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Observations and data reduction

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La actividad lúdica o el juego, hacía parte de los hábitos y costumbres de la vida social de los hombres como lo afirma Johan Huizinga en su trabajo Homo Ludens: “el juego es más viejo que la cultura” (Huizinga, 2000, p. 11). Así la cronología del juego quizás sea equiparable con la del hombre, al igual que su naturaleza divertida y de recreación de la realidad. Y si bien, el juego está presente en los animales, en el hombre adopta formas que le diferencian:

El juego en sus formas más sencillas y dentro de la vida animal, es ya algo más que un fenómeno meramente fisiológico o una reacción psíquica condicionada de modo puramente fisiológico. El

144 juego, en cuanto tal, traspasa los límites de la ocupación puramente biológica o física. Es una función llena de sentido. (Huizinga, 2000, p. 11-12)

Este autor afirma que el juego no es cómico puesto que no tiene por propósito la excitación de la risa, de igual forma no es necio, porque no se opone a la sensatez. Se pueden citar algunas características para describir lo que sí es el juego. La primera de ellas es la cualidad de ser libre, el juego no se practica por mandato, el niño juega porque le produce gusto no por satisfacer a otro, y en este sentido no tiene un tiempo determinado. El juego tiene la cualidad de suplantar la realidad, en donde se oscila de manera permanente entre lo verdadero y lo creado para él. Es en sí mismo fuente de satisfacción, lo que lo convierte en complemento y parte fundamental de la vida individual y social. El juego está asociado a lo ritual y a lo divino porque influye sobre el bienestar del grupo. Se juega en un espacio y un tiempo determinado, se inicia y se suspende según las preferencias del jugador, este espacio y tiempo le aporta una calidad especial:

El estadio, la mesa de juego, el círculo mágico, el templo, la escena, la pantalla, el estrado judicial son todos ellos, por forma y la función, campos o lugares del juego; es decir, terreno consagrado, dominio santo, cercado, separado, en los que rigen determinadas reglas”

(Huizinga, 2000, p. 23).

El juego tiene sus órdenes y procedimientos, lo que anima a los participantes porque su trasgresión daña al juego, esto se vincula a su vez a la armonía y belleza del juego, acaso un factor estético que le sustenta. El juego es a su vez una invitación a resolver algo, marcado por la incertidumbre y el azar, punto de tensión permanente que alimenta la esencia lúdica del juego. Unidos el orden y la tensión son a su vez lo que puede denominarse las reglas del juego.

Algunos juegos tradicionales como el aro, la pelota y las canicas casi parecen ser actividades atemporales y sin una geografía específica. Si bien diferentes culturas transmiten diferentes juegos, hay algunos que pueden ser más generalizados y que probablemente a través de los viajes se transmitieron de una cultura a otra, caso de esta perdurabilidad pueden ser los juego deportivos, representativos de la Grecia antigua, o el coliseo y los juegos de competencia –incluso de supervivencia– del imperio Romano, que

145 derivaron en los actuales juegos olímpicos. Constituye pues una relación permanente con el tiempo de ocio, la dedicación a actividades de divertimento que han incluido la tradición oral, el teatro y en tiempos más recientes la literatura.

Dada la seriedad y la importancia de la inmersión en la sub-realidad que se crea en el juego, este ha tenido diferentes mutaciones. Inicialmente se acompañaba con los cantos y los movimientos corporales y conforme fueron variando adoptaron distintos objetos que permitían mayor realidad, elementos o fichas. Estos objetos propios del juego han evolucionado y en la actualidad el diseño de materiales que hicieran más amena la experiencia de los niños es un extenso campo en permanente movimiento. En esta misma línea aparecen los juguetes, que responden al tamaño de la mano, fuerza y dominio del movimiento propio de esta edad.

Uno de los más representativos relatos sobre la actividad lúdica infantil fue creado por el pintor flamenco Peter Brueghel, El viejo, en su obra titulada Juegos de niños; en ella, se aprecian escenas de juegos en grupo, individuales, entre niños y niñas. Esta pintura del año 1560, puede ser el primer inventario de los juegos infantiles, a lo que debe su novedad en una época en la que la infancia no era motivo de interés. Recientemente fue realizado un estudio de referencia de los juegos que aparecen en el cuadro de Brueghel, varias veces ha sido contabilizada la escena y el trabajo más acertado pareciera ser el de la pedagoga Ana Pelegrín en su Repertorio de antiguos juegos infantiles (1998), según el cual se referencian 86 juegos infantiles, en el que participan 168 niños y 78 niñas. Algunos de estos juegos43 son: la viejecita, canicas, el rey, lucha de caballos, la gallinita ciega, la sillita de la reina, pompas de jabón y las muñecas, entre muchos otros.

146 Gráfico 3. Juegos de niños. Pintura de Peter Brueghel, El viejo.

La característica re-creativa o de la doble creación del juego, fue también motivo de interés para la psicología infantil, Jean Piaget consideró el juego como una actividad que es realizada por el niño sin la participación de otros y luego, en la socialización, es el momento en el cual las reglas se hacen necesarias. Para el autor este es uno de los eslabones esenciales para el desarrollo de la inteligencia infantil, “el juego procede por relajación del esfuerzo adaptativo y por medio del ejercicio de las actividades por el solo placer de dominarlas” (Piaget, 2012, p. 126).

En la actualidad, el juego es una actividad que si bien está presente en la vida de los adultos, con algunos cambios en sus características, paulatinamente se deposita sobre la infancia. No se pretende afirmar que solo el niño juegue, pero se le asocia en muchos aspectos con esto, y a las acciones propias de esta actividad como son imaginar situaciones, recrearlas y proponer reglas, según Huizinga el niño tiene un papel fundamental:

Semejante exhibición [de la representación] está ya muy llena de figuración. Se copia algo, se presenta algo más bello, sublime o peligroso de lo que generalmente es. Se es príncipe o padre o bruja maligna o tigre. El niño se pone tan fuera de sí que casi cree que “lo es” de verdad, sin perder,

147 sin embargo, por completo, la conciencia de la realidad normal. Su representación es una realización aparente, una figuración, es decir un representar o expresar por figura. (Huizinga, 2000, p. 28)

Esta mirada sobre el niño que juega tiene la plena confianza en la seriedad que él deposita en dicha actividad: “El niño juega con una seriedad perfecta y, podemos decirlo con pleno derecho, santa. Pero juega y sabe que juega” (Huizinga, 2000, p. 28) y es esta seriedad la que lo extiende a la categoría de actividad de cultura, puesto que se vincula las actividades sacras de las distintas religiones.

El juego es pues una actividad que está vinculada a la vida en sociedad y que ha contribuido de muchas formas en la socialización en los pueblos, Martha Nussbaum en su texto Sin fines de lucro, afirma que “*…+ es un requisito fundamental para el interés genuino por las demás personas, a saber: la capacidad de imaginar cómo puede ser la experiencia del otro” (Nussbaum, 2010, p. 133). Esta puesta en relación con el otro es pues un asunto que otorga nuevamente seriedad al juego, como lo planteara Nussbaum, y de hecho, lo convierte en una herramienta que debería servir a propósitos democráticos en la formación del niño con relación a sus semejantes “el juego nos enseña a ser capaces de convivir con otros sin ejercer control, conecta nuestras experiencias de vulnerabilidad y sorpresa con la curiosidad, el asombro y la imaginación, en lugar de conectarlas con una ansiedad agobiante” (Nussbaum, 2010, p. 138).

Inicialmente solo inventariado, actualmente el juego ha pasado a ser considerado como una herramienta para el estudio psicológico del niño y su adscripción a la cultura de los pueblos. Así mismo, dado que el juego es una de las principales actividades de la infancia, en la que el niño que ocupa muchas horas de su vida, se ha convertido en una significativa industria comercial. El entretenimiento infantil aparece como necesidad en las ciudades que cuentan con parques, centros de recreación y numerosas tiendas de juguetes.

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