los Rodeos Montubios, San Lucas, El Pase del Niño, Años Viejos, fiesta de las Flores y las Frutas, Fiestas del Retorno. Fiestas que dan colorido y atraen al turismo pero en sentido consumista, sentido que elimina el elemento enriquecedor. Manifestaciones culturales en las diferentes zonas del Ecuador son cada año más parecidas a zonas de comercio, de consumo desmesurado y aculturación, la música de ritmo andino es desvalorada, cambiada a música extranjera o que carece de sentido, melodía o sentimiento.

De igual manera que con los pueblos indígenas, el idioma y las fiestas populares, la mayoría de las manifestaciones de identidad cultural han sido alteradas. Día a día la población es testigo de los procesos de aculturación y americanización en diferentes niveles y espacios, estos procesos de aculturación van acompañados de comportamientos como por ejemplo la alimentación. El consumo de tostados, cuyes, machika, pinol han sido reemplazados por los alimentos procesados, enlatados y comida rápida. La indumentaria se cambió por la marca o las modas.

Estas actitudes crean confusión en la cultura al perder el simbolismo que identifica a los pueblos, esto ha requerido que el Ecuador cree un plan de país en el orden político, social, institucional y cultural.

3.4.1. Nuevos escenarios para el desarrollo cultural

La necesidad de cuestionarse constantemente los enfoques de desarrollo cultural en el Ecuador, tiene su justificación en los frecuentes cambios de escenarios que se dan a nivel internacional y que repercuten sobre los modelos de desarrollo local. El escenario principal, desde donde se desprende toda la red, es el concepto globalización, que impone de forma hegemónica un determinado tipo de desarrollo que ejerce su influencia sobre la construcción de la comunidad local.

La relación existente entre globalización y cultura suele ser contradictoria: las nuevas corrientes de unificación mediática conviviendo con una des unificación social, el ambiente hostil posmoderno junto con los reglamentos transnacionales para el consumo. Además existen signos pensados para la imagen o literatura del día: impotencia del sujeto; el cambio

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en las formas de conversación presencial a la conversación a distancia como recurso cotidiano; la transformación de la individualidad en los flujos y redes; el problema cultural como eje que une y divide la conciencia personal con la global; la a politización del individuo y su reclusión en funciones de productividad y desarrollo personal.

Con la globalización y la evolución de la tecnología se acaban los límites espaciales, no existe demora temporal entre emisores y receptor. La información y la circulación de imágenes, en la comunicación a distancia, son instantáneas. Esto afecta a quienes participan de percepciones contradictorias. Por una parte, se entrega protagonismo ya que a través de internet son demasiados los que buscan difundir sus discursos con mínimo esfuerzo y máxima difusión. Por otra parte, también se siente la sensación del anonimato al diferenciar nuestra capacidad individual con el volumen inconmensurable de mensajes y emisiones que están presentes a diario en esa comunicación a distancia.

Para los usuarios de la televisión, el protagonismo aumenta. Cada año, varios son los incorporados como receptores, en su mayoría de segunda y tercera generación que se lanzan a participar desde sus múltiples plataformas imaginarias que ven salir desde las pantallas. En contraste con esa fuerza de los públicos televidentes, su resignación ante el hecho de que no serán nunca ellos quienes decidan qué imágenes, qué textos y qué símbolos se imponen en el mercado cultural (Hopenhayn, 2005). Por una parte, tenemos al sujeto ante un ciclón de información y mensajes, por otro, la variedad de nuevas opciones de reconocimiento a través de la extroversión mediática. Sin lugar a dudas, los medios pueden empatizar con audiencias cada vez más grandes.

En el proceso no se llega a ningún tipo de separación; o bien se habla para un consenso de las partes para medir las diferencias entre sensibilidades y referentes simbólicos, en una relación de reciprocidad de poderes y derechos, o bien se aceptan ser consumidos y manejados con los diferentes parámetros impuestos en condición y restricción, o se opta por el conflicto frontal. Hay que tener presente que el consumo de iconografías y mensajes transmitidos por las grandes cadenas, que en su mayoría se han convertido en industrias culturales, representan el triunfo de la homogenización mundial y la posibilidad de alterar, sacrificio de identidad propia y nueva creatividad intercultural. Para Hopenhayn (2005) la globalización comunicacional difunde una estética Hollywood, un ocio Disney, un hambre McDonald, una opinión política CNN y una oreja MTV, pero también abre filones para que emerjan voces divergentes o disímiles.

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Como consecuencia de los procesos de globalización y la implementación de nuevas plataformas en los procesos tradicionales de comunicación, los estados, especialmente latinoamericanos, han autoimpuesto el diseño estratégico de desarrollo centrado en el uso de conocimientos, utilizando las tecnologías de la información y las comunicaciones como soporte, lo que le aporta un nuevo rol al capital humano y educativo.

Cada día los países se parecen más a la aldea global de Marshal McLuhan y sus colaboradores (1995). Hemos pasado de un mundo acústico-tribal a uno visual-letrado- acústico, la comunicación a distancia se ha encargado de ir convirtiendo nuevamente en tribu pero a escala global. McLuhan sostenía que el problema es que vamos a la zaga del cambio y no logramos ajustar nuestra comprensión a nuevos escenarios donde todo puede resonar instantáneamente.