2.5. Overview of the empirical research
2.5.4. Non-cognitive skills as an input in the educational process
En la Primera Parte de este libro se exponen los grandes rasgos de la finan- ciarización y se elabora un marco teórico apropiado para su análisis, a partir de la economía política marxista. Concretamente, en el capítulo 1 se expone el problema. En el capítulo 2, se revisa la literatura de la finan- ciarización; desde Paul Sweezy, Harry Magdoff y la corriente de la Monthly
Review hasta otras aproximaciones marxistas como la de Giovanni Arrighi
y la Escuela Francesa de la Regulación. La revisión de la bibliografía cubre también los enfoques de la escuela postkeynesiana, de la sociología y de
las ciencias políticas sobre la financiarización. El objetivo de la revisión es dotar de fundamentos a una aproximación teórica a la financiariza- ción, enunciada en el capítulo 2, centrada en las tendencias básicas que se han mencionado previamente, es decir, la implicación de las empresas no financieras en las transacciones financieras, el giro de los bancos hacia el comercio en los mercados abiertos y los hogares, y el papel creciente de los hogares en las operaciones de los mercados financieros formales.
El capítulo 3 considera los antecedentes históricos de la financiarización mediante la discusión del primer gran periodo de expansión financiera en el capitalismo maduro, que tuvo lugar entre finales del siglo XIX y princi- pios del XX. Para ser precisos, el capítulo 3 examina la literatura marxista clásica sobre el capital financiero y el imperialismo que surgió a comien- zos del siglo XX. Tomando como base el trabajo de Rudolf Hilferding, se argumenta que las premisas y la metodología de la teoría marxista clásica son útiles para el análisis de la financiarización contemporánea. Algunos de los conceptos utilizados en los antiguos debates marxistas, incluido el del capital financiero, no son directamente aplicables a las condiciones actua- les, pero la aproximación analítica del marxismo clásico sigue teniendo una importancia decisiva.
Sobre esta base, la Segunda Parte desarrolla el análisis del capitalismo financiarizado tanto teórica como empíricamente. El capítulo 4 discute los fundamentos monetarios de la financiarización de modo que, en línea con el rasgo distintivo de la economía política marxista, se trata la teoría monetaria como base de la teoría del crédito y de las finanzas. Se pone especial atención en la evolución de la forma del dinero en el transcurso de la financiarización, incluida la aparición del dinero electrónico. La forma contemporánea dominante del dinero es el dinero crediticio, una forma de este es el dinero fiduciario emitido por el Estado. Esta forma de dinero es la base de la expansión de los bancos centrales en el capitalismo financiari- zado. El capítulo 4 también presta mucha atención a la forma peculiar que ha tomado el dinero mundial bajo las condiciones del capitalismo finan- ciarizado, que está representado, sobre todo, por el dólar estadounidense.
El capítulo 5 considera las finanzas capitalistas a partir de los principios básicos, examinando la relación entre prestamista y prestatario, el concepto de capital prestable, el carácter del capital bancario y la estructura y el papel del sistema financiero en la acumulación capitalista. La aproxima- ción a las finanzas que se adopta en este libro se basa en tres corrientes del pensamiento económico: el marxismo clásico, la economía política anglo- sajona contemporánea y el marxismo japonés.
El capítulo 6 aborda el problema de la ganancia financiera. Esta forma de ganancia ha crecido mucho en los años de la financiarización, pero
no ha sido explícitamente analizada por la economía política en general, ni siquiera por la marxista. Sobre la base de la noción de Hilferding de «ganancia del fundador», el capítulo muestra que la ganancia financiera se deriva principalmente de la plusvalía, pero que también puede originarse en cualquier flujo o stock asociado con las finanzas. En este sentido, la ganancia financiera podría surgir de la expropiación financiera relacionada no sólo con los hogares sino también con los propietarios del capital pres- table en general. En términos más generales, se argumenta que la ganancia financiera refleja la antigua dimensión predatoria de las finanzas, la cual lejos de desaparecer, se ha fortalecido en el capitalismo financiarizado.
La Tercera Parte se dedica, finalmente, al análisis histórico y empírico de la financiarización, sobre todo, a su aparición, a sus rasgos caracterís- ticos, a su tendencia a las crisis y a su dependencia de la intervención del Estado. El capítulo 7 muestra el recorrido histórico de la financiarización, con una revisión de la bibliografía y con la evidencia empírica de la trans- formación de las economías capitalistas desde los años setenta. El foco se centra exclusivamente en las economías nacionales de EEUU, Japón, Alemania y Reino Unido, un grupo de países que también permite extraer conclusiones sobre la distinción tradicional entre los sistemas financieros basados en el mercado y los basados en la banca. Se presta particular aten- ción a la productividad, la rentabilidad y la desigualdad, así como al apoyo que han prestado los Estados a la financiarización, sobre todo a través de los bancos centrales.
El capítulo 8 examina más detalladamente la financiarización del capital productivo y de los ingresos de los hogares a la luz de las transfor- maciones de los bancos. Se utiliza la evidencia empírica para demostrar los cambios en las relaciones entre el capital industrial y comercial, los ban- cos y los hogares en el capitalismo financiarizado. Se demuestra, además, que las fuentes de rentabilidad han cambiado en la medida en que se han desplazado hacia la esfera de la circulación y ha aumentado la preeminen- cia de las ganancias financieras. Las finanzas han sido capaces de extraer ganancias directa y sistemáticamente de los salarios, y han dado forma así a la expropiación financiera. Finalmente, la expansión de la financiariza- ción hacia los países en vías de desarrollo se considera también brevemente en el contexto de los flujos internacionales de capital y la entrada de los bancos extranjeros en estos países. El resultado ha sido una forma distinta de financiarización en los países en vías de desarrollo, una financiarización subordinada a la de los países maduros.
Sobre esta base, el capítulo 9 considera la tendencia a las crisis que ha marcado la financiarización. Muestra cómo se formó una burbuja finan- ciera entre 2001 y 2007, con un impacto muy limitado en la acumulación real, y que estuvo caracterizada por el creciente endeudamiento personal
y por la extracción de ganancias por parte de los bancos de inversión. Además, la crisis que estalló en 2007 representa un fallo sistémico de la banca privada en términos de liquidez, solvencia, recopilación de informa- ción y gestión de riesgos. Potencialmente el giro más serio de la crisis ha sido, no obstante, la amenaza que ha supuesto para la Unión Monetaria Europea poner bajo presión a las finanzas públicas. La financiarización en Europa ha conllevado la introducción del euro como competidor del dólar por el papel de moneda mundial. El resultado ha sido la aparición de una división entre el centro y la periferia de la eurozona, siendo esta última la que se ha llevado la peor parte de la crisis. Si los Estados periféricos quebra- ran y salieran de la eurozona, la unión monetaria recibiría un duro golpe con implicaciones severas para la financiarización en todo el mundo.
Finalmente, el capítulo 10 considera la regulación de las finanzas y el papel de la intervención estatal en el transcurso de la financiarización. Las finanzas fueron reguladas sistemáticamente en los años cincuenta, sesenta y gran parte de los setenta en términos de precios, cantidades y funciones de las instituciones financieras, pero estas regulaciones fueron eliminadas en los años posteriores. Se ha llevado a cabo una (re)regulación exhaustiva de las finanzas en las décadas de la financiarización, pero solo de las institu- ciones financieras y no del conjunto del sistema financiero. Esta regulación se ha centrado en el lado del pasivo de los balances, concretamente en el capital propio de los bancos, tal y como está tipificado en los Acuerdos de Basilea. Este tipo de regulación ha fracasado de forma manifiesta como protección para los bancos y como medida de prevención de la inestabili- dad. Aun así, la intervención del Estado como proveedor de liquidez, de garantías de depósitos y de garantías implícitas de solvencia para las insti- tuciones financieras, evitó un colapso generalizado de las finanzas a finales de los años dos mil. La crisis y el fracaso de la regulación existente ha hecho volver a plantear la cuestión de introducir de nuevo la regulación sistémica de las finanzas, así como de restablecer los bancos públicos como base de las finanzas contemporáneas. Con transparencia y una contabilidad demo- crática, la intervención pública en el terreno de las finanzas podría empezar a cambiar el sentido de la corriente en contra de la financiarización.
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El término «financiarización» se ha utilizado extensamente desde fina- les de los años noventa en la economía política, la geografía, la ciencia política e incluso cada vez más en el debate popular. Su preeminencia refleja evidentemente la expansión de las finanzas durante más de tres décadas. No obstante, no hay todavía una noción universal aceptada de la financiarización dentro de las ciencias sociales; y aun cuando puede que el término se utilice cada vez más, su significado sigue siendo impreciso.
En este sentido, la financiarización es una reminiscencia de la «globaliza- ción», otro término cuya vida empezó modestamente en los años noventa pero que ha tenido una carrera meteórica tanto en el discurso académico como en el popular. Por lo general, la globalización hace referencia al crecimiento del mercado mundial, la expansión de los mercados financieros internacionales, la creciente interpenetración de las economías a través de inversión extranjera directa, el crecimiento de los flujos mundiales de crédito y un conjunto de fenómenos relacionados con el mercado mundial en las últimas tres décadas. Sin embargo, el trasfondo de la globalización nunca se ha definido de forma precisa y esto aun cuando el término ha sido extensamente empleado en ámbi- tos de la teoría política, las relaciones internacionales y la teoría cultural1.
1 La literatura sobre la globalización es amplia y se solapa de manera natural con los debates sobre el
imperialismo, véase la nota 1 del capítulo 3. Algunos de los argumentos de la corriente dominante se pueden encontrar en Kenichi Ohmae (The Borderless World, 1990), e incluyen la noción de una economía mundial interrelacionada que está convirtiendo a los Estados nación en irrelevantes. Al mismo tiempo, David Harvey en su libro The Condition of Postmodernity (1989), argumentó, desde una perspectiva marxista, que había surgido un capitalismo posmoderno y fragmentado, basado en la «compresión del espacio-tiempo» de acuerdo con los dictados del capital mundial. Anthony Giddens en The Consequences of Modernity (1991), también propuso una formulación, muy influyente des- pués, que transmitía una idea algo rudimentaria según la cual la globalización vincula localizaciones distantes y hace que los acontecimientos locales dependan de los que ocurren lejos. Manuel Castells en
The Rise of the Network Society (1996), The Power of Identity (1997), End of Millennium (1998) y The Internet Galaxy (2001), por otro lado, enfatizó la importancia de las nuevas tecnologías para la globali-
zación, y destacó el papel de las relaciones en red en la creación de nuevos vínculos sociales que pueden oponerse también a la globalización. Cabe señalar, por último, que Paul Hirst y Grahame Thompson en Globalization in Question (1999), han discutido directamente la noción de que la globalización representa cualitativamente una nueva fase del desarrollo para los países capitalistas maduros y han criticado la corriente dominante por ignorar el poder y la desigualdad al hablar de economía mundial.