La propuesta se desarrolló en un esquema de ocho encuentros que dividimos en tres momentos:
1) Presentación y encuadre de trabajo:
El primer encuentro, se realizó junto a los padres de los niños/as invitados a participar de la experiencia. La finalidad del mismo fue poder dar inicio a este nuevo espacio destinado al jue- go compartido. Se realizó la enunciación del encuadre pertinente y la presentación de los pro- fesionales que estuvieron a cargo del taller.
Como disparador del encuentro, se solicitó a cada madre/padre asistente que se pre- sentara, y presentara a su hijo/a, así como también que pudieran expresar sus intereses a la hora de jugar.
Entre los diferentes relatos, coincidieron en que sus hijos/as, tenían como juguetes preferi- dos a los animales (mayoritariamente dinosaurios) y a los autos. Se encontró coincidencias al interior del grupo en lo referente al interés por la música.
Los padres lograron poner en palabras que, a la hora de “jugar,” sus hijos/as lo hacían de forma aislada, alineando objetos y formando largas filas sin poder otorgarles ninguna significa- ción. También expresaron que no son convocados a participar de estos “juegos” o que si se acercan para hacerlo los niños se muestran indiferentes.
Algunos de ellos se mostraron preocupados y con cierto desconcierto frente a estas conduc- tas de los niños/as y expresaron:
“Mi hija mayor me invita a jugar con las muñecas, pero con él no puedo hacer lo mismo”.
“Pensé que como era chiquito, y que ya iba a jugar en algún momento”.
Los emergentes que fueron desplegándose en el intercambio con los padres, fueron de su- ma importancia para dialogar en ese encuentro y poder promover al interior del grupo la pre- gunta sobre qué es el juego, y cuestionar qué estatuto adquiere éste en la vida de cada uno de estos niños/as.
Uno de los participantes pudo expresar que su hijo no tenía juguetes en casa, “solo usa la pantalla, la tablet lo cautiva”. El recurso a los dispositivos tecnológicos como forma de acotar el
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deambular errático en algunos casos, también como forma de contener las conductas disrupti- vas, o simplemente como objeto de uso exclusivo por parte del niño, fue tema de trabajo en este primer taller. La mayoría de los participantes se sintieron identificados en este tema. Se pudo intervenir señalando que la pantalla está muy lejos de ser un elemento que pueda com- partirse con otros, siendo altamente estimulante para el niño/a, pero nunca transformable por lo cual constituía en un escenario de mayor estereotipia y menos creatividad.
En definitiva, se puso en consideración el particular uso de los objetos, que se podía obser- var en los niños participantes del taller. No se lograba localizar situar un uso convencional del objeto en el marco de un juego. ¿Cierto registro de una falta de significación en los actos lúdi- cos de sus hijos, algo que los preocupaba y los interrogaba en su función como padres?
Se acordó que la participación en la experiencia se acompañaría de la inclusión de algunos elementos que cada pareja participante debía aportar al trabajo conjunto:
✔ Manta ✔ Almohadón
✔ Objetos de interés del niño ✔ Caja de cartón
✔ Cuerda ✔ Anotador
✔ Material de escritura
El equipo se propuso comenzar a partir del siguiente encuentro teniendo en cuenta lo que cada padre o madre pudiera traer como material de trabajo, de esta forma, el nexo entre el hogar y el taller pretendía ponerse en acto.
2) Encuentros de “Juego Vincular” propiamente dicho:
Se recibió en día y horario previamente establecido a los niños/as con el adulto que pudiera acompañarlo, trabajando por un lapso de 45 minutos durante 6 encuentros. En cuanto al desa- rrollo del taller, se ofertaron diferentes propuestas que implicaron la intervención de las distintas disciplinas intervinientes.
Como eje común cada encuentro se formalizó en la construcción de un objeto concreto, o en la realización de una actividad, a partir de lo cual fuera posible generar el intercambio, el juego y la interacción en la pareja vincular. Se estableció también la inclusión de la tarjeta de registro, consistente en la reseña de lo más significativo vivenciado por padres e hijos en el taller. La mencionada tarjeta sería el recurso propuesto que iba a recoger lo observado por cada madre/padre asistente. Este registro fue orientado a través de preguntas sencillas: ¿Qué elementos de la propuesta del día le gustaron más a mi hijo/a? ¿Qué momentos del taller dis- frutó más o cuales no fueron de su agrado? ¿Le gusta cantar la canción de bienvenida? Se alentó con esta propuesta la posibilidad de poner en marcha la labor del otro copartícipe de la crianza como portador de palabras y significaciones. Esta intervención fue generando distintos efectos en el grupo de padres, y como producción del taller fue resignificada y retomada por el equipo de talleristas al finalizar el mismo.
La metodología de trabajo, en las diferentes propuestas que se fueron desplegando, res- pondió a objetivos que el equipo de salud pudo identificar como de suma importancia para el desarrollo de la propuesta. Uno de los mencionados objetivos fue el apostar a la instalación de la dimensión temporal. Para esto se pusieron en marcha estrategias que incluyeron, entre otros, el recurso a la música. Con la inclusión de una canción de cierre y de despedida, por ejemplo, se fue marcando un ritmo con sentido, localizando de esta forma el inicio y el fin de cada encuentro. También este objetivo fundamentó la propuesta de la construcción de un obje- to sonoro, o el hacer masa para luego modelar, así como también cuando la consigna de traba- jo se dirigió al armado de un títere. Lo temporal se ponía en juego cada vez que se lograba, surja, una secuencia que el adulto significaba y organizaba para el niño. El taller en sí mismo y su organización otorgó distintos momentos que eran siempre anticipados por el equipo con el fin de marcar diferencias y lograr anclar al niño en la actividad.
La afectación observable en el reconocimiento de los límites del propio cuerpo y el de los otros, pudo dar lugar a la planificación de actividades que se dirigían a favorecer la ex- ploración sensorial y el desarrollo motor fino, que dio lugar a la consigna del armado de globos sensoriales.
Poder jugar, explorando, de la mano de mamá o papá, brindaba un escenario inédito entre padres e hijos, y más allá de los resultados concretos, generaba vez a vez la posibilidad de ensayar un “compartido” que, si bien en varios de las parejas participantes era incipiente, fue cobrando forma poco a poco.
Por otra parte, se estableció el uso de la manta y el almohadón, como recurso destinado a propiciar la organización de una espacialidad para que el encuentro entre padres/madres e hijos/as fuera posible. Esta estrategia fue permitiendo una alternativa al deambular erráti- co de alguno de los niños, alentando al adulto participante, a ofertar el cuerpo como lugar de sostén y borde.
3) Encuentro final, evaluación y cierre de la actividad:
El equipo de talleristas fue trabajando luego de cada encuentro las observaciones realizadas, haciendo ajustes, e intercambiando miradas desde distintos esquemas conceptuales, fortalecién- dose en cada momento en un hacer interdisciplinario pensado desde el inicio de la experiencia, en respuesta a la significativa complejidad de la clínica de los pacientes participantes.
La supervisión permanente fue brindando el sostén para que la experiencia se sostuviera como posible en la medida en que las fortalezas y los obstáculos que fueron recortados pudie- ran ser pensados al interior del equipo.
El encuentro final fue también secuenciado como los anteriores y se organizó a partir de una propuesta de cierre que implicó, además de una consigna de trabajo para los participantes, un momento de devolución y cierre por parte del equipo de talleristas. Para finalizar la experiencia de taller, los asistentes realizaron en conjunto una “caja de arrastre”, consistente en una pro- puesta de transformación de un objeto de la vida cotidiana con fines lúdicos. La cuerda y la caja de cartón que se habían solicitado como parte del material de trabajo inicial, se convirtie-
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ron en el continente de todas las producciones lúdicas que cada pareja participante había reali- zado semanalmente.
El equipo hizo entrega también a cada una, de un pequeño libro que llevaba por título el nombre de cada niño/a. Las tarjetas de registro, reseña de la actividad escrita por cada pa- dre/madre, fueron transformadas en un texto en primera persona que ahora era devuelto a sus verdaderos autores. Con el auxilio de este recurso, se había logrado hacer hablar a cada niño en la voz de sus padres, logrando un efecto novedoso, impensable al comienzo de la experien- cia. Se procuró que cada participante leyera en voz alta lo reseñado, generándose efectos de asombro y emoción en el grupo:
“Hola soy Juan, tengo 4 años, mis juguetes preferidos son los autos y los dinosaurios. Me gustó cantar, pero no todas las veces pude disfrutar de las propuestas. En general prefiero estar moviéndome mucho. La masa fue una de mis actividades preferidas, mi mamá me dijo que la íbamos a hacer juntos en casa, nuevamente.”
“Yo me llamo Martín, y mi mamá Noelia. Me costó un poco asistir al taller sin llorar. Lo que más me gustó es hacer con mamá un objeto sonoro con los vasitos de yogurt que tengo en casa. Mi mamá dice que ella también disfrutó mucho de jugar en el taller. Ahora en casa tam- bién nos gusta sentarnos en el piso para jugar juntos.”
Se dio cierre a la experiencia, y se realizaron los informes pertinentes que enriquecieron las prácticas que cada participante niño venía desarrollando en el marco de un dispositivo individual.