Part VI: The Part of Tens
Chapter 10: Merging Your Information into a Document
En el apartado anterior, he observado la recurrencia de una serie de matrices narrativas y de variaciones posibles, que permiten com- prender, desde el punto de vista estructural, la problemática de la cla- sificación de estos textos. La cuestión genérica es sumamente difícil. Si lo pensamos dentro de los parámetros de la nueva crítica literaria, se puede retomar posturas que cuestionan la posibilidad de clasificar la producción textual cuando, en realidad, el acto de enunciación pro- voca variedades textuales sumamente complejas para su descripción formal. La situación se complica si se piensa el tema en el marco de la recepción textual. De este modo, una oración religiosa medieval pue- de ser leída, en la actualidad, como un poema o viceversa.1
1 La cuestión se profundiza si se consulta textos como el de Jonathan Culler, quien,
al insistir sobre la necesidad de deconstruir la concepción de la literatura, genera una gran renovación en la posibilidad de describir los géneros literarios como categorías abiertas, vistas desde distintos ángulos: el de la producción textual, el de la recepción textual, el de sus distintas operaciones de lectura, entre otras (1992).
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La problemática de los géneros discursivos se clarifica con el aporte de autores como Mijail Bajtín, quien traza la distinción entre géneros primarios o simples y géneros secundarios o complejos. Los géneros primarios o simples agrupan las producciones textuales de la comunicación inmediata, como una conversación o una carta, por ejemplo. Los géneros secundarios o complejos surgen en condicio- nes de una comunicación cultural más elaborada, como la novela, la crónica periodística o el discurso científico (1997: 250). Como es obvio, la narrativa oral se circunscribe dentro de los géneros prima- rios. Sin embargo, puede recordarse la diferenciación planteada so- bre el metacódigo, en la que se destacaba que las narraciones orales pueden considerarse parte del metacódigo, es decir, de los fenóme- nos socioculturales de identificación de un grupo, o expresión del metacódigo, una actuación verbal deliberada. De esta manera, un cuento breve, un chiste, una anécdota pueden surgir espontáneamen- te en una conversación ocasional, con lo cual se constituye como un ejemplo de género discursivo simple, o puede presentar una mayor elaboración, como género discursivo complejo, cuando un grupo le pide a un narrador un cuento o leyenda determinados, por su recono- cida habilidad para enunciarlos, y más aún, en la situación artificiosa de la entrevista, en la que el informante se siente en una circunstan- cia de evaluación por parte de un investigador.
En el caso de géneros de textos sometidos a la transmisión oral, la problemática también se complica porque el investigador obede- ce al prejuicio intelectual de querer clasificar los enunciados de los informantes, cuando, en realidad, la conversación fluye espontá- neamente, entre emisores y receptores y se produce una rica interacción que contamina textos y contextos. De este modo, es muy difícil definir cada texto recopilado como cuento o como leyenda, si se piensa, por ejemplo, que, en una misma entrevista, un informante puede plantear un relato personal, una anécdota, sobre la percep- ción de lágrimas en una imagen religiosa, otra puede relatar un tex- to similar como leyenda de creencia vigente en su barrio y otra pue- de recordarlo como un rumor recogido por la crónica periodística.
TEXTOYCONTEXTOENNARRACIONESORALES
En este punto, es importante recordar las observaciones de Char- les Briggs y Richard Bauman sobre la posibilidad de
entextualización. Con este concepto, ambos autores definen el pro- ceso que permite que, una vez reconocida una variedad textual como la original, se puede analizar las brechas intertextuales que se pro- ducen en los distintos actos de emisión, que provocan transforma- ciones más o menos relevantes, a nivel de formas y contenidos (1996: 78-108). Por lo tanto, más que una referencia a géneros canónicos, se debe describir los contextos de enunciación en los que los textos adquieren características temáticas, estilísticas, estructurales, espe- ciales, en muchos casos, únicas e irrepetibles.2
También debo insistir en la necesidad de grabar y desgrabar toda la entrevista a varios informantes, que, aparentemente, es la que reproduce la conversación espontánea, y desglosar los fragmentos narrativos que serán fácilmente identificables por las cadenas de acciones atribuidas a actantes determinados. Estas cadenas de ac- ciones pueden ser descriptas a partir de su organización en una si- tuación inicial, que revela circunstancias y personajes, una peripe- cia que la altera, un desarrollo de las tensiones provocadas por la peripecia y un desenlace, en mayor o menor medida, cerrado o abier- to, que resuelve el conflicto generado.
He hablado de superestructuras narrativas, como conjuntos de textos con unidades temáticas y estilísticas determinadas, como las historias sobre luces malas o sobre el alma mula, y este concepto lleva a considerar su subdivisión en especies narrativas. En primer término, debo destacar un género mayor, englobante: la conversa- ción, en la que los relatos se insertan en un circuito de comunica- ción (van Dijk, 1983). Dentro de la conversación, percibo dos gran-
2 Una definición transcripta de ese artículo puede ser muy básica para comprender
estas problemáticas: «los géneros pueden ser caracterizados como organizaciones convencionales ampliamente flexibles de medios y estructuras formales que cons- tituyen patrones de referencia complejos para la práctica comunicativa» (Briggs y Bauman, 1996: 85).
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des posibles clasificaciones de las narraciones incluidas:especies narrativas de ficción y especies narrativas de no-ficción.
Las especies narrativas de ficción están constituidas por aque- llas formas textuales en las que el emisor plantea su relato como una construcción imaginaria, de «fantasía» como afirmaba uno de los informantes. Muchos textos pueden recopilarse dentro de esta clasi- ficación, que constituyen cuentos y leyendas etiológicas o relatos humorísticos, entre otros, de acuerdo con clasificaciones más habi- tuales comola propuesta por Susana Chertudi (1991: 165-173). Las especies narrativas de no-ficción abarcan mayores complejidades de clasificación: desde el relato personal, la anécdota, que se colec- tiviza, la historia de vida, hasta los relatos de carácter plural y colec- tivo como las leyendas de creencia, casos, rumores, entre otros.3