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En el año 1894 el Dr. Llorente se instaló en el nº 6 del Paseo de Rosales en Madrid, tras regresar de su estancia en las clínicas y laboratorios

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extranjeros, donde profundizó en sus estudios de Higiene y Bacteriología, al lado de personalidades científicas de renombre en la época.

En este hotel270 de Madrid el Dr. Llorente fundó en ese mismo año el “Instituto Microbiológico”, aunque su inauguración oficial se verificó el 5 de mayo de 1895, como queda expresado en el álbum de firmas del Instituto. En dicho álbum entre las personalidades científicas y sociales, figuran las firmas de Von Behring y Loeffler, con fecha de 13 de abril de 1898.

Factura del Hotel de la Calle (Paseo) de Rosales, 6. Expedida a nombre del Dr. Llorente a fecha 4 de diciembre de 1897

Este Instituto fue pionero para el tratamiento de la difteria con medios íntegramente propios271, trasladándose posteriormente a los números 9 y 11 de la madrileña calle Ferraz272 donde pasó a denominarse “Instituto Microbiológico de Sueroterapia y Antirrábico”. Este Centro contaba con unas dependencias reducidas destinadas al laboratorio, consultorio y quirófano, y una cuadra en la que se cobijaba a los caballos donantes de suero. Posteriormente el Centro fue sufriendo profundas modificaciones y constantes reformas273, para poder desarrollar de la mejor manera posible su labor clínica y científica, como se pone de manifiesto en las licencias

270

Así calificaba la primera sede el Dr. Florencio Moreno de Vega (op. cit.), Madrid, 1965, p. 13. 271

Tanto Moreno de Vega como Clara Megías constatan que el Dr. Llorente trataba a los pacientes con medios propios. Y asimismo se contrasta en las numerosas publicaciones del propio Instituto. 272

El 8 de septiembre del año 1958, cuando se constituye el Instituto como Sociedad Anónima refleja en el acta que su domicilio social se sitúa en la Calle de Ferraz Nº 9.

273

También lo recogen Moreno de Vega en su publicación sobre el Instituto (op. cit.), página 17 y Clara Megías en su tesina, pág. 89.

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de construcción y gastos por remodelación que se han encontrado con fechas de 1912 y 1913.

En cuanto al nombre de Instituto, debe señalarse que a la muerte del Dr. Llorente, sus sucesores pasaron a denominarlo Instituto Llorente, nombre que ha mantenido esta institución hasta la fecha de su desaparición en el año 1997.

En esta época de finales del siglo XIX, la enfermedad de la difteria tenía una mortalidad entre los pacientes afectados cercana al 90%. El primer gran éxito profesional del Dr. Llorente fue, precisamente, el tratamiento de los enfermos de difteria con el suero antidiftérico de Behring y Roux, que Llorente no sólo preparaba en su Instituto, sino que además mejoró la forma de obtenerlo.

Para ello, el Dr. Llorente creo en su Instituto un servicio antidiftérico en el que salvó de la muerte a cientos de niños enfermos de todas las clases sociales, como muestra el “Resumen Estadístico de los Casos de Difteria y Garrotillo del Instituto Microbiológico de Madrid”274, en el que se muestran 744 casos de difteria tratados en las primeras instalaciones del Paseo de Rosales, especificando en cada uno el nombre del paciente, el nombre del médico de cabecera que le atiende y el resultado obtenido. No en vano el lema del Dr. V. Llorente, según sus colaboradores más cercanos era “clínica y laboratorio”275. El primer caso que aparece en este resumen estadístico es el de Antonio O´Neill, que fue el primer niño curado de la difteria por el Dr. Llorente. Este caso fue publicado en la revista “La Ilustración Española y Americana” el 22 de diciembre de 1894.

En el año 1895 el Dr. Llorente llevó a cabo la primera intubación en un enfermo diftérico, aunque no fue el primero en practicarla en España276, como él mismo recuerda en su Comunicación al III Congreso Español de Otorrinolaringología en 1910277. Está ampliamente documentado que Llorente contribuyó de forma notable a extender esta práctica en sustitución de la peligrosa operación de la traqueotomía cuya mortalidad era muy alta, tanto por la propia toxina como por septicemia de los pacientes así tratados.

274

Información que asimismo destaca Clara Megías en su Memoria (op. cit.) pág. 85. 275

Moreno de Vega (op. cit.), pág. 64. 276

En España un gran defensor de esta técnica fue Rodríguez Vargas. 277

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La intubación278 que practicaba el Dr. Llorente a sus enfermos consistía en la introducción de unas cánulas de oro graduadas de mayor a menor tamaño, que mediante un aparato, semejante a una pinza, se colocaba en la laringe y permitía el paso del aire279. La cánula se mantenía en su posición mediante unos hilos que se ataban normalmente a las orejas. Este tubo se extraía por lo general a las 48 horas, si la respiración se hacía normal, mediante un extractor, y un abrebocas. Este método se fue perfeccionando, para solventar los posibles problemas de obstrucción y expulsión de las cánulas.

Las ventajas que presentaba la técnica de la intubación frente a la traqueotomía en los enfermos diftéricos eran importantes, ya que la intubación se practicaba por orificios naturales, no era necesaria la anestesia, la respiración era normal y la alimentación era posible por vía nasal. Además, cuando se retiraba la cánula no dejaba herida, al contrario que en la traqueotomía, y por este motivo no presentaba peligro de infección.

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Joseph O' Dwyer, que no conocía los trabajos anteriores de Boucher en París, desarrolló una serie de tubos para tratar la obstrucción que provocaba la difteria en Nueva York y en 1887 publicó sus buenos resultados sobre la intubación translaríngea con tubos metálicos cortos, aplanados por los cantones, en 50 casos de difteria. Este investigador no sólo describe los tubos, sino también la técnica con abrebocas para mantener el campo operatorio, un apoyo especial para ayudar a la introducción y una pinza extractora para retirarlos, que son la base del trabajo de Llorente.

279

Una amplia documentación gráfica sobre las cánulas utilizadas en el Instituto se encuentra en la tesina de Clara Megías, ya citada, y dibujos de cánulas similares en el volumen sobre intubación del Dr. Faustino Barberá, publicado en Valencia en 1897 que, según nota manuscrita de Llorente encontrada en un ejemplar del libro de este autor, explica la técnica que vio utilizar al Dr. Llorente.

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Resumen estadístico de los casos de difteria y garrotillo tratados por el suero antidiftérico obtenido en el Instituto Microbiológico de Madrid

El número de pacientes intubados en el Instituto del Dr. Llorente fue elevado, ya que la técnica era complementaria a la aplicación del suero. A los pacientes inicialmente se les salvaba de la asfixia mediante la intubación y se les diagnosticaba la enfermedad mediante pruebas bacteriológicas, para inyectarles después el suero antidiftérico que allí se fabricaba. Este suero permitía en la mayoría de los casos vencer la

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enfermedad, evitando la parálisis producida por la toxina y eliminando la las falsas membranas que recubrían la laringe, lo que permitía la desintubación. En los Anales de la Real Academia de Medicina de 1897, Tomo XVII, Cuaderno 1, del Instituto de España, se documenta la siguiente estadística:

“En la Comunicación presentada a esta Academia280 los Sres. Llorente, Magdalena y Robert han comprendido 31 observaciones, deduciendo de ellas que el empleo simultáneo de la intubación y de la sueroterapia

antidiftérica es la terapéutica que debe emplearse en los casos de crup; que el empleo del suero, aún en aquellos casos en que no se ha

confirmado la presencia del bacilus de la difteria, es completamente inofensivo; que han practicado 31 intubaciones, con 10 muertos y descontando tres de éstos por parálisis de origen central antes de las 24 horas, resulta un 75% de curaciones; que la generalidad de los casos de muerte por bronco-neumonía, han sido intubados y tratados por la sueroterapia al octavo y décimo día de comenzado el padecimiento; y que en numerosos casos con síntomas crupales, tratados con el suero antidiftérico, y que no se comprenden en las observaciones presentadas, se han evitado las intervenciones quirúrgicas”.

En las Conclusiones de la Comunicación a la Real Academia de Medicina, publicadas por Llorente, Magdalena y Robert281, se añade además:

“Merece consignarse: Que hemos practicado cinco intubaciones en niños menores de dos años (…) Que la inmensa generalidad de intubados ha recaído en niños de familias más pobres, faltos muchos de ellos hasta de lo indispensable para su sostenimiento”

280

Cuaderno II, Tomo XVI, de los Anales de la Academia de Medicina. Instituto de España, pp. 75 – 84.

281

Anales de la Real Academia de Medicina de 1896, Tomo XVI, Cuaderno 2, del Instituto de España, pág. 129.

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El Dr. Llorente (a la derecha) y sus colaboradores (en el centro de pie Dr. Castro y Pascual) practicando una intubación a un niño enfermo de difteria

Aunque tanto en los inicios como en su posterior desarrollo el Instituto no contó con subvenciones oficiales282 y además muchos de los enfermos tratados pertenecían a familias modestas que a lo sumo contribuían con exiguas cantidades (tal y como explicaba el propio Dr. Llorente en la Comunicación expuesta en 1896 a la Real Academia de Medicina), hay que recordar que –muchos años después- el Instituto participó en Antibióticos S.A., que sí tuvo el apoyo institucional de ser declarada industria de interés nacional; y casi un siglo después se benefició en las revisiones de precios de su participación en las Asociaciones Científicas Llorente Alter y Llorente Fides. Sin embargo, en la última etapa del Instituto su proyecto europeo Eureka sobre la leishmaniosis canina no recibió ningún apoyo oficial.

No obstante, hay que señalar también que el propio Instituto Llorente contó desde su fundación con el apoyo material y moral brindado al Dr. Llorente por la Reina María Cristina y el Rey Don Alfonso XIII, que donaron algunos caballos para que fueran destinados a los trabajos

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Así se afirma en el Decreto de concesión al Dr. Llorente en 1911 de la Orden de la Beneficencia, en el que textualmente se afirma que su concesión responde a “los extraordinarios servicios que prestó al establecer un Instituto Bacteriológico en la calle de Rosales de esta Corte, destinado al tratamiento de enfermedades infecciosas, principalmente de la difteria, sin auxilio del Estado, Provincia ni municipio y proporcionando gratuitamente a muchas familias el virus antidiftérico. Parece ser que tampoco contó con subvenciones en etapas posteriores, según se ha contrastado en entrevistas a personal y responsables del Instituto.

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científicos desarrollados por el Instituto283. Este hecho se pone de manifiesto en el oficio284 de 10 de noviembre de 1895 de la Intendencia de la Real Casa dirigido al Dr. Llorente, por el que se le proporcionó los primeros caballos que utilizo para la fabricación del suero antidiftérico, que decía:

“No ha puesto en olvido S.M. la importancia de este Establecimiento, el trascendental objeto al que está consagrado, ni el éxito obtenido por la fe y el entusiasmo de sus fundadores. Sabedora S.M. de que en las Reales Caballerizas hay dos caballos buenos para ser inmunizados, los pone a disposición de Vds., por si creen que actualmente pueden ser de utilidad. Si Vds. Aceptan, S.M. tendrá sumo gusto en contribuir así a una empresa cuyos benéficos resultados son ya patentes e indudables”

Otro ejemplo del apoyo moral que recibió el Instituto es el dictamen, que en 1902, la Dirección General de Sanidad del Reino emitió acerca de la utilidad médico y científica de los trabajos realizados en el Instituto, recomendando al gobierno la protección más eficaz para éste. En virtud de este dictamen la Reina Regente285 en nombre de su augusto hijo el Rey D. Alfonso XIII, decreta la evidente utilidad de la fundación del Instituto para los intereses generales de la salud pública.

El propio Dr. Llorente fue Comisionado por el Gobierno de S.M. en distintos certámenes científicos de Francia, Alemania y Austria, tal y como se confirma en la publicación de sus conferencias dadas en el Instituto Microbiológico de Madrid (1899), en la que se añade que Llorente fue Vicepresidente de la Sección Primera del IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía y miembro de numerosas sociedades científicas del momento.

283 Aunque no se ha podido encontrar en la Gaceta de Madrid información sobre la donación de los caballos al Instituto, y aparte de este oficio, hay también testimonios en varias publicaciones, entre ellas l a ob ra de un di recto colaborador del Dr . Ll orente (M oreno de Ve ga) y e n el di scurso pronunciado por Lorenzo Vilas López en la Real Academia de Farmacia el 21 de e nero de 1982, en el que se dice textualmente: “la Reina Doña Mª Cristina le proporcionó los primeros caballos que utilizó en la fabricación del suero”.

284 MORENO DE V EGA, F. El Instituto Llorente. Breve historia de una institución ejemplar del siglo XIX, Madrid; 1965, pp. 16-17. También lo recoge Clara Megías en su tesina, pág. 83.

285 La Reina Regente firma ta mbién en 1890 el nombramiento d el Dr. Llorente co mo Méd ico Forense del distrito de Palacio de Madrid.

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Es evidente que La dirección en la investigación llevada a cabo en el Instituto correspondió desde su fundación al impulso e iniciativa del Dr. Vicente Llorente, pero también contó con apoyo de varios colaboradores importantes. Entre éstos se encontraba el Dr. Julio Robert, quien a los tres años de la fundación del Instituto Llorente presento una interesante comunicación286 sobre la difteria y el suero antidiftérico al XII Congreso Internacional de Moscú que se celebró entre los días 19 y el 26 de agosto del año 1897. Robert era Doctor en Medicina por las Universidades de Madrid y París y médico del Hospital de los Franceses en Madrid.

Posteriormente, colaboraron con el Dr. Llorente en el Instituto los Doctores Roca y Castro, el primero en el área de la clínica y el segundo en el de biología, al tiempo que ejercía como Catedrático de Microbiología en la Facultad de Farmacia de Madrid287. Por su parte, el Doctor Pedro Roca Auguet, era miembro de la Sociedad Española de Higiene, y él mismo señala en la presentación de su Tesis de Doctorado, leída en 1899, que eligió desarrollar el tema de la sueroterapia antidiftérica por “la circunstancia de pertenecer al Instituto Microbiológico de Madrid, en donde se estudia de modo preferente”.288

También se incorporaron al Instituto los Doctores Megías y Fernández, sobrinos del Dr. Llorente. Primero lo hizo Jerónimo Megías, que estudió la carrera de Medicina al tiempo que colaboraba en el Instituto y, poco después, lo haría su hermano Jacinto, a quien le correspondió sustituir a Vicente Llorente al frente del Instituto a partir de 1916, sólo dos años después de licenciarse en la Universidad de Madrid y un año antes de obtener en 1917 el título de Doctor. Jacinto Megías siguió la tradición familiar como investigador y, según su necrológica, publicada en ABC el 13 de diciembre de 1956, fue el primero en preparar las anatoxinas, base de la profilaxis contra la difteria y el tétanos y perfeccionó la sueroterapia.

Durante los últimos años de la de la vida de Llorente, el Instituto contó además con un colaborador excepcional: un joven Dr. Marañón, que sería el iniciador de los estudios endocrinológicos en España y que llegó al Instituto por su amistad con Jerónimo Megías.

286 Jules, R. La diphtérie et le serum antidiphtérique, 1897.

287 Dato aportado por Moreno de Vega en su obra sobre el Instituto Llorente, pág. 35.

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Además de los colaboradores directos con los que contó Llorente en su Instituto, es necesario hacer una mención a las amistades y a los importantes contactos que mantuvo el Dr. Llorente con las grandes figuras investigadoras de la época, en ocasiones gracias a los Congresos Internacionales en los que participó y las conferencias que impartió. Así, mantuvo amistad y estableció lazos profesionales con Pasteur, Yersin, Cajal, Koch, Berihg, Roux, Bordet, Calmette, W. Park, Banzhaf, Kitasato, Noguchi y Loeffler. Con este último mantuvo una amistad especialmente entrañable, de forma que Llorente sufrió un duro golpe cuando se enteró de su muerte en abril de 1915, poco antes de su propio fallecimiento en 1916.

Foto de Loeffler (a la izquierda) y de Llorente (a la derecha)

Entre la documentación consultada para la elaboración de esta tesis, se encuentran varias cartas de la correspondencia que mantuvieron Vicente Llorente y el bacteriólogo Friedrich August Johannes Loeffler, manuscritas en alemán y en francés.

El 21 de agosto de 1912, Loeffler escribía desde Greifswald al Dr. Llorente, en respuesta a su nota en la que le comunicaba que saldría para Nueva York en el vapor Kaiser Wilhelm II para llegar a EE.UU. el día 17 de diciembre:

186 Querido amigo y colega:

Siento mucho que Vd. no haya encontrado sitio en el barco a vapor Cincinnati. En qué hoteles voy a parar en Nueva York y en Washington todavía no le puedo decir. La gestión del viaje de estudio a la cual me he apuntado se ocupa de los alojamientos en los hoteles. Todavía no me ha llegado información alguna sobre ello. En cuanto tenga noticias le escribiré de inmediato.

Con saludos cordiales F. Loeffler

Y al año siguiente, el 20 de agosto de 1913, nuevamente escribe Loeffler desde Greifswald a su amigo el Dr. Llorente, en esta ocasión en francés, para comunicarle lo siguiente:

Mi querido amigo:

Lamento mucho no haber asistido el último día del Congreso para encontrarme con Vd. y estrecharle la mano una vez más antes de mi partida. Pero espero que Mr. Wilkinson le haya transmitido mis más cordiales saludos de adiós, de mi parte y de parte de mi hija y mi yerno. Hemos partido hacia Ostende para recrearnos un poco en la magnífica playa. Luego hemos hecho una visita a la exposición de Gent que nos ha interesado mucho, y finalmente hemos pasado unos días en Bruselas para ver las cosas interesantes que hay allí, el museo de Wiertz, los iguanodontes en el museo de historia natural289, etc. Finalmente he vuelto a nuestro pequeño Greifswald y me he acordado de enviar lo que le había prometido. Le envío las separatas de mis últimos trabajos. En el último trabajo, el que más le interesa, he subrayado algunos pasajes para que le faciliten el estudio. Siempre estoy dispuesto a darle todas las explicaciones que me quiera pedir. Por mi parte he adjuntado mi fotografía que le había prometido y espero que me envíe la suya. Me alegro mucho de haber tenido el gran placer de verle de nuevo en Londres y haberle encontrado en buena salud y lleno de energía. Nuestra común estancia en Londres traerá, de ello estoy seguro, buenos frutos. Hará Vd. un discurso brillante de

289

Se refiere al Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, en el que se custodian 30 esqueletos fosilizados de Iguanodon, que fueron descubiertos en 1878 en el yacimiento de Bernissart.

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entrada en la Academia.290 Estaría muy agradecido si tuviera a bien enviarme una copia.

Acepte, mi querido Llorente, el testimonio de mi sincera amistad y mis mejores sentimientos.

F. Loeffler

Al parecer, ni las separatas ni la fotografía llegaron en este primer envío a su destinatario, puesto que en una carta posterior, de 18 de septiembre de 1913, Loeffler le anuncia que le va a volver a remitir esta documentación:

Mi querido amigo:

El 21 de agosto le escribí una carta. En esa carta le anunciaba el envío de las separatas que le había prometido y mi fotografía. El mismo día dejé en el correo las separatas y la