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La calidad ambiental urbana también significa una situación figurada de calificación altamente variable en función de la dinámica que contiene las contradicciones entre las cualidades ambiental y urbana. Entonces, el concepto resultará sumamente versátil de acuerdo a tales contradicciones que bien pueden ser consideradas como problemas desde un punto de vista empírico. No obstante, su relevancia es creciente ya que en términos de calidad de vida de las poblaciones involucradas, el desbarajuste del medio urbano es uno de los problemas más difíciles con que se enfrentan las grandes ciudades, un aspecto fundamental del problema ambiental urbano, recalcado por la Organización Mundial de la Salud (Sachs-Jeante, 1994:10).

Las condiciones urbano ambientales son diferentes según distintos niveles socioeconómicos de la población e impactan sobre ellos de distintas y específicas formas (se podría decir que hay diferentes magnitudes de vulnerabilidad). Hay condiciones ambientales generales (contaminación en toda la ciudad/área metropolitana) y específicas de un área urbana, de un barrio, de una calle y más micro aun, dentro de la vivienda. La inequidad social se refleja en la producción y mantenimiento de la ciudad; existe una ciudad para los que la pueden pagar, con todos los servicios que los avances técnicos permiten, con una sana situación de legalidad y, aun en la mayoría de nuestras ciudades, con un medio ambiente circundante con pocos signos de deterioro.

La otra ciudad es inundable, sin servicios ni equipamientos, sin seguridad en la situación legal, con un entorno ambiental deteriorado. La polarización cada vez mayor que se da en la sociedad se refleja en la apropiación y construcción del ambiente urbano (Clichevsky, 2002: 12).

Fernández (2000: 131) considera al ambiente urbano como una forma particular - aunque crecientemente hegemónica como modalidad habitativa social - del ambiente, en tanto relación Sociedad-Naturaleza. En efecto, si un ambiente es una de tales relaciones, en tanto un grupo social cualquiera interactúa con una porción discreta de naturaleza, imponiéndole transformaciones esencialmente productivistas, un ambiente urbano es la configuración estable que un grupo social ha definido históricamente, con fines habitativos y luego ligados al intercambio, la producción y el consumo, transformando una porción de naturaleza e instituyendo, a la vez, una suerte de naturaleza secundaria cultural y tecnológicamente definida.

Luengo (1998) entiende por calidad ambiental a las condiciones óptimas que rigen el comportamiento del espacio habitable en términos de confort asociados a lo ecológico, biológico, económico-productivo, socio-cultural, tipológico, tecnológico y estético en sus dimensiones espaciales. De esta manera, la calidad ambiental urbana es por extensión, producto de la interacción de estas variables para la conformación de un hábitat saludable, confortable y capaz de satisfacer los requerimientos básicos de sostenibilidad de la vida humana individual y en interacción social dentro del medio urbano. A su vez, Escobar (2006: 77) indica que la calidad ambiental urbana puede ser concebida como un componente del desarrollo sostenible urbano, junto con las condiciones económicas y sociales.

Po otro lado, desde el punto de vista administrativo, en este caso el de la Municipalidad de General Pueyrredon, se establece la relación entre la ciudad y su ambiente a partir del concepto de Ambiente Urbano, es decir el conjunto del espacio urbano, las aguas superficiales, entubadas o subterráneas, el suelo y demás constituyentes del medio natural. Sistema constituido por los factores naturales (suelo, agua, aire), culturales (usos y costumbres) y sociales de una población, interrelacionados entre sí, que condicionan la vida del hombre, a la vez que constantemente son modificados por éste (Código de Ordenamiento Territorial -COT- del Partido de General Pueyrredon, 2000).

Como afirma Saint Marc el progreso o bienestar social del hombre individualmente o en sociedad, se medirá por la suma de las variaciones de los componentes relacionados con el nivel de vida, las condiciones de vida y el ambiente, y no por la evolución de uno solo (Maldonado,1998, citando a Méndez, 1992).

De todas maneras, la vinculación entre la noción de CdV y el ambiente es innegable más allá de que éste último se encuentre explicitado en alguna definición. Entonces, si el ambiente presenta signos de maltrato por parte del hombre invariablemente va a repercutir negativamente sobre la calidad de vida de los individuos y la sociedad. Por ello, el gran cuestionamiento gira en dirección de cómo vivir en ciudades hacinadas, no planificadas cabalmente, con agua y aire contaminados, congestionamientos en la circulación y modelos de vida consumistas. Aspirar a la CdV y al bienestar sostenible, interpone la racionalización del consumo, lo cual conduce a replantear el desarrollo en términos de calidad y cualidad, no de cantidad. Sin embargo, mientras más se habla de calidad de vida, la realidad inmediata y las proyecciones futuras, señalan tendencias adversas (Espinosa Henao, 2000 citando al Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, HABITAT, 1996). El déficit de CdV, en todas sus dimensiones, se debe solucionar a partir de cambio cultural que implique desde su asociación con el ambiente, una forma más responsable de consumo, por medio de políticas, principalmente municipales, que apunten a gestiones locales que enmienden los problemas ambientales con una activa participación de los vecinos.

Siguiendo con esta línea de razonamiento, Rueda (1997) postula lo complejo que es alcanzar una armonía entre las demandas de la sociedad hacia el ambiente y las características ecológicas del mismo, dado que la máxima expresión de la CdV es la que se da en una situación de equilibrio ecológico perfecto, tanto en lo biótico y de entorno, como en lo social, cultural y mitológico. Así la CdV estaría situada, en términos absolutos, como un mito inalcanzable.

La manera en que se podría establecer una relación equilibrada entre los dos conceptos en cuestión sería por medio de la significación de desarrollo sostenible definido como aquel que ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de una comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales, construidos y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios. Sobre la base de estas premisas, para las Naciones Unidas a través del Programa de Medio Ambiente y del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza se indica

que el desarrollo sostenible implica una mejora de la CdV dentro de los límites de los ecosistemas.

Resumiendo, todas estas definiciones conceptuales presentan gran cantidad de elementos en común donde queda claramente plasmada la recíproca vinculación del Hombre, con su propia aproximación a lo que es la CdV, con el ambiente. Igualmente es necesario reconocer el carácter bilateral de las repercusiones que puede tener el accionar de uno sobre el otro, y la necesidad de buscar un equilibrio para que este gran sistema complejo compuesto por la suma de ambos pueda desarrollarse de la manera más armoniosa posible.

“Nada puede detener a la historia, que se repite indefinidamente. Se reproducirá la especie humana, y entonces, la humanidad deberá iniciar nuevamente sus luchas. La pólvora permitirá que el hombre pueda matar a millones de semejantes, y sólo así, mediante el fuego y la sangre, se desarrollará una nueva civilización. Todo cambia. Lo único que perdura es la fuerza cósmica y la materia, siempre en estado de fusión, reaccionando y produciendo las mismas figuras: el sacerdote, el soldado y el rey. Unos lucharán, otros dominarán y otros rezarán; los demás trabajarán y sufrirán, y sobre sus cuerpos ensangrentados volverá a erigirse, una y otra vez, infinitamente, la asombrosa belleza y la incomparable maravilla de la civilización.”

Fragmento de un cuento del escritor naturalista estadounidense Jack London (1876- 1916).