Part VI: The Part of Tens
Chapter 3: Getting Your ACT! Together
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Cuando llegó la noticia de la caída de la Junta de Sevilla en poder de los franceses, el grupo de Castelli y Belgrano dirigió el proceso que lleva- ría a la Revolución de Mayo. Castelli y Saavedra descartaron el plan de Martín Rodríguez de expulsar a Cisneros por la fuerza. Luego de varias discusiones, se decidió demandar la realización de un cabildo abierto. Castelli y Belgrano negociaron con el alcalde de primer voto Juan de Lezica y el síndico procurador, Julián de Leiva. Aunque lograron convencerlos, aún hacía falta la autorización del propio Cisneros, para lo cual acudieron Castelli y Rodríguez a la sala del Fuerte. Previo a ello, Cornelio Saavedra le había negado a Cisneros el apoyo de los patricios, bajo la premisa de que, al desaparecer la Junta de Sevilla que lo había nombrado como vi- rrey, ya no poseía legitimidad para ejercer dicho cargo.
Cisneros se exaltó por la presencia de Castelli y Rodríguez, que acu- dían sin cita y armados. Estos reaccionaron con dureza y exigieron una
contestación inmediata al pedido de cabildo abierto. Tras una breve con- versación en privado con el fiscal Caspe, Cisneros accedió a que se reali- zara. Cuando los criollos se estaban retirando, Cisneros consultó por su seguridad personal, a lo cual Castelli respondió: «Señor, la persona de Vuestra Excelencia y su familia están entre americanos, y esto debe tran- quilizarlo». Tras dicha entrevista, acudieron a la casa de Rodríguez Peña a informar a sus partidarios de lo ocurrido.
Las memorias de los testigos y protagonistas de esos días mencionan a Castelli en diversos sitios y actividades: negociando con los hombres del cabildo, en casa de los Rodríguez Peña participando de la planificación de los pasos a seguir por los criollos, en los cuarteles arenando a las mili- cias, visitando el Fuerte para presionar a Cisneros. El propio Cisneros, al describir los acontecimientos al Consejo de Regencia, llamó a Castelli «el principal interesado en la novedad», es decir, en la revolución.
El cabildo abierto se celebró el 22 de mayo de 1810. En él se discutió si el virrey debía seguir o no en su cargo y en caso negativo quién debería reemplazarlo. El primero en opinar fue el obispo Benito Lué y Riega, quien sostuvo que Cisneros debía continuar y que, en caso de que toda España quedase en poder de Francia, los españoles peninsulares debían mandar en América. Castelli tomó la palabra para responderle al obispo y basó su argumentación en la Doctrina de la Retroversión de la soberanía de los pueblos que ya había empleado en la defensa de Paroissien. Insistía con la idea de que, a falta de una autoridad legítima, la soberanía regresa- ba al pueblo y este debía gobernarse a sí mismo. Más adelante se impuso la idea de destituir al virrey, pero como Buenos Aires no tenía autoridad para decidir unilateralmente la nueva forma de gobierno, se elegiría un gobierno provisorio, en tanto se solicitaban diputados a las demás ciuda- des para tomar la decisión definitiva. Sin embargo, hubo diferencias so- bre quién debía ejercer ese gobierno provisorio: algunos sostenían que debía hacerlo el cabildo y otros que debía elegirse una junta de gobierno. Para unificar criterios, Castelli se plegó a la propuesta de Saavedra de formar una Junta, pero con el añadido de que el síndico procurador del cabildo, Julián de Leiva, tuviese voto decisivo en su formación. Con esto
buscaba sumar a los antiguos partidarios de Álzaga, como Mariano More- no, Domingo Matheu y el propio Leiva.
Sin embargo, el poder que recibió Leiva le permitió realizar una ma- niobra que Castelli no había previsto. Aunque se aprobó el cese de Cisne- ros como virrey, Leiva conformó una Junta con Cisneros como presiden- te, quien así conservaría el poder. Los otros miembros habrían sido el cura Juan Nepomuceno Solá, el comerciante José Santos de Inchaurregui, del partido español, y Saavedra y Castelli en representación de los crio- llos. El grueso de los criollos rechazó el proyecto: no aceptaban que Cis- neros permaneciera en el poder aunque fuera bajo otro título. Desconfia- ban de las intenciones de Saavedra y estimaban que Castelli, solo en la junta, poco y nada podría lograr. Castelli y Saavedra renunciaron ese mis- mo día y la Junta organizada por Leiva no llegó a gobernar.
Esa misma noche, los dirigentes criollos se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y redactaron una lista de integrantes para una Junta de gobierno que se presentó el 25 de mayo, mientras que French, Beruti, Donado y Aparicio ocuparon con gente armada la plaza y sus accesos. La lista agrupaba a representantes de las distintas extracciones de la política local. Lezica informó finalmente a Cisneros que había dejado de mandar. En su lugar asumió la Primera Junta.
Castelli encabezó junto a Mariano Moreno las posturas más radicales de la Junta. Ambos se habían vuelto amigos íntimos y se visitaban a dia- rio. Julio César Chávez los describió de la siguiente manera:
Apasionados al extremo, leales hasta el sacrificio con el amigo o el correligionario, e implacables en su oposición al enemigo; decisión firme, santa, al servicio de una causa imponderable y noble; valor moral, conciencia de la responsabilidad; energía, tenacidad e indecli- nable resolución en el servicio: Juan José Castelli y Mariano Moreno. Como ambos compartían los ideales de Rousseau y la determinación de tomar las medidas más extremas en favor de la revolución, se les adju- dicó el calificativo de «jacobinos».
Una de las primeras medidas de Castelli en la Junta fue la expulsión de Cisneros y los oidores de la Real Audiencia, que fueron embarcados rum- bo a España con el pretexto de que sus vidas correrían peligro.