La actividad agrícola en el departamento de Tumbes y cercana al ecosistema de manglar, está constituida mayoritariamente por cultivos de plátano y arroz, en menor proporción y con menos frecuencia, cultivos de pan llevar como, yuca, camote, maíz, tomate, culantro, cebolla, ají y otros. Sin embargo, el cultivo mayoritario y cercano al ecosistema lo representa el arroz, con una extensión de 3,894.5 hectáreas, realizando dos (02) campañas al año, y como se ha podido observar, el control químico en el cultivo se realiza en buena parte del proceso productivo, utilizando herbicidas, insecticidas y fungicidas, algunos de ellos e inclusive
prohibidos por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria, como aldicard, paraquat y metamidofos (MTD 600, Tamarón 600) (Anexo N° 3). En esta zona de cultivo, se utilizan alrededor de 37 plaguicidas, muchos de los cuales por su composición química (organoclorados, organofosforados, azufrados, etc), son extremadamente peligrosos para todo ser vivo y en contacto con el agua y el suelo, tienden a producir una degradación y contaminación, más aún como se ha podido identificar que irresponsablemente algunos agricultores arrojan al medio los envases de estos agroquímicos, después de ser usados. Se ha observado asimismo que, gran parte de los productores agrarios en esta área, aplican los plaguicidas por experiencia propia, ignorando que estos pueden causar serios problemas, tanto a él como al medio ambiente.
De las evaluaciones realizadas, se ha podido constatar que las aguas de regadío utilizadas en estos cultivos y con restos de plaguicidas, no llegan directamente a los canales de marea o esteros, sino que discurren en unos drenes los que están en comunicación con el canal principal de alimentación del agua de regadío, para luego ir al río y las aguas de este finalmente al mar. En la evaluación de las muestras de agua, para determinar la presencia de pesticidas organoclorados y organofosforados, los resultados alcanzados por el laboratorio han sido negativos, es decir no se ha encontrado la presencia de estos compuestos; probablemente una de las razones para su no presencia en estos cuerpos de agua, sea lo que se acaba de explicar y además hay que indicar que los pesticidas se degradan a formas no tóxicas a los pocos días; de manera que son potencialmente perjudiciales hasta que ellos son degradados.
Los impactos ambientales cualitativos se muestran en la matriz del la Tabla 20, en el que se puede observar que, el agua, suelo, fauna, flora y paisaje, son impactados negativamente por acciones realizadas en la a) actividad langostinera, b) actividad extractiva y c) actividad agrícola. Sin embargo, se debe puntualizar que estas actividades generan un impacto positivo, el que se evidencia en el aspecto poblacional, tales
como la generación de empleo, mejoramiento de la calidad de vida, incremento de las rentas municipales y de las actividades comerciales.
Desde el punto de vista cuantitativo (Tabla 21) se aprecia que, las excavaciones superficiales y subterráneas ejercen impactos negativos severos sobre el bosque de manglar, vegetación acompañante, plantas acuáticas y fitoplancton; los efluentes de las langostineras ejercen impacto negativo severo sobre la calidad física y química, tanto del agua como del suelo, así como sobre la flora. Las mismas excavaciones superficiales y subterráneas, ejercen impacto negativo pero moderado, sobre el flujo de agua, relieve y forma del suelo, erosión del suelo y sobre la fauna existente en el ecosistema, así como sobre la naturalidad y vista panorámica del paisaje. Los efluentes de la actividad langostinera, ejercen impacto negativo moderado sobre la calidad microbiológica del agua, la eutrofización del suelo, así como sobre los peces, crustáceos y moluscos.
Los ruidos y vibraciones que se producen en la actividad langostinera, originan impacto negativo moderado en peces, crustáceos y moluscos, así como sobre los animales terrestres, aves e insectos. Los residuos sólidos provenientes de la actividad langostinera, así como de la agrícola, ejercen presión negativa moderada sobre la calidad física del agua, flora existente y en la naturalidad del paisaje. Los artes y aparejos de pesca utilizados en la actividad extractiva, ejercen impacto negativo moderado sobre el flujo de agua, relieve y forma del suelo, y sobre los peces, crustáceos y moluscos; en tanto que el incumplimiento de la normatividad existente, origina impacto negativo moderado sobre la calidad física y química del agua y sobre los peces, crustáceos y moluscos. Los efluentes provenientes de la actividad agrícola ejercen impacto negativo moderado sobre, la calidad física y química, del agua y suelo; así como sobre los peces, crustáceos y moluscos.
IV. DISCUSIÓN
El ecosistema de manglar de la región Tumbes, por los beneficios y funciones que cumple, está siendo deteriorado por el crecimiento en este caso, de la actividad langostinera y la presión por la extracción de los recursos hidrobiológicos, lo que está generando cambios en el ecosistema que hacen cada vez más vulnerable a la biodiversidad existente. Esta parte de la costa tal como lo sostiene Bocanegra (2005), se ha convertido en un centro de atracción principalmente para actividades productivas, constituyendo una amenaza creciente que está generando implicancias o impactos negativos sobre los ecosistemas.
Parte de la construcción de infraestructura utilizada en la actividad langostinera, se ha hecho sobre áreas ocupadas por el bosque de manglar, lo cual ha originado una pérdida de aproximadamente 1 500 hás de mangle y consecuentemente el deterioro del hábitat de la flora acompañante, lo cual es evidenciado con lo reportado por Leiva y Otivo (1999), que sostienen que en los últimos veinte años, con relación a la década de 1980, se perdió alrededor del 25% de la superficie de los manglares. Considerando la importancia de este ecosistema, más aún si en esta región se encuentra la mayor superficie del país, debe ser una preocupación, porque al margen del beneficio ambiental, parte de la población depende económicamente de las actividades que desarrollan dentro de este ecosistema. Estas acciones de deterioro se han realizado inclusive, a pesar de existir normatividad que lo prohibe, como la Resolución Suprema N° 184-78-VC-4400 del 2 de agosto de 1978, a través de la cual el Estado establece que las áreas adjudicadas para el desarrollo de la actividad de crianza y explotación del recurso langostino para el consumo humano, no comprenderán a los esteros ni bosque de mangle y de algarrobo, por constituir zonas de dominio público (INRENA 2001).
De manera que, es evidente que el bosque de manglar y la vegetación acompañante, han sufrido la presión antropogénica, principalmente por parte de la actividad langostinera. La construcción de estanques sobre los cauces de los esteros y las excavaciones de canales para el bombeo de agua, ha provocado alteraciones en el hidroperiodo de los esteros. Hay que tener en cuenta que uno de los factores que determina la presencia del manglar es el suelo, de manera que esta presión que se ha ejercido ha originado un deterioro en el bosque y consecuentemente ha originado cambios en el paisaje; considerando además que este ecosistema alberga una gran variedad de especies, como peces, bivalvos, crustáceos, gasterópodos, aves e incluso reptiles y mamíferos. Lo ocurrido con este bosque, tal como lo sostiene Seoánez (1997), es una degradación física, lo que a su vez ha conllevado a una degradación biológica, puesto que ha originado un empobrecimiento biológico y una disminución de la biodiversidad. Esta, no es una situación aislada puesto que, ha ocurrido en México, Pakistán, Nueva Guinea, Panamá y en Asia, que durante los años de 1980 registraron las mayores pérdidas de los manglares, debidos precisamente al cambio de uso de la tierra (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, 2003).
Sin embargo, con la intensificación del cultivo de langostino, donde se emplea muy poca área para la explotación, se abriga la esperanza de que el deterioro del bosque ya no continúe; aunque se ha identificado otras acciones impactantes, tales como, movimiento de tierra para construir estanques, canales y vías de acceso; fuertes ruidos por motores de bombeo, de embarcaciones y vehículos; evacuación de efluentes cargados de nutrientes, antibióticos y químicos, alimentos no digeridos, desechos y materiales fecales, pudiendo estas originar sedimentos anóxicos, incrementar los niveles de sulfuros y aumento de poblaciones de bacterias; y en estas condiciones se puede afectar las formas de vida del medio ambiente, con efectos letales y subletales (Chua and Guarin,1989).
La calidad de un ecosistema es sumamente importante para las diferentes formas de vida que en el se desarrollan, debiendo por tanto el medio, satisfacer los requerimientos que las especies exigen; en ese sentido, la temperatura promedio reportada en las cuatro estaciones de muestreo, fue de 26,45°C, valor que se encuentra cercano al límite inferior exigido por las especies tropicales, como las que habitan en el ecosistema de manglar, el cual según Saldarriaga (1995) puede variar de 25°C a 32°C; probablemente esto se debe al hecho de que las evaluaciones se hicieron en las estaciones de otoño e invierno. Sin embargo se encuentra dentro de los valores de temperatura reportados por Carril y Niquen (2006), que fueron de 23,8°C a 26,8°C; aunque estas evaluaciones se puede decir que se hicieron en la estación de invierno. Del mismo modo, se encuentra dentro de los valores referidos por el Instituto Nacional de Recursos Naturales (2001), que son 18°C en invierno y 30 ºC en verano, para el ecosistema de los Manglares de Tumbes.
Las concentraciones de oxígeno fluctuaron entre 5,0 ppm y 9,2 ppm, con un promedio de 7,09 ppm, valor relativamente alto para la vida los organismos presentes en el ecosistema, puesto que Saldarriaga (1995) refiere que, en el caso de los organismos tropicales el oxígeno debe estar por encima de 4 ppm; y esto probablemente se debe al hecho de que estas aguas se caracterizan por tener un a alta productividad, contribuyendo de esta manera al proceso de fotosíntesis. La concentración de oxígeno disuelto, es uno de los indicadores importantes de la calidad de agua, puesto que es un elemento indispensable para la vida en el medio. La concentración de oxígeno encontrado es mayor que la mínima sugerida por la Ley de Aguas (Clasificación VI), que es de 4,0 ppm; asimismo este valor encontrado es igual al reportado por la DINAMA (2005), que fue de 7,0 ppm y al registrado por Carril y Niquen (2006), que fue de 8,20 ppm. Si bien es cierto, esta concentración de oxígeno está dentro de los rangos recomendados, hay que tener en cuenta que éste
tiene relación con la materia orgánica, presencia de fosfatos, nitritos y sulfuros, los que para su oxidación consumen el oxígeno presente. Esta consideración es importante, porque si el valor de oxígeno desciende por debajo del recomendado, se presentan dificultades para las formas de vida existentes (Seoánez, 1997).
El pH promedio registrado fue de 7,35, el cual está dentro de los rangos sugeridos para la vida de los organismos acuáticos, que debe variar de 7,0 a 9,0 (Boyd, 1989), siendo coincidente con lo reportado por la DESA – Tumbes (2006), que registró en estos cuerpos de agua, un pH de 7,50 a 7,96, y con el valor más bajo encontrado por Carril y Niquen (2006), que fue de 7,02. Este valor aceptable, probablemente se debe al intenso proceso de fotosíntesis que se lleva a cabo en los canales de marea o esteros de este ecosistema.
La salinidad promedio encontrada en los cuerpos de agua evaluados, fue de 28,875 o/oo, que se encuentra dentro del rango que corresponde a las aguas estuarinas, que varía desde cerca de 0 partes por mil a más de 30 partes por mil (Boyd, 1989), habiéndose encontrado el nivel más bajo en el estero Corrales (20 o/oo), que se origina en la desembocadura del río hacia el mar; en tanto que en los demás cuerpos de agua evaluados estuvo por encima de los 29 o/oo, lo que denota que estos canales de marea son alimentados en su totalidad por agua de mar, al menos durante la época de evaluación. Estos datos, en cuanto a los valores mínimos, no son coincidentes con lo reportado por Carril y Niquen (2006) y por la DESA – Tumbes (2006), que registran una salinidad mínima de 9,8 o/oo y 4,84 o/oo, respectivamente. Es necesario puntualizar, que los cambios de salinidad tienen importancia en fenómenos de contaminación, pues al bajar aumenta la toxicidad en algunos metales pesados como el mercurio, cobre y cadmio (Vásquez 2005).
El registro promedio de los sólidos suspendidos totales, fue de 41,283 ppm, reportándose como el valor más alto, 258 ppm, sólo por una vez, probablemente en esos días hubo creciente del río tumbes que originó erosión del lecho y consecuentemente materia orgánica en suspensión, que originó turbulencia; encontrándose estos registros dentro de los valores indicados por Carril y Niquen (2006), que fueron de 18,87 ppm a 429,80 ppm; y más cercanos aún a los reportados por Saldias (2001), que fluctuaron entre 60 – 300 ppm, en efluentes de langostineras; sin embargo el valor más alto reportado en nuestra evaluación, fue muy superior al límite sugerido por la Ley de aguas (Clase VI) que es de 100 ppm.
El registro promedio de la Demanda Bioquímica de Oxígeno fue de 9,339 ppm, habiéndose registrado, en más de una oportunidad como el valor más alto 14 ppm, lo cual puede haberse debido, al drenaje en esos momentos de las aguas de alguna langostinera que estuvo en cosecha, las cuales no tratan el agua, antes de evacuarlas a los canales de marea . El valor encontrado es coincidente con el reportado por Saldias (2001), que fue de 10 ppm, en las aguas de un estero, en Ecuador; siendo más bajo que el registro más alto encontrado por Carril y Niquen (2006), que fue de 24,50 ppm y está cercano al valor límite sugerido por la Ley de aguas (Clase VI), que es de 10 ppm, sin embargo el valor de 14 ppm, reportado en más de una oportunidad supera a este límite. Orozco y col (2003), sugieren que cuando la concentración de Demanda Bioquímica de Oxígeno en las aguas, es mayor de 8 ppm, el agua está contaminada.
La concentración de nitritos fue de 0.0371 ppm, el cual se debe a la degradación de la materia orgánica; sin embargo es bajo comparado con lo reportado para las aguas de cultivo semi – intensivo de langostino (Saldias, 2001), que fue de 1,00 ppm. Las concentraciones de este componente en el agua de un ecosistema, no se deben incrementar, puesto que puede afectar la fijación fotosintética del carbono causando
serias dificultades a los organismos vivos, tal como lo sostiene Vásquez (2005).
En las muestras de agua evaluadas se hizo la determinación de plomo y mercurio, no detectándose concentración alguna, lo cual hace suponer que no lo hubo; sin embargo esto es coincidente con lo reportado por Carril y Niquen (2006), que indican que los valores obtenidos en sus evaluaciones están por debajo del límite de detección del equipo analítico de laboratorio.
Del mismo modo, hay que indicar que al hacer el análisis de plaguicidas organoclorados y organofosforados, no se registró valor alguno, lo cual implica que no lo hubo y si hubiese estado presente, probablemente se encontró por debajo del índice de detección del equipo; sin embargo hay que indicar que las aguas de cultivo después de ser utilizadas, se evacuan directamente al río y no a los esteros o canales de marea, a los cuales llegan posteriormente. Si estas aguas de regadío llegaran directamente al estero, hay que tener en cuenta que el efecto de los efluentes sobre el medio ambiente depende de su carga de contaminantes y de la capacidad de los cuerpos de agua para diluir y/o asimilar los desechos (Saldias, 2001), sugiriendo el mismo autor, que si el volumen de agua del cuerpo receptor es grande y la descarga es pequeña podrían no observarse efectos adversos. Por otro lado, Boyd (1989), sostiene que muchos pesticidas usados actualmente se degradan a formas no tóxicas a los pocos días, indicando que los pesticidas son potencialmente perjudiciales hasta que ellos son degradados.
Se ha hecho la determinación de materia orgánica, sulfuros, pH, nitrógeno total, fósforo total, plomo y mercurio, en el sedimento de los cuerpos de agua evaluados y que al final, es el lugar donde se sedimentan gran parte de los sólidos en suspensión, que son arrastrados por los efluentes provenientes de las langostineras, sin embargo hay poca
información que nos permita comparar estos resultados. El registro promedio de materia orgánica fue de 1,905 %, con variaciones de 0,13 a 2,84 %; estando caracterizado como un suelo bajo en materia orgánica (Saldarriaga, 1995), y es concordante con lo reportado por Carril y Niquen (2006), que encontró valores que fluctuaron de 1,3 a 4,00 %; lo cual obviamente por muy baja que sea la materia orgánica en el sedimento, tiene una demanda de oxígeno, que en algún momento puede tener implicancias en la biota existente.
El pH varió de 5,0 a 6,2, con un promedio de 5,71, el cual es ligeramente ácido, probablemente debido a la presencia de materia orgánica en descomposición, que es una característica de estos suelos, aunque es coincidente con lo que indica Leiva y Otivo (1999), que sostienen que los suelos del manglar tienen un rango de pH entre 4.8 y 8.8. El registro de sulfuros tuvo una variación de 1,08 a 15,7 ppm, con un promedio de 7,348 ppm, lo cual indica que hay una permanente actividad de degradación de la materia orgánica, la cual se ve incrementada con el bajo pH, que predispone la actividad de las bacterias reductoras de azufre que actúan sobre los sulfatos y otros compuestos similares (Vásquez, 2005).
Las concentraciones de fósforo total fluctuaron de 0,09 a 0,58 ppm, con un registro promedio de 0,353 ppm; valores que están muy por debajo de los encontrados por Carril y Niquen (2006), que reportan un valor máximo de 148,47 ppm; en tanto que el nitrógeno total presentó valores de 109 a 608 ppm, con un registro promedio de 289,5 ppm; en este caso los valores reportados son muy superiores a los encontrados por Carril y Niquen (2006). Si bien es cierto, estos nutrientes son importantes para el desarrollo de la vida en el ecosistema, su presencia en exceso es perjudicial, por la eutrofización que se podría presentar y con la consecuente proliferación de algas indeseables. Si se tiene en cuenta que el nitrógeno y fósforo en su forma soluble se acumulan y
considerando que la actividad langostinera incrementa cada vez más su producción, se podría inferir que dentro de muy poco tiempo, las aguas del ecosistema de manglar estarían en un franco proceso de eutrofización. Del mismo modo, en sedimento se hicieron análisis de plomo y mercurio, registrándose valores promedio de 22,728 ppm y 0,046 ppm, respectivamente; que están muy por debajo de los encontrados por Carril y Niquen (2006), que registró 639,72 ppm, como el valor más alto de plomo y 1,1162 ppm, para el caso del mercurio. Aún cuando las concentraciones encontradas de estos metales no son elevadas en sedimento, la sola presencia de ellos, si debe causar preocupación, puesto que en la medida que se acumulen en concentraciones mayores y ligados al sedimento, sí pueden causar efectos adversos en las diversas formas de vida existentes en el ecosistema.
De manera que, si bien es cierto los análisis realizados tanto al agua como sedimento del ecosistema, no superan los valores críticos, no existe razón para considerar que no hay impacto negativo, por parte de la actividad langostinera, puesto que algunos de estos elementos como, el nitrógeno, fósforo azufre, mercurio, plomo y otros, se acumulan en el sedimento y probablemente en los organismos que habitan el ecosistema; más aún si la acción o actividad impactante está presente.
Con relación a la actividad extractiva, siempre ha habido una presión por la extracción de los recursos existentes en el ecosistema de