5 The use of Mobile and Communication Technology for Language Learning
5.3.1 Mobile Technologies
Gilberto Castro
RESUMEN
En la siguiente ponencia se abarcará el tema de la escritura y la lectura desde su constitución como elemento indispensable en la práctica social de adquisición de conocimiento y de poder. En este sentido, se hará un repaso por la práctica de la lectura y la escritura desde el uso pragmático que le infirieron griegos y romanos dentro de un sistema educativo en el que las letras eran el centro y el motor de la vida social y política de una sociedad dirigida por el afán de instruirse, de educarse y de alcanzar los puestos públicos en una aristocracia acostumbrada a los textos literarios y retóricos consecuentes con la historia, las tradiciones y las costumbres adquiridas con el paso de los siglos, y que de alguna manera debían proyectarse a un futuro lejano como legado de esa sociedad en las posteriores sociedades. Es importante destacar que, al igual que se puede ver en el modelo clásico la importancia de la escritura y la lectura, las acotaciones que se proponen sobre este tema en el presente servirán de proyección para el éxito en el futuro.
Palabras clave: filología, gramática, literatura, educación, modelo clásico.
Introducción
El objetivo de este artículo es demostrar que el estudio de las letras en nuestros días es
una continuación de los procesos educativos de la antigüedad greco-latina y de la Edad Media,
en los que el aprendizaje a través de la lectura y escritura constituía una herramienta primordial
para realizar un buen desempeño en la vida social y política por parte de los hombres que se
interesaban en brindar a su comunidad o estado el desarrollo social y económico que demostrara
una supremacía ante otros estados. No podían llevarse a cabo las funciones estatales con buen
éxito si no había un sistema de educación que determinara la buena actuación de los hombres de
estado dentro de un marco de desarrollo intelectual, espiritual y cultural, y, en esto, el estudio de
las letras era una garantía para la propagación y conservación del ideal social y espiritual mediante
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Griegos y romanos crearon un sistema de educación en el que se facultaba a la comunidad
para dirigir su rumbo político con afán de un desarrollo pleno y organizado. Es decir, se
conservaba un gran apego a la idea de realizar decisiones en común acuerdo, y no por un
individualismo execrado. En las asambleas públicas los ciudadanos participaban de la vida
política con una demostración de que la estructura social descansaba en la legislación que unía a
los miembros de esa sociedad democrática, y con la convicción de que su status intelectual, uso
de la palabra y conocimiento amplio de sus tradiciones y costumbres, promovería las buenas
intenciones para la resolución de sus problemas y conflictos.
Se propone, entonces, que las ideas que se exponen a continuación calen profundamente
en el estudioso de las letras modernas y que éste tenga una participación ciudadana con todos los
ingredientes sociales establecidos para grandes logros en una sociedad que debe crecer y
desarrollarse a partir de la lectura de los textos más representativos, de la gran literatura (Murray,
1962, p. 198) dentro de una cultura universal y humanista.
El sistema educativo en la antigüedad clásica
En la antigüedad clásica se instauró un sistema educativo en el cual se manifestaba una
proyección del educando con fines de participación en la vida pública, algo que no es ajeno a
nuestra sociedad moderna; somos producto de esa forma de educación clásica y, lógicamente, ha
habido algunos cambios que ha determinado la historia.
Con el desarrollo de la escritura en Grecia, la escritura alfabética como producto acabado
y perfecto de una larga cadena evolutiva (Moorhouse, 1961, p. 38), se pasó de una forma de enseñanza oral a una sistematización de la cultura académica por medio de preceptores apropiados
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para la enseñanza. Esta enseñanza estaba fundamentada en la garantía del texto escrito. Antes del
texto escrito, la tradición oral dependía de la presencia física y simultánea de dos personas para
la comprensión del mensaje (Gaur, 1990, p.15). Con el texto escrito y las normas gramaticales
implantadas en él, se daba pie para la comprensión e interpretación como un soporte vital para la
permanencia de las ideas.
Los niños hacían lectura, leían las obras poéticas y retóricas que eran seleccionadas por los
gramáticos, a la vez críticos literarios, debido a su excelencia. Los discípulos aprendían las letras
(grammata en griego), la literatura en su sentido etimológico de uso y conocimiento de las letras, por lo tanto de lectura y escritura. Pero esto producía el efecto de que memorizaban, comentaban
y recitaban la poesía de la época, lo que hacía de ellos verdaderos ciudadanos, verdaderos
aristócratas. Esto no se llevaba a cabo sin una adecuada fase de elementos orales y prosódicos de
entonación y ritmo (Gubern, 2010, p. 13).
Ya en Homero se menciona la facultad humana de componer obras artísticamente bellas
dentro de una necesidad de adquirir un profundo conocimiento mediante la educación. Los
grandes héroes mencionados en la Ilíada y en la Odisea fueron instruidos en una educación de tipo
oral en la que primaba la excelencia humana. Homero utiliza la palabra griega areté para referirse
a las cualidades humanas que derivan de hechos sobresalientes de una clase social emparentada
con dominio, señorío y poder. La areté era el atributo propio de la nobleza. Los griegos consideraban a Homero como su preceptor ya que “los griegos no tenían libros sagrados, ni tenían
casta sacerdotal; Homero fue para ellos la “tradición”. A partir del siglo VI, sus poemas se
convirtieron en texto escolar, y desde entonces la literatura forma parte del curriculum de enseñanza,…” (Curtius, 1999, p. 62). Este Homero del texto escrito vendría a ser el primer
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maestro de verdad (Haarmann, 2001, p.14), en el sentido de que con el alfabetismo se generan las grandes virtudes de una comunidad.
Es cierto que existen diferentes clases sociales en una civilización y que con ellas surgen
diferencias de valor espiritual, pero también es cierto que la nobleza o la aristocracia impone su
dominio y poderío de avance cultural, como bien lo hace saber Jaeger con respecto a la nobleza griega: “La nobleza es la fuente del proceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla la
cultura de una nación” (Jaeger, 1996, p. 20). Los textos homéricos adquirirían un valor
determinante en la enseñanza de la Grecia clásica, ya que servían de modelo para la adquisición
de conocimiento y de dominio de la palabra en circunstancias en las que los individuos
demostraban su pertenencia a esa clase dominante en todo por medio de la palabra, oral y escrita.
Sin duda los poemas de Homero sirvieron de modelo para que los niños en la escuela
aprendieran a leer y a escribir en la etapa gramatical con la ayuda del gramático, quien era el que
les enseñaba las letras del alfabeto y no un intérprete de reglas gramaticales, y para que pasaran a
la siguiente etapa de la educación, la etapa retórica, en la que se les instruía para poder componer
discursos retóricos que se regían por ciertas reglas de estructuración, argumentación y cohesión
para que resultaran persuasivos.
Como corolario de esto, se puede mencionar el hecho de que la educación no era exclusiva
del gramático, sino que ya había una formación ética en la casa por parte de los padres, la nodriza
y el pedagogo. En la escuela se reforzaban los valores éticos mediante el aprendizaje de la
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La retórica
La enseñanza de la retórica jugó un papel muy importante en la vida cultural de Grecia y
Roma. La retórica era ese arte que con su forma y contenido era capaz de persuadir. Además del
aprendizaje y recitación de la poesía por parte de los ciudadanos, la retórica llegó para fortalecer
sus valores de nobleza, de aristocracia. Esto es así ya que el ser humano se ve obligado a hacer
uso del lenguaje; ese lenguaje que funciona como hilo conductor de los contratos sociales; ese
lenguaje poderoso y capaz de influir sobre los hombres gracias al buen uso de la palabra que ellos
supieron manifestar en la sociedad. Tanto es así que se llegó a descubrir ese poder dinámico del
lenguaje en las palabras habladas y escritas en dos técnicas laboriosamente tratadas como lo son
la poética y la retórica.
La retórica nació de hechos políticos en la Siracusa del siglo V a.C., en el marco de litigios
judiciales en defensa de las propiedades confiscadas por los tiranos a los ciudadanos,
demostrándose cuán poderoso era el uso de la palabra para reivindicar las gestiones políticas
socialmente establecidas. No era una retórica del texto en sus orígenes.
Después, en Atenas, la retórica continúa su rumbo hacia la conformación del discurso de
asamblea, dentro de una sociedad que se deleitaba con el placer de la palabra y del texto. En
efecto, los atenienses eran, por tradición, muy elocuentes y muy apasionados por el carácter
intelectual de las letras. Supieron hacer uso del lenguaje en acción encausado en la literatura y
sacaron provecho del pragmatismo de la acción político-social para influir en los ciudadanos
mediante el deleite poético y la persuasión retórica. Bien dice López Eire acerca de ese lenguaje
en acción:
Mientras no se demuestre lo contrario, un poema o un discurso retórico, en particular, y una obra literaria, en general, se confeccionan a base de lenguaje,
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pues con el lenguaje se piensa y se comunica. Y, si esto es así y el lenguaje es primariamente pragmático, no es de extrañar que ya los griegos descubrieran funciones pragmáticas y político-sociales en las composiciones poéticas y retóricas (López Eire, 2002, p.17).
De vital importancia resulta mencionar que los filósofos griegos más notables vieron en las
letras un valor de verdad y por lo tanto aptas para el convencimiento y el deleite. Estas letras, con un valor fundamentalmente político-social, son arte retórica porque se dirigen hacia fines
dialógicos o comunicativos, conteniendo en sí elementos simbólicos que no corresponden a la
realidad. Los símbolos corresponden a la naturaleza dialéctica del lenguaje, y son los tropos o
figuras de pensamiento, que junto con las figuras literarias, le dan realce al discurso y lo llevan a
un estado de sublimidad dentro de características propias de lo estético.
Jaeger (1996) menciona una trinidad griega conformada por el poeta, el hombre de estado
y el sabio, la cual representa la más alta dignidad de un estado. Los filósofos, aunque intervinieron
en cuestiones literarias desde la perspectiva dialéctica, veían en la poética y en la retórica asuntos
concernientes a la educación y resaltaban el aspecto psicagógico, conducción de las almas, de
ellas. Platón consideraba que en las obras poéticas y retóricas debían prevalecer los criterios éticos
y políticos. Aristóteles, por su parte, infería que el estilo es lo que enaltece el discurso, y
consecuentemente, muchos autores posteriores a él se refirieron a los estilos del discurso como el
contenido por excelencia expresado en ese discurso. En Roma, los oradores mantuvieron esta idea
estilística en el ornatus, y en la Edad Media se manifestaba una gran preferencia por el poder de
las palabras. También hay que destacar que, en el declive de la retórica en la época imperial
romana, los adolescentes que eran entrenados en las prácticas retóricas ya sólo se dedicaban a
divagar por los ejercicios retóricos escolares, algo similar a lo que había ocurrido en Grecia con
estos ejercicios, los progymnásmata. Además la retórica llegó a desvirtuarse hasta alcanzar los
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la retórica, que nació como un arte de aplicación práctica a la vida pública y regida por la democracia y fue auxiliada por la filosofía relativista de los
sofistas, perdidas las libertades, se convirtió en disciplina escolar y declamatoria. Se hizo así pedagógica y se convirtió en un útil indispensable para la literatura y creación literaria. Se desplazó de la política a la literatura (López Eire, 2002,
p.259).
Códices y textos
No se puede visualizar una intención sana de la lectura si no se rescatan los valores
intelectuales que expresaron los eruditos en distintas épocas de la filología. Los alejandrinos
fueron los primeros eruditos que llevaron a cabo toda una labor de ordenamiento y edición de
textos arcaicos para su completa comprensión por parte de los afanados lectores, principalmente
intelectuales aristócratas, de las bibliotecas antiguas. No se puede negar que el libro, y por lo
tanto la lectura, pertenecía a las clases altas; por tradición, era en la esfera sacerdotal y política que
se hacía uso y manejo de la escritura y de la lectura. Esto ha sido así casi a lo largo de la historia
occidental. La facultad de leer y escribir es casi elitista; por lo menos la referencia a la buena
lectura y a la creación de obras artísticamente y estéticamente bien elaboradas.
Desde la creación de bibliotecas, la lectura toma un rumbo de interpretación y de análisis
propio de cada comunidad lectora que se interesa por los escritos dentro de un conjunto de
competencias, usos e intereses debido al orden sistemático por autores y por obras. La edición
crítica de textos abarcaba todos los saberes a que se dedicaron los griegos, es decir, que en su labor
de edición del texto, los alejandrinos no escatimaron en referenciar otras disciplinas del
conocimiento; hubo cabida para editar y publicar textos de medicina, filosofía, astronomía,
matemáticas, etc. y no sólo poesía y retórica. Hay que agregar además que en esta época, la
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contenido temático muy variado y la edición de textos continúa su camino hasta la proliferación
y venta de ellos, como ya sucedía en la Roma del siglo I a. C.
Por otra parte, se puede mencionar la etapa de labor filológica llevada a cabo durante la Edad
Media, y en especial la época del Renacimiento, con el humanismo. Durante la época del
oscurantismo de la Edad Media, la dedicación a la lectura se hacía por parte de los cristianos,
quienes veían con recelo la literatura pagana de los romanos. Es de notar que en la literatura
cristiana los intereses iban dirigidos a la consecución de preceptos y normas religiosas y que en
gran medida sólo era pertinente para mantener el dominio religioso y político del pueblo, el cual
en su mayoría no tenía acceso a la alfabetización y, por lo tanto, a la lectura de ningún tipo de
texto, mucho menos a la lectura de la literatura greco-romana. Quienes sí leían a los autores
llamados paganos, eran los monjes, los cuales iniciaron la etapa monástica en la que ellos leían e
interpretaban las obras clásicas de Roma, principalmente, con el objetivo primordial de hacer una
interpretación de ellas sobre la exégesis bíblica.
La contraparte de la monástica fue la escolástica. En ella se produjo una revolución de los
textos clásicos y tanto fue así que, después de los alejandrinos, son los escolásticos quienes
modelan una literatura y una lectura con base en la antigüedad clásica y encaminan el tipo de
educación hacia la creación de las primeras universidades. En la escolástica se tenía por oportuno
el aprendizaje de las artes liberales, las cuales estaban constituidas por el trívium, o sea el estudio
de tres ejes modélicos para la enseñanza: la gramática, con su formulación de reglas de uso del
lenguaje; la retórica y la dialéctica. Se complementaba el trívium con el quadrivium, que era el
estudio de la geometría, de la aritmética, de la astronomía y de la música.
Con la llegada del Renacimiento se redescubre un nuevo sentido de la vida social y política
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hombres. El Renacimiento fue un gran movimiento intelectual que facilitó la comprensión de las
circunstancias culturales entre la Edad Media y la época moderna. Del Renacimiento surge un
ideal de la cultura humana que se puede retrotraer hasta ese ideal humano que ya Cicerón había
denominado humanitas y que se puede rastrear incluso en el ideal homérico de areté. Grande es
el interés por la literatura clásica. Numerosos son los autores que se redescubren, se editan y se
leen. Curtius (1999, p. 80) menciona a Catón con sus sentencias; a Esopo con sus fábulas
moralizadoras; Juvenco, con una Harmonía evangélica en verso; a Cicerón, Salustio, Horacio,
Virgilio, Ovidio, etc. De estos autores se extrajeron ideas moralizadoras y educadoras como los
exempla –ejemplos, modelos- y las sententiae o sentencias porque “los autores no son sólo fuente de conocimiento, sino también tesoro de sabiduría” (Curtius, 1999, p.92).
La literatura es parte de la cultura, dice Curtius (1999, p. 62). Ya entre los griegos, ya entre
los romanos, ya entre los eruditos del renacimiento, es un hecho que hacer lectura de un texto
significa descubrir y estudiar los acontecimientos de épocas pasadas y que obligan en cierta forma
a redirigir el rumbo de los acontecimientos de otras épocas.
Debemos a los eruditos de distintas etapas de elaboración del texto un efecto de progreso
gracias a la iniciativa cultural de relectura y rescritura de muchos libros y tratados que son la base
de nuestra sociedad actual y que seguirán teniendo una enorme vigencia en las décadas siguientes.
La labor de los copistas y de los filólogos debe dejar patente la necesidad de ver en el texto un
instrumento para plasmar los ideales altruistas de una civilización. Nuestra sociedad es producto
de los ideales que por siglos han persistido y han dirigido el rumbo de una noble iniciativa de
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Conclusiones
Nuestra sociedad moderna no debe dejar de mirar hacia atrás, hacia el mundo clásico, ya
que
Nuestro mundo es, en muchos aspectos, una continuación del mundo de Grecia y
Roma. No en todos los aspectos: en particular, no lo es la medicina, en la
música, en la industria ni en las ciencias aplicadas. Pero en la mayor parte de nuestras actividades intelectuales y espirituales somos nietos de los romanos y bisnietos de los griegos (Highet, 1996, p.11).
Siguiendo el modelo clásico, no cabe duda de que el desarrollo de una sociedad está
sustentado en el éxito que se tenga en una educación continuadora de la visión clasicista de la
cultura (Alcina, 1988, p.16). Pero ese éxito depende de una lectura que tenga un impacto en la sociedad; que conmueva y que comprometa a los ciudadanos a cambios dignos y convenientes.
En fin, que la lectura sea socialmente funcional desde el hecho primario de la alfabetización. Que
la escritura y la lectura sean baluartes para un desarrollo social, económico, cultural y espiritual.
La educación en mucho beneficia la naturaleza humana.
Es deber de los modelos de enseñanza actual no olvidar los parámetros que se pueden aplicar
dentro de un historicismo adecuado de las enseñanzas de los modelos clásicos y renacentistas. De
todo esto, hay que hacer valer la lectura, es decir, hay que plantearse qué tipo de lectura ha de