forma especial en nuestro tiempo, el tiempo de la globalización. Es oportuno advertir que, en el modo en que la globalización es aquí considerada, actúa una sustancial desconfianza hacia las imágenes excesivamente simples y lineales, como las que frecuentemente son inducidas por referencias reiteradas a fórmulas como «neoliberalismo» y «pensamiento único» (Mezzadra y Petrillo, comp., 2000). No se trata de negar, evi- dentemente, que estas fórmulas contengan fuertes núcleos de verdad, sino de señalar que bajo un perfil analítico pare- ce mucho más productivo el intento de remarcar cómo los procesos de globalización, que implican simultáneamente economía y cultura, política y sociedad, relaciones interna- cionales y formas de guerra, dibujan un cuadro profunda- mente inestable y contradictorio. Considerados en conjunto, estos procesos pueden reconducirse a la imagen común de
exceder los confines(Galli, 2001), de un desplazamiento (dis- placement)que no se limita a poner en discusión las configu- raciones consolidadas a nivel geopolítico y geoeconómico, sino que tiende a desordenar el propio plano de la «identi- dad» y de la acción cotidiana.
Al mismo tiempo, el enfoque seguido aquí se distingue de otra posición muy difundida en la literatura sobre la globalización: la que tiende a negar consistencia y hasta «realidad» a la globalización, remarcando las persistentes limitaciones de la «apertura» de las principales economías nacionales desarrolladas, o si se quiere la tendencia a la consolidación de los grandes bloques regionales, más que a la constitución del mercado global, o también el énfasis en
se permite la copia
las múltiples resistencias y obstrucciones que se oponen a los procesos de globalización. Una vez más: esta posición, en sus distintas articulaciones, toma elementos reales de las dinámicas en acción. Sin embargo, lejos de desmentir el alcance de la tendencia a la unificación del planeta dentro de una misma lógica, muestra más bien los modos contradicto- rios y poco lineales de sus efectos. Globalización, en otros términos, no significa de ninguna manera «globalidad» (Altvater y Mahnkopf, 1996): la división de la tierra en áreas de interés, esto es, de explotación y de intensidad variable; la co-presencia de «apertura» y de «cierre» económico; los des- niveles evidentes en la distribución del beneficio y en el acce- so a los recursos, inscriben de forma contradictoria un proce- so general que tendencialmente hace a todos partícipes de la producción de la riqueza y de la pobreza mundiales y que, por primera vez en la historia, hace de la «humanidad» no un simple ideal o una idea reguladora, sino «la condición misma de existencia de los individuos humanos» (Balibar, 1997).
Figura emblemática de esta contradicción es el confín, explorado en su complejidad en el tercer capítulo de este tra- bajo. El hecho de que, mientras son arrasadas muchas barre- ras a la libre comercialización de los productos y de los capi- tales, nuevos y cambiantes fronteras surgen para poner freno a la libre circulación del trabajo es un aspecto relevante de la globalización contemporánea, sobre el que se ha llamado la atención frecuentemente. Aquí, sobre el camino trazado por el análisis realizado en el segundo capítulo, se quiere poner en evidencia la intensidad de las batallas que se desarrollan actualmente en torno a los confines. Y el término batallas está entendido en un sentido para nada metafórico: baste pensar, para limitarnos al ejemplo más próximo a nosotros, en los miles de hombres y mujeres que pierden la vida cada año en el intento de ingresar en el «espacio Schengen». La tesis de fondo, esbozada en las páginas que siguen, es que la intensidad de estas batallas está determinada por la violen- cia con la que la instancia de libertad, objetivamente cosmo- polita, que se vive dentro de las migraciones, choca con ese imperativo de control sobre los movimientos del trabajo que —siempre central para el modo de producción capitalista— se encuentra hoy desafiado, a escala global, por los múltiples elementos de imprevisibilidad y turbulencia que marcan los movimientos migratorios. Es sobre este terreno inestable,
se permite la copia
por otro lado, que la apología «neoliberal» del mercado —y también del carácter «fluido» y flexible de las relaciones sociales que él mismo promociona— se encuentre y conviva, sin particulares dificultades, con la retórica de las «pequeñas patrias» y con la defensa, frecuentemente xenófoba y racista, de la presunta pureza de las culturas, desde la «padana» hasta la «occidental» (Anche Burgio, 2001).
Consideradas desde esta perspectiva, las migraciones permiten —es el tema sobre el que se explaya especialmente el cuarto capítulo— traer a la luz otra globalizacióno, mejor dicho, una genealogía inconfesada de los procesos contem- poráneos de globalización. Se ha sostenido recientemente, de forma muy convincente, que estos últimos caracterizan una fase histórica en la que el dominio del capital se ha difundido a escala planetaria, obligado a ello por la necesi- dad de perseguir las luchas proletarias y antiimperialistas del siglo XX a su propios ritmo (Hardt y Negri, 2000): el internacionalismo comunista, las revueltas anticoloniales, la
insurrección globalde 1968 constituyen en este sentido pasa- jes fundamentales de la «historia secreta» de la globaliza- ción, dibujando al mismo tiempo una perspectiva de unifi- cación del planeta de signo radicalmente distinto en relación a esa hegemonía del capital que ha marcado los dos últimas décadas. De la misma forma, aunque sea sobre un plano muy distinto, los nuevos movimientos migratorios represen- tan un formidable laboratorio de lo que podemos llamar la «globalización desde abajo», retomando una formula utiliza- da para definir la acción del movimiento global que se ha ido formando y reforzando desde Seattle hasta Génova. El hecho de que las «jornadas de Génova» hayan sido abiertas, el 19 de julio de 2001, por una gran manifestación por los dere- chos de los migrantes, constituye la mejor señal del rumbo que ese movimiento debe seguir para ponerse a la altura de los desafíos planteados por la globalización capitalista (Mezzadra y Raimondi, 2001).
4.Pensar las migraciones tomando como punto de partida