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Chapter 3 Problem Description

3.1 The Problem Definition and Model

3.1.2 Model Parameters

En este capítulo teórico, se evidencia las prácticas frecuentes de la comunicación alternativa, comunitaria, educativa o popular, que, aunque no todas tienen las mismas acciones colectivas, si desarrollan unos escenarios generales que posibilitan ejercicios organizativos en pro de otra comunicación diferente a la de los medios masivos de comunicación.

Lo alternativo, lo comunitario y lo popular

En el escenario de la democratización de la comunicación es importante tener presente las construcciones y análisis categóricas de la comunicación alternativa, popular o comunitaria, ya que, estos son los actores que reclaman una lucha por democratizar la comunicación como bien colectivo y social, generan procesos de vinculación de los plural y diverso, buscan espacios para que “otra comunicación sea posible”. De igual manera, propenden por ejercer prácticas de transformación social, frente a las lógicas de poder y dominio a las que están sometidos los sectores periféricos o populares.

La Praxis social, permite no solo el análisis de las configuraciones de poder, sino además de la intervención de la sociedad en la construcción de estrategias para la transformación y resistencia hacia las desigualdades expuestas en el actual modelo de sociedad. Por ende, los actores que construyen la comunicación alternativa, comunitaria o popular vinculan en sus

prácticas la lucha por el derecho a la comunicación, como escenario para propiciar visibilidad a comunidades olvidadas o proceder por el cambio social, “tienen la potencialidad de transformar su propio entorno y resignificar el sentido de sus prácticas y las de los demás actores comunitarios” (Aharoniam, 2017, p. 128)

En este sentido, son los escenarios comunitarios o populares quienes son sujetos de la producción informativa, cultural o educativa en pro de un sector subalterno del sistema mediático y social. Para Becerra (2014) dichas prácticas comunicativas se apartan de la lógica industrial que son propias de las empresas de medios masivos, es decir, sus ejercicios son autónomos y conciben de manera distinta, la producción y circulación de información, a la de los medios dominantes. Sin embargo, en ocasiones las producciones se realizan bajo el escenario convergente de comunicación.

Daniela Monje y Ezequiel Rivero (2018) lo categoriza, como el sector infocomunicacional desde el escenario de “convergencia periférica” donde no solo la convergencia se desarrolla desde un enfoque tecnológico o digital, sino también desde las desigualdades preexistentes en la sociedad, los medios de comunicación alternativa, popular o comunitaria presentan escenarios de asimetría frente a los modos de producción comunicativa.

la convergencia es más que una mera situación o contexto posibilitado por el avance tecnológico y el levantamiento de las tradicionales barreras técnicas que mantenían separadas la industria de los medios y de las telecomunicaciones. La convergencia representa un nudo problemático en sí mismo, no solo por su carácter polisémico, sino porque involucra a una multiplicidad de actores con características muy distintas entre sí, que disputan un juego que tiene lugar sobre un terreno desnivelado. (Monje y Rivero 2018, p. 48)

Ante los anteriores elementos, desde América Latina de manera histórica han surgido varios colectivos u organizaciones de comunicación. Para Mattelart (citado en Corrales y Hernández, 2009) lo alternativo expresa la voluntad de “devolver el habla al pueblo” y con ello, la necesidad de buscar en los medios el potencial para generar una voz propia. Desde el EZLN Ejercito Zapatista de Liberación Nacional de México, a partir de 1994, ha conseguido fortalecer lazos de comunicación entre las agrupaciones de su movimiento.

El EZLN, se planteó así, como gestor y personaje principal de una nueva forma de lucha social, a la par de presentarse como productor y promotor de la comunicación alternativa. Cámaras fotográficas, grabadoras de audio y video, equipos de comunicación celular y computadoras interconectadas en la web, se unificaron para dar voz al discurso zapatista. (Corrales y Hernández, 2009)

Otro de los escenarios han sido las radios mineras de Bolivia, ejecutadas en 1940 donde fueron operadas y mantenidas por los propios trabajadores mineros “éstos pertenecieran a los grandes sindicatos -como la Central Obrera Boliviana (COB)-, las emisoras mineras surgen de manera floreciente a partir de cada pequeño sindicato minero” (Herrera y Ramos, 2013. P, 14) a partir de la necesidad de ejercer y construir sus propias voces como trabajadores.

Ante los anteriores ejemplos, los sectores de comunicación subordinados efectúan producciones desde su asimetría que contribuyan al fortalecimiento de las periferias, y que, aunque los modos tecnológicos cambien, sus acciones se realizan para disputar los ejercicios del derecho a la comunicación. Además, en los territorios periféricos, el uso infocomunicacional presenta desigualdades en tanto que se fortalece la brecha telecomunicativa. Por ende, el reto de los medios alternativos, comunitarios o populares es

ejercer de manera diferente, a la hegemónica, la comunicación y construir estrategias para vincular a la población en el reconocimiento del medio.

De esta manera, las formas de crear comunicación se basan en dos procesos, la primera es la critica que se presenta hacia los medios masivos de comunicación y la segunda es la práctica autónoma de configurar ejercicios comunicacionales, para lo cual, Natalia Vinelli, (2014) los postula con un carácter teórico práctico.

Ahora bien, es importante señalar que, desde varios investigadores, en el ejercicio de la comunicación comunitaria, popular y alternativa, no conciben una sola definición teórica que postule un escenario académico preciso para definirlos, pues el escenario es el análisis de los quehaceres en los que se desarrolla dichos medios de comunicación, es decir, la práctica es quién los identifica, sin embargo, existen unas características o criterios generales de los mismos, más no un elemento teorizable.

La comunicación comunitaria, popular y educativa no posee una definición única y consensuada, sino que es producto de una praxis, de un largo proceso de síntesis cultural, social y político comunicacional que involucra participación, interacción y encuentro con la comunidad. Si bien existen ciertas diferencias entre ellas, todas estas modalidades nombran un conjunto de prácticas diversas que tienen un horizonte en la resistencia o la transformación de los procesos sociales hegemónicos. (Aharoniam, 2017, p. 129)

Así pues, en cada ejercicio existen prácticas diferentes de interacción o propósito comunicativo, no obstante, concurren unas características que son necesarias de analizar de manera general, son coincidencias frente a las acciones generales que repercuten en la

sociedad “su carácter teórico práctico, el surgimiento como necesidad de expresión de los grupos populares, los contenidos contrainformativos, las modalidades de participación de acuerdo al contexto, sus objetivos de transformación social” (Vinelli, 2014, p.40).

Aunque, en lo teórico práctico hay posturas diferentes, si existe una necesidad de criticar elementos de los medios masivos de comunicación, a través de la producción de contenido alternativo o contrainformativo, es decir, el escenario cotidiano se revela por medio de los principales actores sociales que conviven en medio de las condiciones desiguales, además no le brindan explicaciones a las lógicas de los propietarios del monopolio de medios, lo que permite producir de manera autónoma la realidad en la que habita. “Lo cotidiano aparece de este modo como un espacio donde la hegemonía se reproduce, pero donde también se la resiste.” (Vinelli, 2014, p. 41)

Sin embargo, ante dichas características generales, Gabriel Kaplún en su texto “Comunicación educativa y comunitaria – Construcción de nuevos vínculos y sentidos en y desde la universidad” explica algunas diferencias de las prácticas de los medios alternativos, comunitarios, populares y en relación a la educación. En primera medida, lo alternativo se vincula a la construcción de una agenda informativa diferente a la de los medios hegemónicos, es decir, contrainformativa, se produce por medio de las decisiones y acciones de los actores sociales en colectividad.

Las acciones de comunicación comunitaria, según Kaplún (2017), procede a crear escenarios comunicativos para el bienestar social de comunidades determinadas, es decir, una localidad explicita. Según Santos (Como se citó en Kaplún, 2017) lo comunitario fortalece la simetría de un espacio social, y reconoce las identidades en los procesos emancipatorios. Además, de posibilitar escenarios de dialogo y debate ciudadano a través de los medios de comunicación,

es decir, ver al medio como espacio para construir significados comunes a través de una realidad.

Ahora, la comunicación popular tiene un posicionamiento claro frente a los intereses de una clase popular, donde la comunicación toma acciones socio- políticas a favor del cambio social y la emancipación de los sectores populares que sufren cualquier tipo de dominación, además de ubicar las practicas comunicativas hacia una organización o movimiento social puntual (Kaplún s, f), por ende, las producciones comunicativas responden a movimientos sociales y políticos que pretenden configurar escenarios estructurales de transformación social.

En relación a la comunicación y la educación se compara a los medios como escenario paralelo a la escuela, Mario Kaplún en su libro “Una pedagogía de la comunicación” lo estipula como la concepción bancaria que se manejan en los escenarios educativos y en los medios masivos de comunicación, por lo que se propone una comunicación liberadora, endógena, basada en el dialogo de saberes para procesos de acción y transformación.

Ante las anteriores definiciones, se evidencia que existen características propias en cada escenario del quehacer de la comunicación que es subalterna en el poder mediático, importantes porque en cada proceso teórico práctico se pueden involucrar las acciones colectivas del medio de comunicación, dentro de los postulados de lo alternativo, popular, comunitario o educativo. Sin embargo, como ya se había mencionado, definirlas de manera exacta propicia una simplicidad en las prácticas de producción comunicativa, ya que, todas se originan de las desigualdades sociales, por ende, sus acciones comunicativas también son periféricas, es decir, las similitudes o características generales de todas, son las que se deben resaltar.

Con ello, Vinelli, 2014, especifica que ante las desigualdades de los flujos de información se generan reclamos frente a las necesidades de hacerse ver y escuchar, se propende por involucrar una praxis de cambios sociales, por ende, para ella la comprensión de la comunicación alternativa, popular, comunitaria o educativa tienen dos dimensiones en sus practica de acción, una comunicacional y otra política, relacionadas ambas a un contexto histórico social.

En este sentido la inserción de la experiencia en un proyecto político transformador (que más que ser orgánica tiene que ver con una visión de conjunto y con una estrategia general) configura un marco para la pensar alternatividad con un significado y un referente claros, tiene la virtud de situar la comunicación alternativa en la tradición del pensamiento crítico, dando cuenta de su vocación transformadora. (Vinelli, 2014, p. 49)

De esta manera, los medios de comunicación que tienen un papel cambiante se vinculan de manera directa con la sociedad en condiciones de desigualdad. Barbero, (citado en Vinelli, 2014) ligaba a los movimientos sociales hacia un proyecto comunicacional alternativo. Es decir, las producciones se realizan a favor del grupo subalterno y desarrollan ejercicios de comunicación e información propia y diferentes a las del dominio político y económico.

la cuestión del discurso y la recuperación de la palabra silenciada; la apertura hacia la participación comunitaria (en sentido sociológico y no sólo territorial) de acuerdo con el soporte, el contexto y las formas organizativas; la apropiación del medio por parte de las organizaciones sociales y políticas; la gestión y el tipo de propiedad (colectiva, comunitaria, social, popular); las formas de funcionamiento o rutinas de trabajo y el ejercicio de un periodismo de contrainformación.

Así pues, desde el abordaje comunicacional, los medios de comunicación alternativos, populares, comunitarios o educativos se configuran bajo la posición de mostrar lo invisible, de “recuperar la palabra” o como lo especifica Mata (2011) “dar voz a los que no tienen voz” es decir, la posibilidad de apropiarse del derecho a la comunicación, masificar su propia voz, lugar para la democratización de los medios y la expresión de multiplicidad de palabras de sectores que han sido ocultos o tergiversados por los medios masivos de comunicación.

Para Cerbino (Citado en Reginfo, 2018) la comunicación es una acción del común que debe promover la participación de las personas en la producción de contenidos que guarden relación directa con la realidad, de generación de diálogos, de lazos y de cooperación para generar verdaderas transformaciones sociales. Por ende, fue importante el análisis de la propiedad de medios y los intereses que se juegan alrededor de los mismos, además, de considerar la relación en el sistema de comunicaciones, el reclamo del acceso de los sectores populares en la producción de participación pública de la comunicación, es decir, el derecho a comunicar.

De igual manera, no se debe vincular solo la participación comunicativa de la sociedad a través de los medios, sino también desde el sentido comunitario y la consolidación del sector popular en la construcción de elementos comunes que vinculen esferas de dialogo, comunicación y transformación, desde los elementos de la autogestión, la organización y acciones políticas.

Nos referimos a espacios que crecen a partir del aporte voluntario de sus miembros, entendidos como iguales comprometidos con el sostenimiento de la experiencia, que realizan un trabajo voluntario o una militancia social y política, donde no existen relaciones de dependencia ni se persigue el lucro. (Vinelli, 2014, p. 57)

Es decir, la necesidad de fortalecer las relaciones sociales, dentro del ejercicio de la comunicación mediática es la vinculación de lo comunitario y su consolidación frente a los escenarios de desigualdad y las tantas formas de afrontarlo. Para Mattelart y Piemme (Citados en Vinella, 2014) lo alternativo no reside en el dispositivo, por ende, son las relaciones sociales las que le dan fuerza a los usos de la comunicación, por medio de una actividad social, diferente a la dominante. Donde efectivamente existe una pluralidad de voces que construyen, que sean propias para expresar sus sentires, así como Gabriel Kaplún (2019) lo evidencia frente al pensar del territorio indígena de Colombia CRIC- Consejo Regional Indígena del Cauca.

Los sueños, las señas, los tejidos, música, símbolos, las tulpas, el fogón, las mingas, asambleas; el diálogo entre el padre y la madre, a cada instante nos están comunicando algo como un mensaje de peligro y buen camino en la cotidianidad colectiva de las comunidades. CRIC (Kaplún, 2019)

Si en dicho movimiento, reside un medio alternativo, popular o comunitario es labor de las mismas relaciones sociales poner en evidencia sus sentires frente al medio tecnológico o digital, una agenda propia, un discurso periodístico propio, diferente a la dominante, es decir, contrainformativo, que surge del afianzamiento comunitario y de la visibilidad que se les da a las voces ocultadas por parte de los medios masivos de comunicación.

En este sentido, la contrainformación es generar propios modelos comunicativos, discursos creados por el mismo sector popular, son protagonistas de sus mensajes en relación a la realidad, visualizan sus escenarios de desigualdad o denuncias, además de las ganancias frente a cambios o acciones colectivas, son los que deciden qué y cómo difundir, sin depender

a que sea el medio masivo de comunicación quién permita darle la palabra, “Entendemos por contrainformación no sólo el proceso de dar vuelta la información hegemónica sino también, y sobre todo, a las maneras en que los medios populares forman sus propias agendas y construyen otra subjetividad” (Vinelli, 2014,, p. 66)

Es aquí, donde el papel del comunicador popular o comunitario debe tomar posición, no de manera técnica, sino política, ser consciente para producir elementos que vinculen las necesidades de los territorios periféricos, organizaciones, grupos sociales o acciones colectivas, el periodista no es quien ve la realidad y la acomoda a su manera, sino quien vincula de manera directa las voces del grupo subordinado, por ende, el comunicador popular también parte desde el ejercicio de la conciencia política y transformadora. Gabriel Kaplún, (2019) parte de esa necesidad del comunicador en su rol político, no como una persona funcionalista al statuo quo, que no toma conciencia de su trabajo y es cosificado para ser generador de las estructuras de poder, sino desde la posición del comunicador popular que favorece los procesos sociales desde la praxis comunicativa, en busca de generar cambios sociales.

También es importante, el carácter contrainformativo, donde se contradice al medio hegemónico, cuando miente a favorecer los intereses económicos y políticos de sus propietarios en alianza con el Estado y aún más, si se ataca de forma directa los intereses del sector popular.

En este sentido, un escenario contrainfomativo, también es un escenario contrahegemónico, ya que, respalda los principios de un territorio, que son invisibilizados por la hegemonía cultural, para verse como industrias de comercio, mercancía y consumo. Además, los medios

de comunicación alternativa, popular o comunitaria tienen una estructura diferente a la hegemónica, basada en la propiedad colectiva, cooperativa o sin ánimo de lucro.

En síntesis,

Hablar de otra comunicación como posibilidad, es la construcción de una agenda propia diferente a la comunicación hegemónica, es vincular las relaciones sociales a la apuesta por ejercer el derecho a la comunicación, donde estos sean los protagonistas de expresar sus voces propias, además, de la necesidad de organizar la comunicación, para que esta sea militante en las prácticas de transformación hacia las condiciones asimétricas del sector popular.

Por ende, no existe una caracterización especifica frente a la comunicación alternativa, popular, comunitaria o educativa, ya que, al definirlas se minimiza la acciones o praxis que se vinculan en la cotidianidad, es decir, se les debe analizar a partir de las diferentes prácticas que posibilitan esa otra comunicación, democrática, popular, plural, organizativa y transformadora.

Dichos espacios comunicativos son invisibles en las políticas estatales, por ello, también son periféricos frente al derecho de la comunicación, además de estar vinculados de manera inherente e inconsciente en el escenario telecomunicativo e infocomunicacional, sin embargo, dicho panorama evidencia unas desigualdades no solo de tipo tecnológico o digital, sino también social, ubicando con ello, la convergencia periférica, frente a sus ejercicios comunicativos e informativos.

Por lo cual, la comunicación comunitaria, popular, alternativa y educativa no solo se debe relacionar al medio como ejercicio informativo, sino también a lo comunitario, social o popular, a través, de otras prácticas como el dialogo de saberes, la comunicación como ejercicio común, endógena, participativa que posibilite la palabra que ha sido ocultada, que genere escenarios de concientización y transformación de las estructuras imperantes.

Sus ejercicios, se posibilitan como escenarios teórico práctico, donde se toma posiciones políticas y comunicacionales, como la contrainformación; la relación directa con la comunidad, los movimientos sociales, las organizaciones o sectores populares; además de generar otras maneras de propiedad como la comunitaria, colectiva, cooperativa, social y autogestionada.

Finalmente, se debe observar el rol del comunicador comunitario en su ejercicio pragmático y político, donde no solo ejerza desde lo técnico, sino también un sujeto consciente de sus acciones y praxis transformadora, que se relacione de manera directa con la sociedad periférica y desarrolle una comunicación democrática diferente a la hegemónica.