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matrimonial andino en Hualhuas, el pueblo de mi madre situado a unos 14 kilómetros de Huancayo. Este rito es, por cierto, una manifestación de la llamada reciprocidad andina, que alude a una serie de intercambios recíprocos que establecen los pobladores andinos y constituye uno de los procedimientos de articulación y organización socio- económica de la sociedad andina, pero que tiene, por otra parte, un gran valor emocional en la conformación de los vínculos afectivos familiares y comunitarios. Este vínculo se establece entre una persona y otra, pero también entre una persona con grupos sociales y con la comunidad misma. Es, pues, un mecanismo social que rige y estructura los vínculos que solidifican el colectivo andino:

La reciprocidad (...) es como un cordón umbilical que nutre a las personas por él vinculadas, ya que existe un constante ir y venir entre los individuos relacionados por intercambios recíprocos. 43

Ese es, precisamente, el rasgo esencial de la Palpa que nos atrajo como realizadores, pues, tal como lo habíamos vivenciado, este rito matrimonial tiene una fuerte carga emocional donde, por momentos, el júbilo convive con el llanto en una amasijo emocional intenso y trémulo.

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MAYER, Enrique. “Las Reglas del juego en la Reciprocida Andina” en Reciprocidad e

Dado que esta costumbre es poco conocida, me permitiré relatar de la manera más precisa en qué consiste este ritual matrimonial andino para luego explicar en qué consistió nuestro trabajo como guionistas y realizadores.

La palpa es el intercambio recíproco que, con carácter casi imperativo, obliga a las

mujeres conocidas de una pareja –las “palpantes”- a entregarle un monto de dinero en una ceremonia que tiene lugar después de realizarse el matrimonio religioso. Esta Palpa entregada será retribuida cuando las palpantes, a su vez, se casen o, en otro caso, corresponde a la retribución por lo recibido con anterioridad.

Físicamente, en Hualhuas, las Palpas más elaboradas son una especie de ofrenda hecha de frutas (piñas, plátanos y manzanas) que se entregan en un azafate. El dinero (billetes) está distribuido sobre una especie de arco que corona el azafate. El momento mismo de la entrega tiene lugar cuando las palpantes, acompañadas de sus parejas, regresan a la casa del padre del novio o la novia (según donde se está realizando la fiesta), luego de haber salido a pasear por las calles aledañas acompañadas por la orquesta que va detrás de ellas. En la calle, son los varones quienes portan las Palpas. Mientras tanto, en la casa, los recién casados las esperan detrás de una mesa en la que están acompañados de sus padrinos y de sus “secretarios”, quienes apuntarán el monto recibido de cada mujer (sea niña, adolescente o mujer casada).

En las afueras de la casa donde se realiza la fiesta, dos ancianas aguardan a las palpantes y sus parejas. Su función es servir –y obligar a que tomen- una copita de “cañazo” y una taza de chicha macerada. Luego de beber esta poderosa combinación alcohólica, y

producto de la creciente ebriedad, las parejas entran a la casa “guapeando”44

con gran intensidad. Pareja por pareja van avanzando hacia los recién casados y entonan cantos festivos, jocosos y frecuentemente improvisados. Ya situados frente a los recién casados, el varón entrega la Palpa a su pareja y ésta hace el juego de acercarlo y alejarlo de la novia (si la Palpa correspondiera a ella, o al novio si fuera el caso) quien, a su vez, responde al juego e intenta agarrarla. Una vez “atrapada” la Palpa, los novios y los padrinos saludan y agradecen con vivas muestras de emotividad, donde se enuncian y reafirman, a veces, el cariño, las experiencias vividas o los deseos de felicidad. La

Palpa es pasada a sus secretarios quienes, en el acto, contabilizan el dinero y lo apuntan

en un cuaderno cuya utilidad será saber las retribuciones recíprocas que adeudan los esposos, y establecer, al día siguiente, en la ceremonia llamada cuentaplata, cuál fue el monto total recibido. En función al monto entregado por la palpante, la novia (o el novio) dispone cuál será el “cumplimiento”45

que reciba la ofrendante. Y, mientras las ayudantes se llevan a la pareja para, en el acto, darle su “cumplimiento” en la cocina, ya la siguiente pareja se dispone a entregar lo suyo y repetir la escena. Esta ceremonia se suele hacer en la noche y es el momento culminante que corona el matrimonio religioso de los pobladores de la comunidad de Hualhuas.

Esta es la material real sobre la que trabajamos nuestro documental. La primera decisión que adoptamos fue evitar las entrevistas que asemejan al documental con el reportaje. Asumimos que el objetivo esencial era registrar no lo informativo y/o descriptivo, sino las emociones asociadas a este ritual: la ebriedad, el desborde, la exaltación. Decidimos, entonces, que el documental se narrara solo, cual si fuera una película de ficción,

44 Se denomina “guapeo” a una expresión vocal aguda e intensa que emiten tanto los hombres como las

mujeres y que parece expresar un atizarse mutuo que establecen entre sí los que van bailando. En estos matrimonios es cuando los más jóvenes aprenden a “guapear” imitando a sus mayores.

encadenando escenas autónomas. Estas serían de dos tipos: escenas recreadas y otras simplemente registradas. Las primeras implicaban darles a los pobladores la indicación de qué deberían hacer, pero con la salvedad de que ellos dirían lo que naturalmente les fluyera decir en una circunstancia real similar. Las otras escenas, las de registro, suponían que debíamos estar atentos a lo que ocurriera en la realidad para saber cómo modelar dicho evento a través de los específicos fílmicos (planos, encuadres, lentes, angulaciones) buscando siempre la primacía de las corrientes afectivas, que era nuestro foco y eje narrativo.