PART III Methods and Validations
6.9 Second Validation: B-Pillar Reinforcement
6.9.3 Modelling and Validation
“¿Qué es eso? ¿Qué pasa? - dijo el profesor poniéndose los lentes y acercándose al barandado de la tribuna -. ¿Es que alguno ha perdido la herradura por ahí? Y suplico a los que estén al lado de ese asno que rebuzna con tal perfección que se alejen de él, porque sus coces deben ser mortales de necesidad” (Baroja, 1982: 10).
“Che c’è! Che succede? - chiese il professore inforcando gli occhiali e avvicinandosi al parapetto della tribuna -. Avete perso il lume della ragione, da quelle parti? Quelli che stanno attorno all’asino che raglia con tanta perfezione facciano il piacere di allontanarsi, perché i calci che sferra devono essere veramente mortali” (Baroja, 1991: 13).
Comentario
Pío Baroja es uno de los autores de la nómina del 98 menos conocidos en Italia. Este texto pertenece a El árbol de la ciencia,
novela encuadrable en su etapa de plenitud, fiel por tanto al espíritu barojiano y ciertamente representativa del momento, ya que refleja uno de los problemas de los intelectuales de Fin de Siglo, es decir, la lucha entre acción y contemplación. El protagonista, Andrés Hurtado, oscilará entre el deseo de cambiar el mundo (por lo cual estudia medicina y desarrolla una actividad intelectual) y una “ataraxia” que le impedirá actuar. La escena que presentamos aquí ilustra esta divergencia. El fragmento nos sitúa en el primer día de clase del protagonista, quien comienza sus estudios universitarios. Como en otras ocasiones, su idealismo se dará de bruces con lo ridículo de la realidad. El discurso, evidentemente irónico, reproduce las palabras de un profesor en relación al comportamiento reprobable de uno de los estudiantes. Es conveniente leer el preludio de la escena para entender la personalidad del profesor que se presenta a los estudiantes, y la consiguiente reacción de éstos:
“De pronto se abrió una puertecilla del fondo de la tribuna y apareció un señor muy viejo, muy empaquetado, seguido de dos ayudantes jóvenes. Aquella aparición teatral […] provocó grandes murmullos; alguno de los alumnos más atrevidos comenzó a aplaudir, y viendo que el viejo catedrático no sólo no se incomodaba, sino que saludaba como reconocido, aplaudieron aún más […]. El profesor era un pobre hombre presuntuoso, ridículo. Había estudiado en París y había adquirido los gestos y las posturas amaneradas de un francés petulante.
El buen señor comenzó un discurso de salutación a sus alumnos, muy enfático y altisonante, con algunos toques sentimentales […]. Su melena blanca, su bigote engomado, su perilla puntiaguda, que le temblaba al hablar; su voz hueca y solemne le daban el aspecto de un padre severo de drama, y alguno de los estudiantes, que encontró este parecido, recitó en voz alta y cavernosa los versos de don Diego Tenorio, cuando entra en la Hostería del Laurel, en el drama de
Zorrilla105:Que un hombre de mi linaje/ descienda a tan ruin mansión. Los que estaban al lado del recitador irrespetuoso se
echaron a reír, y los demás estudiantes miraron al grupo de alborotadores” (p. 9)
El lector italiano deberá percibir, como el español, la actitud indignada del profesor y su tono petulante, que provoca la burla por parte de los alumnos. El pequeño fragmento, igual que el anteriormente estudiado, supone una violación de la “máxima de cualidad”. El traductor, en primer lugar, tiene que reconocer la implicatura conversacional derivada de tal inadecuación: el hecho de que hay una “interpretación de segundo grado” usada por el emisor que se disocia de la interpretación real, basada a su vez en un tópico o prejuicio (en este caso, la relación entre el animal “asno” y la falta de inteligencia o de educación). Como podemos observar, el traductor consigue reproducir la imagen (“ese asno que rebuzna”/ “all’asino che raglia”; “sus coces”/ “i calci che sferra”) nacida de la misma asociación semántica existente en italiano, aunque decide modificar la primera frase interrogativa usando una figura metafórica (“il lume della ragione”).
Según Marimón Llorca (2009: 27), éste es un ejemplo de “metáfora sarcástica”, la cual sólo puede interpretarse de forma irónica. La diferencia entre ésta última y la ironía propiamente dicha es que en la primera el enunciado es literalmente aceptable, será sólo el contexto el que ponga de manifiesto su congruencia o no (por ejemplo, “¡Qué buen día hace!” cuando está lloviendo). La metáfora, en cambio, es siempre literalmente inaceptable (“las perlas de tu boca”). Aquí hemos preferido, de todas formas, hablar de ironía en sentido amplio, y considerar que muchas figuras retóricas (alegoría, énfasis, hipérbole, etc.), como la misma Marimón nos dice (2009: 21), pueden utilizarse para generarla: la “natural retoricidad” del lenguaje (López Eire, 2003: 56) provoca que cualquier desvío del mismo, 105
Interesante caso de intertextualidad referido a un texto – Don Juan Tenorio, de
José Zorrilla -, probablemente desconocido al lector italiano. En cambio la edición de Marietti traduce literalmente el ripio (“Che un uomo del mio lignaggio/ scenda in così umile dimora”) sin aclarar en nota de dónde ha extraído la traducción, o si se trata de una versión del propio traductor. Claramente, la elección ha sido la de no romper el ritmo de lectura y optar por una estrategia de “familiarización”.
independientemente de su función, sea susceptible de cobrar un valor irónico adicional.