Chapter 4: Materials and methods
4.8 Low velocity impact testing
De acuerdo con Sablayrolles (1993), los estudios en neología se interesan principalmente por el aspecto morfológico y el establecimiento de tipologías de formación de palabras; sin embargo, para él también es interesante estudiar las causas de los neologismos, es decir, por qué un emisor utiliza una nueva unidad léxica.
En relación con esto, Freixa (2002) señala que la realidad que hay que expresar implica diversas reacciones psicológicas de los hablantes como individuos y como miembros de un grupo social, y estas diversas motivaciones psicológicas y sociales encuentran su expresión en la facultad que posee cada hablante de producir constantemente nuevas unidades léxicas.
Así pues, todos los neologismos tienen una razón de ser, es decir, la aparición de éstos está motivada por diversas causas. Estornell (2009) señala que todos los neologismos están motivados por unas características referenciales independientemente de si la realidad que designan es nueva o no. Cabré (1993) menciona necesidades referenciales y expresivas como causa de la aparición de neologismos. Méndez (2011), por su parte, afirma que entre las razones por las que se crean nuevas unidades léxicas destacan:
La necesidad denominativa de un nuevo concepto, producto, tendencia política, religiosa, etc.; la voluntad expresiva o de estilo con la que busca un mayor impacto o simplemente para evitar las repeticiones en busca de una mayor riqueza léxica (mediante el uso de múltiples formas sinónimas, por ejemplo); la ignorancia o el error en ocasiones, las prisas y las limitaciones impuestas por el espacio físico que debe tener una nota, en otras, ya sea por acortamiento de la expresión o por su alargamiento. Todas estas causas se manifiestan en el plano léxico mediante la introducción de préstamos, las adaptaciones de términos extranjeros, los calcos semánticos, los falsos amigos, las invenciones de nuevos términos, entre otros (Méndez, 2011: 40).
Solé (2002: 83) también menciona necesidades denominativas y estilísticas, y agrega el deseo de integración a un grupo social determinado. Así, entre los motivos que el emisor tiene para crear unidades léxicas la autora menciona: denominar un concepto
nuevo, aún sin nombre o que piensa que no tiene nombre en su lengua; identificarse con un grupo social determinado (argot de las diferentes tribus urbanas, por ejemplo); llamar la atención del receptor utilizando palabras con un sentido diferente o pertenecientes a subsistemas diferentes, por motivos estilísticos o como un juego.
A partir de estas motivaciones, autores como Mounin (1990) y Sablayrolles (1993, 2000) han sostenido que la creación neológica está motivada por diferentes funciones. El primero sostiene que la lengua evoluciona porque el mundo lo hace y la lengua siempre ha denominado lo que necesitaba llamar por su nombre. De acuerdo con esto, el autor menciona cuatro causas principales para explicar la aparición de nuevas palabras: en primer lugar, el principio de economía, es decir, la ley del mínimo esfuerzo; en segundo lugar, la afectividad, la sensibilidad, la expresividad del hablante, que, a su vez, pone en juego el principio de economía y puede anularlo; en tercer lugar, señala que el prestigio o el esnobismo constituyen también una fuente, no menos importante, de desarrollo léxico; por último, el uso lúdico del lenguaje también favorece la aparición de neologismos.
Sablayrolles (1993), por su parte, profundiza con respecto a esto en su artículo Fonctions des neologismes, en el que presenta una clasificación de las funciones de los neologismos centradas en el interlocutor, la lengua y el locutor. Con respecto a las primeras, las funciones centradas en el interlocutor, el autor señala que a través del uso de neologismos el locutor intenta provocar una conducta (leer, escuchar y prestar una atención especial a lo que dice el locutor; en el caso de las actividades culturales, darse a conocer y atraer público; en el caso de la publicidad, incitar a consumir o comprar diversos productos o servicios) o bien intenta inculcar una idea (por ejemplo, a través del uso de neologismos con juicio de valor integrado, neologismos-homenaje, neologismos que destacan el valor o mérito de algo o neologismos polémicos) o incluso provocar sentimientos (imposición de un lugar jerárquico - superioridad, igualdad, inferioridad-, seducción/repulsión).
Entre las funciones centradas en la lengua, el autor menciona la función lúdica (se trata de jugar con la lengua), la renovación de la lengua (adaptar la lengua a las exigencias de cada época) y la defensa e ilustración de la lengua a través de ciertos escritores.
Por último, con respecto al locutor, cuando éste utiliza un neologismo, según el autor, esto puede deberse a una preocupación por la economía (para evitar una perífrasis u omitir un discurso explicativo), a una preocupación por la exactitud (la necesidad de crear una nueva palabra para evitar posibles confusiones) o bien a un deseo de integración en el mundo (integración del individuo en un grupo más o menos grande, más o menos estable, definido por diversos criterios. Aparece aquí el uso de palabras de moda, sufijos productivos, procedimientos sintácticos, procedimientos morfológicos y grafías de moda). Además de estas funciones, el autor menciona algunos tipos de neologismos difíciles de clasificar sólo desde un punto de vista sin considerar la diversidad y complejidad de las situaciones dialógicas, tal es el caso de los neologismos populistas (podemos reconocer en ellos la expresión de una emoción como la rabia y la indignación y el deseo de compartirla con los demás), los neologismos que representan un guiño (una especie de confabulación con el destinatario, quien es capaz de descifrar el neologismo), los neologismos herméticos (una presión centrada en el código, unida a las preocupaciones estéticas del escritor, puede asociarse a la preocupación por dirigirse a un público en especial y ser inaccesible a los lectores vulgares), los neologismos hipocorísticos (combinan una idea fina y sutil no siempre bienintencionada con la expresión de un sentimiento de simpatía y ternura) y los neologismos apotropaicos (están centrados en el código -ilustrar la lengua- y en el interlocutor -al que intentan influenciar a su favor).
De esta clasificación de funciones propuesta por Sablayrolles, en nuestra investigación nos interesa principalmente aquellas centradas en el locutor, aunque también tendremos en cuenta elementos de las funciones centradas en la lengua y de los neologismos difíciles de clasificar sólo desde un punto de vista. Estos elementos, junto con las ideas y aspectos generales presentados anteriormente sobre las diversas causas que motivan la aparición de neologismos guiarán el análisis de nuestros neologismos en contexto con el fin de identificar la función de éstos y la intención del autor al momento de utilizarlos. Podríamos pensar, por ejemplo, que la función lúdica estará relacionada con la transgresión de las reglas de formación o con el concepto de “rareza” de las palabras, mientras que la función de renovación de la lengua estará relacionada, muchas veces, con el uso de un tipo particular de neologismo: los préstamos. Esto último también
podría suceder con la función relacionada con el deseo de integración en el mundo según el valor que dé cada comunidad al uso de unidades léxicas de origen extranjero. Así pues, todos estos elementos nos permitirán, además, observar el comportamiento neológico de mujeres y hombres en periódicos y blogs desde otra perspectiva: la función de los neologismos que ambos géneros utilizan, es decir, las necesidades a las que responde el uso de estas unidades en sus textos. Como señala Sablayrolles (op. cit.), cualquiera que sea el emisor y cualquiera que sea el tipo de formación, todos los neologismos tienen una razón de ser.
En el planteamiento del análisis sobre la función y uso lingüístico de los neologismos (apartado 6.3.1) presentamos, de manera más detallada, el respaldo teórico para las distintas funciones que proponemos para analizar nuestro corpus neológico.