La revisión de la relevancia política de las características personales de los líderes pone de manifiesto su complejidad. Las circunstancias que les confieren significación son variables. Creer que un candidato es competente no tiene las mismas consecuencias que creer que es honesto, simpático o cercano. La utilidad de las cualidades personales no se reduce al recuento de aspectos positivos y negativos. También es importante su contenido sustantivo, porque cada característica tiene diferentes implicaciones políticas (Funk 1999). En otras palabras, la percepción de la personalidad de los líderes es multidimensional. El carácter no constituye un elemento más de evaluación de los candidatos, sino que es la fuente de múltiples y variadas inferencias. La multidimensionalidad es una premisa para entender la influencia del componente personal de la imagen. Si, como acabo de apuntar, el elector otorga un peso diferenciado a cada cualidad en función de sus intereses, valores y preocupaciones, es necesario que sea capaz de discriminar el alcance específico de la información referida a las características personales del líder.
Aunque existe una cantidad ingente de términos para designar diferentes atributos de la personalidad, en buena medida sus significados se solapan dando pie a un grupo limitado de grandes categorías que describen sus aspectos elementales (Matthews y otros 2003). En cuanto a las imágenes de los líderes, los trabajos sobre el tema coinciden en señalar que la percepción de las características personales se estructura en torno a un número reducido de dimensiones. Estas grandes dimensiones recogen la mayor parte de los atributos utilizados para caracterizar a los personajes políticos a partir de un contenido compartido en referencia a alguna cualidad básica subyacente (véanse Barisione 2006; Funk 1999). La cuestión que debemos plantearnos es cuáles son, en concreto, esas dimensiones.
Los psicólogos parecen haber llegado a un acuerdo sobre la naturaleza de las dimensiones básicas en la percepción del carácter. Se trata de los llamados “Cinco Grandes” factores de la personalidad: (1) Energía, (2) Afabilidad, (3) Tesón, (4) Estabilidad emocional
y (5) Apertura a la experiencia (véase Matthews y otros 2003).13 Algunos autores han
sugerido la existencia de un cierto paralelismo entre la manera en que percibimos a los personajes políticos y cómo valoramos a las personas con las que nos relacionamos de forma cotidiana. Lane (1978: 447), por ejemplo, afirma que “la gente busca en los líderes las mismas cualidades que busca en las amistades”. Esta idea viene a confirmar la tesis de que la relevancia política no está restringida a los aspectos puramente instrumentales del carácter, sino que incorpora cualidades, como la empatía, más difíciles de encajar en una perspectiva racional. Sin embargo, ello no impide reconocer que la dimensión pública de los líderes partidistas probablemente altera el esquema habitual de valoración interpersonal (Kinder 1986; Lane 1978; Rahn y otros 1990; Sullivan y otros 1990). Existen evidencias de que el procesamiento de la información personal de los candidatos, aunque guarda evidentes similitudes, difiere significativamente del que se aplica en las relaciones cotidianas y en referencia a otros colectivos (Pancer y otros 1999). Caprara y sus colegas han empleado las técnicas psicométricas habituales al análisis de la percepción pública de los líderes políticos. En un trabajo que fue galardonado con un premio Ig Novel (“innoble”, en paródica alusión a los Nobel), los autores destacan la excepcional parsimonia con que los candidatos proyectan su imagen personal (Caprara y otros 1997). Frente a los cinco factores que típicamente resumen la percepción del carácter de uno mismo y el de figuras populares de otros ámbitos (como el deporte o la televisión), tan solo dos dimensiones bastan para describir los aspectos básicos de la personalidad de los políticos. Esta simplificación permite al votante procesar la avalancha de información política de forma eficiente en consonancia con la naturaleza dicotómica de las elecciones, que se reduce a la decisión de apoyar o no al candidato en cuestión. Y es, al mismo tiempo, un reflejo del alto grado de implicación ideológica y emocional que envuelve a las opiniones políticas (Caprara y otros 1997, 2002; Caprara y Zimbardo 2004) en la observación de las imágenes personales de los líderes.
Sin embargo, no existe un consenso acerca del número y el contenido específicos de las dimensiones a partir de las cuales los electores organizan sus impresiones sobre la personalidad de los candidatos. La tabla 4.1 muestra los resultados de algunos de los principales trabajos que han tratado de resolver la cuestión empíricamente, a partir del análisis de datos individuales. Para cada uno de ellos se indican las dimensiones detectadas,
13 Las etiquetas utilizadas para referirse a estos factores varían ligeramente de un autor a otro. Por su claridad, me gusta la categorización de Goldberg, cuando los define como dominios relacionados, a grandes rasgos, con los conceptos de poder, amor, trabajo, afecto e intelecto (cit. en Matthews 2003: 26).
el ámbito del análisis y la metodología utilizada. Tal y como se puede apreciar, la mayoría de los estudios se enmarcan en Estados Unidos, aunque afortunadamente también los hay que han utilizado datos procedentes de países con regímenes políticos de distinta naturaleza, como Alemania y el Reino Unido. En todos los casos, la metodología empleada es similar. Las opiniones individuales sobre las cualidades personales de los candidatos se someten a alguna técnica de reducción de datos, típicamente el análisis factorial, para determinar su estructura dimensional. Tales opiniones pueden haber sido recogidas mediante un procedimiento uniforme, previamente establecido, o bien adoptar la forma de respuestas espontáneas en torno a los aspectos positivos y negativos de los candidatos.
Tabla 4.1. Dimensiones empíricas en la percepción de la personalidad de los líderes políticos
Autor/es Dimensiones Ámbito Método
Miller & Miller (1976) 1. Competencia 2. Confianza 3. Responsabilidad 4. Liderazgo 5. Apariencia y características sociodemográficas Estados Unidos, 1972
(Nixon, McGovern) Análisis factorial sobre 34 códigos obtenidos a partir de las respuestas a preguntas abiertas sobre los candidatos
Nimmo & Savage
(1976) 1. Liderazgo 2. Integridad 3. Empatía Estados Unidos (elección al Senado en Missouri, 1970; precandidatos demócratas, 1971; campaña presidencial, 1972)
Análisis factorial tipo Q Kinder, Abelson y Fiske (1979) 1. Competencia 2. Integridad Estados Unidos, 1979 (Carter, Ford, Kennedy, Reagan)
Análisis factorial sobre batería cerrada de 16 ítems
Markus (1982) 1. Competencia
2. Integridad Estados Unidos, 1980 (Carter, Reagan, Anderson, Kennedy)
Análisis factorial sobre batería cerrada de 7 atributos Kinder (1986) 1. Competencia 2. Liderazgo 3. Integridad (4. Empatía) Estados Unidos, 1983 (Reagan, E. Kennedy, Mondale) Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada de 24 atributos Miller , Wattenberg y
Malanchuk (1986) 1. Competencia 2. Integridad 3. Responsabilidad 4. Carisma 5. Apariencia y características sociodemográficas Estados Unidos, 1952- 1984 (candidatos presidenciales) Análisis factorial de respuestas a preguntas abiertas sobre los candidatos
Lodge, McGraw y
Stroh (1989) 1. Competencia 2. Integridad Estados Unidos, 1987 (experimento en torno a un congresista ficticio)
Análisis factorial sobre batería cerrada de 24 atributos
Autor/es Dimensiones Ámbito Método McCann (1990) 1. Liderazgo 2. Competencia 3. Integridad 4. Empatía Estados Unidos, 1984
(Reagan, Mondale) Análisis factorial confirmatorio sobre batería de 12 atributos Caprara, Barbaranelli y Zimbardo (1997, 2002) 1. Energía 2. Simpatía Italia (Berlusconi, Prodi, Fini, D’Alema) y Estados unidos (Clinton, Dole), 1997- 98 Análisis de componentes principales sobre baterías cerradas de 25 atributos Funk (1999) 1. Liderazgo/competencia 2. Integridad 3. Empatía Estados Unidos, 1984- 1996 (Reagan, Mondale, Dukakis, Bush, Clinton) Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada de 9 (+2) atributos Pancer , Brown y
Widdis Barr (1999) 1. Carisma 2. Competencia 3. Integridad
Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, 1993 (líderes nacionales, extranjeros y figuras de ámbitos no políticos) Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada de 40 atributos Brettschneider & Gabriel (2002) 1. Competencia 2. Liderazgo 3. Atractivo personal 4. Integridad Alemania, 1997 (Kohl y Schröder) Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada de 11 atributos Newman (2003) 1. Competencia
2. Integridad Estados Unidos, todos los presidentes entre 1980 y 2000
Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada de entre 5 y 13 atributos Ohr & Oscarsson
(2003) 1. Competencia 2. Liderazgo 3. Honradez 4. Empatía Estados Unidos, 1988- 2000; Australia, 1993- 2001 Análisis factorial confirmatorio sobre baterías cerradas Stewart y Clarke (1992); Clarke, Sanders, Stewart y Whiteley (2004) 1. Competencia 2. Receptividad Reino Unido, 1987 (Thatcher, Kinnock, Steel, Owen); 2001 (Blair, Hague, Kennedy) Análisis factorial confirmatorio sobre batería cerrada
Fuente: elaboración propia.
De entre los trabajos examinados, quizá los más elaborados y los que han tenido mayor repercusión sean los de Miller y otros (1986) y Kinder (1986). Miller y sus colegas analizan las respuestas a las tradicionales preguntas abiertas sobre los aspectos positivos y negativos de los candidatos presidenciales americanos entre las elecciones de 1952 y 1984. A partir de estos datos extraen cinco grandes dimensiones: competencia, entendida como capacidad intelectual y experiencia; integridad, que incorpora aspectos como la confianza, la honestidad y la sinceridad; fiabilidad, que define atributos relacionados con la responsabilidad, la dedicación y la agresividad, y que hacen de puente entre la competencia y la integridad; el carisma, concebido en términos de liderazgo y facultad para comunicar y
conectar con la gente; y una última dimensión en la que tienen cabida todos los rasgos relacionados con la apariencia de los candidatos y sus características sociodemográficas, como edad, confesión religiosa y diferentes aspectos de la biografía personal.
Por su parte, Kinder analiza las baterías de preguntas cerradas que él mismo contribuyó a diseñar para su inclusión en los cuestionarios de los National Election Studies americanos (Kinder y otros 1979). De su análisis emergen cuatro factores definidos con las etiquetas de competencia, liderazgo, integridad y empatía. Las dos primeras describen distintos aspectos de la eficacia, entendida en sentido amplio. La competencia recoge las aptitudes técnicas y gerenciales, como la inteligencia o la capacidad de trabajo. El liderazgo recoge los aspectos de tipo místico o carismático, y queda plasmado en atributos como la fuerza o la inspiración. La decencia, la rectitud moral o la falta de ambición por el poder serían cualidades típicas de la tercera dimensión, la integridad. Y la empatía abarca los aspectos que definen a las personas como compasivas, amables y comprensivas.14
Tal y como se observa en la tabla 4.1, las conclusiones respecto a la dimensionalidad de las imágenes personales varían considerablemente. Cabe suponer que al menos una parte de las diferencias obedece a la utilización de metodologías distintas (Nimmo y Savage 1976). Los análisis basados en los comentarios espontáneos a preguntas abiertas identifican un mayor número de factores. En general, cuanto más amplia es la lista de variables a analizar, más compleja parece la estructura dimensional subyacente. Por otro lado, en los estudios basados en respuestas precodificadas, los atributos incluidos no suelen coincidir ni en número ni en contenido.15 La inevitable utilización de etiquetas para definir los factores
supone una traba adicional a la hora de extraer unas conclusiones generales a partir de los trabajos publicados. En cualquier caso, sí es posible detectar algunas regularidades. En primer lugar, queda confirmado el carácter multidimensional de las percepciones de la personalidad de los líderes. Si bien el número de dimensiones parece ser un elemento variable, es evidente que los electores tienen en cuenta el contenido diferenciado de las
14 A pesar de su diferenciación, las dimensiones de integridad y empatía aparecen tan fuertemente correlacionadas en el análisis de Kinder que el mismo autor entiende que es prescindible, en términos empíricos.
15 Nótese que los resultados son muy similares cuando coinciden en la fuente de datos. Esto sucede con los trabajos de Miller y Miller (1976) y Miller y otros (1986); o con los de Kinder (1986), McCann (1990) y Funk (1999).
cualidades personales.16 En segundo lugar, se puede observar que, al margen de las
diferencias, dos factores, competencia e integridad, emergen claramente en la mayoría de los estudios. Estas dos dimensiones parecen plasmar cualidades apreciadas de manera prácticamente universal. Un tercer factor, el liderazgo (en ocasiones con la etiqueta de carisma), también aparece de forma recurrente, aunque con menor frecuencia que las anteriores.
En general, el panorama que dibujan los resultados de estos estudios sugieren la ausencia de una estructura común en la percepción de la personalidad de los líderes. Ciertamente, hay indicios de la existencia de un par, quizá tres dimensiones cuya importancia parece probada al margen de circunstancias particulares. Las variaciones observadas bien podrían deberse a la utilización de técnicas distintas. No obstante, algunas de las diferencias encuentran explicación en el marco de un enfoque que tiene en cuenta las contingencias del contexto político. El procesamiento de la información personal, así como sus efectos en la valoración de los candidatos, en buena medida obedecen a la evolución de la agenda política.