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La comunidad joola de Oussouye está formada por una red de asociaciones que abarcan el conjunto de actividades tanto económicas como espirituales go- zando el caso de Oussouye de una diversidad remarcable de asociaciones. Las or- ganizaciones-agrupaciones de mujeres joolas pueden ser consideradas como:

• Fuerza de trabajo y medio de inserción de la mujer a la sociedad del pue- blo: las asociaciones de mujeres joolas representan una fuerza de trabajo in- cuestionable y gran parte de los trabajos en los arrozales se efectúa en grupo por géneros. Esta utilización de la mujer sólo puede darse, ya que las muje- res entienden que trabajan para ellas mismas, y que al ser trabajos que re- quieren de mucho esfuerzo, resulta más gratificante y motivador realizarlos en grupo. Además, un beneficio añadido al espíritu de auto-ayuda, y fuente de motivación suplementario puede ser colaborar por un bien colectivo, ya que se favorece la Caja común de la asociación o generación. Este dinero, que proviene de las actividades de trabajo, es una fuente de autonomía, que permite la posibilidad de organizar ceremonias o actividades lúdicas, orgu- llo y autonomía a partir de ser una fuerza de trabajo incuestionable. Este es- píritu de autonomía, en el marco de la economía, contribuye a dar ampli- tud a las asociaciones de mujeres (Reveyrand, 1986-87).

• Estructuras propias con capacidades de movilización. Los altares femeninos de la religión tradicional son espacios de toma decisiones políticas, de reu- nión, de convocatoria y con capacidad organizativa. Es también una asun- ción de decisiones en colectividad «no es una mujer, somos todas las mujeres

de Oussouye», y asunción de las consecuencias18. Como analiza Reveyrand,

ante las estructuras patrilineales y patrilocales, las asociaciones femeninas representan formas de contraposición a los poderes masculinos: las aso- ciaciones femeninas joolas como estructuras de acogida, integración y au- todefensa (Reveyrand, 1986-87). Capaces de afrontar situaciones inespera- das, las mujeres innovan mezclando comportamientos-estructuras «tradicionales» a los eventos imprevistos. Nos preguntamos si no podríamos afirmar que es una tendencia-estrategia constante de las joolas, dado que numerosos episodios en la historia reciente han ido por esta línea. Además de mujeres responsables de altares femeninos-sacerdotisas, como Alin Sitoë Diatta, Ayimpen o Sibeth entre otras, que encabezaron buena parte de la resistencia joola contra la colonización, tenemos varios ejemplos de formas de resistencia femeninas joolas: 1) las mujeres resistieron a las requisiciones

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18En una reunión de noche: una de las madres jóvenes pide silencio para escuchar a la titular-jefa del

fetiche de mujeres Ajamoo, la anciana responsable del fetiche quiere hablar, es quien las convocó a la primera reunión en noviembre : «mujeres, todo lo que vosotras decís y hacéis son mis palabras, las digo yo, si deben encerrar a alguien es a mí,(…)», cuando acaba de hablar se oye la voz (ya no nos vemos las caras) de otra mujer «No, si deben encerrar a alguien será a todas nosotras».

de arroz por parte del ejército francés, especialmente duras en el periodo de entre guerras (ver «Emitai» de Sembene). 2) la manifestación, en 1980, de mujeres joolas en Zinguinchor, para apoyar a sus hijos estudiantes del Lycée Djinabo frente al director y a la policía19. Todos estos casos históricos nos es-

tarían mostrando cómo las mujeres joolas utilizan los altares de la religión tradicional, que les son propios, para conseguir sus fines e intervenir en la vida política local (Journet, 1981). En el caso del «Kajakul, c’est cher!» las mujeres consideraban que las autoridades, sobretodo el Prefecto y la gen- darmería, debían apoyarlas y firmar la lista de precios para hacerla oficial.

• Los altares femeninos como integradores regionales: doblemente extranjeras y sentimientos más amplios regionales. La consigna del alcalde: «dejar que las mujeres arreglen, encuentren una solución a sus problemas, en sus lugares ha- bituales de encuentro» se refería a los diferentes altares regionales que agrupan a todas las mujeres del Húluf y/o del Bubajum áai. Según él mismo, las ten- siones vinieron porque las mujeres de Oussouye Joola quisieron imponer los precios a las otras. En noviembre, quien convoca a las mujeres de Oussouye es una jefa de fetiche-altar pero no las convoca en el fetiche-altar. Dos informan- tes claves dicen que hace un año hablaron del tema de los precios en el altar

Ajamoo, reunidas todas las mujeres del reino de Oussouye. Dicen que el feti- che se enfadó porque no se pusieron de acuerdo y por esto tuvieron que hacer

las libaciones correspondientes para que el fetiche las perdonara y ahora ya no se puede hablar de ello. Entonces, después de este episodio, la responsable del altar convocó sólo a las mujeres de Oussouye20.

Dos cuestiones centrales se ponen en entredicho: 1) Por un lado, las mujeres de Oussouye Joola han actuado en clave de pueblo (según la organización autóctona jo- ola), y no han actuado, ni en clave de municipio administrativamente hablando, ni en clave regional, lo que confirma la autonomía e independencia del pueblo. 2) Por otro, al ser doblemente «extranjeras», debido a la patrilinealidad y patrilocalidad, tie- nen un sentimiento regional más amplio. Muchas de las que hoy viven en Oussouye, son nacidas en otros pueblos, y conservan vínculos familiares, obligaciones y dere- chos en los pueblos de origen. Este sentimiento más amplio, en este caso, permite la resolución de los pequeños conflictos en los espacios especiales para ello.

«KAJAKUL, C’EST CHER!!», ORGANIZACIÓN Y LUCHA DE LAS MUJERES JOOLAS PARA CONTROLAR…

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19Las mujeres agrupadas entorno el altar Usana (que agrupa a mujeres joolas, federación de diversos sub-

grupos joolas) decidieron intervenir manifestándose y enviando delegaciones al gobernador (Tomàs, 2005). Quince días más tarde de los eventos en Zinguinchor en Oussouye centenares de mujeres se dirigieron al bos- que, silenciosas. Los soldados armados montaban guardia en diferentes puntos del pueblo. Las mujeres del Hú- luf se reunieron en el bosque sagrado, en el altar Ehunia, para conocer los augurios, y aliarse con las fuerzas sa- gradas para poder emprender las acciones. (Reveyrand, 1986-87).

20En palabras de la titular de Ajamoo: «(…) yo reuní primero a las mujeres de Oussouye para ver si estaban

de acuerdo en hacer alguna cosa, después hablamos con algunas mujeres de los pueblos vecinos(…)», «(…) el pro- blema es que las mujeres de los otros pueblos vienen a vender a Oussouye sus productos más caros, cuando en sus pue- blos tienen acuerdos de precios reducidos(…)»,»(…)Las mujeres joolas de los otros pueblos del Bubajum áai dicen que las de Oussouye son perezosas y que no producen nada. Entonces yo les digo que sí es así, las dejen morir de ham- bre y que ellas, las de los otros pueblos, no vengan a vender aquí, a Oussouye (…)».

• ¿Una visión determinada del mundo, y de leer las relaciones? ¿las mujeres joolas han actuado únicamente como consumidoras en el «kajakul, c’est

cher»? Difícilmente las mujeres joolas de Oussouye son las compradoras

potenciales de los productos que vienen a vender las gentes de los otros pueblos. Exceptuando el pescado, y que debido a ello, éste ha sido el pro- ducto estrella de las reivindicaciones del kajakul, c’est cher!, las mujeres joo- las de Oussouye, en su mayoría, realiza pequeñas compras cotidianas. Estas carecen de frigorífico, poseen poco valor económico, ya que se autoabaste- cen de arroz propio, hortalizas, leña y frutos, sin necesidad de comprarlos. Se podría derivar de ahí, la reflexión que han realizado alguno de nuestros informantes clave, de que las mujeres han gastado mucha energía en una lu- cha que les toca relativamente; que han luchado para el beneficio de otras personas, como de las funcionarias por ejemplo y que por lo tanto, ha ha- bido un error en su análisis. En estos momentos, no podemos evaluar el va- lor monetario de todo lo que consumen, pero creemos que aunque sea pe- queño21, es significativo para sus economías. Cabría preguntarse si además

no hay otros factores que las han inducido a gastar energías y tiempo en el «Kajakul, c’est cher!», y que quizás su lógica de actuación no es únicamente económica, en términos de coste-beneficio desde una perspectiva materia- lista. Hay que tener en cuenta otros factores como la creencia-conciencia de que el coste de la vida aumenta, y de que hay que controlar los precios, al menos aquellos sobre los que ellas pueden incidir, como son los de los pro- ductos locales.

El caso del «Kajakul, c’est cher» es un avance o una buena práctica que mues- tra autonomía, flexibilidad, capacidad de adaptación y reivindicación de las mu- jeres joolas de Oussouye. Se trata de un ejemplo de cómo las mujeres joolas ha- cen frente a situaciones adversas en el ámbito de la economía, agregándose, juntándose, aliándose con las fuerzas-potencias sagradas, a partir de formas de or- ganización autóctonas femeninas. Esto apunta un camino, otro camino de tantos, hacia la lucha de los derechos económicos de las mujeres.

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21Tenemos el ejemplo significativo del pescado. Si el kilo cuesta 500 francos no pueden comprar nada

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