Aunque la utilidad de la sínfisis púbica como marcador de edad ya había sido
reconocida antes de finales del siglo XIX (Cleland, 1889),losprimeros estándares para estimar
la edaden base a su morfología no fuerondescritos hasta1920(Todd,1920).Esteestudio se
basó en el análisis de 306hombres caucasoides de lacolección documentada Hamman-Todd y
fue ampliadoenañossucesivos a mujeres caucasoides y hombres y mujeres negroides (Todd,
1921a, b, c). Todd concluyó que no había diferencias en el proceso de envejecimiento entre
caucasoides y negroides y que existían pequeñas diferencias entre sexos. La utilidad de la
sínfisis púbica comomarcador de edad se basa en que esta articulacióntiene un procesode
fusión epifisaria muy prolongado en el tiempo, pudiendo llegar hasta los 35-40 años(Todd,
1920; Scheuer y Black, 2000; Schmitt y Broqua, 2000). A partir de aquí, sin embargo, los
cambios morfológicos son madurativos, y por ende, variables dentro de las poblaciones y entre
ellas. Esto queda plasmadoya en losestudiosdeTodd(1920), que basándoseen una muestra
de referencia predominantemente joven, solo tres de sus diez fases estiman la edad de los
individuos por encima de los 40 años, siendo la última de ellas la inespecífica categoría de
“mayores de 50 años”.
A partir de los estudios pionerosdeTodd,muchos autores han revisado su métodoy
testado su técnica en otras poblaciones (Brooks, 1955; McKern y Stewart, 1957; Gilbert y
McKern, 1973; Hanihara y Suzuki, 1978; Meindl etal., 1985; Katz y Suchey, 1986). Tras ellos,
Brooks y Suchey (1990) encontraron que el complejo sistema de 3 elementos elaborado por
McKern y Stewart en 1957 no era necesario, ya que estos elementos no se desarrollaban
independientemente unos de otros. Así, intentaron combinar y mejorar todas las técnicas
publicadas anteriormente creando un nuevo sistema de 6 fases (Figura 12). Estos autores
estudiaron1225autopsias del CondadodeLos Ángeles, mayoritariamente de varones(84 %),
con edades comprendidas entre 14 y 99 años y procedentes de diferentes orígenes y estratos
sociales. Además,proporcionaronmoldestridimensionales conejemplos de las distintas fases
en hombres y mujeres, reduciendo así la subjetividad de las descripciones y,
consecuentemente, el posible error intra e interobservador.
In
Fig. 12Detalle de las seis fases de BrooksySuchey,con sus estados inicial(filasuperior) y final (fila inferior) para mujeres y hombres.
[Imagen modificada deBrooks y Suchey, 1990]
A día de hoy,estemétodo para estimar la edad adulta es uno de los mejor valorados y más usados entre los antropólogos físicos en Estados Unidos, tanto en contextos
osteoarqueológicoscomoforenses (Hens et al.,2008; Garvin yPassalacqua, 2012; Garvin et al.,
2012). Esta técnica también es recomendada en los manuales de Antropología españoles
(Campillo y Subirà, 2004; Márquez-Grant et al., 2011). A pesar de su popularidad, la aplicación de estemétodoamuestras procedentes de fuera de los Estados Unidos [francesas (Baccinoet al., 1999), canadienses (Saunders et al., 1992), portuguesas (Santos, 1996), asiáticas (Schmitt,
2004), procedentes de los Balcanes (Djurić et al., 2007), italianas (Hens et al., 2008) o
españolas (Rissech et al., 2012)], han demostrado diferencias interpoblacionales significativas
resultando en estimaciones de edadpocoprecisas y dificultad en eldiagnóstico de la edad de
individuos por encima de los 40años. Noobstante, los autores del trabajo ya señalaban en la
publicación original los amplios rangos de variabilidad existentes, especialmente en las últimas fases delmétodo.Por esta razón, ellos recomendaban emplear más de un indicador de la edad del individuo cuando fuera posible. Además, diversos investigadores han observado diferencias en la velocidad de los cambios producidos en la sínfisis púbica entre muestras
norteamericanas y con otros orígenes poblacionales [indios (Sinha y Gupta, 1995), ingleses (Hoppa, 2000) o deorigen balcánico (Kimmerle et al., 2008a)]. Con el objetivode paliar algunas de las limitaciones de este método al aplicarlo a los individuos de edad avanzada, algunos
32
autores han propuesto la utilización de una séptima fase añadida al método original (Berg,
2008; Hartnett, 2010).
El acetábulo
Siguiendo las observaciones de Rissech et al. (2001), en 2004, Rougé-Maillart y
colaboradores desarrollaron un pionero estudio sobre el acetábulo como una prometedora
herramienta para estimar la edad en esqueletos adultos. Basándose en los cambios
morfológicos observados en la superficie auricular por Lovejoy (Lovejoy et al., 1985a), estos
autores identificaron cambios fisiológicos debidos a la edad en el acetábulo de una pequeña
muestra de 30 hombres de origen europeo (España y Francia) de entre 24 y 81 años. Así,
describieron cambios relacionados con la edad en la morfología del borde y la fosa acetabular, la porosidad de la facies lunata y la actividad en el ápice posterior. Sus resultados mostraron
que las cuatro variables analizadas correlacionaban con la edad y que el acetábulo podría ser
un marcador de edad eficaz en adultos. Posteriormente, siguiendo los pasos del estudio anterior, Rissech y colaboradores (2006) analizaron 242 hombres de la coleccióndocumentada de Coimbra (Portugal) de entre 16 y 96 años, mostrando con este amplio rango de edades los
cambios morfológicos que ocurren en el acetábulo a lo largo de toda la vida del individuo.
Estos autores identificaron siete variables relacionadas con la edad: el surco acetabular, la
forma del borde acetabular, la porosidad del borde acetabular, laactividad del ápice posterior, la actividad en el borde externo de la fosa acetabular, la actividad de la fosa acetabular y la
porosidad de la fosa acetabular. Dichas variables fueron analizadas con estadística bayesiana a
través del programa informático IDADE2,consiguiendo un error en el diagnóstico de la edadde
menos de 10 años en el 89 % de la muestra. Unaño más tarde, estos mismos autores testaron
su método en 394 hombres de cuatro colecciones documentadas europeas: Coimbra
(Portugal), Lisboa (Portugal), Barcelona (España) y St. Bride (Inglaterra) (Rissech et al., 2007).
Determinaron finalmente que las variables propuestas en su método de 2006 eran unos
buenos marcadores de edad para muestras del oeste de Europa. Además, sus resultados
mostraron que las estimaciones de edad eran menos precisas cuando se utilizaban muestras de referencia distantes geográficamente, resaltando la existencia dediferencias en el proceso de envejecimiento del acetábulo entre las distintas poblaciones. Posteriormente, Rougé-
Maillarty su equipo establecieron un nuevométodo para estimar la edadaplicado a ambos
sexos y basado en su estudio preliminar de 2004, considerando tanto los cambios fisiológicos debidos a la edaddel acetábulo como de la superficie auricular (Rougé-Maillart et al., 2007;
In
Rougé-Maillart et al., 2009). En 2011, Calce y Rogers testaron el métodoacetabular de Rissech y colaboradores en una muestra de 100 hombres de lacolección de referencia Grant (Toronto, Canadá). Sus resultados concluyeron que solo tres de las variables descritas por el artículo
original correlacionaban con la edad (el surco acetabular, la forma del borde acetabular y la
actividad del ápice posterior), debido, seguramente, a diferencias en el proceso de
envejecimiento del acetábulo entre las distintas poblaciones. Además, resaltaron que el
método de Rissech y colaboradores subestimaba la edad de los individuos y sugería que se
necesitaban definicionesmás precisas, claras y menossubjetivas, especialmente en las últimas
variables,ya que teníanvaloresbajosderepetibilidad. Sin embargo,algunos delos resultados de este trabajo podrían quedar invalidados debido a que, según Rissech (2013), los datos acetabulares ibéricos utilizados comoreferencia para analizar los acetábulos de la colección Grant (Toronto) usaban una nomenclatura distinta a la usada en los canadienses. Es decir, la
evaluación de los acetábulos canadienses sehabía realizadocon la nomenclatura publicada en el 2006 (Rissech et al.,2006)mientras que los acetábulos ibéricos usaban una nomenclatura
anterior al 2006, que nunca fue publicada. A continuación, Mays (2012) testó este mismo
método en 161 individuos de ambos sexos de la colección documentada de Spitalfieds
(Inglaterra) encontrando resultados similares al estudio anterior de Calce y Rogers (2011). De
manera similar, solo las cuatro primeras variables descritas por Rissech y colaboradores
resultaroncorrelacionadas con laedaddelos individuos ycon altos valoresde repetibilidad. Aunque algunos autores han descrito que no existen diferencias entre hombres y mujeres en los caracteres del acetábulo relacionados con la edad (Rougé-Maillart et al., 2009; Stull y
James,2010;Calce, 2012),Mays sugirió que las mujeres tenían una tasa demaduración enel acetábulo más lenta que los hombres. Al año siguiente, Calce (2012), basándose en su estudio
previo (Calce yRogers,2011), propuso una simplificación del métodoacetabular condensando
las siete variables de Rissech y colaboradores en tan solo tres y ampliando su aplicación
también a mujeres. Esta técnica discrimina entre adultos jóvenes (17-39 años), adultos de mediana edad(40-64 años) e individuos seniles (mayores de 65 años) a través de diferencias
morfológicas en el surco acetabular, laactividad del borde acetabular y la actividad del ápice
posterior. Esteestudio, comohemos adelantado, no encontródiferenciasentrelossexos,por
lo que hombres y mujeres fueron analizados conjuntamente. En 2014, Mays testó el método
de Calce(2012) en la colección documentada deSpitalfieldscomo había hecho con elmétodo acetabular de Rissech et al. (2006) anteriormente. Sus resultadosmostraron una precisión del
métododel45 % (muchomás baja que el 81 % del trabajo original), sugiriendo de nuevo la
existencia de posibles diferencias entre poblaciones en el proceso de envejecimiento del
acetábulo.