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Toda miríada de formas de propiedad que hoy en día tenemos tiene una característica en común que las define: pueden ser compradas y vendidas a cambio de dinero. Todas son equivalentes del dinero, por lo tanto, quien sea que los posea puede poseer cualquier otra forma de capital y el poder productivo que la acompaña. Y cada una de estas formas, recuerda, surgió de los comunes, antes no era poseída por nadie, y después fue arrancada de los comunes y convertida en propiedad. Lo mismo que sucedió en la tierra ha sucedido en todo lo demás y ha llevado la misma concentración de riqueza y poder

en manos de aquellos que la poseen. Como los primeros padres cristianos, Proudhon, Marx y George sabían, es inmoral robarle a alguien su propiedad y luego hacerle pagar para que la use. Pero esto es lo que ocurre cada vez que cargas un alquiler en la tierra o un interés al dinero. No es casualidad, pues, que casi todas las religiones del mundo impongan prohibiciones a la usura. Nadie debería beneficiarse de poseer lo que meramente ya existía antes que la propiedad, y hoy en día el dinero es la encarnación de todo lo que existía antes de la propiedad, su esencia destilada.

Sin embargo, los sistemas monetarios anti interés que propondré y describiré en este libro no son motivados por la mera moralidad. El interés no es sólo el medio de un crimen, sino también el resultado actual de un crimen ya cometido. Es también el motor de un robo continuo; una fuerza que nos incita a todos, por muy buenas que sean nuestras intenciones, a la complicidad, querida o no, en el expolio de la tierra.

En mis viajes, primero en forma de viaje interior y luego como conferenciante y escritor, a menudo me he encontrado con una profunda angustia e impotencia surgida de la ubicuidad de la máquina devoradora del mundo y de la casi imposibilidad de evitar participar. Para dar un ejemplo de entre millones, la gente que se enrabia con Wal-Mart sigue comprando, o en otros establecimientos igualmente parte de la cadena de depredación global, porque sienten que no pueden permitirse pagar el doble o pasar sin. ¿Y qué decís de la electricidad de mi casa, carbón extraído de las montañas? ¿Y la gasolina que me lleva a lugares y me lleva entregas si vivo aislado? Puedo minimizar mi participación en la máquina devoradora del mundo, pero no puedo evitarla enteramente. Cuando la gente se convierte en consciente de que sólo por el hecho de vivir en sociedad contribuimos a los males del mundo, a menudo pasan por una fase de desear encontrar una comunidad completamente aislada y autosuficiente, ¿pero ¿qué bien hace eso, mientras Roma arde? ¿Y qué si no estás contribuyendo con tu pequeña parte a la polución destructiva de la tierra? Esta sigue adelante ya viva en el bosque y comas raíces y frutos silvestres o en un suburbio y comas alimentos llevados por autopista desde California. 9. No obstante, los esfuerzos que la gente está haciendo para reducir su complicidad en la destrucción del mundo son muy importantes al nivel del ritual. El ritual consiste en la manipulación de símbolos de cara a afectar la realidad (incluso el dinero forma parte de un ritual) y ejercer un gran poder en la práctica. Así que no permitáis que mis palabras os disuadan de boicotear Wal-Mart. Para una disertación más profunda veis mi ensayo en línea "Rituals for Lover Earth", preferiblemente después de haber leído el Capítulo 8 de este libro.

El deseo de la exculpación personal por los pecados de la sociedad es una especie de fetiche similar a poner paneles solares en una casa de 400 metros cuadrados.

Por muy loable que pueda ser este impulso, los movimientos de boicot a Wal-Mart o para reformar la sanidad o la educación o la política o cualquier otra cosa, enseguida se convierten en ejercicios fútiles por mucho que vayan contra el poder monetario. Porque para causar un mínimo impacto parece que tenga que nadar contra corriente con gran esfuerzo, y tan pronto como nos detenemos a descansar una nueva atrocidad, un nuevo horror nos escoba, un nuevo expolio a la naturaleza, a la comunidad, a la salud o al espíritu, en nombre del dinero.

¿Qué, exactamente, es ese "poder monetario"? No es, como a veces puede parecer, un grupo de banqueros que controla el mundo mediante la Conferencia Bilderberg, la Comisión Trilateral, y otros instrumentos de los "Illuminati". En mis viajes y mi correspondencia a menudo me relaciono con personas que han leído libros de David Icke y otros escritores que dan razones persuasivas para pensar en una antigua conspiración global consagrada a un "Nuevo Orden Mundial" simbolizada por la el ojo que todo lo ve en la cima de la pirámide, controlando cada gobierno y cada institución, llevada entre bastidores por un pequeño clan secreto de monstruos con sed de poder quien cuenta incluso con los Rothschilds y los Rockefellers entre sus títeres. Tengo que ser muy inocente, o muy ignorante, por no comprender la verdadera naturaleza del problema.

Mientras que confieso que soy un inocente, no soy un ignorante. He leído mucho de este material y no me satisface. Mientras que queda claro que en los acontecimientos del 11S y el asesinato de Kennedy hay mucho más que lo que nos han explicado, y que la industria financiera, el crimen organizado y el poder político están íntimamente relacionados, encuentro que, en general, las teorías de conspiración dan demasiada credibilidad a la capacidad de los humanos de manejar y controlar con éxito sistemas complejos. Ciertamente algo misterioso está pasando, y las "coincidencias" que gente como Icke citan desafían cualquier explicación convencional, pero si se me permite un momento de complacencia metafísica, yo creo que en última instancia lo que está pasando es que nuestras ideologías profundas y nuestros sistemas de creencia, y sus sombras inconscientes, generan una matriz de sincronías que recuerdan mucho una conspiración. De hecho, es una conspiración sin conspiradores. Todos somos marionetas, pero no hay titiriteros.

Es más, la atracción de las teorías de la conspiración, las cuales son usualmente infalsificables, son tan psicológicas como empíricas. Las teorías de la conspiración tienen un sombrío encanto porque tocan nuestra indignación primaria e identifican algo contra lo que canalizarla, algo que podemos culpar y odiar. Por desgracia, tal como numerosos revolucionarios han descubierto cuando han derribado a los oligarcas, nuestro odio está mal encaminado. El verdadero culpable está mucho más escondido y es profundo. Trasciende la conciencia humana, e incluso los banqueros y los oligarcas viven bajo su hechizo. El verdadero culpable son los señores extraterrestres que conducen el mundo desde sus platillos volantes. ¡Es broma! 10. Bueno, no del todo. La imputación de un control infame a entidades extraterrestres o demoníacas esconde un punto de vista válido: que la fuente del mal en nuestro mundo está fuera del alcance de la conciencia humana. Son titiriteros, sí, pero son sistemas e ideologías, no gente. En cuanto a los extraterrestres, tengo problemas a la hora de contestar la pregunta de si "creo". Tal vez la cuestión de si "existen" se va por asunciones ontológicas que no son verdad, especialmente que haya un telón de fondo objetivo en el que las cosas o bien existen o no. Así que normalmente digo que "sí".

El verdadero culpable, el verdadero titiritero que manipula nuestras élites entre bastidores, es el sistema monetario en sí: un sistema basado en el crédito y dirigido por el interés que surge de la vieja marea de separación; que genera competición, polarización y avaricia; que incita un crecimiento exponencial inacabable; y, sobre todo,

que está llegando a su fin en nuestros tiempos a medida que el combustible de este crecimiento (el capital social, natural, cultural y espiritual) se agota.

Los siguientes capítulos describen este proceso y las dinámicas del interés, dando un marco diferente a la actual crisis económica como la culminación de una tendencia de muchos siglos. Dicho así, podemos entender mejor cómo crear no sólo un nuevo sistema monetario, sino un nuevo tipo de sistema monetario, que tenga los efectos opuestos de lo que tenemos ahora: compartir en lugar de avaricia, igualdad en lugar de polarización, enriquecimiento de los comunes en lugar de su expolio, y sostenimiento en lugar de crecimiento. Este nuevo tipo de sistema monetario también encarnará un cambio aún más profundo que vemos que está pasando hoy en día, un cambio en la identidad humana hacia un ser conectado, ligado a todos los seres en el círculo del regalo. Un dinero que forme parte de esta Reunión, de este Gran Giro, seguro que merece ser llamado sagrado.