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Los bosques nativos son aquellos que han crecido naturalmente, que no los ha plantado el hombre, que son producto de miles de años de interacción con los factores climáticos y edáicos de cada región en la que se encuentran. Son ecosistemas con gran diversidad de es-

pecies de plantas y animales, muchas de las cuales están tan especialmente adaptadas a ellos que normalmente no pueden sobrevivir en otros ecosistemas. Los servicios que ofrecen van desde ser refugio de miles de especies que viven en esos lugares, regular el ciclo y calidad del agua y ijar mucho más dióxido de carbono que la vegetación de herbáceas. También determinan el clima en regiones próximas y lejanas incidiendo sobre la distribución de la nubosidad y las precipitaciones. Al Homo sapiens los bosques le han provisto de alimento,

medicinas y fundamentalmente madera desde muchos miles de años atrás, por lo menos desde que comenzó a usar sus manos para hacer fuego, construir refugios, fabricar armas, embarcaciones, etc.

Se ha estimado que Argentina a principios del siglo XX habría tenido entre 60 y 100 millones de hectáreas de bosques nativos, pero durante ese siglo y hasta el presente, en muchos de ellos, la explotación ha consistido en el desmonte para agricultura y ganadería, no habiéndole asignado ningún valor a la continuidad de los servicios de la vegetación y la

fauna originales. La explotación de estos recursos naturales ha consistido en la extracción de madera para leña, para los durmientes de los ferrocarriles y para construcciones de todo tipo, sin tener en cuenta ningún plan que tendiese a la protección del recurso, básicamente al mantenimiento del mismo en el tiempo. Se talaban árboles de centenares de años sin re-

poner no ya ejemplares de la misma especie sino de ninguna, dejando los suelos en ciertos casos expuestos a la erosión o a la invasión de malezas, cuyo ingreso al interior del bosque se ve facilitado por la mayor luminosidad; y este ingreso de malezas muchas veces también facilita el ingreso del fuego.

En los comienzos del siglo XXI a Argentina le quedan alrededor de 31 millones de hectáreas de bosques nativos distribuidos entre los bosques patagónicos, ubicados en las laderas monta-

ñosas a lo largo de la cordillera patagónica; en el bosque chaqueño, en las provincias de Chaco, Formosa, Salta, Santiago del Estero, Santa Fe y Córdoba; en la selva paranaense, de la provincia de Misiones; en las yungas en las laderas húmedas de las Sierras Subandinas del noroeste de Argentina (Salta, Jujuy, Tucumán) entre los 400 y 2500 m snm; y en el espinal, que son bosques de pequeñas supericies discontinuos en un paisaje que va desde el sur de La Pampa y Buenos

ECOLOGÍA Y AMBIENTE | LEONARDO MALACALZA

Aires hasta Corrientes, pasando por San Luis, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

De los bosques nativos, además de los productos tradicionales basados en la producción de los árboles, en muchos casos, con un manejo adecuado también se obtiene carne de bovinos, caprinos y ovinos en explotaciones silvopastoriles. El turismo es otra importante fuente de ingresos porque el paisaje de los bosques es un gran atractivo para el hombre de la ciudad, particularmente aquellos que se vinculan con bellezas escénicas (cataratas, lagos, montañas).

“Un comentario aparte merece la situación de los pueblos originarios o aborígenes en relación a los bosques nativos argentinos. Se estima una población aborigen de alrededor de un millón de personas, 50% de las cuales viven en relación directa con el bosque, es decir alrededor de 500000 personas pertenecientes a unas diez etnias. Con el reconocimiento constitucional de los derechos pre-existentes sobre la tierra de estas comunidades, previsto en la reforma de la Constitución Nacional del ‘94, hoy existe un reclamo generalizado de reconocimiento de la tenencia de la tierra sobre vastas supericies forestales de la Argentina, tema no menor que deberá resolverse próximamente para tener claridad sobre el destino de nuestros bosques nativos y sus poblaciones ancestrales” (Brown, 2009).

Para conocer un caso de manejo forestal sustentable de un bosque nativo de Argentina se puede leer el ensayo IX.8 que está al inal de este capítulo.

En Argentina también existen bosques implantados que cubren una supericie de 1,2 millo-

nes de hectáreas. Las especies cultivadas son básicamente pinos en Misiones, eucaliptos en Entre Ríos, y álamos y sauces en el Delta de río Paraná. En estos casos los suelos son objeto de estudios que realizan especialistas con el in de conocer la sostenibilidad de esas explota-

ciones en contraposición con usos alternativos de los mismos suelos.

Quien quiera saber sobre plantaciones en el Delta del Paraná y sobre cultivo de euca-

liptos en Entre Ríos, podrá leer los ensayos IX.9 y IX.10, que se encuentran al inal de este capítulo. También puede estudiar el libro online de libre acceso “Ecología y manejo de los bosques de Argentina” (http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/15915)

En estos tiempos muchas regiones boscosas están siendo desmontadas para hacer cultivos de herbáceas anuales, como el maíz y la soja. Siendo la soja una planta de gran rusticidad, alta producción de granos y que se adapta a muchos climas, su cultivo está dando origen a la ocupación no sólo de los suelos agrícolas de la llanura pampeana sino también a los de bosques que se eliminan, particularmente en la ecorregión chaqueña (70% de la deforestación en la última década). Esto signiica – sin una adecuada planiicación y zoniicación- perder para siempre animales, plantas, suelos y servicios que tienen los bosques, que son patrimonio de Argentina y de los que toda la sociedad siempre podría recibir beneicios, directa o indirecta-

mente, a cambio de altas ganancias de corto plazo y muy probablemente escasa duración. Ha dicho el ecólogo doctor Jorge Morello “En este milenio tenemos totalmente claro que los bosques son valiosos por muchas razones más que la producción de madera. Cualquiera que haya convivido cierto tiempo con los tobas, y los Wichi en el Chaco ha aprendido que los bosques son “farmacias vivientes”, “mercados de alimentos vivientes”, “fábricas de tintu-

ras, resinas, gomo-resinas y látex”, “mercerías de ibras vegetales”. Ya sabemos que algunos bosques tropicales manejados para producción de frutos y látex rinden económicamente el doble que si se dedicaran a plantaciones intensivas o conversión para ganadería, y los bosques de clima templado-frío son más valiosos para conservar agua, suelo y hábitats para recreación que si se manejan solamente para producción de madera” (Morello, 2004).

El tema es muy serio y profundo, y para revertirlo son necesarios planes que aborden lo social y lo educativo ya que se trata de la escasa valoración de los recursos forestales y tam-

bién de la escasa capacidad técnica para lograr que los bosques generen recursos tangibles que permitan que la sociedad los perciba de una manera diferente. En muchas partes de Ar-

gentina en el año 2012 una hectárea con bosque valía menos que una hectárea sin bosque.