CHAPTER 4: ESTIMATING NON-MOTORIZED TRAFFIC COUNTS FROM BDS USING
4.3 Methodology
Los testimonios de los trabajadores son una poderosa arma contra el planteamiento general de la gestión de la salud y la seguridad que utilizaba la dirección de ICL. Reflejan el desprecio habitual por las leyes y las normativas estatutarias en materia de salud y seguridad, y hasta algunos supuestos de incumplimiento grave de las normativas sobre con- trol de sustancias peligrosas para la salud. Son muchos los ejemplos que pueden darse de esta negligencia y la denuncia que se transcribe a continuación que fue realizada por un empleado tras quedar expuesto a unos agentes químicos es un caso típico.
Un día estaba trabajando con este material [pintura dorada suministrada por Trimi- te], nunca me ponía guantes, y la pintura se me estaba pegando en los dedos, en las uñas y hasta en el pelo. Nunca se me ocurrió fijarme en la lata que [mi compañero] sostenía y no fue hasta que vi en ella el dibujo de la señal de peligro que pensé que lo que estábamos usando debía tener algo malo. Me fijé más detenidamente y le dije a Bill Masterton que tenía un cosquilleo en las manos. Me estuve quejando durante semanas. Bill me decía que solo era por el trabajo, que me lavara las manos cada vez que terminara de usar aquel material. Le dije que [aún después de lavarme las manos] seguía teniendo aquel cosquilleo. Me puse a leer la lata y decía que si la pintura entraba en contacto con la piel podía producirte un cosquilleo que era irre- versible. ¡En la misma lata decía que era irreversible! Pensé, pues nada, tengo esto y es irreversible. Se lo dije a Bill. Le dije: «fíjate en la parte de atrás de la lata, me ten- drías que haber avisado, incluso antes de que empezara, de que me pusiera guan- tes, o unos guantes especiales, y mira cómo huele esto.» (Beck et al., 2007, pág. 10). Presagiando la causa de la explosión, los trabajadores informaron de que conocían los serios problemas que habían existido con las tuberías de gas.
Vino uno y las cerró. No hubo gas en una o dos semanas. La cosa es que nos hicie- ron creer que eran las autoridades de salud y seguridad porque sé de buena tinta que
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LA RENDICIÓN DE CUENTAS Y LOS DERECHOS HUMANOS: PRÁCTICAS DÓXICAS DE SALUD Y SEGURIDAD Y LA LECCIÓN DE ICL
alguien se quejó porque había una gente extraña [trabajando en ellas]… uno de ellos hasta llamó a las autoridades y les avisó de que había gente trabajando en las tuberías de gas, que si de eso no se encargaban los miembros del CORGI28que
estaban certificados para tocar las tuberías de gas. No estoy 100% seguro de si lle- garon a venir, de si se pusieron en contacto con ellos o de qué pasó, pero se comen- taba que habían ido también en aquella ocasión (W2) (Beck et al., 2007, pág. 10). Ellos mismos construyeron el horno… Y luego trajeron a gente para los quemadores y creo eso fue lo que ocurrió. Creo que fueron ellos los que se dieron cuenta de que algo andaba mal. Lo declararon en mal estado, hasta cortaron el gas. Dijeron que, con arreglo a la normativa que fuera, las tuberías eran peligrosas, así que iban a desconectarlas. Las desconectaron y se marcharon. Lo que pasó después fue que llamaron a los dos manitas de turno, que se pusieron a trabajar en ellas para tratar de solucionar lo de las fugas. Iban con una especie de espray y lo que hacían era encender el gas y echaban el espray por la tubería para detectar las fugas. Luego las arreglaban. Pero nunca cambiaron las tuberías (W4) (Beck et al., 2007, pág. 10).
Como hemos dicho antes, dado que en ICL no existía un acuerdo de sindicación, parece ser que la fábrica estaba sujeta a las Normativas de salud y seguridad sobre consultas con los empleados de 1996. Conforme a ellas, es responsabilidad del empleador garantizar que exis- te un sistema de tales características. Las normativas disponen que la empresa puede optar o bien por que los trabajadores elijan a un representante de seguridad o por consultar direc- tamente con los empleados. Según los testimonios que recogen Beck et al. (2007), los trabajadores de ICL no habían elegido a ningún representante en materia de seguridad. Por tanto, la empresa tenía la obligación de consultar directamente a la mano de obra. Con- forme a las directrices del HSE, las consultas debían tratar lo contenido en los libros de acci- dentes y cualquier evaluación que se hubiera hecho en virtud de la normativa sobre con- trol de sustancias peligrosas para la salud. Los testimonios de los trabajadores recopilados por Beck et al. (2007), no dejan lugar a dudas de que la organización de ICL en cuestio- nes de salud y seguridad estaba lejos de cumplir con las leyes establecidas.
En general, la gestión de la salud y la seguridad parece haberse caracterizado por la infor- malidad y la laxitud, que dejaba a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad fren- te a los caprichos de los responsables de su cumplimiento. De los testimonios del perso- nal (Beck et al., 2007), se desprende que no se había implantado un sistema de consultas en materia de salud y seguridad que cumpliera con lo dispuesto en la normativa de 1996. Uno de los trabajadores resumió la falta de representación y de una comunicación ade- cuada por parte de los directivos de la siguiente manera:
No había ningún mecanismo [parecido a un sistema formal de consultas entre emple- ado y empleador], ningún comité de salud y seguridad… Si no recuerdo mal, había un cartel en la pared sobre la Ley de fábricas o algo por el estilo, ya sabe, pero eso era todo. Si la empresa tuvo alguna política sobre seguridad o [peligros específicos] en todos los años que trabajé allí, estoy seguro de que nadie me dijo nunca nada sobre eso. (Entre- vista realizada a Laurence Connolly, Senior, 16 de enero de 2006, Beck et al., 2007).
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Las políticas de la
economía social
Así pues, resulta sorprendente que no se tomaran medidas legales contra ICL con arreglo a las Normativas de salud y seguridad sobre consultas con los empleados de 1996. Tal vez uno de los casos más reveladores sea precisamente el de Laurence Connolly, Senior, que había trabajado en ICL durante 13 años. Dejó el trabajo días antes de la catás- trofe y después de haber tratado con el HSE, al que había llamado para investigar algunas cosas que le preocupaban sobre las condiciones de salud y seguridad de la empresa. Lau- rence se puso en contacto con las autoridades cuando empezó a preocuparse por las prác- ticas laborales de ICL, que creía que estaban afectando seriamente a la salud de su hijo (Lau- rence Connolly, Junior, que también trabajaba allí). Laurence hizo sus propias investigaciones. «No pude encontrar nada en el trabajo, así que me puse a mirar en Internet y descubrí algún que otro dato. Luego, cuando empecé a leer más, me entró miedo porque muchos de los problemas que había tenido Laurence y que no habían desaparecido, se describían en aque- llas hojas informativas sobre agentes químicos, que incluían algunos de los efectos que podí- an tener. También decían que debías llevar cierto tipos de máscaras y de guantes, monos no porosos y ese tipo de cosas. Nunca nos equiparon con nada parecido», dijo (Beck et al., 2007, pág. 114). Así que Laurence hizo llegar sus inquietudes a los directivos de ICL en primera instancia, como autoridad legítima de las prácticas de salud y seguridad de la empre- sa, pero después del poco interés que mostraron, por no decir otra cosa, Laurence recu- rrió dóxicamente al HSE, en su calidad de organismo regulador de estos temas. Los llamó en repetidas ocasiones, muchas veces sin recibir respuesta alguna. De hecho, sintió que estaba hablando con una pared.
Paradójicamente, en una de las visitas del HSE a las instalaciones, uno de los directivos le presentó al inspector, con el único resultado de que ICL descubrió la identidad de la per- sona que había solicitado una inspección de las autoridades. Esto es lo que incrementa la contradicción del caso. En el sitio web oficial del HSE,29en el apartado «Responsabilida-
des del empleador», se dice lo siguiente:
«Si cree que su empleador le está exponiendo a riesgos o no está cumpliendo con sus deberes legales en materia de salud y seguridad, y así se lo ha hecho saber sin haber recibido una respuesta satisfactoria, puede ponerse en contacto con nos- otros. Mantendremos su confidencialidad en todo momento.30»
El caso de Laurence ilustra el incumplimiento por parte de los directivos y de HSE de su obligación de hacerse responsables ante los empleados de aquellas cuestiones que afec- tan a su salud y su seguridad, despojándole de cualquier facultad que pudiera tener para gestionar tales riesgos. Sin embargo, ese episodio no marcó el fin de la violencia. Lauren- ce cuenta cómo el discurso de la salud y la seguridad se utilizaba como instrumento para controlar a la mano de obra en ICL y como forma de victimización. Según veremos más adelante, los directivos de ICL utilizarían el discurso de la salud y la seguridad para con- trolar a los trabajadores. Finalmente, cuando su situación se hizo insostenible dentro de la empresa, tras ser descubierto a raíz del incidente con el inspector del HSE, Laurence abandonó ICL (unas tres semanas antes de ocurrir la catástrofe). Eso podría analizarse bajo el punto de vista de Bourdieu como una alienación voluntaria de un sistema dominante. La historia también deja clara la relativa debilidad de Connolly en el campo del poder. Tie-
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ne poco capital económico (que podría utilizarse para un posible enfrentamiento legal al HSE o a ICL) y, lo que es más, a pesar de lo que sabía sobre ICL, se consideró que no tenía el suficiente capital cultural exigido en el campo del HSE.
El debate sobre la solidez de la «teoría» de Bourdieu en cuanto a la violencia simbólica se ha centrado en la medida en la que los trabajadores son conscientes (reconocen errónea- mente) y a la vez cómplices de la dominación, y en la medida en la que esta dominación es ilegítima (véase, por ejemplo, Bourdieu, 1977a; Calhoun et al., 1993 Swartz, 1997). Este aspecto es particularmente relevante en el caso que nos ocupa. La revelación de la identi- dad de Laurence por parte de los inspectores del HSE a los directivos de ICL ejemplifica un reconocimiento consciente de la violencia (la dicotomía entre la relación y la práctica social) en el que Laurence deja de ser cómplice en el sentido propuesto por Bourdieu. Este hecho marca un punto de inflexión en el caso, ya que desde entonces, Laurence deja de admitir las relaciones de orden sin cuestionarlas. Puede decirse que la violencia deja de ser simbólica (mal reconocida/ cómplice) y que representa ahora una forma más ele- mental de violencia económica abierta (independientemente del motivo consciente o incons- ciente del inspector para actuar).