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5. Research design, methods and study sites

5.2. Research methods

5.2.1. Mixed method approach

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5.7.!

La escritura pianística en estilos posteriores

En el siglo XX se suceden multitud de acontecimientos relevantes en la historia de la composición musical, de una manera más rápida que en ninguna otra época. En la primera mitad del siglo asistimos por ejemplo en ese breve espacio de tiempo a los últimos momentos creadores de Debussy, el estreno de las últimas sinfonías de Mahler, los primeros escándalos de los conceptos wagnerianos, el surgimiento de las obras más geniales de Strawinski, los avatares de Bela Bartók, la pretendida nueva sencillez de gran parte de los músicos franceses de entreguerras, la llegada a la composición occidental de sistemas y recursos característicos de las músicas orientales, el despertar de la música en Norteamericana, la influencia del jazz y la música caribeña en la música de concierto. Es una época de contradicciones y de tentativas con fuerte carga de información por todas partes.

Mientras algunos compositores del siglo XX siguen componiendo en estilo de melodía acompañada, las nuevas músicas se caracterizan por el redescubrimiento de la técnica contrapuntística que suspende la jerarquía entre melodía y acompañamiento. Los efectos percusivos y tímbricos adquieren gran importancia. Por otro lado, el piano se incorpora en la gran orquesta y en otros conjuntos instrumentales como uno más, a menudo con papel percusivo.

Se introduce un nuevo concepto de relación entre música y oyente, donde el papel de éste ya no será el mismo. Todos los elementos musicales básicos adquieren un papel individual, ajeno a otros. Juega con la memoria del espectador a un diálogo nuevo. Ya no se le pide que se acuerde de este tema, para reconocerlo cuando aparezca otra vez, o para disfrutar observando cómo se transforma. Ahora se le propone que use la memoria a su sabor y a su aire, que se acuerde de este sonido, o de otro, y que se trace su propio

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camino mental entre la amplia variedad de estímulos melódicos, armónicos y/o rítmicos que se le ofrecen. En este instante el compositor se constituye en verdadero creador, engendrando una rica amalgama de direcciones tensionales, de polos que se atraen entre sí y de ejes tonales. El espectador debe trazar su propio camino de entendimiento ante todo el material expuesto, uniendo el ritmo, la articulación, el timbre, la densidad, la intensidad en un único sistema.

La música contemporánea introduce nuevas técnicas para conseguir nuevos timbres pulsando las cuerdas del piano, produciendo clusters con las palmas o brazos, modificando el timbre mediante objetos de diferente material metidos entre las cuerdas del piano47. También nacen nuevos géneros como el jazz donde el piano recobra su

protagonismo como acompañante rítmico-armónico junto con la improvisación que es una característica elemental de esta música.

Uno de los sistemas compositivos más importantes en la historia de la música surge en este siglo. Nos referimos al dodecafonismo. Su creador Arnold Schoenberg lo explica en una carta48 dirigida al músico Nicolas Slonimsky como “el fruto de toda una

sucesión de experiencias”. En la misma carta narra cómo todo el entramado compositivo alberga un mismo espíritu unitario en la búsqueda del yo. El contrapunto, la armonía y el ritmo van dirigidos a la comprensión musical de la obra por parte del oyente. En este punto nos podemos preguntar por qué surge el dodecafonismo. Es la necesidad de un nuevo lenguaje puesto que la tonalidad con su esquema de construcción mediante tensión y distensión armónica se ha ido diluyendo durante el siglo XIX. El

47 Nos referimos al piano preparado de John Cage.

48 Carta recogida en STUCKENSCHMIDT, H. (1964). Arnold Schönberg. Madrid: Ediciones

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compositor es consciente del desarrollo del cromatismo y del destronamiento de la tonalidad en las obras musicales. Con la emancipación de la disonancia la Segunda Escuela de Viena escribe en un lenguaje en el que la disonancia está al mismo nivel que la consonancia y la expresividad de la música es extrema. Las piezas que se componen en este “expresionismo” son muy breves, pero es parte de la lógica compositiva.

Resulta muy revelador que compositores como Arnold Schoenberg y Claude Debussy se sirvieran del piano para expresar sus conceptos estéticos más significativos. Conciben a través de este instrumento, obras cuyos elementos totalmente renovadores demandarían un nuevo estilo interpretativo. Lo que en el músico francés es simbolismo, en Schoenberg se presenta como exposición subjetiva del mundo interior.

Contemporáneamente al sistema dodecafónico y heredero del impresionismo francés encontramos a Oliver Messiaen. Sus siete escalas diferentes transportadas a su criterio no cayeron en saco roto y fueron muchos los compositores como Alban Berg quienes las incorporarían en sus obras. Se trata de una muestra más de la incesante búsqueda durante todo el siglo XX de su propio lenguaje. Lejos ya de añadir instrumentos a la paleta orquestal, la música de este siglo opta por la reunión no tan frecuente de ellos, así como reformular todos los conceptos más básicos de la música.

Asimismo podemos hablar de otros sistemas compositivos tales como la

atonalidad y la politonalidad, pero también y sobre todo el concepto de la disonancia.

Lejos de querer encasillar y establecer cualquier tipo de prejuicio, lo que aporta considerablemente al mundo de la música el siglo XX y sus compositores es el desmenuzamiento de la disonancia, extrapolando toda concomitancia con la consonancia. En las interpretaciones de obras de este periodo musical debemos prestar atención al lenguaje compositivo del autor que estemos ejecutando, pues no podemos

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hablar de un lenguaje tan general y común como el tonal, que pese a tener identidad propia cada compositor, había evidencias claras de similitud compositivas entre ellos. El renovado concepto sonoro y disonante aporta dramatismo al discurso musical.

Al margen de las novedades melódicas y armónicas, el elemento rítmico es del todo significativo. No sólo se utiliza el ostinato, sino que mediante la creación y yuxtaposición de patrones se reafirma o consigue efectos y sonidos desconocidos hasta ahora. El piano, como instrumento percusivo y polifónico que es, será un ferviente valedor de los propósitos compositivos de los autores del siglo XX, al margen de la orquesta y de los propiamente de percusión.

El gran aporte de la música contemporánea al piano como instrumento acompañante es sin duda la incorporación de nuevos lenguajes melódicos, armónicos, sonoros y rítmicos. Lo podemos comprobar en el ejemplo que sigue de “L’Adieu” de “Six Poèmes” de Arthur Honegger. En él sobre el ostinato y el bordón del piano sobresale la melodía vocal alejada de la tonalidad y con un ámbito de tesitura muy estrecho, en contraste con el registro más amplio del piano. Como se puede apreciar la voz se encuentra en una zona intermedia entre los extremos agudo y grave del piano. Este hecho unido al de la riqueza armónica y sonora proporciona un resultado sonoro muy particular. En esta ocasión, aunque no es ni mucho menos una excepción, el cromatismo está muy presente en toda la pieza. No cabe duda de la dificultad vocal para entonar y afinar piezas como ésta, pero al oyente se le plantea una eterna pregunta, al no resultar un lenguaje para nada concreto ni afirmativo. Ello será una particularidad prácticamente constante en la segunda mitad del siglo XX.

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