CHAPTER 5. TEST MODIFICATIONS TO ACCOMMODATE BATCH-FEED STOVES
5.2 Operating cycle
Parecía que el sonido, de cada acorde maravilloso de la melodía, se metía por todas las células de mi cuerpo y transmutaba su fisiología.
A lo largo de la investigación noté una recurrencia destacada alrededor de tres asuntos: primero, la música funciona como un ordenador de la fiesta, es decir, se puede leer el punto en que está la rumba según el tipo de música que se está escuchando y el número de tandas de esa música que se hayan escuchado antes; segundo, la música que se oye es crossover, es decir, va desde la ranchera hasta el trance, pasando por ritmos afrocaribeños como la salsa; tercero, encontré que se baila mayoritariamente en parejas, sin importar si suena salsa o trance. Por su parte, El Perro y la Calandria se caracteriza por la ausencia de una pista de baile, lo que hace que la gente baile entre las mesas y con frecuencia solos, danzando, mientras sus compañeros de parranda los ven desde su puesto.
Algo que tienen en común los bares de la Primero de Mayo y El Perro y la Calandria son los espejos en las paredes, pese a que el último no tiene pista, el lugar donde se encuentran los espejos en los bares de la zona rosa del sur. Esto resulta muy importante, puesto que el performance del “levante” o el acerca- miento a otra persona con fines eróticos o erótico-afectivos está mediado en los dos puntos de la ciudad por el lenguaje corporal. La mirada fija en alguien puede dar la idea de que se espera una respuesta igualmente erótica. Esto puede resultar embarazoso, puesto que se entiende como la respuesta positiva a un estímulo sexual. Edward T. Hall (2005) llama a lo anterior “distancia íntima”, ya que tiende a ser la proximidad a partir de la cual el otro está respondiendo afirmativamente; en el caso de los baños, esa distancia es fácilmente alcanzable debido a la disposición de aquellos.
Sin embargo, cabe recordar las palabras de Bauman (2009: 23), para quien
[...] el desafío, la atracción, la seducción que ejerce el Otro vuelve toda distancia, por reducida y minúscula que sea, intolerablemente grande. La brecha se siente como un precipicio. La fusión o la dominación parecen ser los únicos remedios para el tormento resultante.
Es así como en los bares que analicé, tanto en Chapinero como en la Primero de Mayo, la comunicación no verbal está siempre presente al momento de hacer un levante, es decir, de hacer contacto erótico con alguien más. Los malos enten- didos así como los aciertos, por lo general ocurren a causa de usos distintos del mobiliario del bar, en particular del espejo. En los bares que visité existe al me- nos un espejo en la pista de baile, con varios usos, algunas veces contradictorios. Cuando les pregunté a ciertos meseros o administradores de estos bares por qué
tienen espejos en la pista de baile, las respuestas que dieron fueron diversas: por un lado, mayoritariamente, se usan para ampliar la sensación del espacio; por otro lado, el manejo de la luz era particular con los espejos (las luces se reflejan en ellos y hacen juegos más sofisticados con menos dinero) y, por último, sirven para tener un reflejo del público, es decir permiten que la gente que está en el bar se mire al espejo mientras baila.
Cuando hablaba del asunto de los espejos con uno de mis entrevistados de Chapinero, mencionó: “una vez un chico que era amigo de un amigo me puso frente al espejo y me dijo: ‘mire, ahí está el man que me gusta más en todo el bar’, mientras me señalaba” (Vargas, 2011 [entrevista a Enrique]). Otro entrevistado me contó: “uno de los manes que estaba en la mesa de junto me mandaba besos por el espejo cuando yo volteaba a mirar” (Vargas, 2011 [entrevista a Mario]).
Durante mis observaciones, así como en las entrevistas, noté la manera como el espejo sirve para todas estas acciones, pues no solo permite percibir un espacio un poco más amplio y un juego de luces o del láser, sino también ver a otras personas que bailan en otro punto de la pista, de manera que acorta el espacio entre quie- nes se observan y permite un intercambio de miradas y movimientos, que luego pueden concluir con un encuentro erótico —y furtivo— en el baño del lugar.
Los espejos funcionan como diría Foucault (1984), como “espacios efectivos” o contraespacios, “impugnados o invertidos”, una suerte de “espacios que es- tán fuera de todos los espacios”, si se quiere, virtuales, de manera que quien se encuentra reflejado puede participar de la fiesta dándose ciertas concesiones en términos de comportamientos esperados y de manejo de imagen, al tiempo que los reflejos le permiten hacer cosas que no haría en el plano físico del bar, como flirtear directamente. De otra parte, en relación con la imagen y la apariencia, la piel como marcador de la edad resulta principal al momento de un acercamiento a otro hombre. Siguiendo a Oscar Guash (1995: 91):
El varón adolescente en el contexto cultural mediterráneo es objeto de cul- to, de admiración y de deseo. […] se valora en él tanto la masculinidad (la fuerza y la belleza del cuerpo joven), como la indefinición que se deriva de su estado de tránsito hacia lo plenamente viril.
Ciertamente, en los escenarios donde se canta y baila “música para planchar” en Chapinero, resulta muy importante el lugar que ocupa la edad, como lo mencionaba un informante durante la entrevista:
La mayoría de los manes que van al Perro son mayores: son manes de treinta para arriba; y los que tenemos menos de veinticinco pues somos muy po- cos. Entonces pues siempre hay alguien que lo está mirando a uno o que le dedica una canción. (Vargas, 2011 [entrevista a Mario])
Dedicar canciones siempre resulta complicado en el contexto de la “música para planchar”, dado que una buena cantidad de las canciones hablan de despe- cho y dolor; no obstante, muchas de las canciones que se dedican en este espacio se convierten en declaratorias del amor pasado o, simplemente, como en el caso de Mario, Antonio o Enrique, en canciones de recuerdos infantiles. Cuando les pregunté a mis entrevistados si habían dedicado la canción de Raffaella Carrà alguna vez, todos me respondieron que no.